Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros o artículos de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Al final del blog encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, donde se incluyen también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

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Bienvenidos :-)


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"Pero, ¿quién creó a Dios?". El argumento inductivo de Richard Swinburne expuesto por Antony Flew

big bang

"(Richard) Swinburne arguye que podemos explicar estados de cosas solo en términos de otros estados de cosas. Las leyes, por sí mismas, no pueden explicar tales estados de cosas. 'Necesitamos tanto estados de cosas como leyes para explicar las cosas', escribe. 'Y si no tenemos estados de cosas ni leyes para el comienzo del universo, porque no hay estados de cosas previos, entonces no podemos explicar el origen del universo'. Si pudiera haber alguna ley que explicara el comienzo del universo, tendría que decir algo así como 'el espacio vacío da lugar necesariamente a la materia-energía'. Aquí, 'el espacio vacío' no es la nada, sino más bien un 'ente identificable', un algo que ya está ahí. Esta confianza en las leyes para hacer surgir el universo del 'espacio vacío' plantea también la cuestión de por qué la materia-energía fue producida en el tiempo T0, y no en algún otro momento.

El filósofo de la ciencia John Leslie ha mostrado que ninguno de los modelos cosmológicos que están de moda hoy día excluye la posibilidad de un Creador. Cierto número de cosmólogos han especulado con la idea de que el universo surgió de 'la nada'. Edward Tryon, en 1973, había teorizado que el universo era una fluctuación en el vacío de un espacio mayor. (¿Qué era o es ese 'espacio mayor'? ¿De dónde surgió? ¿Cómo surgió y por qué? ¿Por qué ese espacio mayor tiene la capacidad de producir 'fluctuaciones' capaces a su vez de dar origen a un universo con leyes físicas inmutables?... Hagan sus apuestas, señores :-)). Arguyó que la energía total del universo era cero porque la energía gravitacional del universo es mostrada como una cantidad negativa en las ecuaciones de los físicos. Usando otro enfoque, Jim Hartle, Stephen Hawking y Alex Vilenkin han conjeturado que el universo 'fluctuó cuánticamente' a la existencia 'desde la nada'. Esta 'nada' es en ciertos casos una espuma caótica de espacio-tiempo con una densidad energética fantásticamente alta. Otra sugerencia (de Hawking) es que 'el tiempo se hace cada vez más espacial a medida que retrocedemos hacia el Big Bang'. (Aquí y aquí explicamos por qué es un error confundir el "vacío cuántico" con "la nada").

Leslie no piensa que tales especulaciones sean relevantes porque, en su opinión:


De cualquier forma que describamos el universo -como habiendo existido desde siempre, o  habiéndose originado a partir de un punto fuera del espacio-tiempo, en o en el espacio, pero no en el tiempo, o iniciándose de una forma tan cuánticamente borrosa que no sería posible determinar ningún punto definido en el que comenzara, o poseyendo una energía total igual a cero- la gente que encuentra un problema en la misma Existencia de Algo en Lugar de Nada (la pregunta de Leibniz) se sentirá poco inclinada a estimar que el problema ha sido solucionado.


Si tuviéramos una ecuación capaz de determinar la probabilidad de que emerja algo del vacío, aún habría que preguntar por qué existe esa ecuación. El mismo Hawking, de hecho, había indicado la necesidad de un factor creador que insufle fuego en las ecuaciones.

En una entrevista realizada poco tiempo después de la publicación de Una historia del tiempoHawking reconoció que su modelo no afectaba para nada a la existencia de Dios. Al decir que las leyes de la física determinaban cómo comenzó el universo, sólo estamos diciendo que Dios no escogió 'poner en marcha el universo de una forma arbitraria que nosotros no podríamos entender. Esto no implica decir que Dios no exista, sino solo que no es arbitrario'.

(Sabemos, no obstante y en honor a la verdad, que en los últimos tiempos, las opiniones de Hawking respecto a la existencia de Dios se han radicalizado, llegando a afirmar tajantemente en alguna entrevista que él es "ateo" y que "no hay ningún dios", sin dejar el más mínimo resquicio para la duda, aunque no ha explicado qué razones le han llevado a este cambio de parecer. ¿La presión del espíritu de los tiempos, quizás? :-) Me temo que en este asunto, sólo podemos especular. También podemos actuar de mala fe, subirnos al carro de la cultura de la sospecha y sembrar dudas en el respetable, afilando la trillada estrategia del argumento ad hominem tal como hacen muchos llamados escépticos que, a falta de mejores argumentos con que refutar sus postulados, elucubran sibilinamente sobre las razones "personales" que tal o cual renombrado científico podría tener para creer en Dios, cuando lo "normal" (?) -aseguran- sería que tal renombrado científico fuera ateo, "como todos" (??). Usando la misma estrategia en sentido contrario y refiriéndonos al profesor Hawking y a su particular biografía, habría mucha tela que cortar... Pero ya hemos quedado en que esto sería actuar de mala fe).




Un viejo intento de explicar el universo por referencia a una serie infinita de causas ha sido reformulado en el lenguaje de la cosmología moderna. Pero el resultado es insatisfactorio, en opinión de John Leslie. Algunas personas, indica Leslie, piensan que la existencia del universo en un momento dado puede ser explicada por el hecho de que existía en un momento previo, y así sucesivamente ad infinitum. También hay físicos que creen que el universo existió durante un tiempo infinito, bien por medio de una serie infinita de explosiones y contracciones, o como una parte de una realidad en expansión eterna que produce nuevos universos mediante sucesivos Big Bangs. Y otros dicen que el universo existió desde un pasado finito, si lo contemplamos desde cierta perspectiva, pero durante un tiempo infinito, si lo medimos de otra forma.

Como respuesta a estos enfoques, Leslie afirma que 'la existencia de una serie infinita de acontecimientos pasados no puede resultar autoexplicada mediante la explicación de cada acontecimiento por un acontecimiento anterior'. Si hay una serie infinita de libros sobre geometría que deben su contenido al hecho de haber sido copiados de libros anteriores, todavía no tenemos una respuesta adecuada acerca de por qué el libro es como es (por ejemplo, de geometría) o por qué hay un libro... La serie completa necesita una explicación. 'Pensemos en una máquina del tiempo' -escribe Leslie- 'que viaja al pasado, de una forma que no hace falta que nadie la haya diseñado y fabricado nunca. Su existencia forma un bucle temporal autoexplicado. Pero, incluso si tuviera sentido viajar en el tiempo, esto seguiría siendo un sinsentido'.

Richard Swinburne sintetiza su exposición del argumento cosmológico diciendo: 'Es bastante probable que, si hay un Dios, otorgue sentido a un universo como el nuestro, complejo y finito. Es muy improbable que un universo exista sin causa alguna, pero es bastante más probable que Dios (entendido como la entidad inteligente con la cualidad de infinitud que le atribuyen todas las filosofías) exista sin causa alguna. Por tanto, el argumento que se remonta desde la existencia del universo a la existencia de Dios es un buen argumento C-inductivo'. 

En una reciente conversación con Swinburne, observé que su versión del argumento cosmológico parece ser correcta en un sentido fundamental. Algunos de sus aspectos podrían tener que ser mejorados, pero el universo es algo que requiere explicación. El argumento cosmológico de Richard Swinburne proporciona una explicación muy prometedora, probablemente, la explicación finalmente correcta".


Incisos en gris añadidos

Antony Flew
Filósofo y escritor inglés
Profesor en Oxford y otras muchas universidades
Perteneció a la escuela del pensamiento evidencialista

Extractos de "Dios existe"
Editorial Trotta, 2012, ISBN: 978-84-9879-368-0, clic en el enlace para más información.



velas


"Una persona fuerte no es aquella que derriba a su adversario. Una persona fuerte es la que sabe contenerse cuando está encolerizada"


Abu l-Qāsim Muḥammad ibn ʿAbd Allāh al-Hāšimī al-Qurayšī (Mahoma)
Fundador del Islam
Siglo VII



Desde "Dios y la Ciencia" nos unimos a la repulsa general por los terribles sucesos acaecidos en Francia y abogamos, una vez más, por la fraternidad entre todos los grupos humanos, por el respeto a la diversidad y la tolerancia.


El orden en la naturaleza no es "ilusorio". La proporción áurea

vitruvio

Aunque ya hablamos brevemente en esta otra entrada sobre la posibilidad o no de que el orden del universo y la naturaleza sean sólo "aparentes", ampliamos el tema hoy por ser éste un argumento recurrente en el debate Ciencia-Fe. 

Es curioso que, cada vez que los creyentes invocamos ese orden, claramente observable en todo cuanto nos rodea y en nosotros mismos, como una posible prueba de una inteligencia primordial, los ateos insisten en que ese orden en realidad "no existe", que "sólo nos parece que existe" porque "deseamos verlo así" (??). Y es curioso, sobre todo, porque, al postular que ese "orden aparente" es sólo caos mal interpretado, deben aceptar también que sus cerebros, esos mismos que les están indicando que el orden es sólo aparente, están gobernados también por el caos, pues esto es lo único que el azar puede producir. Aquí se da una curiosa paradoja, una contradicción que no todos los ateos consiguen captar cuando intentamos explicársela: para sostener con tanta rotundidad que el mundo natural es un producto caótico del azar ciego, deben sostener también, como una derivación lógica, que esta conclusión suya tiene muchas posibilidades de ser errónea, puesto que esta conclusión es un producto de sus cerebros, a su vez productos arbitrarios del azar. En otras palabras, cuando los ateos atribuyen esa infalibilidad a sus procesos mentales están, en realidad, alimentando una fe irracional (tan irracional o más que la que reprochan a los teístas :-)) en que sus cerebros están excluidos de la arbitrariedad general del mundo.

John F. Haught explica mejor que yo esta paradoja en los siguientes párrafos:


(Sam) Harris (neurocientífico y escritor americano ateo, autor de "El fin de la fe") pone una enorme confianza en su propio poder de razonamiento... Hace un tácito acto de fe en su propia inteligencia crítica. Pero nunca nos ofrece una buena razón de por qué deberíamos confiar en que su mente le conducirá -y nos conducirá- a la verdad. En otras palabras, Harris jamás justifica su desmesurada arrogancia cognitiva. Sencillamente cree a ciegas en la superior capacidad de su mente para encontrar la verdad con una facilidad y una certeza inalcanzables para las personas mal orientadas por la fe religiosa. Si quiere ser para nosotros un guía fiable, ha de confiar en que su mente es capaz de ponernos en contacto con el mundo real. Pero, ¿por qué habría de confiar en su mente, dada sobre todo la visión del mundo natural a partir del cual, según se afirma, ha evolucionado la mente humana, la de Harris igual que la de cada uno de nosotros?.. Si la evolución es el (único) factor causal último involucrado en la formación de la mente humana, lo normal sería que desconfiáramos de nuestra actividad cognitiva. Puesto que es entendida como un proceso desprovisto de sentido y propósito, ¿por qué confía el naturalista científico en que la evolución sea eficiente en algo distinto de las adaptaciones? Para justificar nuestra confianza cognitiva es necesario que, aparte de la evolución, algo más opere en el gradual surgimiento de la mente en el curso de la historia natural. Pues, si nuestras mentes no son más que el resultado accidental de un proceso evolutivo sin sentido ni propósito, ¿por qué deberíamos confiar en ellas?

Ninguna interpretación puramente naturalista ofrece razones suficientes para confiar en nuestras mentes.

Una explicación darwinista de las facultades críticas de la mente no es suficiente para fundamentar la confianza que depositamos en nuestros poderes cognitivos. El propio Darwin estaría de acuerdo con esta observación"



Así es, Charles Darwin lo expresaba así en una carta dirigida a W. Graham, fechada el 3 de julio de 1881:

"De continuo surge en mí la horrenda duda de si las convicciones de la mente humana, que se ha desarrollado a partir de la mente de animales inferiores, tienen algún valor, si son verdaderamente dignas de confianza. ¿Confiaría alguien en las convicciones de la mente de un mono, suponiendo que una mente así pueda albergar algún tipo de convicción?"


Evidentemente, Darwin sí había captado la paradoja :-)


El único modo posible de apuntalar esta tesis de que el orden natural es "ilusorio" es sostener que el mundo, la naturaleza, el universo todo, podría haber sido distinto, que antes del comienzo había un sin fin de posibilidades y que nuestro "error", el error de los teístas, es contemplar el mundo desde la perspectiva equivocada (la perspectiva acertada es la del ateo, claro :-)) Observamos el mundo, dicen, desde del "diseño acabado", por eso nos parece "ordenado". No entendemos, continúan los escépticos, que ese diseño no es tal porque la evolución, tanto cosmológica como biológica, podría haber transcurrido siguiendo cualquier otro cauce que el que tomó. Unos cauces -siempre, por supuesto, erráticos y arbitrarios- "podrían" haber llevado a un buen fin y otros no. Eso, nos conceden nuestros ateos, nunca lo sabremos, pero sí sabemos que tuvimos una gran suerte ya que el cauce elegido caprichosamente por la evolución funcionó y dio origen a la vida organizada y, en última instancia, a la aparición del ser humano y su prodigioso cerebro.

Suertudos que somos :-)

El problema cuando se postula un "podría haber sido", es que apelamos a un escenario virtual no verificable que, además, excluye el escenario real desde el cual hacemos esa apelación. El "podría haber sido" es un comodín útil para salir del paso si tu oponente en el debate te empieza a acorralar, pero carente de un valor argumental real, pues sostiene como una opción válida lo que es sólo una afirmación indemostrable. Se trata, pues, de una falacia, de la misma categoría que esas de las que suelen acusar los ateos a los creyentes. El "podría haber sido" es un condicional, estamos elucubrando desde el momento presente sobre un pasado que no llegó a ser precisamente porque, si ese pasado hubiera sido, no habría sido nuestro presente. Por eso, detrás de las palabras "podría haber sido" puedes añadir lo que gustes, tenga o no sentido, sea o no una estulticia, y no habrá manera de refutarlo. Un chiste muy viejo cuenta cómo un anciano le confiesa a un amigo: "Yo podría haberme casado con Sofía Loren", el otro contesta escéptico, "sí, claro", "te lo digo en serio", insiste el primero, "estuve a punto: yo le pedí que se casara conmigo y ella me dijo que no" :-). 

Yo "podría haber sido" gobernadora de Atlanta :-), pues sí, claro que sí, "podría", y "podría" haber nacido en Katmandú y la vida "podría" estar basada en el bismuto en lugar del carbono. ¿Quién puede demostrar lo contrario? Pero me temo que, si alguien esgrime el argumento de la no falsabilidad para anular la hipótesis Dios, no sería muy honesto por su parte esconder ese mismo argumento en el fondo del cajón cuando se trata de aplicarlo a la falsabilidad de su propia hipótesis.

La naturaleza es como es actualmente y es de aquí de donde debemos partir, al menos, eso es lo que nos aconsejan los mismos ateos :-) que prestemos atención sólo a lo verificable. Pues lo verificable es que, actualmente, el mundo natural es una gigantesca, variadísima y asombrosa maquinaria perfectamente eficaz. Lo verificable es que en el cosmos existe un orden visible. Un orden real, objetivo, medible, no ilusorio o aparente. Si no existiera este orden, como afirma el físico Paul Davies en el primer enlace que ofrecemos en esta entrada, "la Ciencia quedaría reducida a una farsa sin contenido", puesto que toda ella basa su formidable andamiaje en la robusta realidad de ese orden. Si no hubiera orden en la naturaleza, las matemáticas, concebidas para describirlo, serían imposibles y, sin matemáticas, no habría Ciencia.

Azar es sinónimo de caos y el caos, por definición, no sigue normas o rígidas pautas, propias o ajenas, no elabora patrones ni dicta leyes inamovibles. Ni en uno ni en un millón de años. El ateo, leal como nadie a su compromiso con el materialismo, puede declarar si lo desea que el azar es el único autor de todo lo que vemos, pero afirmando esto, se verá abocado a admitir que ese azar, en el que confía tan ciegamente, y al que cree capaz de realizar -como escribió el biólogo Javier Sampedro- "escalofriantes contorsiones", no es el azar cotidiano que experimenta a diario y al que, como mucho, nuestro ateo sólo confiaría su deseo de que le toque la lotería :-). El azar en el que cree el ateo, no es el azar que opera en la naturaleza. El azar que opera en la naturaleza no es estéril ni errático, es un "azar" anómalo, excepcional, que escribe sus designios sobre papel pautado y los ejecuta en la naturaleza con una precisión matemática. En tres palabras: no es azar.


"La enorme utilidad de las matemáticas en las ciencias naturales es algo que roza lo misterioso, y no hay explicación para ello. No es en absoluto natural que existan 'leyes de la naturaleza', y mucho menos que el hombre sea capaz de descubrirlas. El milagro de lo apropiado que resulta el lenguaje de las matemáticas para la formulación de las leyes de la física es un regalo maravilloso que no comprendemos ni nos merecemos".

Eugene Paul Wigner  
Físico y matemático húngaro
Premio Nobel de Física en 1963



En este caso, los creyentes tenemos todo el derecho a preguntar "qué" o "quién" ha pautado el papel.


Recordamos, una vez más, que el materialismo es una corriente filosófica que surgió antes del s. XIX, a rebufo del espíritu de los tiempos y cuando la Ciencia todavía no sabía qué era esa misteriosa "materia" a la que estaba concediendo un poder cuasi omnímodo (aún hoy no lo sabemos con seguridad). Una doctrina surgida, en buena parte, como oposición a la concepción religiosa del mundo y no como resultado de los descubrimientos científicos. Pero fue una maniobra poco eficaz, porque nos sacaba de un dogma para meternos en otro. Por supuesto, si apelamos a la materia como única realidad posible, no queda otra opción que atribuir al azar todo lo que no sabemos cómo ocurrió. "No es que sea así, es que tiene que ser así, porque fuera del materialismo no encontramos ninguna otra explicación válida" declaraba ingenuamente un divulgador en cierto debate televisivo sin vislumbrar el alcance de su afirmación. Y así ha ocurrido desde entonces, "en el principio fue el fisicalismo" y cada nuevo descubrimiento científico fue "embutido" a empujones en su molde y lo que no encajaba, simplemente fue ignorado o tachado de "fraude", lo fuera o no. Hasta el día de hoy.

Los ateos acusan a algunos grupos religiosos (en muchas ocasiones con razón) de "retorcer" los descubrimientos de la Ciencia para que encajen en sus libros sagrados... Esta táctica, deshonesta venga de donde venga, no difiere demasiado de lo que hacen los fisicalistas: retorcer esos mismos hechos para que encajen en su estrecha concepción materialista del universo. Como consecuencia de una de esas fantásticas piruetas de acomodación, nació en el siglo XIX una nueva versión del azar: el habilidoso, concienzudo, inteligentísimo y, esta vez sí, "ilusorio",  azar de los huecos :-)


***


A continuación les invito a leer unos párrafos de un artículo aparecido en la revista National Geographic Historia, nº 129, firmado por el matemático y periodista científico Enrique Gracián. El artículo está dedicado a la proporción de Fibonacci, y el "mágico" número áureo que se repite una y otra vez, casi obsesivamente, tanto en la Tierra como en el resto del universo. Una de las muchas pruebas de que la naturaleza, lejos de ser una amalgama informe y sin sentido (lo que esperaríamos de la actuación errática del azar), sigue unas rígidas normas matemáticamente estructuradas. Es un artículo excelente, no se lo pierdan:



"Se suele simbolizar con la letra griega Φ (phi) y su valor aproximado es 1,6180. Lo encontramos definido por primera vez en el libro VI de los Elementos del matemático y geómetra griego Euclides; allí aparece descrito como una relación entre longitudes, lo que sugiere que está asociado con la idea de proporción. La figura geométrica más sencilla que se puede construir manteniendo esta proporción es un rectángulo. Para ello basta con que el lado más pequeño mida 1, y el más largo, 1,6180. Esta sencilla figura es un rectángulo áureo, adjetivo que introdujo en la década de 1830 el matemático alemán Martin Ohm. ¿Qué tiene de especial? Que está en todas partes.




golden ratio

regla aurea y dios







En los cánones estéticos de la antigua Grecia representaba las proporciones perfectas y se utilizaba en la mayoría de las construcciones arquitectónicas: fue patrón de belleza para los artistas del Renacimiento, aparece en la mayoría de las catedrales góticas y en el edificio de la ONU de Nueva York (...) (El arte imitando a la naturaleza :-)) La proporción áurea está presente en la arquitectura del ADN, 





el crecimiento de multitud de organismos o la distribución de los planetas del sistema solar.



proporcion aurea y dios


(Y, por supuesto, en el cuerpo humano :-))





la proporcion divina


proporcion divina en la naturaleza



En el cuerpo humano la proporción áurea se presenta de diferentes maneras:

- La relación entre la altura de un ser humano y la altura a la que se encuentra su ombligo.
- La relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos.
- La relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla.
- La relación entre las divisiones vertebrales.
- La relación entre las articulaciones de las manos y los pies... Entre otras.



Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci, fue uno de los matemáticos más destacados de la Edad Media. En su obra más relevante, El libro del ábaco, de 1202, expone un problema sobre la reproducción de conejos cuya solución le da pie a representar una sucesión infinita de números naturales (pueden consultar una explicación detallada de este problema de Fibonacci en el enlace anterior). La posibilidad de ir añadiendo elementos mediante una suma, pero sin alterar la forma, da lugar a una pauta de crecimiento que podemos observar en estructras de la naturaleza tan diversas como el desarrollo espiral de una galaxia,


regla aurea en la naturaleza


las huellas dactilares,


regla aurea en el cuerpo humano


o la distribución de los pétalos de las flores.




(Y no sólo en los pétalos :-))


regla aurea proporciones en la naturaleza



(Col lombarda seccionada)


 

En la Italia renacentista, el número de oro fue retomado por Luca Pacioli (matemático y sacerdote franciscano, por cierto) quién llevó a cabo un exhaustivo estudio del mismo en una de sus obras más influyentes: De la divina proporción. Ilustrada con dibujos de Leonardo da Vinci, en ella explicaba las relaciones existentes entre el número áureo y la sucesión de Fibonacci: cualquier término de ésta se obtiene multiplicando el anterior por el número áureo...

Las espirales son líneas curvas que se generan a partir de un punto y se alejan del centro a la vez que giran a su alrededor. Esta curva ha fascinado desde antiguo a artistas y científicos; es un símbolo ornamental y religioso presente en muchas culturas, y una de las formas más frecuentes en el mundo natural. Entre los genios que aunaron las cualidades del artista y conocedor de las leyes de la geometría destaca el pintor Alberto Durero, quien en uno de sus libros sobre medición explica cómo dibujar una espiral a partir del rectángulo áureo. Si construimos un cuadrado en la izquierda de dicho rectángulo, a la derecha nos quedará un rectángulo más pequeño. Y resulta que este nuevo rectángulo también guarda las proporciones áureas. Este proceso se puede repetir hasta el infinito, con lo cual obtendremos una sucesión de rectángulos áureos y cuadrados cada vez más pequeños.


las proporciones


(Utilizando un compás, a partir de este "rectángulo áureo" se puede dibujar una espiral llamada "espiral de Durero").


proporcion aurea en el universo

En términos matemáticos no es una auténtica espiral, pero es una buena aproximación a la espiral logarítmica que el matemático suizo Jakob Bernoulli bautizó como Spira mirabilis, 'la espiral maravillosa'. El número áureo forma parte intrínseca tanto de la serie de Fibonacci como de la espiral logarítmica, dos conceptos matemáticos que se combinan en la formación de elementos tan dispares como plantas,



la proporcion divina espiral

razon aurea en el mundo natural


proporcion aurea en la naturaleza3

proporcion aurea en la naturaleza dios y la ciencia


huracanes,


proporcion aurea numero divino


o galaxias.


numero de dios


(La relación entre las nervaduras de las hojas de los árboles, la relación entre el grosor de las ramas principales y el tronco y la relación entre las ramas principales y las secundarias también obedecen a la proporción áurea).





Así pues, el número Φ ... gobierna el desarrollo de distintos seres vivos. La distribución de las escamas en una piña tropical,


numero aureo en la naturaleza


 el desarrollo de la concha de los caracoles,


numero de dios en la naturaleza


o la forma en que se agrupan las semillas de las plantas son algunos ejemplos de la presencia del número áureo en la naturaleza, lo que lleva a pensar que obedece a algún tipo de funcionalidad que aún desconocemos".


regla aurea de dios


(Cola del camaleón)


proporcion dorada golden ratio


golden ratio




 Anotaciones en gris añadidas.


El número áureo y la proporción de Fibonacci aparecen, como venimos diciendo, en la descripción de las órbitas planetarias, pero están también involucrados en las distancias entre los planetas y sus períodos, en la reflexión de la luz en el cristal, en las células del sistema nervioso, etc. Es decir, abarca un terreno demasiado amplio para adjudicarlo exclusivamente a las instrucciones encriptadas en el ADN. Aunque así fuera, aunque la proporción áurea resultara ser sólo la resolución física de una de las innumerables instrucciones inscritas en el libro de de la vida, aún quedaría mucho campo para abonar con preguntas. Pero no es así.

Resumiendo, amigo ateo, usted puede -adornando al azar con todas las ingeniosas capacidades que necesite para que el argumento le funcione- creer que el orden de la naturaleza surgió y se desarrolló por sí solo, sin ninguna ayuda extra. De acuerdo, pero no puede negar que ese orden existe. 

 Puede hacerlo, claro, nadie se lo impide, pero sería como negar que existen las estrellas, los océanos, el Cañón del Colorado y el cordero a la riojana.

 ;-)



***


“El matemático juega a un juego en el que él mismo inventa las reglas, mientras que el físico juega a un juego en el que las reglas son proporcionadas por la naturaleza; pero a medida que pasa el tiempo se hace cada vez más evidente que las reglas que el matemático encuentra interesantes son las mismas que las que ha escogido la naturaleza”.


Paul Adrien Maurice Dirac
Físico teórico inglés
Premio Nobel de Física en 1933 


***


“Entre los seres vivos resulta patente el orden, obra de un Poder superior al que yo llamo Dios. Es en este punto donde coinciden la fe y la verdad científica. La primera de ningún modo contradice a la segunda, sino que la completa al aportar una comprensión más sencilla del universo"

Jean Dorst
Biólogo, ornitólogo, paleontólogo francés
Formado en la Universidad de París
Miembro de la Academia de las Ciencias 


*** 


"El mundo es racional... El orden del mundo refleja el orden de la mente suprema que lo gobierna"

Kurt Gödel
Lógico, matemático y filósofo austriaco
Doctor por la Universidad de Viena
Considerado uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos
Célebre por sus dos Teoremas de la Incompletitud



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