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El hombre no es un animal más. Manuel Alfonseca


chimpance


"Desde mediados del siglo XX se ha extendido mucho entre los biólogos, especialmente entre los ateos, la idea de que el hombre es un animal más, un ser vivo como otro cualquiera, sin privilegios ni derechos especiales. La idea de que todos los seres vivos son equivalentes, sin que ninguno sea superior a los demás, se ha convertido prácticamente en un dogma. Esta idea puede expresarse de formas diversas, entre las que podemos citar las siguientes:

-No existen criterios que permitan comparar la importancia relativa de dos especies de seres vivos.
-El hombre no es superior a los chimpancés, a las hormigas, a las bacterias...
-La evolución no tiene dirección.


(Sin embargo, nadie parece tener problemas para reconocer que la última versión de Windows o la última generación de móviles, tablets, etc. suele ser más útil, práctica, ingeniosa, inteligente, en una palabra, "superior" en todos los aspectos a la primera :-) ¿Hay alguien por aquí que todavía piense que el Windows 0.01, creado en 1985, no era inferior al Windows 8.1, la última versión en el momento en que escribo ésto, aparecida en 2013?). El hombre, en cambio, la última versión de toda criatura viviente, "no es superior" a las bacterias).


El biólogo Colin Tudge lo expresaba así hace unos años:

"La cladística ha retirado al Homo Sapiens de la posición suprema en la naturaleza"


Sin embargo, esta idea no ha sido siempre dominante entre los más influyentes practicantes de la ciencia biológica, lo que incluye a algunos de los creadores del neodarwinismo, forma moderna de la teoría de la evolución, desarrollada durante los años veinte y treinta del siglo pasado:

-Julian Huxley, nieto de Thomas Huxley (el gran divulgador de Darwin en el siglo XIX), escribió: "La separación entre el  hombre y los animales no se ha reducido exagerando las cualidades humanas de los animales, sino minimizando las cualidades animales del hombre".

-George Gaylord Simpson (biólogo y paleontólogo estadounidense) dijo: "El hombre es otra especie de animal, pero no sólo otro animal. Es único en modos peculiares y extraordinariamente significativos".

-Terminaremos con una cita de Theodosius Dobzhansky (genetista ruso, uno de los fundadores de la teoría sintética de la evolución): "El evolucionismo puso énfasis en los muchos aspectos en que los seres humanos son similares a otras especies. Ahora es más importante que estudiemos en qué somos distintos".


Frente a esto, veamos una cita reciente de Richard Dawkins en defensa del aborto provocado, que coincide plenamente con el dogma mencionado más arriba:



"El otorgamiento de derechos especiales a la especie Homo Sapines, es difícil de conciliar con el hecho de la evolución"



Dawkins no parece darse cuenta de que, con ese mismo argumento, podría justificar el genocidio, la esclavitud o los experimentos con seres humanos, además de que se carga de un plumazo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Si no tenemos más derechos que las hormigas o las bacterias, ¿qué derechos tenemos? 


En realidad, esta postura de algunos biólogos no es más que un intento del ateísmo materialista para reducir al hombre al nivel de un animal más, para negar su posible transcendencia. Un intento, desde luego, sin base científica... ¿Es verdad que no hay ningún criterio que permita comparar la importancia relativa de dos especies biológicas, como dicen los biólogos ateos? Veamos cómo se cuantifica:

1. Todos los seres vivos comparten una primera forma de información, la información genética, que pasa por herencia de padres a hijos, cuya cantidad puede cuantificarse aproximadamente como el doble del número de nucleótidos de su ADN. En el caso del hombre, esa información es aproximadamente igual a 6 Gigabits. Aquí no nos diferenciamos significativamente de muchos otros seres vivos, que disponen de una información genética comparable o incluso superior a la nuestra. Esto (y sólo esto) es lo que ha llevado a muchos biólogos a afirmar que ninguna especie puede considerarse superior a las demás.

2. Pero los animales disponen de una segunda forma de almacenar información: su sistema nervioso. Aquí el hombre es claramente superior a todas las demás especies, pues la información que almacena un cerebro humano supera los 10 Terabits: más de 1000 veces superior a su información genética y 50 veces mayor que la media de los mamíferos.

3. Finalmente, el hombre es la única especie biológica que tiene acceso a una tercera forma de información, la cultural, codificada en forma de textos, mapas o imágenes. Se calcula que la información al alcance de cualquier ser humano, utilizando Internet, ha superado ya 1 Exabit, 100.000 veces mayor que la que cabe en un cerebro humano (y no digamos en el de una hormiga o bacteria ;-)).

¿Qué pasa con los chimpancés?  A menudo aparecen en la prensa comparaciones que dan a entender que los seres humanos y los chimpancés son más o menos la misma cosa. Se dice, por ejemplo, que compartimos el  98,5 % de nuestros nucleótidos (las bases nitrogenadas que contienen la información genética del ADN). Se dice mucho menos que sólo compartimos el 75 % de los genes. Se pone énfasis en el hecho de que los chimpancés son capaces de transmitir una información cultural incipiente, como el uso de palitos para extraer orugas de orificios en los árboles, y que son capaces de aprender un pequeño lenguaje de signos. ¿Hasta qué punto son iguales o diferentes el hombre y el chimpancé?

A nadie le extraña que un físico hable de puntos críticos.  Por ejemplo, el agua a 99,9º C y en condiciones normales de presión es líquida, mientras que a 100,1º C se ha transformado por completo en vapor, ha cambiado de estado. ¿No podría haber puntos críticos en la evolución biológica? ¿No estarán el hombre y el chimpancé, uno a un lado y el otro al otro del punto crítico que hizo posible la aparición de la información cultural? Pero, ¿no hemos reconocido que el chimpancé transmite información cultural de forma incipiente? Sí, exactamente igual que el agua a 99,9º ya desprende vapores, indicios incipientes de su futuro estado, lo que no impide que predomine en ella el estado líquido, que esté al otro lado del punto crítico. Que siga siendo agua.

Hay una diferencia esencial entre el hombre y el chimpancé, una diferencia que demuestra que ambos están en lados opuestos del punto crítico: el hombre estudia al chimpancé, el chimpancé no estudia al hombre.

¿Cuándo -y cómo- se atravesó el punto crítico? ¿Cuándo comenzó el hombre a ser hombre? ¿Fue al nivel del Australopithecus, del Homo Habilis, del Homo Erectus?  No lo sabemos".


Catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos
Ha sido profesor de las Universidades Politécnica, Complutense y Autónoma de Madrid
Coautor junto a otros 25 profesores universitarios 
de "60 preguntas sobre Ciencia y Fe". 




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Todos los incisos en caracteres grises son añadidos de mi autoría.

***



Reflexionemos:


"El otorgamiento de derechos especiales a la especie Homo Sapiens, es difícil de conciliar con el hecho de la evolución"

Richard Dawkins


O, dicho de un modo más gráfico:

"La Naturaleza no conoce fronteras: sitúa nuevos seres sobre el globo terrestre y contempla el libre juego de las fuerzas que obran sobre ellos. Al que se sobrepone por su esfuerzo y carácter, la Naturaleza le concede el supremo derecho a la existencia" 

Adolf Hitler

Esta premisa del führer, derivada de la teoría de Darwin, nos lleva natural e inevitablemente a la de Dawkins, en la que encaja como un guante. Si alguien considera que estoy cometiendo algún tipo de aberración por equiparar la postura filosófica de Dawkins con la de Hitler, que me disculpe y que haga el favor de indicarme exactamente dónde está ese error que estoy cometiendo. ¿Cuál es la diferencia entre la premisa de partida de uno y del otro?


Pero, hagamos de abogados del diablo... Supongamos que ambos, Hitler y Dawkins, están en lo cierto... En efecto ¿por qué habríamos de tener más derechos los seres humanos, si sólo somos animales más grandes -y peor organizados-, pero en igualdad de condiciones "naturales" de partida que las hormigas? La Declaración de los Derechos Humanos advierte que el hombre tiene una "dignidad intrínseca". ¿De dónde viene esa dignidad? ¿Qué dignidad intrínseca puede tener una bacteria u hormiga con cabeza grande? ¿Quién o qué autoridad legítima nos otorga esos derechos de los que habla la Declaración? ¿Los comités de ética? ¿Quién nombra a los comités de ética?¿No son también bacterias u hormigas con cabezas grandes como nosotros? ¿Y, en última instancia, qué es la ética? ¿Acaso la ética no se describe como una serie de normas de comportamiento cívico arbitrariamente elegidas por un grupo de hormigas con cabeza grande como nosotros mismos? ¿En este caso, no es la ética una simple convención social más? La ética se compone de reglas de comportamiento que debemos acatar por respeto... ¿a qué? ¿A las hormigas-bacterias de cabeza grande que las diseñaron? ¿Y si se equivocaron y siguieron criterios erróneos?, al fin y al cabo, ¿por qué habrían de ser infalibles si no son más que bichos gobernados por sus genes? ¿Por respeto a qué debemos acatar entonces las normas? ¿Quizás, al caprichoso azar que, como a nosotros, escupió sin más a esas hormigas-bacterias en este planeta diminuto que también surgió por azar en medio de un universo hostil y sin propósito al que le importa un rábano lo que hagamos? ¿Merece ese azar respeto? ¿Por qué? ¿A cuento de qué, pues, hemos de acatar nada de lo que establezcan esos bichejos cabezones, esclavos de sus genes, en sus cartas magnas? 

Dejémonos de derechos fantasma autoarrogados por las orgullosas hormigas-bacterias de cabeza gorda y vayamos a lo práctico, a lo realmente útil para la conservación de nuestra especie. ¿Por qué no echarle un cable a la madre Naturaleza en su soberano esfuerzo por autopreservarse y quitar de en medio a todos los que suponen un lastre para la evolución: los ancianos, los enfermos y discapacitados, los débiles mentales, los fetos malformados, los inútiles, en fin, todos aquellos desafortunados que no aportan nada a la sociedad y cuyo mantenimiento cuesta millones de dólares a los estados cada año?.. No son más que hormigas-bacterias con cabeza grande que, encima, no sirven para nada... No aportan nada y gastan mucho ¿Por qué cargar con ellos?

Dawkins afirma que el único factor que decide lo que somos, los únicos responsables de nuestros posibles "derechos intrínsecos" serían nuestros caprichosos genes egoístas. En ese caso, ¿por qué no puedo quitar de en medio sin consecuencias penales a mi vecino cuando me molesta, del mismo modo que puedo quitar de en medio sin consecuencias penales a esta mosca que revolotea por la pantalla de mi ordenador, una mosca con la que mi vecino comparte la mayor parte de sus genes y, por tanto, -mosca y vecino-, tienen los mismos "derechos intrínsecos"?

 ¿Quién y en base a qué criterios tendría autoridad legítima para acusarme de asesinato si la misma Ciencia, depositaria única del conocimiento humano, justifica mi acción?

Disculpen la salvajada.



 Los creyentes lo tenemos claro: sabemos de dónde viene esa dignidad intrínseca citada en la Declaración de los Derechos del hombre y por qué el ser humano tiene la obligación moral, y, a veces, el impulso irresistible, de respetar a sus semejantes, de cuidar y proteger, en especial, a los más débiles y necesitados. 

Para Hitler, en su delirio, también era de una claridad meridiana: él era un "colaborador de mamá Natura", el caudillo prístino, elegido por los designios de la Historia para conducir con mano firme el gran drama de la evolución a sus cimas más altas de esplendor y gloria. Seguramente se fue a la tumba preguntándose por qué la misma Europa que jaleó las revolucionarias teorías de Darwin (evolucionismo biológico) y de Nietzsche (evolucionismo filosófico y teórico), le tachaba después a él de "monstruo sanguinario" por llevarlas, a su drástico modo, a la práctica (evolucionismo social)... Debió parecerle una contradicción flagrante. 

A título personal, yo nunca he pensado que el führer fuera un hombre malvado. 
 Un malvado de manual, un psicópata, apetece el mal por el mismo placer de la transgresión, sin ninguna finalidad más que la satisfacción de su deseo criminal. Hitler creía sinceramente que estaba haciendo lo correcto, él sólo era un colaborador de la "selección natural". Su desmedida ambición y su sed de poder hizo el resto.


Sí, todos lo tenemos claro.

Richard Dawkins es el único que no acaba de captar el alcance de sus declaraciones y las posibles consecuencias sociales que podrían derivar de ellas si algún individuo, con una elevada cuota de poder, llegara -como Hitler- a tomárselas de verdad en serio.

Nunca he comprendido cómo alguien puede declararse humanista y cientifista a la vez, sin advertir la profunda contradicción que ello implica.
 




Por cierto, fui incapaz de matar la mosca que revoloteaba con tanta insistencia sobre mi ordenador. Me lo impidió cierta piedad franciscana que siempre me ha acompañado en mi cordial relación con los animales (a lo largo de mi vida he tenido cuatro perros, varios gatos, montones de pájaros, una tortuga y hasta, durante un breve periodo de tiempo, cuidé de un pequeño halcón herido). 

Ojalá pudiera sentir lo mismo por mi vecino ;-D


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