Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros o revistas de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Al final del blog encontrarán una bibliografía referente al debate ciencia-fe, donde se incluyen también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. También pueden verla ampliada aquí.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)


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Los guardianes de la ortodoxia o cómo convertir un paradigma en una "camisa de fuerza"

gente discutiendo

"La mayor parte de la Ciencia se hace dentro de un rígido conjunto de normas, según las cuales uno sabe exactamente quiénes son sus iguales, y las cosas son evaluadas según un conjunto muy estricto de criterios... Esto funciona cuando uno no intenta cambiar la estructura, cuando uno intenta cambiar la estructura, este sistema no funciona muy bien".

William Daniel Hillis 
Matemático, inventor, ingeniero y escritor estadounidense
Instituto Tecnológico de Massachusetts

(De hecho, cuando se trata de cambiar la estructura,
no funciona en absoluto...)


***

 
"En octubre de 2010, un estudio realizado por investigadores holandeses reveló que los escolares que son tímidos e introvertidos tienen más probabilidades de dedicarse a la ciencia... como las ovejas de ir al matadero, podría decirse.

No es extraño que el progreso científico sea lento: la mayoría de los científicos han pasado su carrera convencidos de que no debían hacer nada peligroso o demasiado distinto de lo que fuera que se hacía en el laboratorio de al lado. También saben muy bien que no conseguirán financiación ni aprobación ética si se atrevieran a liberarse de la camisa de fuerza".

En todos los campos de la ciencia existen 'notables' que determinan la discusión y modelan el resultado del proceso de revisión por pares.

Cuanto mayor sea tu reputación científica, más probable es que tus artículos reciban un reconocimiento rápido (o sea, que la ciencia no sólo se basa en 'pruebas', señores escépticos, sino en el prestigio personal de quien aporta esas pruebas..., si obvian este hecho, es porque no son tan escépticos como creen :-)). Una vez se ha alcanzado la cumbre de la ciencia, es muy difícil caer, aunque estés atareado pisoteando los dedos de los que intentan asaltar tu encumbrada torre.

Los buenos científicos han de esforzarse para derribar, socavar y destruir la reputación de sus colegas. Todo queda perfectamente resumido en una cita que se atribuye al dramaturgo americano Gore Vidal. 'No es suficiente tener éxito', dijo. 'Otros han de fracasar'.

Michael Brooks
Físico, escritor y periodista inglés
Doctor en física cuántica y asesor de la revista New Scientist


*** 

Por supuesto, nuestros ateos no creerán a Brooks sin pruebas...
:-)

"Después de la primera comunicación que hice en un simposio internacional, uno de los notables del campo en el que yo trabajaba se puso de pie en el silencioso auditorio y proclamó, con  una mofa mordaz, que mi teoría estaba totalmente descaminada. Yo era entonces demasiado inocente para darme cuenta de que la principal objeción del hombre provenía de la amenaza que mis hallazgos (que finalmente se demostraron ciertos) representaban para su propio trabajo".

Jennifer Rohn
Bióloga celular y escritora angloamericana
Doctora en Filosofía
University College London
Extracto de una entrevista para "The Guardian", septiembre, 2010


*** 


"En cada encrucijada del camino que conduce al futuro, la tradición ha dispuesto contra nosotros diez mil hombres que guardan el pasado".

Stanley Prusiner
Profesor de Neurología y Bioquímica de la Universidad de California, San Francisco


(Prusiner hace referencia aquí al rechazo y las burlas que sufrió durante años por parte de la clase científica al postular que el prión podría ser un agente infeccioso proteináceo. El dogma decía que sólo los virus y las bacterias pueden causar infecciones, así que afirmar que las proteínas podrían actuar también de este modo era una "herejía-huracán" de grado 5. Finalmente, su esfuerzo se vio recompensado en 1997 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Se me ocurren un par de nombres de prestigiosos y respetabilísimos "notables" actuales, cuya palabra en física y biología es la Ley. El Papa no tiene para los católicos, ni de lejos, el aura de infalibilidad que estos dos expertos tienen para buena parte de la Ciencia, pero, sobre todo, para los grupos ateos que la rondan. Ustedes saben bien de qué egregios expertos les hablo. No hay valiente que les tosa sin arriesgarse a un juicio sumarísimo y su consiguiente campaña de descrédito. 

Esa, claro, es la razón principal por la que casi nadie les tose... 
Al menos en público).



***


"La Ciencia está impregnada de opiniones que pasan por inducciones científicas válidas y de contradicciones que no se tienen en cuenta porque es demasiado doloroso enfrentarse a la perspectiva de las revisiones que serían necesarias para reconciliar las observaciones contradictorias con la teoría dominante...

Nos gusta pensar que la ciencia está separada de las personalidades porque buscamos la guía de un principio y no la de una persona. Así, el científico individual experimenta una sensación de libertad porque tiene la impresión de que vive en una comunidad en la que el árbitro último es la ley y no el hombre. Esta práctica realmente democrática ha llevado a la práctica falazmente democrática de determinar la validez de un punto de vista científico determinando cuántos otros científicos están de acuerdo con él

Votar en este contexto está tan influido por el aprendizaje y el adoctrinamiento del pasado que tiende a rechazar lo nuevo y a reafirmar lo viejo."

Carl C. Lindegren
Genetista americano
Fue profesor de Genética en la Washington University, en San Luis, Misuri
y de Microbiología en la Illinois Southern University
Autor de "Cold War in Biology", de donde fueron extraído estos párrafos.



(¿Quién puede, pues, garantizarnos que los expertos elegidos para realizar una "revisión por pares" no están sometidos a este adoctrinamiento, o que no actúan condicionados, si no presionados, de algún modo por el Zeitgeist?)


"Los árbitros tienden a ser especialmente críticos con las conclusiones cuando éstas contradicen sus propios puntos de vista, y más condescendientes con las que están en correspondencia con sus propias ideas".


Michael Brooks tiene algo más que decirnos sobre esto:


"La revisión por pares no funciona demasiado bien, precisamente porque los científicos son demasiado humanos.

Imagine el lector que envía un artículo científico a una revista para su publicación. Será revisado por expertos en el campo del lector: sus competidores. No lo rechazarán sólo porque su resultado no es el mismo que el resultado que están consiguiendo ellos; esto sería demasiado evidente. Pero la tentación está ahí. Si el lector ha terminado un trabajo que los árbitros tienen sólo a medio hacer, estarán tentados de demorar su aceptación... Si el trabajo del lector hace que el suyo (el de los árbitros) sea redundante, será para ellos difícil admitir la derrota. Si no les gusta la interpretación que hace el lector, se sentirán tentados de buscar lagunas en ésta... o a crear algunas. He oído a investigadores lamentarse de un revisor que no pudo encontrar fallos en su trabajo pero que le dijo al editor de la revista que éste podría publicarse sólo si se acompañaba de esta advertencia: 'La explicación más probable de estos resultados es que, de algún modo, están equivocados'".

(No comment).


***


"(Respecto al progreso de la Ciencia)... unas pocas personalidades virtuosas se yerguen en medio de un turbulento mar de celos, ambición, calumnias, supresión del disenso y presunciones absurdas. En algunos campos este comportamiento es casi la norma".

Carl Sagan
Popular astrónomo, astrofísico, cosmólogo
y divulgador estadounidense
 Autor de la serie "Cosmos"


(Supongo que todos sabemos lo que se esconde realmente tras el elegante eufemismo "supresión del disenso", ¿verdad?... Sí, exactamente eso: "prohibido discrepar").



***

"Cuando un verdadero genio aparece en este mundo, lo conoceréis por esta señal: que todos los zopencos se encuentran confederados contra él".

:-)

Jonathan Swift
Escritor inglés
Autor de "Los viajes de Gulliver"



Los citados Jennifer Rohn, Stanley Prusiner y Carl Lindegren se mantuvieron firmes y continuaron con sus investigaciones a pesar de tenerlo todo en contra, incluidas las zancadillas, las malas artes y la crítica mordaz de sus ilustres colegas. Su heroica perseverancia dio fruto y al final consiguieron el reconocimiento que merecían y la humanidad dio un paso adelante en la senda del conocimiento... 

Muchos otros no aguantaron la presión y desistieron, volviendo dócilmente, como buenos chicos, al santo redil de la ortodoxia.

La pregunta inevitable es: ¿qué sorpresas nos estamos perdiendo o qué descubrimientos están siendo postergados porque nuestros investigadores más intrépidos no se atreven a romper la camisa de fuerza que les imponen los "notables" guardianes del pasado?

 Hagan sus apuestas.





Paréntesis en gris nuestros. 
Entradas relacionadas:

"No podemos dejar que Dios cruce la puerta"
"Dios no puede existir"
El nuevo oscurantismo
El mantra de la Ciencia
La ciencia frena a la Ciencia

También citamos a Carl Sagan aquí.


Dios y los unicornios (una vez más)

dios y la ciencia unicornio

"Ya eres mayorcito para creer en cuentos de hadas. Crece". "Yo prefiero creer en Papá Noel que tampoco existe, pero nos trae regalos". "Creer en Dios es como creer en unicornios"... 

¿Les suena?
 :-)


Esta es la tercera entrada que dedicamos a este tema y, como ya cansa, me temo que será también la última. Intentaremos que sea breve, con la esperanza de que en esta ocasión la concisión ayude algo a la comprensión. Vamos allá... otra vez:


¿Por qué es absurdo equiparar a Dios, como Causa Primordial del universo, 
con los unicornios? 


El ser humano, como ser pensante e inteligente, tiene un derecho que podemos considerar legítimo a hacerse preguntas de carácter filosófico y nadie posee, o nadie debería poseer, la potestad de imponer restricciones a esta inclinación natural del hombre. El ser humano también es observador e inquisitivo, otras dos características inherentes a su naturaleza que le llevan a observar que el mundo está repleto de seres contingentes (es decir, no necesarios) y, en consecuencia, a hacer uso de su derecho legítimo a preguntarse si existe un ser "necesario" que dio lugar a los demás seres que no lo son.

Tradicionalmente, la filosofía y, dentro de ella, la ontología, la metafísica, la teología y otras ramas del saber, han otorgado precisamente estas dos características al Creador. Si Dios existe (y recordamos que, a día de hoy, el consenso en contra de Su existencia sí que es inexistente), si Dios existe, decíamos, sólo puede ser un ente "necesario", no contingente, porque sólo de este modo puede dar lugar a los demás seres que no reúnen estas dos cualidades. Dios sólo puede ser causa-incausada... 


La conclusión es obvia: ni los unicornios ni Papá Noel ni las hadas ni el ratoncito Pérez gozan de estas dos cualidades de "necesariedad" y "no contingencia", así que, a priori, la célebre analogía de los nuevos ateos, puesta en circulación por escépticos mediáticos como Richard Dawkins, que establece un forzado paralelismo entre Dios y el unicornio (o Papá Noel, las hadas, el ratoncito Pérez, etc.) es falaz porque ninguno de estos encantadores personajes son, ni han sido nunca, "necesarios", "no-contingentes" ni "causa incausada" de NADA. Mucho menos del universo.

A pesar de todo lo dicho, alguien todavía podría aducir que el unicornio es "igual" a Dios porque ambos comparten la particularidad de no haber sido vistos nunca por ojo humano. Las dos principales razones por las que la Ciencia no puede alcanzar a Dios, sólo intuirlo, han sido descritas hasta la saciedad (Davies, Dürr, Flew, Polkinghorne, Kauffman, Peacocke, etc). Con esas razones en la mano, nosotros también podemos aducir que una peonza es "igual" a una galaxia porque ambas comparten la particularidad de girar sobre sí mismas... O, parafraseando a Dawkins, que Hitler y Stalin eran "iguales" porque los dos tenían bigote :-) Total, puestos a decir bobadas, ¿quién establece el límite?

***


Está todo claro, ¿verdad? :-) 
Pues ya verán como hay quien, aún después de habernos leído, sigue sin entenderlo, repitiendo el símil del unicornio por esos foros de Dios como un periquito bien amaestrado y llamándonos "ignorantes" a quienes, al contrario que ellos, no ignorábamos que esa torpe analogía hace mucho que está muerta y enterrada.

Poco importa. Como dijo alguien:

"Sólo soy responsable de lo que yo digo, no de lo que tú (no) entiendas".

***



Disculpen las mayúsculas.
Aquí tienen las otras dos entradas que dedicamos a los bellos unicornios :-):

¿Por qué no es igual creer en Dios que creer en Papá Noel?
Richard Dawkins y la tetera de Russell

Otra entrada relacionada:

Muchos científicos tienen una imagen infantil de Dios


Hay muchos ensayos que profundizan en este tema, en nuestra bibliografía encontrarán un buen número de títulos muy interesantes en este sentido. Les recomendamos, por ejemplo, "Mitología materialista de la Ciencia", escrito por el filósofo de la física F. J. Soler Gil y "60 preguntas sobre Ciencia y Fe", escrito por 26 autores, y coordinado asimismo por Soler Gil junto a Manuel Alfonseca.


El Dios probable y el capitalismo cientifista (Leído al pasar V)

el dios probable loteria


En esta ocasión traemos a nuestra sección "Leído al pasar" el comentario de un creyente. Lo encontré bajo un artículo muy crítico con el profesor Richard Dawkins, la noticia de la que se hacía eco el diario (un problema en la web de Dawkins que, suponemos, fue subsanado poco después) se publicó en 2010 y, como es de esperar en estos casos, causó un considerable revuelo y un largo y atropellado debate entre ateos y teístas. Si alguien no leyó en su momento el artículo, sólo tiene que clicar en el enlace anterior para consultarlo. 

Pero lo que captó realmente mi atención fue, como digo, el comentario que transcribimos más abajo. He de confesar que me resultó más sustancioso y menos corrosivo que el artículo que indirectamente lo provocó. Llámenme quisquillosa, pero siempre he considerado que, sea cual sea el tema tratado, es conveniente guardar ciertas formas. El autor de la columna estaba enojado y, conociendo como conocemos a Dawkins, podemos entenderlo, pero me parece contraproducente dejarse llevar por las emociones más oscuras y caer en la trampa del insulto fácil, sobre todo si estamos reprochando esta misma actitud al bando contrario. En este sentido, pudiendo elegir, yo prefiero la fina ironía a la crítica mordaz :-)

Pero vayamos al comentario; el autor del mismo decía llamarse "Néstor", un tertuliano que goza de un evidente carácter pragmático, pues no se anda con sutilezas metafísicas, esas que a otros teístas nos deleitan tanto :-). Esta es su reflexión sobre la probabilidad de la existencia de Dios, los enlaces y apuntes en gris son nuestros:



"Me parece que no se entiende bien la naturaleza del argumento basado en las probabilidades. No se trata de establecer que Dios tiene que existir, sino que es más probable que exista, que que no exista.

Los argumentos que demuestran que necesariamente Dios existe son los argumentos metafísicos, no los argumentos basados en la probabilidad.


Sin duda, también la probabilidad de sacar cualquier otra combinación de números es exactamente la misma. Pero ésa no es la cuestión.

La cuestión es que si yo gano el primer premio en la lotería, digamos cinco domingos seguidos, sin duda seré investigado por la policía, y probablemente eso ocurra antes de llegar al quinto domingo.

Ahora bien, si alguien va a la comisaría y argumenta que mi serie de 5 aciertos tiene exactamente las mismas probabilidades de salir que cualquier otra serie de 5 resultados, se le reirán con razón en la cara. ¿Por qué?

Porque los policías no dicen que hay una necesidad metafísica o matemática de que yo haya hecho trampa. Lo que dicen es que habría que ser muy ingenuo para pensar que no está pasando algo raro.

Y de nada me serviría ponerme fresco y decirle a los agentes: “Bueno, me ha tocado la lotería, ¿y qué”?

Sí, al final tal vez resulto inocente, pero nadie podrá jamás acusar a los agentes del orden por iniciar una investigación, y más bien habrá que asombrarse de que sus sospechas hayan sido infundadas. 

Sin duda, un Universo como el nuestro, con esa acumulación fantástica de singularidades y con ese asombroso “fine tuning”, tiene, en la totalidad de Universos posibles que podrían derivarse a partir de que tal o cual singularidad no se hubiese dado así, una probabilidad de 1 sobre la totalidad de casos, igual que cualquier otro de esos casos posibles.

Pero ahí no está el asunto. El asunto está en que 5 aciertos de lotería sucesivos sin trampa son inmensamente menos probables que 5 aciertos sucesivos con trampa. Y si en vez de 5 aciertos hablamos de 10, muchísimo más improbable.

No se trata de comparar las probabilidades de Universos alternativos, sino de comparar la probabilidad de un Universo como el nuestro sin Inteligencia diseñadora, con la probabilidad de ese mismo Universo, con Inteligencia diseñadora.

Es claro que la segunda alternativa es inmensamente más probable.



Sí, es matemáticamente posible que las olas, golpeando durante siglos sobre las rocas de la playa, terminen formando una réplica exacta de la “Pietá” de Michelangelo. No implica contradicción. Los creyentes somos más parsimoniosos en ese sentido, y reclamamos la existencia de un escultor común y corriente. ("Pluralitas non est ponenda sine necessitate" que diría fray Guillermo :-))

Luego se discutirá qué clase de Inteligencia es, si es una sola, o varias, el asunto es que hay que reconocer, sí o sí, que ese diseño inteligente de nuestro Universo es la alternativa más probable, vistos los datos" (es decir, sacando conclusiones a partir de los datos que tenemos ahora en mano, no de los que podríamos tener en un futuro).



"Habría que ser muy ingenuos para pensar que no está pasando algo raro" nos dice "Néstor" y eso es exactamente lo que tratan de reivindicar los científicos deístas y teístas, a cuya causa nos adherimos desde este humilde sitio: su derecho legítimo a asombrarse ante lo que van descubriendo y proclamar con libertad que "hay algo raro", un componente altamente enigmático y muy evocador, detrás de esos ajustadísimos parámetros del universo, detrás de sus asombrosas leyes "alegales", de los múltiples patrones que se repiten por doquier, de la sugerente extravagancia de las leyes que rigen el mundo subatómico y, en fin, de las millones de afortunadas "coincidencias" que tuvieron que agruparse para dar lugar al prodigioso cosmos que habitamos. Es, creemos, una demanda razonablemente legítima y por eso la apoyamos. Sin embargo, somos conscientes de que si un experto insiste demasiado en ella, empezará a granjearse cierta mala fama, no tanto dentro de la profesión (la Ciencia en su mayor parte, como anhelaba Einstein, sigue aceptando y rindiéndose a la belleza del misterio) como entre los ruidosos y beligerantes grupos ateos que la orbitan, usándola para sus propios fines propagandísticos... Para estos escépticos, como ya sabemos, todo es -o debe ser- perfectamente "natural" y así hay que expresarlo siempre, aunque al hacerlo se caiga en la más absurda de las contradicciones. Las mismas palabras "raro" o "misterio" que en el siglo pasado eran habituales en los debates científicos, hoy día deben usarse con suma cautela para no acabar en la lista fatídica de los sospechosos de herejía.

Hace unos meses, en un foro donde se debatía sobre los últimos descubrimientos en el campo de la física subatómica, un joven materialista muy indignado llamaba al orden a otro usuario más moderado -que ni siquiera se declaró creyente- por haberse atrevido a usar alegremente el adjetivo "enigmática" refiriéndose a la física cuántica. Muy alterado, como decimos,  el chico ateo exhibió una variopinta gama de estrategias lógicas y retóricas bastante elaboradas para acabar concluyendo que en la física de partículas "no hay ningún tipo de misterio, todo es absolutamente normal y natural". El chaval apenas podía disimular la honda repugnancia que le provocaba la palabra "misterio" y las connotaciones religiosas con las que su imaginación la asociaba. Y yo, que me limitaba a leer, tampoco podía disimular la honda compasión que me causaba su férreo dogmatismo por él inadvertido, su doloroso resentimiento que hacía inviable cualquier intento de objetividad por su parte.


"Pienso que puedo decir con seguridad que nadie entiende la Mecánica Cuántica. De manera que no os toméis esta charla demasiado en serio, pensando que deberíais entender lo que voy a describir en términos de algún modelo; simplemente relajaos y disfrutad. Yo os voy a contar cómo se comporta realmente la naturaleza. Si simplemente admitís que quizás ella se comporta así, la encontrareis como algo fascinante y cautivador. No os repitáis a vosotros mismos —y si es posible evitad siquiera planteárosla—, la pregunta de “¿Pero cómo es posible que la Naturaleza sea de tal manera?”, porque esa pregunta os llevará, como arrastrados por el remolino de un desagüe, a un callejón sin salida del que nadie ha escapado. Nadie sabe cómo la Naturaleza puede ser de esa manera".

Freeman J. Dyson
Célebre físico, matemático y escritor inglés nacionalizado en Estados Unidos
Miembro de la Royal Society
Autor de "El científico rebelde", 2010
Se considera agnóstico



No me malinterpreten, no estoy apelando a ningún dios-tapa-agujeros. Personalmente, -lo he declarado aquí muchas veces- creo en Dios por lo que sé del mundo, no por lo que ignoro. Sólo afirmo que si la naturaleza es algo fascinante y cautivador (y, sí, misterioso) como reconoce Dyson, los creyentes, científicos o no, tenemos todo el derecho del mundo a plantear la cuestión de que, quizás, detrás de ella puede haber una Inteligencia igualmente fascinante y cautivadora. De hecho, muchos de nosotros precisamente nos planteamos este tipo de cuestiones porque, como dijo alguien, extasiados ante la majestad de la vida y el universo, no tenemos la fe suficiente para permanecer ateos :-)


***


En cuanto al último párrafo del comentario que inspiró esta entrada, me temo que debo discrepar. Admiro el optimismo de "Néstor", pero sospecho que ese reconocimiento "sí o sí" del "diseño inteligente del Universo" nunca tendrá lugar por parte de la Ciencia, al menos no de forma "oficial" (a nivel particular muchos científicos sí confiesan ya su deísmo). Y no lo será, entre otras razones, por ésta, pero, sobre todo, por ésta. 


Como escribió Shelley:

"La riqueza es un poder usurpado por la minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho"

Y lo hará a toda costa, caiga quien caiga.

 Lo triste y paradójico de este asunto es que esa gran "mayoría" de la que habla el poeta incluye también a millares de jóvenes cientifistas como el que cité más arriba, que salen en tropel de la universidad cargados de ilusión y sana rebeldía, enarbolando la bandera del progreso. En una palabra, creyéndose realmente "libres". Sin embargo, basta rascar un poco su superficie para descubrir que están ideológicamente uniformados, adoctrinados casi al milímetro para que rindan sus armas a un sistema económico que lleva décadas arrasando con todo. 

Millares de chavales que, pese a su inteligencia, no tienen ni idea "en provecho de quien" están "trabajando" 




"El mundo del capitalismo globalizado agota hoy la totalidad de lo visible y proclama que no hay nada más que ver, que no hay nada escondido, que no hay otra imagen posible. Esto es lo que hay, nos dice. Es una nueva forma de gestionar lo invisible: si en otras épocas era patrimonio de las religiones, cuyos dogmas establecían de qué estaba “hecho” lo invisible y quién establecía su ley, hoy el capitalismo global cancela toda invisibilidad, todo no-saber, en favor de su única verdad presente".

Marina Garcés
Profesora de Filosofía, conferenciante y escritora
Universidad de Zaragoza
Columnista del diario "El País"

 

Y ahora, querido lector, trate de recordar cuántas veces ha oído a un inocente y confiado ateo argumentando que los teístas creemos en Dios sólo porque no podemos aceptar la idea de la muerte. Sólo porque no podemos aceptar que "esto es lo que hay".





El biólogo ateo Javier Sampedro nos habla aquí sobre azar y probabilidad.
Todas las entradas sobre el cientifismo, incluida ésta, aquí.


Los límites del método científico o más allá de la pecera :-)

pecera metodo cientifico

"El método de la ciencia –el único
admitido por los positivistas– nunca podrá demostrar que no hay conocimiento
más allá del alcanzable por ese mismo método".

Matemático
Catedrático del Departamento de Álgebra
de la Universidad complutense de Madrid

 

 -No existe nada más allá de lo que la Ciencia pueda alcanzar.
-Y, si la Ciencia no lo puede alcanzar, ¿cómo sabes que no hay nada más allá?
-Porque lo dice la Ciencia.



Hacía tiempo que no jugábamos al debate exprés y lo echábamos de menos
;-)




Más de lo mismo:

Los dogmas de la Ciencia.
El nuevo oscurantismo.
La nueva concepción de la realidad y el fin del reduccionismo.
Sueños de la razón (Erraticario).

Si todo tiene una causa, ¿quién creó a Dios? (La falacia de Dawkins)



"Como animal racional, el hombre tiene, además de instintos, facultades superiores que lo distinguen de los animales irracionales: inteligencia, voluntad y libertad, facultades que ha recibido, pues no han sido creadas por él mismo, y que le llevan a preguntarse por el mundo que le rodea. En su búsqueda, el hombre es capaz de distinguir numerosos seres que son contingentes, no necesarios. Eso le lleva, en pura lógica, a preguntarse si es posible que todos los seres que existen sean contingentes.

Si el hombre llega a hacerse esta pregunta, se está planteando una cuestión metafísica, así llamada porque va más allá de la física, que agrupa todo lo que se puede percibir por los sentidos o mediante herramientas que extienden nuestra capacidad receptora. Una vez planteada la pregunta, la respuesta racional, más o menos ineludible, es que la existencia de seres contingentes implica la existencia de un ser necesario.

La existencia de un universo contingente, acaso finito y no eterno, como el que parece proponernos la ciencia contemporánea, requiere la existencia de un ser necesario, no contingente, causa del universo.

Los ateos del siglo XIX respondieron a este dilema negando la existencia del universo. 'El universo -aducían- no es un objeto físico, es una mera construcción mental. La totalidad de la materia y la energía es un concepto artificial, no corresponde a nada concreto. Por tanto, al no ser un objeto físico, el universo no necesita una causa' (una refinada e incoherente solución de compromiso, pues esta concepción del universo chocaba frontalmente con la filosofía materialista que esos mismos ateos del XIX, como los de hoy, enarbolaban: si, según el materialismo, sólo existe lo físico, pero el universo no es físico, ¿qué existe, entonces?).

Pero a partir de 1916, cuando Einstein formuló su ecuación cosmológica, las circunstancias cambiaron. Si hay una ecuación que se aplica al universo, este tiene que ser un objeto físico, porque sólo los objetos físicos pueden describirse mediante ecuaciones matemáticas. En consecuencia, la argumentación atea anterior cae por su base. Si el universo es un objeto físico, necesita una causa, como ocurre con cualquier objeto físico.

'Muy bien -sostienen los ateos-, supongamos que el universo tiene una causa y que a esa causa la llamamos Dios. En tal caso, ¿cuál sería la causa de Dios? El problema no se ha resuelto, simplemente se ha trasladado. Es mejor suponer que Dios no existe y que el universo se ha creado a sí mismo, que es autosuficiente'.

El biólogo Richard Dawkins se ha convertido en el adalid de este tipo de argumentaciones. En uno de sus últimos libros de divulgación ('El espejismo de Dios', 2006) aduce a lo que él llama 'el argumento 747 definitivo', que puede resumirse así:


-Si nos encontramos con un Boeing 747, tenemos que suponer que en su fabricación hubo diseño.

-Siempre que alguien diseña algo, el diseñador (el hombre, en el caso del 747) es más complejo que lo que ha diseñado, y su existencia también necesita explicación. En el caso del hombre, la explicación es la evolución biológica a través de la selección natural.

-Nuestro universo es mucho más complejo que un 747, y por tanto es mucho menos probable. Si fue diseñado, su diseñador (Dios) tendría que ser aún más complejo que el universo, y por tanto menos probable.

(Aquí podríamos alegar que es precisamente esa "improbabilidad", que él mismo reconoce, de que exista un universo como el nuestro, lo que exige un agente externo a él que lo cause, por no hablar ya de que, siguiendo su razonamiento, si el universo es tan improbable y, sin embargo, existe, ¿por qué no habría de existir Dios, sólo porque es improbable que exista? :-))

-Luego no es probable que Dios exista. Y en caso de que existiese, ¿quién habría creado a Dios? Entraríamos en una regresión infinita.



¿Por qué no funciona este razonamiento? Porque tiene una premisa oculta: supone que el diseñador del universo (Dios) es un objeto físico y está sujeto a las mismas restricciones que cualquier otro objeto físico: que es material, contingente y tiene principio y causa. Por eso habla de que Dios es complejo (lo que implica que es material), que su existencia es muy poco probable (lo que significa que es contingente), y dice que Dios también tendría que tener causa (¿quién habría creado a Dios?)

El truco de Dawkins consiste en partir de una definición tácita de dios, que él ha inventado y que no coincide con el Dios de ninguna religión, luego razonar que ese dios es muy poco probable, y, por último, sacar la consecuencia de que cualquier idea de Dios es igualmente improbable.

Es un caso claro de lo que los filósofos llaman la falacia del hombre de paja. Su argumento del 747 dista mucho de ser definitivo, pero como Dawkins parece ignorar los principios elementales de la lógica y la filosofía (por no hablar ya de la teología, un tema del que habla mucho y del que no sabe nada), no creo que se dé cuenta de la debilidad de su razonamiento.

Un Dios necesario, inmaterial y sin principio ni causa no es menos probable que el universo. De hecho, si postulamos que ese Dios existe y creó el universo, el propio universo se vuelve automáticamente mucho más probable, porque un Dios creador habría diseñado precisamente un universo como el nuestro, que haga posible la vida inteligente, en lugar de uno carente de interés, sin vida o que recaiga rápidamente en la inexistencia.

Utilizando el mismo argumento que utilizaban los ateos en el siglo XIX, podemos aducir que Dios no es un objeto físico, cosa evidente para cualquier creyente. Dios no necesita una causa, luego es un ser necesario.

Por supuesto, la capacidad intelectual del hombre -aunque en sí resulta asombrosa-, es finita, y sólo de forma análoga e incompleta podrá aproximarse a conocer la esencia del Creador".


Julio A. Gonzalo
Catedrático de Física de Materiales en la Universidad Autónoma de Madrid
Doctor en Ciencias Físicas por la misma universidad

y

Catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos
Profesor honorario en la Universidad Autónoma de Madrid

Extractos de "60 preguntas sobre Ciencia y Fe respondidas por 26 profesores de universidad". Stella Maris, 2014. ISBN: 978-84-16128-16-7.


Todos los incisos en caracteres grises son nuestros.



Nuestro profesor Dawkins hace uso de un buen número de estas falacias, es decir, estrategias lógicas consideradas deshonestas en un debate serio. Pero el hombre de paja es la estrella de su discurso.

Los doctores Gonzalo y Alfonseca lo han dejado meridianamente claro, pero no me resisto a añadir un ejemplo de mi cosecha, me siento juguetona :-). Jueguen ustedes conmigo, imagínense que les propongo el siguiente despropósito:


"Un etólogo (Richard Dawkins, por ejemplo) es un sujeto que, simplemente, se dedica a observar detenidamente el comportamiento de los animales y a hablar después sobre ello... Mi sobrino de siete años hace lo mismo cuando va al zoo: observa detenidamente el comportamiento de los animales y, cuando llega a casa, nos habla de ello. Una labor que puede realizar un niño de siete años no puede ser -por pura lógica- ni difícil, ni útil, ni seria".


¿Por qué, a pesar del descabellado paralelismo, a primera vista "parece" que el argumento funciona? Pues porque la conclusión es válida, aunque la premisa no lo sea, y este, señores, es el "truco" de Dawkins. Lo desglosamos a continuación en cuatro cómodos pasos :-), a saber:


Paso 1: Yo me saco de la manga una definición palmariamente incompleta, injusta y arbitraria de lo que significa ser etólogo (que, por supuesto, es mucho más que un tipo que observa a los animales, pero esto, por lo visto, importa un rábano).

Paso 2: Reduzco la etología a su mínima expresión sugiriendo (o afirmando rotundamente) que ser etólogo es "sólo" eso que yo digo que es y nada más.

Paso 3: Ataco con saña esa definición errónea de la etología que yo misma he creado, asegurando que una actividad tan simple la puede realizar un niño de siete años.

Y paso 4: Por tanto (y esta es la conclusión que parece cierta sin serlo), la etología no es un área de estudio ni difícil, ni útil, ni seria. 


¿El resultado? Una falacia de primer orden.


Los "hombres de paja" de Dawkins suelen estar más elaborados, claro, nadie niega su evidente talento para la retórica, pero, si prestan atención, el mecanismo interno de su "lógica" funciona siempre del mismo modo: 

Paso 1: Dios, de existir, sólo puede ser "algo parecido a un hombre". (¿Por qué sólo puede ser algo parecido a un hombre? Pues, básicamente, porque él lo dice :-)).

Paso 2: Si Dios es "algo parecido a un hombre", entonces cabe entenderlo como otra criatura más surgida de la evolución que, como todas las criaturas surgidas de la evolución, debió tener una causa precedente. 

Paso 3: Si este 'dios-parecido-a-un-hombre' tuvo una causa precedente, ésta a su vez tuvo otra causa precedente y así ad infinitum. Esto, nos dice el profe, es absurdo. Por si fuera poco, este dios-parecido-a-un-hombre-con-infinitas-causas-precedentes está fuera del universo y es creador del mismo. Esto, nos dice el profe, roza ya el ridículo.

Y paso 4: Y, como además de absurdo y ridículo, todo esto es altamente improbable (mucho más que un burro volador), entonces, la única conclusión posible es que Dios no existe.


Et voilà! 

¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes un argumento tan tumbativo en toda la historia de la Filosofía? 
Cuánta tinta, papel y jaquecas nos habríamos ahorrado...


***


Por supuesto que ese "dios" utilitario que Dawkins se saca de la chistera, como un conejito asustado en un mal espectáculo de magia, no existe. Pero esto ya lo sabíamos todos, no hacía falta tanta oratoria para "demostrarlo". Incluso el mismo Dawkins sospecha que el diocesillo-conejo-con-infinitas-causas-precedentes de su tesis no tiene nada que ver con el Dios real.

Aun así, con la modestia y sencillez que le caracterizan, el profesor Dawkins ha calificado este argumento suyo como definitivo. A nosotros también nos lo parece: definitivamente falaz :-), nos cuesta creer que haya tenido tanto éxito, pues sus seguidores lo repiten por doquier como un mantra ayurveda, sin pasarlo antes por el filtro de la sana crítica, esa cuya excelencia pregonan también por doquier.

La razón no puede estar más clara: 
hay una falacia más, el argumento ad nauseam, que casi siempre juega a su favor.

Un tipo con suerte.


***



Sobre la imagen que muchos científicos tienen de Dios, aquí.
Ya hablamos del tema de este post aquí.
Todas las entradas que aluden a Richard Dawkins incluida ésta, aquí.


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