Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

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Bienvenidos :-)


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"Dios no puede existir" (Leído al pasar III)



"¿Y es que hay acaso alguna teoría física que recuerde más a la intervención divina que una expansión salvaje iniciada (no se sabe por qué) y alimentada por no se sabe qué proceso y que vence abrumadoramente la atracción gravitatoria de toda la materia (visible y oscura) en el universo, y que en un momento dado (sin que haya tampoco explicación) deje de actuar? Aceptémoslo, el Universo no puede tener un principio salvo que admitamos la existencia de Dios (y yo no estoy por la labor)"



Este comentario tan esclarecedor fue dejado por un usuario de la red bajo un artículo sobre la inflación cosmológica, en una página, cabe mencionarlo, que versa exclusivamente sobre Ciencia. Quiero dejar claro este punto, pues no se trataba de un foro de debate ciencia-fe. Era una charla amigable entre científicos colegas y aficionados a la cosmología.

Quienes llevamos años indagando, documentándonos y recopilando información sobre la relación entre la Ciencia y la Fe, ya conocíamos esta comezón que invade a los físicos cuando se enfrentan al enigma del principio, y no nos sorprende. Lo que sí es curioso, a mi parecer, es pillar in fraganti a un ateo cientifista, charlando con sus compañeros de gremio en su zona de confort, (confiado en que ningún creyente le está observando :-)), y verle mostrar una honestidad tan diáfana en su valoración de ese "gran" escollo al que se enfrentan los cosmólogos en la actualidad. Una valoración que jamás emitiría en presencia de un cristiano, por ejemplo. Al enemigo ni agua, son las reglas del juego.

En otras palabras, el problema vendría a ser éste: "Señores, Dios NO puede existir. De ningún modo. Así que todos los modelos cosmológicos, formulados o por formular, para ser validados a la luz de la Ciencia y la Razón, deben apuntar a la confirmación de esta hipótesis de partida: la inexistencia de un Ente Creador. Si algún modelo cosmológico apuntara a la existencia de Dios, (como podría ser la teoría del Big Bang y derivados) debe ser descartado por la comunidad científica y buscar otras respuestas que sí encajen con la hipótesis previa de que todo lo existente surgió de la nada".

¿Por qué postulamos esa hipótesis previa sobre la inexistencia de Dios si realmente no sabemos si Dios existe o no? Pues, como ya hemos explicado en otras entradas, porque en siglos pretéritos los artífices de la Ilustración se afanaron en formular una alternativa, en principio "neutral", a la concepción religiosa del mundo. No ponemos en duda que esta alternativa fuera entonces, y sea ahora, necesaria. Lo es. Lo que nos desconcierta, contempladas en perspectiva, son las claves iniciales sobre las que ese novedoso y, en su momento, revolucionario corpus doctrinario fue cimentado. De nuevo, podríamos esquematizar su enunciado del modo siguiente: "La Iglesia asegura que Dios existe y es el Creador de todo, así que nosotros, al elaborar una 'alternativa' válida, debemos postular lo contrario: Dios no existe, no existe nada intangible, sólo existe la materia y energía observables y todo lo que descubramos a partir de ahora debe corroborar esta hipótesis previa (si descubrimos algo que no corrobora esta hipótesis, -es decir, lo que se denomina una "anomalía"- procuraremos que no se difunda ;-)). Por pura lógica, si Dios no existe, todo deber haber surgido por azar".

Razón por la cual el azar -ese inteligentísimo, habilidoso, asombroso azar de los ateos- es protagonista indiscutible de los acalorados debates entre cientifistas y teístas.

Pero simplemente se trataba de eso: si los curas dicen "x", nosotros debemos decir "y".  La inercia hizo todo lo demás.

A la vista de estos precedentes, es comprensible que nuestro comentarista arriba citado se sacara de la manga su propia hipótesis cuyo esbozo dejó en otro comentario de la misma página, para reformular por su cuenta y riesgo el comienzo del universo. Una tesis algo estrafalaria, como casi todas, pero que, estamos seguros, ejerce un beneficioso efecto sedante sobre su torturado ánimo. Seguro que duerme mucho mejor desde que decidió creerse a sí mismo :-). Nuestro ateo, como yo o usted, amable lector, no tiene la menor idea sobre si ocurrió o no tal como él imagina y desea, pero su fe en que tuvo que ser así, es más que suficiente para calmarle los nervios. Si alguien le obliga a aceptar otra versión no fisicalista, "no está por la labor". Él prefiere dormir bien. 

 

(Hablando de los caprichos de Morfeo, navegando por la red, me encuentro con una agnóstica encantadora -dicho sea sin ironía, me agrada su prosa sugerente, su capacidad de análisis y su postura moderada- que dedica una de las entradas de su blog a reseñar el libro "Temerosa simetría. La búsqueda de la belleza en la física moderna", un tratado bastante denso sobre matemáticas, fractales y otros laberintos, obra del conocido físico y divulgador Anthony Zee. Pues bien, en el párrafo final, nuestra amiga agnóstica nos hace una sorprendente -o no- confesión:


"Pues eso. Ánimo con el tocho… Entremos en el apasionante mundo del diseño asistido por las mates. Y... ¿qué pinta Dios en todo esto?… Quizás más de lo que parece. Para tranquilizarme a mí misma y poder irme a dormir a pierna suelta, pensaré una vez más en Monod, en su azar y su necesidad, en la bioquímica… y en la ausencia de este Dios escurridizo y complicado".



 Leído al pasar IV ;-)

Otros, después de un "susto" como el que se ha llevado esta chica al leer a Zee, se meten en la cama con Nietzsche. No es muy sexy, pero es un excelente ansiolítico cuando el temor a que Dios exista no te deja dormir. En otra entrada contaremos por qué Monod, en el fondo, no es tan efectivo como muchos piensan para aliviar estos casos de "descoloque" filosófico. Queda pendiente).




Pero sigamos con el tema de este post.


En esta entrada les explicábamos por qué a los adalides del materialismo cientifista les incordia tanto que el universo tuviera un principio. En ese mismo post se evidencia también por qué, si al final resulta que no existió ese comienzo, a los teístas nos traerá al fresco :-). Muchos creyentes hinduistas llevan siglos "sabiendo" que el universo es eterno, sin principio ni fin, y esto no les impide atribuirlo a Dios. Ya lo aceptaban así mucho tiempo antes de que esta cualidad del universo fuera útil a los físicos para descartar la molesta hipótesis del Creador.

Al final triunfará la presión del fisicalismo, pues todo apunta a ese desenlace, y "decidirán" que el universo no tuvo un principio ¿...Y?  A mí, personalmente, no me supondrá ningún gran desbarajuste en mis esquemas, entre otras razones, porque son las "escalofriantes contorsiones" que los ateos adjudican a su inverosímil dios-azar, lo que a mí y a la mayoría de los creyentes nos pone en guardia frente a todo su manido discurso. Cuando alguien me demuestre que el azar puede usar escuadra, compás y cartabón, empezaré a replantearme en serio mis creencias. Mientras tanto, permítanme abrazarme a mis dudas, mis viejas compañeras de viaje.


Ocurra lo que ocurra al final, ha sido divertido pillar a un ateo nadando en su elemento, con las vergüenzas y los miedos al aire :-)


 ***


Erraticario nos ilustró en este excelente artículo, con la lucidez que le caracteriza, sobre los problemas que conlleva la tesis de la inflación. Aquí tienen otro por si les sabe a poco. 

Extraemos un párrafo del primero para que abran boca, referente al "multiverso burbuja", un modelo que lentamente se va imponiendo, a falta de otro mejor que diluya el problema del "ajuste fino" en un espumoso océano de ecuaciones, que es de lo que se trata.



"La burbuja fue el símbolo de la vanitas entre los artistas del siglo XVII, del memento mori con que se complementaba la rosa marchita y la hueca calavera. Es seguro que las ecuaciones dicen mucho del universo que habitamos, pero más seguro es que sus traducciones al lenguaje de los vulgares sólo explican los miedos existenciales que ocurren en el interior de los seres humanos".



Ese miedo existencial que, dicen los ateos, los creyentes tenemos a la Nada... y que ellos tienen a Dios :-)





No podemos dejar que Dios cruce la puerta. Richard Lewontin

panal de abejas

"Nos ponemos del lado de la ciencia pesar de lo patentemente absurdo de algunos de sus conceptos, a pesar de su fracaso en cumplir muchas de sus extravagantes promesas de vida y salud, a pesar de la tolerancia de la comunidad científica a historias ad-hoc sin fundamentoporque tenemos un compromiso anterior, un compromiso con el materialismo. No es que los métodos y las instituciones de la ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materiales para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que producen explicaciones materialistas sin importar qué tanto vayan en contra de la intuición, sin importar qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, porque no podemos dejar que un Pie Divino cruce la puerta.

Está de moda hablar de las 'sociedades de insectos' y del 'lenguaje del chimpancé', pero las nociones de sociedad y lenguaje surgieron de la experiencia humana y sólo secundariamente se aplicaron a hechos y procesos desarrollados por otros organismos. La misma simplicidad de las interacciones que se dan en 'sociedades de insectos', si se las compara con nuestras propias culturas, y la pobreza del 'lenguaje' del chimpancé refuerzan la idea de la singularidad y la superioridad humanas. Después de todo, son los seres humanos quienes escriben libros acerca de las sociedades de insectos y quienes enseñan a los chimpancés a pulsar botones; no al revés. Y es en la contraposición con las otras especies donde percibimos las características comunes a la humanidad. Las diferencias entre los seres humanos se desvanecen ante el inmenso abismo que nos separa de los demás animales.

¿Quién soy yo para cuestionar lo que dice Steven Weinberg acerca de física cuántica, o Carl Sagan acerca del Sistema Solar? Lo que me preocupa es que la gente crea lo que (Richard) Dawkins y (Edward Osborne) Wilson dicen acerca de la evolución".


 Richard Lewontin
Biólogo evolutivo, genetista y filósofo de la Ciencia estadounidense
Universidad de Harvard




Todas las entradas sobre el cientifismo, aquí.


Juan Ramón Jiménez, la vida espiritual

dios y ciencia cesped y agua


"Hay alrededor de nosotros una vida espiritual que acecha los menores instantes de esta pobre vida llena de obligaciones absurdas para llenar el vacío  de imágenes que son la absoluta felicidad. ¿No será esto la promesa de una vida del porvenir, pura, clara, ideal, libre de toda traba, y hacia la cual vamos caminando?"

Poeta español
Premio Nobel de Literatura, 1956


El "ateísmo" de Alfred Russel Wallace

Alfred Russel Wallace


"Puedo ver cosas admirables en todas las religiones... Pero, sobre si hay Dios y cuál es su carácter; sobre si tenemos un alma inmortal o no, o sobre nuestro estado después de la muerte, no puedo tener miedo a sufrir (un supuesto castigo de ultratumba) por estudiar la naturaleza y buscar la verdad"

Alfred Russel Wallace
Naturalista inglés
Postuló, junto a Darwin, la Teoría de la Evolución
(1823 - 1913)




 "La firma de todas las cosas" (Editorial Suma de Letras, 2013), es el último y esperado libro de Elizabeth Gilbert. Su celebérrimo "Come, reza, ama" me resultó estimulante, en su momento, y prometedor, a pesar del molesto tufillo "Nueva Era" que desprendía en según qué pasajes. Esto y su más que correcto estilo literario fueron razones suficientes para que una lectora compulsiva, sin escrúpulos ni luces, como una servidora, :-) mordiera el anzuelo que la poderosa maquinaria del marketing editorial agitó malévolamente ante su nariz. 
   
"La firma de todas las cosas" nos traslada al siglo XIX, un periodo fascinante, burbujeante de ideas rompedoras que desafiaban todas las ortodoxias. Un tiempo en el que la Revolución Industrial estaba en pleno auge y las viejas estructuras se empezaban a resquebrajar con un crujido liberador, dejando grietas en el tejido de la Historia por donde empezó a entrar una bienhechora ráfaga de aire fresco. El mundo se reinventaba a sí mismo. En este nuevo siglo de las luces, Alma Whittaker, una mujer botánica, fuerte y tenaz, dedica la mayor parte de su vida al estudio de los musgos... Sus aventuras y desventuras arrastran al lector de un lado a otro del globo, recalando a veces en bellos paisajes exóticos que Gilbert describe con indudable maestría. 

Se nos presenta a la señora Whittaker como un ejemplo arquetípico del pensamiento racionalista/cientifista... Casi un cliché. Y se nos promete, al menos en la sinopsis de la contraportada, que toda la obra será una apasionante revisión de estos dos modos antagónicos de entender el mundo, el fisicalista y el idealista, proponiéndonos algo así como la creación de un puente que, aunque algo quebradizo, con un poco de empeño y buena voluntad, podría extenderse entre ambos. En principio, se supone que la intención última de esta obra es la invitación a ese encuentro entre ambas posturas.

Pero, en mi humilde opinión, Gilbert yerra el tiro. Al libro le sobran páginas, le faltan diálogos, le sobran escenas de sexo explícito (esto, lo sabemos por los últimos éxitos editoriales, tiene su público y tanto los escritores como los editores lo tienen muy en cuenta), pero, sobre todo, le sobran musgos, semillas, descripciones, repeticiones, nomenclaturas en latín y datos científicos sobre botánica que a la mayoría de la gente le traen al pairo, por muy atractivo que el tema les resulte a los profesionales de esta disciplina. Sea como fuere, es fácil suponer y valorar el ímprobo esfuerzo que habrá supuesto para la autora recabar toda esa ingente información. Valorado queda.

En un punto de la narración, Gilbert renuncia un instante a su proverbial elegancia para hacer proferir a la protagonista la blasfemia más barroca, sucia e innecesaria que he oído jamás, y he oído muchas (esto encantará a los ateos y disgustará a los creyentes). Mientras, en otros puntos, nos insinúa la existencia de un mundo inasible de "espíritus desencarnados" en términos bastante confusos (esto encantará a los creyentes y disgustará a los ateos). En resumen, el libro no pasa de ser uno de esos productos comerciales concebidos para contentar a unos y otros, pero que, a la postre, sólo consigue incomodar a todos. Son los gajes del oficio y de intentar ser ecuánime a toda costa.

A mí me ha aburrido soberanamente, pero, para gustos, los colores. No permitan que mi opinión les condicione y léanlo.

De todos modos, si tuviera que salvar algo, aparte del indiscutible talento literario de la autora, sería su noble esfuerzo por rescatar del olvido la figura de Alfred Russel Wallace:

Hacia el final de su larga vida, Alma Whittaker se encuentra con este hoy casi desconocido naturalista británico que descubrió la teoría de la Evolución al mismo tiempo que Darwin (de hecho, fue llamada en sus inicios la Teoría de Darwin-Wallace), a quien unía una sincera amistad, hasta tal punto que fue él quien animó al primero a hacer pública su innovadora tesis sobre la evolución. Darwin y Wallace eran buenos amigos, pero, en mi opinión, desde una perspectiva puramente humana, Wallace era un hombre mucho más complejo e interesante que el autor de "El origen de las especies"

Biólogo, geógrafo, antropólogo, botánico, político... Russel Wallace, que al contrario que Darwin, procedía de un hogar humilde, era lo que hoy llamaríamos un "antisistema". Un auténtico revolucionario, iconoclasta, pacifista, activista incansable por los derechos de los obreros y de las mujeres, antimilitarista, creyente a su manera, pero intransigente con los abusos de los poderes eclesiásticos, pionero del movimiento ecologista... Su fervor le llevó a defender a ultranza tanto las causas más justas y razonables como las más rocambolescas, pero siempre impulsado por el mismo anhelo: la búsqueda infatigable del conocimiento y la verdad. 

Era brillante, carismático, audaz y bondadoso, y, por si todo esto fuera poco, además, dicen, era un perfecto caballero inglés :-) Un hombre, en fin, extraordinario, totalmente anulado para la Historia por el peso de la sombra de Charles Darwin.

Y, sin embargo, era Darwin -de carácter más apocado o "sosito", como diríamos aquí  :-))- quien se sentía en cierto modo "anulado" por Wallace. Valga como ejemplo esta anécdota: Wallace y Darwin mantuvieron una fértil relación epistolar durante muchos años. En cierta ocasión, Wallace escribió a su insigne amigo planteándole sus dudas y reflexiones acerca del enorme abismo que existe entre el ser humano y los animales (un abismo evidente que los cientifistas actuales procuran reducir a toda costa, a pesar de la contradicción que implica mantener esa actitud negativista). Darwin, que no había contemplado este "pero", estuvo de acuerdo, admitió que se sintió muy desasosegado debido a este asunto y contestó: 


"Espero que usted no haya asesinado completamente su criatura y la mía"



No me resisto a añdir aquí un inciso:


(Darwin era un acomodado burgués, clasista, misógino y abiertamente racista, convencido de que hay seres humanos "superiores" e "inferiores", que consideraba a los "negros aborígenes" prácticamente en el mismo nivel que los chimpancés, véase su obra "El origen del hombre". Es curioso cómo los neodarwinistas escriben largos prólogos a este libro, preparando hábilmente a los lectores para que no se zambullan en su lectura con una libre y virgen disposición, porque, de hacerlo así, saben bien que el libro les repugnaría. Los ateos justifican estas ideas políticamente incorrectas de Darwin recordándonos que vivió en la Inglaterra victoriana, instándonos a ser "indulgentes" y comprensivos con él, pues, afirman, todos somos hijos del contexto histórico en que nos ha tocado vivir. Estamos de acuerdo, pero recordamos que los actos e ideas de muchos teístas de otros tiempos también pudieron estar -de hecho fue así- contaminados por el espíritu beligerante de su época y, sin embargo, para los creyentes de siglos pasados, nuestros ateos no dejan ni las migajas de las toneladas de indulgencia y comprensión que reservan para Darwin.

Wallace vivió en la misma época que Darwin, y, aun así, a pesar de compartir las mismas coordenadas de tiempo y espacio con él, era, como apuntamos más arriba, un activo defensor de la igualdad entre los seres humanos, del sufragio femenino y del fin de la explotación del hombre por el hombre. Un socialista, según sus propias palabras.

Y fue, repetimos, co-descubridor de la teoría de la Evolución.

Ahora, pregúntese usted, amable lector :-), por qué, si ambos fueron merecedores del mismo honor, el Imperio Británico primero y el resto de la Europa colonialista después, se rindió sin condiciones a Darwin, entronándolo como a un dios intocable -dignidad que aún hoy mantiene, atrévase a hablar de Darwin en público en los términos en que yo estoy haciéndolo, y prepárese para ser acusado de cualquier burrada, desde "ignorante" a "fanático creacionista"-, mientras esa misma Europa ninguneaba y olvidaba a Wallace.

La consecuencia indirecta de este error intencionado fue la ascensión al poder en Alemania, apenas un siglo después, de un iluminado que se creyó a pie juntillas eso de que existen razas designadas por la evolución para esclavizar o exterminar a otras razas, sin consideraciones éticas que matizaran su delirio -daba igual, los "inferiores" son apenas chimpancés, lo ha dicho Darwin-, y decidió guiar a esa raza superior en su gloriosa hazaña, apelando a un supuesto derecho natural. Europa saldó su error decimonónico con la II Guerra Mundial, donde, por supuesto y como siempre, murieron millones de inocentes que ni siquiera sabían quién demonios era ese Darwin, racista, clasista, machista y burgués, que -involuntariamente, de acuerdo- un siglo antes había decretado su suerte).

Cierro el inciso y, sí, me he quedado muy a gusto :-).


Como veníamos diciendo, hacia el final de su vida, Alma Whittaker, la protagonista de "La firma de todas las cosas", que aceptó con entusiasmo la recién publicada teoría de la Evolución, invita a su casa al señor Wallace. Whittaker también se siente desasosegada, pues no comprende cómo la nueva teoría podría explicar el altruismo y la compasión que muchas personas sienten de forma natural hacia los débiles, los enfermos o indefensos. No entiende, explica, cómo una mujer puede, sin premeditación alguna, lanzarse a un río caudaloso para salvar al bebé de una vecina, o a un perro herido, arriesgando su propia vida, como ella misma vio hacer en alguna ocasión. Esto no lo explica la teoría de Darwin y su "lucha por la supervivencia de los más fuertes" y así se lo indica a Wallace, entablándose entre ambos un fecundo diálogo del que extraigo los siguientes párrafos. Comienza hablando Wallace:


"Creo que la evolución explica casi todo acerca de nosotros y, sin duda, creo que explica absolutamente todo sobre el resto del mundo natural. Pero no creo que la evolución por sí misma baste para explicar la excepcional conciencia humana. No existe ninguna necesidad evolutiva, ¿sabe?, para que tengamos esta aguda sensibilidad intelectual y emocional. No existe una necesidad práctica que justifique nuestros cerebros. No necesitamos una mente capaz de jugar al ajedrez, señora Whittaker. No necesitamos una mente capaz de inventar religiones o discutir sobre nuestros orígenes. No necesitamos una mente que nos haga llorar en la ópera. De hecho, no necesitamos la ópera..., ni la ciencia ni el arte. No necesitamos la ética, la moral, la dignidad ni la abnegación. No necesitamos cariño ni amor..., ciertamente no en la medida en que lo sentimos. En cualquier caso, nuestra sensibilidad puede ser un lastre, ya que nos lleva a sufrir una tremenda angustia. Así que no creo que el proceso de la selección natural nos diera estos cerebros..., aunque creo que sí nos dio estos cuerpos y casi todas nuestras facultades. ¿Sabe por qué creo que tenemos estos cerebros extraordinarios?... Le voy a decir por qué tenemos estas mentes y almas tan extraordinarias. Las tenemos porque hay una inteligencia suprema en el universo que desea comunicarse con nosotros. Esta inteligencia suprema desea ser conocida. Nos llama. Nos acerca a su misterio y nos concede estas mentes privilegiadas para que salgamos en su búsqueda. Quiere que la encontremos. Quiere que nos unamos a ella más que ninguna otra cosa..."

Invitamos al lector a consultar "La mente de Dios. La base científica para un mundo racional" del físico Paul Davies y "La teoría de Dios. Universos, campos de punto cero y qué hay detrás de todo esto" del astrofísico Bernard Haisch para un análisis más pormenorizado de esta hipótesis que adelantó Wallace. 

Unos párrafos más adelante, la señora Whittaker pregunta a su invitado qué pensaba su amigo Charles Darwin (a la sazón ya fallecido) cuando él le exponía estas ideas:


"- Oh, no le gustaba en absoluto, señora Whittaker. Se sentía consternado cada vez que yo lo mencionaba. Decía: '¡Maldita sea, Wallace...! ¡No puedo creer que traigas a Dios a esta conversación!'

-¿Y qué respondía usted?

-Intentaba explicarle que no había mencionado la palabra Dios. Era él quien usaba esa palabra. Yo sólo decía que existe una inteligencia suprema en el universo que aspira a unirse a nosotros. Creo en el mundo de los espíritus, señora Whittaker, pero jamás emplearía la palabra Dios en una discusión científica. Al fin y al cabo, yo soy ateo".




Acabo de darme cuenta de que yo también soy "atea". Nunca es tarde para rendirse a este tipo de íntimas revelaciones, ¿no es cierto? Sí, soy atea. 

Soy atea, del mismo modo que lo era Alfred Russel Wallace.
;-)


Vaya para él y en su memoria este humilde homenaje.




Para saber más:


Wallace Online (Inglés)

Wallace en Facebook (Inglés)

En National Geographic. "The man who wasn't Darwin" (El hombre que no era Darwin)


Apenas he podido encontrar nada en español, algo que, a estas alturas, no me sorprende en absoluto, pero pueden seguirle el rastro en este exhaustivo ensayo, del que sólo puedo dejar la reseña:

"Wallace: el explorador de la Evolución" de José Fonfria.

Otro ensayo, más breve, pero completo, en formato pdf.

"La extraordinaria vida de Alfred Russel Wallace"

En el artículo "Cien años sin Wallace. Los libros de Alfred Russel Wallace en España", el biólogo Xavier Belles critica el injusto olvido que se cierne sobre la obra del gran naturalista.



Cada nuevo descubrimiento nos acerca un poco más al Creador

quimica y dios

“Cuando se hace un descubrimiento, el científico creyente siente una cercanía con el Creador al percibir algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios conocía desde siempre”

Francis Collins
Médico genetista
Director del National Institutes of Health
Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2001 por su aportación en el descubrimiento de la secuencia del genoma humano

¿Dios es una invención de nuestra mente?



"Para los neuroteólogos, Dios es una invención del cerebro, puesto que los escáneres revelan que cuando se hace meditación hay ciertas áreas del cerebro que se activan. Seguro que cuando comemos un yogur hay ciertas zonas del cerebro que se activan y no por eso el yogur es un invento de nuestra mente"

Carlos A. Marmelada
Filósofo y escritor español
Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona
Profesor de la Universitat Internacional de Catalunya
Autor de "El dios de los ateos", 2014


Disculpen que me cite a mí misma pero, hace pocos días, antes de conocer este cómico paralelismo que hace Marmelada entre Dios y el yogur, respondí con un argumento parecido a una amiga atea que me contaba muy ufana cómo "la neurociencia está descubriendo que Dios reside sólo (?) en un punto determinado de mi cerebro" (y por extensión, en el cerebro de todos los creyentes, claro), que se activa visiblemente cuando rezo o medito. Le respondí que ella, mi amiga, también está en mi cerebro y que el área cerebral donde ella "reside" seguramente se activa cada vez que pienso en ella, que esa activación será tanto más pronunciada cuanto más tiempo y con más intensidad se prolongue ese pensamiento y que, cabe suponer, observada a través de un escáner, esa parcela de mi materia gris aparecerá exacerbadamente colorida cuando ambas nos enzarzamos en sesudos debates filosóficos como el que manteníamos en ese momento.

¿Significa esto que mi amiga no existe? 
:-) 

¿No será más lógico deducir que mi cerebro responde de la única manera que sabe y puede a un estímulo-realidad que está sucediendo-ubicándose fuera de él, del mismo modo que la hoja responde del único modo que sabe y puede (es decir, agitándose) ante el estímulo real y externo del viento?

¿O, como la hoja se está moviendo, deducimos sin más que el viento no existe? 

Siguiendo con las conclusiones absurdas, pero lógicas si las derivamos de la absurda premisa de los ateos, también cabe interpretar que el sexo tampoco existe, pues es bien conocida la zona del cerebro que se activa durante el coito (que, por cierto, dicen que es la misma que se activa cuando comemos chocolate... personalmente lamentaría profundamente que el chocolate no existiera :-)).

Si me permiten continuar con la broma, creo que si seguimos negándole la existencia a más fenómenos, objetos, funciones y entidades, sólo porque podemos pensar en ellos y reaccionar fisiológicamente en consecuencia; o porque su existencia influye, interactúa y se refleja modificando la realidad de otros fenómenos, objetos y entidades; acabaremos, esta vez sí, flotando en un pobre y desolado vacío, que ni siquiera se podrá permitir el lujo de llamarse "cuántico", puesto que los quantums también tienen su reflejo en el cerebro y, por tanto, -como Dios, mi amiga, el viento, el sexo, el chocolate y el yogur-, tampoco existirían ;-) 

A pesar de todo, debemos recordar que, sobre este controvertido asunto, nada está aún decidido, pues sigue habiendo opiniones para todos los gustos, ya que distintas investigaciones arrojan a veces resultados contradictorios.

Sea como fuere, exista o no ese "punto de la fe", la precipitada conclusión de los ateos de que el hecho de que una parte de nuestro cerebro reacciona cuando pensamos en Dios es una "prueba irrefutable" de su inexistencia, resulta, por decirlo suave y educadamente, cuando menos, cómica. Entre otras razones de más peso argumental porque, con los mismos datos en la mano, los creyentes podríamos concluir exactamente lo contario. Todo es cuestión de perspectiva.


En una entrevista concedida al diario digital El Cultural, el físico Antonio Fernández-Rañada, a quien nuestros lectores conocen bien, fue interpelado acerca de este tema. Cuando el entrevistador le preguntó si Dios podría ser "sólo una compleja conexión de neuronas", el científico contestó algo que, por evidente que resulte, no está de más recordarlo una y otra vez a los filósofos de salón tan inclinados
a olvidar lo que es obvio, por la única razón de serlo:


"Lo importante es saber si está también en otros sitios..."

Pueden leer la entrevista completa aquí.

***

"El error común consiste en plantear la cuestión de la existencia de Dios en términos de “objetivación”, pretendiendo que de la actividad del cerebro pueda derivarse la existencia o inexistencia de Dios como un objeto más entre los demás objetos, externos o internos, del mundo habitual.

Debatir sobre la existencia de Dios como una objetivación externa, no será más fructífero que hacerlo sobre la existencia “ahí afuera” del color que denominamos “rojo” o del sabor que llamamos “salado”, más allá de la actividad productora del sistema nervioso en general y del cerebro en particular.

Trasladar el debate al ámbito de la objetivación interna, considerando a Dios como mero objeto de una creencia, tampoco aportará nada substancial acerca de su inexistencia, pues simples creencias son asimismo lo que entendemos por “libertad” o “justicia”, sin que nadie pueda negar la evidencia de su inmenso poder inspirador y movilizador. 

 
La neurociencia por sí sola únicamente puede explicar la experiencia mística hasta cierto punto, y dentro de una metodología restringida, que necesariamente debe estar abierta a estudios provenientes de otras disciplinas, como la sociología, la teología, la filosofía de la religión, la ética y la psicología.

En definitiva, se trata de abogar por una perspectiva de análisis coherente, amplia e informada, que por su propia riqueza se mantenga a salvo de caer en fáciles y empobrecedores reduccionismos.
Cuando la naturaleza propia del debate se contempla desde la óptica de esta perspectiva multidisciplinar, bien puede decirse que el reduccionismo de corte neurológico no se diferencia en esencia del reduccionismo de corte semántico, y en este sentido Dios estará en nuestro cerebro tanto como en nuestros diccionarios". 


Mario Toboso 
 Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Salamanca
Es científico Titular en el Instituto de Filosofía (Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-


Así es, que una zona específica del cerebro se active al rezar no evidencia nada en absoluto, ni la existencia ni la inexistencia de Dios. Como apunta el doctor Toboso, en el diccionario aparecen seres reales o imaginarios, el Dios de los creyentes o el famoso unicornio tan citado por los ateos :-)... Todos coincidimos en que sería una derivación descabellada concluir que algo existe o no en función de que los académicos que elaboran el diccionario lo hayan o no incorporado a su lista.
Cambien "diccionario" por "cerebro" y el que lea entienda.


"Pero, ¿quién creó a Dios?". El argumento inductivo de Richard Swinburne expuesto por Antony Flew

big bang

Cuando comentamos a los ateos que todo lo que tiene un comienzo debe tener una causa, un "agente", los ateos suelen contestarnos: "si todo tiene una causa, ¿quién creó a Dios?". Es un buen contraargumento, ¿verdad? :-)
... O quizás no.

Richard Swinburne, Antony Flew y John Leslie responden en este post.


"(Richard) Swinburne arguye que podemos explicar estados de cosas solo en términos de otros estados de cosas. Las leyes, por sí mismas, no pueden explicar tales estados de cosas. 'Necesitamos tanto estados de cosas como leyes para explicar las cosas', escribe. 'Y si no tenemos estados de cosas ni leyes para el comienzo del universo, porque no hay estados de cosas previos, entonces no podemos explicar el origen del universo'. Si pudiera haber alguna ley que explicara el comienzo del universo, tendría que decir algo así como 'el espacio vacío da lugar necesariamente a la materia-energía'. Aquí, 'el espacio vacío' no es la nada, sino más bien un 'ente identificable', un algo que ya está ahí. Esta confianza en las leyes para hacer surgir el universo del 'espacio vacío' plantea también la cuestión de por qué la materia-energía fue producida en el tiempo T0, y no en algún otro momento.

El filósofo de la ciencia John Leslie ha mostrado que ninguno de los modelos cosmológicos que están de moda hoy día excluye la posibilidad de un Creador. Cierto número de cosmólogos han especulado con la idea de que el universo surgió de 'la nada'. Edward Tryon, en 1973, había teorizado que el universo era una fluctuación en el vacío de un espacio mayor. (¿Qué era o es ese 'espacio mayor'? ¿De dónde surgió? ¿Cómo surgió y por qué? ¿Por qué ese espacio mayor tiene la capacidad de producir 'fluctuaciones' capaces a su vez de dar origen a un universo con leyes físicas inmutables?... Hagan sus apuestas, señores :-)). Arguyó que la energía total del universo era cero porque la energía gravitacional del universo es mostrada como una cantidad negativa en las ecuaciones de los físicos. Usando otro enfoque, Jim Hartle, Stephen Hawking y Alex Vilenkin han conjeturado que el universo 'fluctuó cuánticamente' a la existencia 'desde la nada'. Esta 'nada' es en ciertos casos una espuma caótica de espacio-tiempo con una densidad energética fantásticamente alta. Otra sugerencia (de Hawking) es que 'el tiempo se hace cada vez más espacial a medida que retrocedemos hacia el Big Bang'. (Aquí y aquí explicamos por qué es un error confundir el "vacío cuántico" con "la nada").

Leslie no piensa que tales especulaciones sean relevantes porque, en su opinión:


De cualquier forma que describamos el universo -como habiendo existido desde siempre, o  habiéndose originado a partir de un punto fuera del espacio-tiempo, en o en el espacio, pero no en el tiempo, o iniciándose de una forma tan cuánticamente borrosa que no sería posible determinar ningún punto definido en el que comenzara, o poseyendo una energía total igual a cero- la gente que encuentra un problema en la misma Existencia de Algo en Lugar de Nada (la pregunta de Leibniz) se sentirá poco inclinada a estimar que el problema ha sido solucionado.


Si tuviéramos una ecuación capaz de determinar la probabilidad de que emerja algo del vacío, aún habría que preguntar por qué existe esa ecuación. El mismo Hawking, de hecho, había indicado la necesidad de un factor creador que insufle fuego en las ecuaciones.

En una entrevista realizada poco tiempo después de la publicación de Una historia del tiempoHawking reconoció que su modelo no afectaba para nada a la existencia de Dios. Al decir que las leyes de la física determinaban cómo comenzó el universo, sólo estamos diciendo que Dios no escogió 'poner en marcha el universo de una forma arbitraria que nosotros no podríamos entender. Esto no implica decir que Dios no exista, sino solo que no es arbitrario'.

(Sabemos, no obstante y en honor a la verdad, que en los últimos tiempos, las opiniones de Hawking respecto a la existencia de Dios se han radicalizado, llegando a afirmar tajantemente en alguna entrevista que él es "ateo" y que "no hay ningún dios", sin dejar el más mínimo resquicio para la duda, aunque no ha explicado qué razones le han llevado a este cambio de parecer. ¿La presión del espíritu de los tiempos, quizás? :-) Me temo que en este asunto, sólo podemos especular. También podemos actuar de mala fe, subirnos al carro de la cultura de la sospecha y sembrar dudas en el respetable, afilando la trillada estrategia del argumento ad hominem tal como hacen muchos llamados escépticos que, a falta de mejores argumentos con que refutar sus postulados, elucubran sibilinamente sobre las razones "personales" que tal o cual renombrado científico podría tener para creer en Dios, cuando lo "normal" (?) -aseguran- sería que tal renombrado científico fuera ateo, "como todos" (??). Usando la misma estrategia en sentido contrario y refiriéndonos al profesor Hawking y a su particular biografía, habría mucha tela que cortar... Pero ya hemos quedado en que esto sería actuar de mala fe).




Un viejo intento de explicar el universo por referencia a una serie infinita de causas ha sido reformulado en el lenguaje de la cosmología moderna. Pero el resultado es insatisfactorio, en opinión de John Leslie. Algunas personas, indica Leslie, piensan que la existencia del universo en un momento dado puede ser explicada por el hecho de que existía en un momento previo, y así sucesivamente ad infinitum. También hay físicos que creen que el universo existió durante un tiempo infinito, bien por medio de una serie infinita de explosiones y contracciones, o como una parte de una realidad en expansión eterna que produce nuevos universos mediante sucesivos Big Bangs. Y otros dicen que el universo existió desde un pasado finito, si lo contemplamos desde cierta perspectiva, pero durante un tiempo infinito, si lo medimos de otra forma.

Como respuesta a estos enfoques, Leslie afirma que 'la existencia de una serie infinita de acontecimientos pasados no puede resultar autoexplicada mediante la explicación de cada acontecimiento por un acontecimiento anterior'. Si hay una serie infinita de libros sobre geometría que deben su contenido al hecho de haber sido copiados de libros anteriores, todavía no tenemos una respuesta adecuada acerca de por qué el libro es como es (por ejemplo, de geometría) o por qué hay un libro... La serie completa necesita una explicación. 'Pensemos en una máquina del tiempo' -escribe Leslie- 'que viaja al pasado, de una forma que no hace falta que nadie la haya diseñado y fabricado nunca. Su existencia forma un bucle temporal autoexplicado. Pero, incluso si tuviera sentido viajar en el tiempo, esto seguiría siendo un sinsentido'.

Richard Swinburne sintetiza su exposición del argumento cosmológico diciendo: 'Es bastante probable que, si hay un Dios, otorgue sentido a un universo como el nuestro, complejo y finito. Es muy improbable que un universo exista sin causa alguna, pero es bastante más probable que Dios  exista sin causa alguna. (Entendiendo a "Dios" como la entidad inteligente con la cualidad de infinitud que le atribuyen todas las filosofías, una cualidad que le fue atribuida milenios antes de que nadie supiera que esa cualidad sería útil para defender su existencia en futuros debates :-)). Por tanto, el argumento que se remonta desde la existencia del universo a la existencia de Dios es un buen argumento C-inductivo'. 

En una reciente conversación con Swinburne, observé que su versión del argumento cosmológico parece ser correcta en un sentido fundamental. Algunos de sus aspectos podrían tener que ser mejorados, pero el universo es algo que requiere explicación. El argumento cosmológico de Richard Swinburne proporciona una explicación muy prometedora, probablemente, la explicación finalmente correcta".


Incisos en gris añadidos

Antony Flew
Filósofo y escritor inglés
Profesor en Oxford y otras muchas universidades
Perteneció a la escuela del pensamiento evidencialista

Extractos de "Dios existe"
Editorial Trotta, 2012, ISBN: 978-84-9879-368-0, clic en el enlace para más información.



velas


"Una persona fuerte no es aquella que derriba a su adversario. Una persona fuerte es la que sabe contenerse cuando está encolerizada"


Abu l-Qāsim Muḥammad ibn ʿAbd Allāh al-Hāšimī al-Qurayšī (Mahoma)
Fundador del Islam
Siglo VII



Desde "Dios y la Ciencia" nos unimos a la repulsa general por los terribles sucesos acaecidos en Francia y abogamos, una vez más, por la fraternidad entre todos los grupos humanos, por el respeto a la diversidad y la tolerancia.


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