Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

Este blog no se adhiere a ningún credo.

Advertencia:

El contenido de este sitio puede ocasionarle conflictos irremediables con sus dogmas... cientifistas ;-)

Bienvenidos.



El materialismo promisorio es una superstición. John C. Eccles

frases de dios eccles

Si el materialismo es la doctrina filosófica que sostiene que todo lo que existe es materia, el materialismo promisorio (expresión acuñada en el siglo pasado por Karl Popper) es aquel que pretende que todas las incógnitas que aún se resisten al método científico serán explicadas en un futuro desde esa misma doctrina. El materialismo algún día lo explicará todo y lo solucionará todo, incluida esa pequeña molestia que supone no ser inmortales.

***


 ¿No es "sospechoso" que los deseos del hombre coincidan con la realidad?

 Nuestros amigos ateos a menudo nos hacen esta pregunta a los creyentes, y "sospechoso" es el vocablo que suelen usar :-). A ellos les parece altamente improbable que el hombre desee protección, seguridad, propósito y vida eterna, y que la realidad le obsequie "precisamente" con esos dones... La réplica viene casi rodada: primero, no todo el mundo coincide en estos deseos, o, al menos, si son los mismos deseos, muestran diferentes facetas: si es cierto que muchos prefieren sentirse protegidos por alguna entidad poderosa, otros muchos prefieren no sentirse protegidos, con tal de no sentirse vigilados. El caso de Jean Paul Sartre es casi paradigmático (transcribimos al final de esta entrada una anécdota muy reveladora extraída de su exquisita autobiografía "Las palabras", publicada en 1965). Ya hemos desmontado aquí en varias ocasiones la extendida opinión de que los ateos son más "valientes" que los teístas al enfrentarse al mundo sin, lo que ellos llaman, "muletas"... :-) No es que sean más valientes, es solo que el mismo miedo puede adoptar muchas formas.

Segundo: ¿no es "sospechoso" que la realidad esté hecha solo de materia, "precisamente" la única sustancia que está al alcance del hombre y, por tanto, la única que éste puede estudiar, medir, manipular? ¿No es sospechoso que toda la realidad acabe "precisamente" donde acaba nuestra percepción? ¿Por qué no podría acabar varios metros más allá? ¿Porque dos metros más allá ya no llegaríamos? ¿Sólo por eso la realidad acaba dos metros más acá, porque hasta aquí sí que llegamos? Esto sería lo más deseable, ¿verdad? Que no quede nada "fuera" de nuestro alcance.... Eso sería lo IDEAL ¿Estamos de acuerdo? Y, si estamos de acuerdo en que esto es lo más deseable, ¿no es "sospechoso" que los deseos del hombre coincidan con la realidad? :-)

Sospechoso, sí. Y mucha, mucha casualidad... Pero, claro, nuestros amigos ateos cientifistas no tienen grandes problemas para inventarle habilidades descabelladas al azar, la única causa de cualquier fenómeno por inconcebible, prodigioso y deslumbrante que sea. El azar, el Alfa y la Omega, principio y fin de todas las cosas... El auténtico dios de los agujeros.

Y el materialismo, la nueva Tierra Prometida.


 ***



Aquí tienen las citas de Sartre que anunciábamos más arriba:  


 "Sólo una vez tuve el sentimiento de que Dios existía. Había jugado con unos fósforos y quemado una alfombrita. Estaba tratando de arreglar mi destrozo cuando, de pronto, Dios me vio, sentí su mirada en el interior de mi cabeza... Estuve dando vueltas por el cuarto de baño, como un blanco vivo. Me salvó la indignación; me puse furioso contra tan grosera indiscreción, blasfemé... No me volvió a mirar nunca más".


La blasfemia consistió exactamente en maldecir tres veces al Creador con mucha enjundia, "como hacía mi abuelo", aclara el autor. No las reproducimos para no herir sensibilidades, pueden ver el texto completo en este enlace, pág. 72. La estrategia, como él mismo nos cuenta, funcionó: la insoportable angustia que se apoderó del pobre chaval al creerse "observado" y pillado en falta por un Ente imprevisible murió súbitamente, como muere la fruta una vez que cortas el árbol que la sostiene y le proporciona la savia. La angustia ante lo absurdo de la existencia que Sartre experimentó más tarde y que nos transmitió en su magistral "La náusea" no era, ni de lejos, tan asfixiante como la desesperación de sentirse observado, atrapado por un Ser que, tal como se lo habían descrito, podía fulminarle en cualquier momento... y por cualquier motivo. Cambió una angustia por otra, es cierto, pero, para él, el cambio fue positivo. La segunda angustia era más llevadera.

Unas páginas antes Sartre confesaba que en su niñez:


"En el Dios al uso que me enseñaron no encontré al que esperaba mi alma; necesitaba un Creador y me daban un Gran Patrón".


 No dudo de la buena intención de los educadores del pequeño Jean Paul, pero es así, precisamente así, como se gesta el ateísmo en muchas personas. Yo misma lo he podido comprobar en múltiples ocasiones tanto en la vida real como en el universo de internet. Dense una vuelta por los miles de blogs ateos que menudean por la red, verán que los jóvenes blogueros suelen reservar una sección especial para explicar las vicisitudes que les llevaron a su "conversión" al ateísmo. Muchos dicen haberse sentido liberados... Curiosamente, eso es justo lo que sienten muchos "conversos" al teísmo. Como nos dice el biólogo Francisco J. Ayala, en la mayoría de los casos la Ciencia no tuvo nada que ver con la mudanza interna de estos ateos. Apelan a ella a posteriori porque creen (erróneamente, como venimos mostrando en este sitio desde hace ya más de cuatro años) que esta disciplina legitima sus creencias por considerarla la antítesis de la fe. Eliminada la seguridad vital que les ofrecía el discurso tradicional, necesitan aferrarse a otro madero que los mantenga a flote. Como todo el mundo. Y el determinismo cientifista es un cómodo sustituto. Un mullido cojín de plumas donde descansar.

Un conocido webmaster ateo confiesa en su blog que, cuando era niño, solía rezar un avemaría y un padrenuestro cada noche antes de dormir, y que, cuando el cansancio le vencía y no podía hacerlo, la deuda se iba acumulando para la noche siguiente: "En ocasiones llegaba a pagar 20 ó 30 rezos acumulados. Cuando dejé de rezar debía más de 500 de cada uno"nos dice el buen hombre, sin caer en la cuenta de lo mucho que, con esta anécdota, nos está descubriendo sobre las genuinas razones de su conversión. No hace falta ser un catedrático en psiquiatría para comprender qué procesos mentales pueden llevar a un ser humano a elegir, como decía Platón, las tinieblas en lugar de la luz ¿verdad? Basta con que nos disfracen la luz de tinieblas. Todos los gestos acomodaticios pretendidamente intelectuales con los que adornamos la verdad desnuda de nuestra primera y temblorosa motivación, en demasiadas ocasiones, no son más que eso, un traje artificial con el que investimos nuestra inseguridad, ese temor ancestral a "la arbitrariedad de los dioses", sea cual sea la forma que esa arbitrariedad divina adopte para nosotros.

 Jim Henson, que sabía mucho de niños :-), decía que éstos no recuerdan lo que los adultos intentamos enseñarles, sino lo que somos. ¿Me permiten la osadía de despedirme hoy con un consejo personal? Sean cuidadosos con el modo en que se muestran ante los niños y, sobre todo, tengan especial cuidado con la imagen de Dios y del mundo que les están transmitiendo sin palabras, con sus actos y gestos cotidianos. Y, por favor, no carguen pesados fardos sobre sus pequeñas espaldas. No disfracen la luz de tinieblas... 

Quizás del modo en que ustedes enfrenten hoy esta delicada tarea de educar dependa, en gran medida, que la próxima generación conciba la vida como una gloriosa bendición... o como una náusea.





Disculpen las mayúsculas.
Ver también:




Más citas con foto en Galería.




La ciencia pierde credibilidad cuando un postulado científico es enarbolado como ariete ideológico. Javier Yanes


dios y la ciencia frases yanes

Tanto el fundamentalismo de corte ateo como el religioso o teísta son responsables de que buena parte de la población crea que "ciencia" y "Dios" son dos términos excluyentes e irreconciliables, hasta el punto de que mucha gente se siente forzada a elegir entre la una y el otro. En la red podemos hallar memes tan disparatados como éste:


ciencia contra religion


No es broma :-). Pueden encontrar esta viñeta en webs "serias" tanto ateas como religiosas instándonos a elegir entre ambos como si se tratara de elegir entre la vida y la muerte.


En nuestro sitio, desde su mismo inicio, hemos dejado clara nuestra postura a este respecto. Cuando dedicamos alguna entrada a indicar las limitaciones del método científico, no lo hacemos con la intención de desacreditar a la Ciencia (como nos reprochan nuestros críticos) ni mucho menos a los científicos. Nada más lejos de nuestra intención y lamentamos que lo entiendan así. Si señalamos esas deficiencias es simplemente porque, relativas a la Ciencia en su conjunto, estas fallas no lo son en absoluto, solo suponen una característica más de su particular metodología: la Ciencia se va "reinventando" a sí misma a cada paso, es normal que aparezcan cada vez más incógnitas por explicar y que, incluso, muchas queden para siempre en el misterio, no creo que nadie tenga ningún problema en aceptar esto. Pero, aplicadas y enfrentadas a la filosofía cientifista, esas deficiencias de las que hablamos son letales, la transitoriedad de los postulados científicos señalan el talón de Aquiles de una filosofía que pretende ofrecer respuestas "eternas" y "fijas" sobre el sentido de la vida, respuestas eternas cuyas raíces, paradójicamente, están encerradas en terreno inestable por ser siempre "provisional". Esto demuestra, una vez más, que ciencia y cientifismo no es lo mismo por mucho que los cientifistas insistan en hacernos creer lo contrario. Recordamos de nuevo que el cientifismo pretende que esta maravillosa herramienta que es la Ciencia es la ÚNICA que puede aportarnos respuestas útiles y "verdaderas" a las preguntas últimas sobre el Hombre y su destino y que, por tanto, solo a ella debemos acudir para elaborar códigos morales o éticos, desechando cualquier otra consideración "no científica".


Para ilustrar, otra vez, el modo en el que yo entiendo la Ciencia y su relación con Dios, voy a compartir con ustedes un breve relato que, supongo, les sonará:



"Una pequeña población estaba siendo azotada por una terrible tempestad que provocó una devastadora inundación. Todas las casas fueron anegadas y, dado lo accidentado del terreno y lo aislado del lugar, la ayuda tardaba en llegar. La situación era realmente desesperada. En el tejado de una de las casas se encontraba un hombre piadoso que, de rodillas, pedía al Cielo que le salvara de la crecida feroz del agua que se acercaba, peligrosamente hasta el lugar donde él se hallaba. Llevaba un rato rezando cuando, por fin, una lancha de Cruz Roja pasó por su lado y sus tripulantes le instaron a subir rápidamente:

-¡No se preocupen por mí! -gritó nuestro amigo a través del rugido de la lluvia-. ¡Aún hay muchas personas en los demás tejados y encaramadas a las copas de los árboles, vayan a buscarlas! ¡A mí me salvará Dios!

De nada sirvieron los ruegos de los cooperantes, el hombre no accedió a subir con ellos a la barca salvadora.

A lo largo de la tarde, dos embarcaciones más llegaron a la casa donde el hombre seguía orando con el agua ya por la cintura: una lancha de la Guardia Civil, otra del Ejército... No hubo manera humana de convencerle de que se dejara ayudar, la respuesta era siempre la misma: "Vayan a buscar a los demás, a mí me salvará Dios".

Llegó la noche y la fuerza de la crecida arrastró finalmente a nuestro hombrecito que, como cabía esperar, acabó ahogándose.

Como era un buen chico, su alma fue al Cielo. Estaba feliz de estar allí, pero no dejaba de intrigarle el hecho de que Dios no le ayudara a sobrevivir a la inundación, cuando se lo pidió con tanto fervor... "¿Qué pasó con el
'pedid y se os dará'?", se preguntaba algo enojado nuestro amigo. Decidió no quedarse eternamente con la duda y solicitó una explicación:

-Señor, ¿por qué no me rescataste de las aguas? -preguntó-. Yo Te lo pedí con fe, como Tú siempre nos enseñaste. Estaba seguro de que me salvarías.

-Y yo escuché tu oración -respondió Dios.

-Perdona, Señor, no me escuchaste. Y si me escuchaste, no hiciste nada. Yo esperaba que tus ángeles vinieran a salvarme, pero no lo hicieron. No me ayudaste.

-Sí te ayudé -insistió el Creador.

-Si me hubieras ayudado, no me habría ahogado -protestó nuestro amigo, ya algo picado.

-¿Quién crees que te envió las tres lanchas?"

😊


(Supongo que forma parte de la bondad de Dios permitir la existencia de una inmensa variedad de tipos humanos, incluido el de los tontos :-))


Bien, imaginen ahora a otro hombre piadoso que, encerrado en su cuarto, pide a Dios "conocimiento sobre el mundo observable", el único que, por definición, el hombre puede alcanzar. "Señor", implora nuestro nuevo protagonista, "dame conocimiento, quiero saber cómo se mueven los planetas por el firmamento, de qué están hechos los astros, de qué están hechos los anillos de Saturno, qué fuerza extraña mantiene inamovibles las elegantes órbitas de los cuerpos celestes, por qué el sol no se apaga, qué es y de dónde viene esa misteriosa sustancia que llamamos materia, cómo pudo surgir la vida de lo inerte, cómo se entretejió el recóndito ADN, de dónde procede la exquisita disciplina de la célula ... Cuéntamelo, háblame, Señor".


Supongamos que el buen amigo no es contestado del modo que él desea, es decir, por medio de, digamos, "iluminación espontánea". Supongamos que, al igual que el protagonista de la primera historia, nuestro amigo, en vez de molestarse en abrir él algún que otro libro, desea que lo que se abra sea el cielo y baje un ángel a cuchichearle respuestas al oído :-). La visita angelical, por supuesto, no tiene lugar y, del mismo modo que el ahogado por cabezota, nuestro curioso impenitente muere sin adquirir el conocimiento que tanto desea. En el Cielo ya lo sabe todo, menos la respuesta a la pregunta que más le intriga: ¿Por qué no fue contestada su oración?

A una servidora no le cuesta nada sospechar cuál sería la respuesta de Dios:


 "¿Y para qué crees que hice la Ciencia?"


  ***



Para el teísta aconfesional (y también para muchos religiosos) la Ciencia es un instrumento de Dios, una lancha salvadora :-), uno de los muchos relatos que, superpuesto a los otros, nos ayudan a componer una imagen siempre aproximada del plano del Creador. La Ciencia es de Dios, como lo es la Filosofía, la Lógica experimental, la Metafísica, la Matemática, la Teología o cualquier otra disciplina. Todo es Suyo, todo parte de Él y todo, incluidos nosotros, volveremos a Él, una vez hayamos interpretado las pistas que, desde cada ámbito del saber, va dejando caer a nuestro paso. Por eso, a los que así pensamos, imágenes como esta de abajo que tanto abundan en la red y que fuerzan una disyuntiva maniquea... 


dios y ciencia niño amputado

... no dejan de parecernos el fruto inocente de un delicioso candor. 

Ya que estábamos imaginando, imaginen también (la última vez, lo prometo) a uno de los empleados de una modernísima planta de montaje de automóviles, ataviado con su impoluto mono blanco y manejando con habilidad a esos asombrosos robots que encajan milimétricamente las piezas. Imaginen, digo, a este orgulloso trabajador espetando al ingeniero que fabricó las máquinas inteligentes que él controla:

-A diferencia de usted, señor ingeniero, yo puedo crear automóviles.



frases dios y ciencia francis collins



Sí, nosotros siempre lo hemos tenido claro, desde el inicio, desde el mismo título de nuestro blog, que es también de todos ustedes y está a su servicio, sean ateos o creyentes:


¿Dios o la Ciencia? No, "Dios y la Ciencia".




Si lo desean, pueden leer los excelentes artículos de Javier Yanes, de uno de los cuales tomamos la cita de hoy, aquí. Eso sí, absténganse aficionados a las pseudociencias :-)
  
Tomamos de aquí la foto para el montaje que encabeza nuestra entrada de hoy. Si alguien considera que no debimos hacerlo, póngase en contacto con nosotros en la dirección de correo indicada en la sidebar y la eliminaremos. Gracias. 



Ver también:

El fundamentalismo científico, una forma de pseudociencia
Cuando la ciencia se vuelve ideología
La filosofía materialista es presentada como una conclusión científica
Ciencia y fe, la guerra imaginaria
Ciencia y fe se complementan
Los científicos no se oponen a la experiencia religiosa
La Ciencia y la Fe, juntas, hacia Dios
El biólogo Javier Sampedro, contra el fundamentalismo de Dawkins
¿La fe se ha opuesto a la Ciencia? (I)
¿La fe se ha opuesto a la Ciencia? (II)



Más citas con foto en nuestra galería.

Bibliografía.


Los ateos y el problema del mal (I)

epicuro frases dios


Los historiadores ni siquiera están seguros de que esta cita sea realmente de Epicuro, solo se le atribuye, pero supongo que la reconocen :-) es una de las favoritas de nuestros ateos. En este post y en el siguiente les ofrecemos un par de réplicas.

Aunque el argumento que compartimos es de Alvin Plantinga, el modo magistral de exponerlo se lo debemos, una vez más, a Manuel Alfonseca. Supongo que se me nota lo mucho que le envidio, entre otras cosas, esa habilidad suya para la concisión, algo de lo que una servidora carece por completo :-) Nuestros sufridos lectores ya se habrán dado cuenta.

Les dejamos con el profesor:
 

"En el mundo existen males aborrecibles, reconocidos por todos. Pensemos en la solución final para el exterminio del pueblo judío y los experimentos de los médicos nazis con seres humanos. Estos males aborrecibles no lo son como consecuencia de opiniones personales, sino porque el hecho en sí es horrible. Pero, en un universo materialista, un mal aborrecible no podría existir: la hostilidad, el odio, incluso hacia las personas más allegadas, debe entenderse como el esfuerzo de los genes para asegurar su supervivencia (Dawkins dixit). No puede haber nada perverso ni antinatural en ello. Luego el materialismo lleva a la conclusión de que el mal no existe (el deber del hombre no está escrito en ninguna parte, ¿recuerdan?). En tal caso, no se puede utilizar el problema del mal para demostrar que Dios no existe. En cambio, si partimos de que Dios sí existe, esos hechos son horrorosos, profundamente perversos, porque son un desafío contra Dios (mismo), la fuente de todo lo bueno... Luego la existencia del mal se convierte en un indicio de la existencia de Dios".



  Pueden leer el artículo completo aquí. Si yo fuera usted, no me lo perdería.


***


"En el momento que dices que un conjunto de ideas morales puede ser mejor que otro, estás, de hecho, midiendo ambas por un estándar –diciendo que hay un conjunto que se acerca más a ese estándar que el otro-. Pero el estándar que se utiliza para medir dos cosas tiene que ser algo diferente a las cosas que mide. Se están comparando ambas, sin duda alguna, con una Moralidad Real, admitiendo que hay tal cosa como un ‘Correcto’ Real, independientemente de lo que la gente piense, y que algunas ideas se acerca a ese Real más que otras".
 
Medievalista, escritor, crítico literario, académico, apologista, ensayista británico
Profesor de Inglés en la Universidad de Oxford

(Aunque muchos le conocen solo por ser el autor de "Las Crónicas de Narnia" :-))


 ***


 "Pero entonces, ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocaban la ética y los valores fuera del alcance del Hombre. Los valores no le pertenecían: se imponían y era él quién les pertenecía. Ahora sabe que son sólo cosa suya, y al ser por fin su dueño le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo. Entonces es cuando el hombre moderno se vuelve hacia -o mejor contra- la ciencia calibrando su terrible poder de destrucción, no sólo de los cuerpos, sino de la misma alma".  

Jacques Monod 
Bioquímico francés
Premio Nobel de Medicina en 1965
Autor de "El azar y la necesidad"
 

*** 


Repetimos nuestra advertencia habitual:

Tanto Plantinga como Alfonseca se definen como autores cristianos, aunque pertenecen a distintas denominaciones. El hecho de que citemos algunos párrafos firmados por un experto en particular NO significa que estemos de acuerdo con todo su ideario, ya sea filosófico, religioso o político. Estamos, únicamente, mostrando conformidad con lo dicho expresamente en esos párrafos que transcribimos.

 Aclarado lo cual, si el lector agnóstico o ateo decide no tomar en consideración este argumento esgrimiendo como única excusa que lo firma alguien que profesa alguna religión, estará incurriendo en una burda falacia ad hominem


***


Resumamos: si usted es ateo y consecuente con sus creencias, el concepto del "mal" para usted debería ser una invención subjetiva. El mal no existe. Si reconoce la existencia del mal objetivo (y, por tanto, de su opuesto, el bien), es que está reconociendo también la existencia de una Moral Ideal, superior, ajena al curso de la evolución de las especies y, por ello, externa al Hombre mismo. Un código ético tomado como referencia universal, establecido... ¿Por quién? Al aceptar la existencia del mal, usted está aceptando indirectamente la existencia de Dios. O reconoce que Dios existe, o reconoce que el concepto "mal" no es más que una simple quimera y, por tanto, irrelevante y de nula validez argumental en el debate que nos ocupa. No puede creer a la vez en la existencia del mal y la inexistencia de Dios. Llegamos así a la conclusión de que el conocido argumento ateo "si Dios existiera, no habría mal" es falaz.






Más citas con foto, aquí.

Bibliografía del sitio.


El miedo de los ateos o el fantasma de Epicuro (Leído al pasar VII)

frases ciencia y dios unamuno


"La verdad pura y dura es algo demasiado doloroso y demasiado duro de aceptar para la mayoría de los humanos. Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas. Por ello mismo, porque sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia, me parece que no debemos combatir las religiones, aunque sólo sea por razones humanitarias. Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían y no merece la pena discutir con ellas de religión; mejor dejarlas que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño. No obstante, el mundo intelectual no debe quedarse en una cuestión de sentimentalismos, debe elevar al hombre por encima del hombre, y para ello necesita un alma de guerrero capaz de sobrevivir en el desierto árido de la verdad sin disfraces. En tal arena luchan los más bravos con la pasión derivada de la fuerza del pensamiento, y en tal arena sufren y se sienten odiados los que quieren ver oasis por todos lados... No son ganas de fastidiar ni odio a los sedientos de animismos; sencillamente, que no hay agua donde aquellos dicen y pienso que la caravana del pensamiento no se debe distraer por rutas equivocadas..."

Martín López Corredoira
Doctor en Ciencias Físicas 
Universidad Complutense de Madrid
Extracto del libro "¿Dios o la materia?" del que es coautor junto al filósofo de la Ciencia Francisco J. Soler Gil.
(Pág. 283) 


 ***


¿"Héroes"? ¿"Guerreros"? ¿"La lucha de los más bravos"? "El desierto árido de la... ¿verdad disfrazada?"... Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos a nuestros lectores católicos, les diré que la primera vez que leí este pasaje de Corredoira me asaltó cierto tufo rancio a homilía de postguerra. Me recordó, sin poder evitarlo, a aquellas exaltadas arengas de los obispos que instaban a los "cruzados" a luchar contra "las hordas del maligno". En este párrafo, Corredoria no está haciendo divulgación, está predicando, llamando a la guerra santa y arrogándose el papel de "héroe" como los oscuros predicadores de otros tiempos. No deja de tener su gracia :-) Como siempre decimos aquí, los extremos, no solo se tocan, a veces hasta se marcan un chotis. 
Pero entremos en materia:


***


He incluido este post en la sección "Leído al pasar" porque, cuando releía este excelente libro, "¿Dios o la materia?" (que ya ocupa un lugar preferente en mi biblioteca y cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos nuestros lectores), buscaba un pasaje para ilustrar otro asunto diferente que compartiremos pronto en una nueva entrada. Pero, en estas estaba, cuando me topé de nuevo con este párrafo, que ya la primera vez me dejó a cuadros escoceses. Y no porque esa afectada actitud de "misericordiosa comprensión" hacia los creyentes me resultara de algún modo insólita. No, una servidora está más que habituada a esa "gouldiana" condescendencia del ateo cuando pretende calzarse el adjetivo "tolerante" que tan grande le queda a veces. Condescendencia que no es más que petulancia mal barnizada, dicho sea de paso. Mi sorpresa venía porque el doctor Corredoira, que, en estas últimas páginas del libro asegura sentir esa cordial empatía hacia el teísta, se había pasado tres partes del mismo libro llamando a su antagonista en el debate, el doctor Soler Gil, "chamán", "brujo", "cobarde", "débil", "mentiroso", "mercenario" y otras lindezas, claramente exasperado por no encontrar mejores "argumentos" con los que contraatacar sus propuestas filosóficas. Lo explicábamos con más detalle en este post. Como les decía allí, no tienen por qué creerme sin más, por favor, lean el libro y comprueben lo que les digo. Y ahora, cuando Soler, más paciente de lo que a mí me gustaría, le reprochaba, en justicia, que sus réplicas "rezuman odio" (pág. 240, segundo párrafo), nuestro doctor Corredoira pretende hacernos creer que nos "comprende", respeta y tolera, y que, según asegura en la página 278: "... he dicho lo que pensaba sobre el asunto, pero ello no implica que dispare sin ton ni son, con un afán de destruir por destruir, ni que sea animado por odios". Pues menos mal, porque si llega a estar "animado por odios", igual le sacude con el teclado.

Es siempre la misma historia, cuando reprochas a un nuevo ateo su evidente agresividad verbal, te sale con el consabido: "no estoy insultándote, es comprensible que sientas como una afrenta las 'verdades' que contradicen tu edulcorada forma de ver el mundo"

Sí, claro, ahora va a resultar que un higo chumbo es un transbordador espacial. Vamos a ver: a una servidora, un cariñoso ateo la llamó "¡perra!" (así, entre signos de exclamación), cuando le hice ver con toda la cortesía de la que fui capaz que el cientifismo es un colador con coladeros, si me permiten el juego de palabras. Otro caballeroso ateo me llamó "zorra ignorante" por indicarle que Richard Dawkins maquilla los datos científicos que salpican sus panfletos, y que sabe tanto de teología como yo de pesca ballenera, a pesar de que, como es lógico, cuando uno decide denunciar algo en serio, como pretende hacer Dawkins con la teología, debería, al menos, recabar toda la información posible sobre lo que está denunciando. Pero Dawkins es un analfabeto en cuestiones teológicas y hay mil pruebas de ello (Terry Eagleton). Hace muy poco, otro jovencito autoproclamado "escéptico" (lo que Michael Brooks llama un "converso", es decir, un "escéptico" que está dispuesto a creer que la luna está hecha de ensaladilla rusa si tal aserto viene firmado por su líder espiritual ateo favorito) este joven, digo, me tildó de "animal" por demostrarle con datos comprobables que Lawrence M. Krauss confesó a la revista "The Atlantic" y otros prestigiosos medios que había hecho trampa al igualar "nada" y "vacío cuántico" en su libro "Un universo de la nada", y que lo había hecho, dijo Krauss, con la honesta intención de acaparar la atención de los lectores y para que "se interesen por la divulgación científica" (por puro márketing, vaya; tienen la entrevista a "The Atlantic" aquí. Prometemos dedicarle un post a Krauss muy pronto).

"Perra", "zorra", "animal"... Llámenme susceptible, pero a mí todo esto, viniendo de desconocidos que me acabo de cruzar en la red y a quienes, como tales, me he dirigido previamente con el debido respeto, me parecen insultos. Y estos son solo algunos de los muchos que he recibido y la razón por la que "Dios y la Ciencia" no tiene los comentarios abiertos. Los insultos no son la excepción, sino la norma. No puedo hablar por otros creyentes, pero, personalmente, no me indigna tanto que me crean idiota por ser teísta (al fin y al cabo, ya conocen el dicho: todo el mundo tiene su opinión y piensa que la de los demás apesta), como que me crean idiota por no saber diferenciar una bofetada de un apretón de manos. ¿Qué clase de bobo es incapaz de diferenciar dos gestos tan contrarios? 

Pues, por lo visto, un bobo ateo.


***


Sigamos ahora con el doctor Corredoira:


"Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas..."

"Sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia..."

"Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían..."


Hemos inaugurado una nueva sección a la que hemos titulado "Programas TV", aprovechando que en la anterior entrada de nuestro blog hablábamos de "House" y que en esta vamos a tratar sobre otro popular programa. Sospechamos que el filón no se va a agotar aquí.

Hoy vamos a hablar de "Cuarto Milenio"... Sí, vale, acepto risas, seguramente me las merezco :-). Sobre Íker Jiménez no tengo mucho que decir, aparte de que no me cae mal (cada cual se gana las habichuelas como sabe y puede), y que me parece muy meritoria esa habilidad suya para extraer zumo de limón de una piedra pómez, dicho sea con respeto hacia él y a los seguidores de su invento. En fin, que no suelo ver este tipo de espacios de contenido "esotérico", a no ser que alguien me informe de que van a tocar un tema de mi interés como es, en este caso, el debate ciencia-fe. En esta ocasión, el tema del debate era el origen de la vida.

Bien, pues, como supongo (igual es mucho suponer) que el lector tampoco es muy habitual de estos espacios, le ayudo a ponerse en situación: imagínese la mesa de debate en medio de un escenario decorado como la salita del té del castillo de Nosferatu. ¿Extravagante? Pues sí, pero el destino a veces es caprichoso y elige el escenario más peregrino para montar su escena más lograda. Sigan leyendo y entenderán.

En el centro de la mesa, nuestro inefable Íker, haciendo de moderador (inoportuno como él solo, pues tiene la pérfida costumbre de interrumpir a los debatientes en lo mejor, para añadir algo que ha repetido mil veces). A su diestra, los representantes de la, llamémosle, cosmogonía platónica :-), los comprometidos con la idea de que la realidad que percibimos no es más que una fachada que esconde otra realidad más amplia y que consideran un ejercicio de suprema arrogancia suponer que el mundo acaba donde acaba nuestra percepción. Este grupo está liderado por un venerable anciano llamado Enrique de Vicente, que parece haber llevado su fe en esa realidad más amplia a unos extremos harto exóticos que no compartimos, pero respetamos. A la siniestra del moderador, la cosmogonía aristotélica, que, como saben, tampoco compartimos: materialistas furibundos que solo creen lo que ven, lo que huelen y lo que tocan, como Dios manda, y que piensan que los que no son creyentes a su uso, son perfectos idiotas. El líder de este grupo parece ser el insigne (sin ironía) periodista científico del diario ABC, José Manuel Nieves. En él vamos a fijar nuestra atención.

El debate discurre por los cauces habituales, los asistentes se lanzan pequeñas, pero cordiales puyas, en un fuego cruzado bastante light, dado lo que cabría esperar de un enfrentamiento de este calibre (suponemos que los directivos del programa establecen sus normas y hay que cumplirlas sí o sí). En un momento dado, Íker, por una vez oportuno, lanza una pregunta incómoda a J. M. Nieves: "¿La Ciencia está segura de que todo surgió por azar?". No está mal, un dardo directo al estómago, sin fintas ni arabescos, tanto que parece pillar al otro con la guardia en las rodillas: "Hombre... No, segura, segura, no está".

(¡Ah, cáspita! 😏)

Íker contraataca: "Y, si no está segura, ¿por qué la gente piensa que sí lo está y que todo es azar?"
J. M. Nieves: "Hombre, porque vivimos en una época materialista..."


Supongo que no tengo que hacerles ver dónde está la complicación de esta irreflexiva salida por la tangente... Y el alto precio que nuestro escéptico debe pagar por ella. El bucle traicionero en cuya red ha caído inadvertidamente vendría a quedar así:


"La gente piensa que todo es azar porque vivimos en un mundo materialista... Pero es que el mundo es materialista porque gran parte de la Ciencia y su caricatura, el cientifismo, promulga que el materialismo es el único modo de entender el mundo".


¿Por qué está lloviendo?
Porque está cayendo agua del cielo.
¿Y por qué está cayendo agua del cielo?
Porque está lloviendo. 


Vale, una mala tarde la tiene cualquiera. Pero sigamos adelante con el debate; en un momento dado, el venerable anciano de los platónicos pregunta al ateo J. M. Nieves: "Si no sabemos si venimos o no del azar, ¿por qué tú prefieres venir del azar en lugar de hacerlo de una Inteligencia?

Y, justo ahora, cuando ya el espectador comenzaba a bostezar de puro aburrimiento, cuando los que conocemos bien el percal esperábamos, bostezando también, una larga, trillada y pomposa disertación reduccionista sabida de memoria, justo entonces, va nuestro ateo y nos sorprende del modo más insospechado; proclamando la que es, en mi humilde opinión, la declaración de principios más concisa, audaz y honesta lanzada por un cientifista en una tribuna pública:


"¡Anda! Porque, si venimos de una Inteligencia, ¿quién nos dice que en cualquier momento no puede arramplar con todo?"


 Señoría, no hay más preguntas.


Reconozco que, al oír esto, la modorra desapareció de golpe ("¡¿En serio?! ¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?"). Se me quedó la misma cara que al teniente Kaffe (Tom Cruise) cuando consiguió, por fin, que el coronel Nathan Jessep (Jack Nicholson) confesara haber ordenado el Código Rojo en "Algunos hombres buenos"... 😄  Es una lástima que este espacio no sea más popular entre los teístas porque se perdieron un momento irrepetible. Literalmente irrepetible, porque los ateos no reconocen jamás su miedo. Más que en las rodillas, el señor Nieves tenía la guardia en los talones, pero agradecemos su sinceridad aunque no fuera intencionada. 

Ahí lo tienen, amigos, toda esa exhortación de Corredoria a los "valientes", a los "guerreros más bravos que luchan en las arenas del escepticismo y que sufren y se sienten odiados por los que ven espejismos..." 😄, toda esa retahíla admonitoria contra los "sedientos animistas", toda esa sarta de grotescas metáforas bélicas, no esconden otra cosa que la más humana y la más animal de las pasiones: EL MIEDO.

Que el ateísmo no es un derivado natural de la Ciencia, como pretenden sus seguidores, lo demuestra que es más antiguo que la Ciencia misma. El padre no puede proceder del hijo. Fue el sector materialista de la ciencia -todavía muy numeroso- el que se subió al carro del ateísmo, que pasaba por su lado y venía de muy lejos, y no al revés. El temor a que exista un Ente, indescriptible e inalcanzable por nuestros propios medios; un Ser que, en principio, es imprevisible, que puede observarnos en todo momento, que -según algunas tradiciones- podría juzgarnos, del que no podemos escondernos y que podría, si quisiera, "arramplar con todo" (¡qué catastrofista, señor Nieves! :-)) es un desasosiego tan viejo, tan íntimo y tan nuestro como el terror a la muerte y a lo desconocido. De ahí ese interés del materialista por agazaparse a toda costa en los últimos reductos del determinismo: que las leyes de la física sean "fijas" y causen fenómenos a su vez fijos y predecibles, produce un sentimiento de plácida seguridad con la que tratan de lacrar la antigua sensación de desamparo que nació con el género homo. De hecho, el temor del ateo es solo una versión sofisticada del miedo a lo desconocido, una sensación igualmente molesta y hasta incapacitante, si no se le pone remedio. Por fortuna, el ateo sabe bien cómo remediarlo. Que lo hagan, si así se sienten mejor, pero que no sigan tratando de convencernos de que sucumbir al miedo al Dios desconocido, al fantasma de Epicuro, es una opción más "valiente" que la del teísta.


  ***



Para terminar y aludiendo a esta frase del "heroico" doctor Corredoira :-):

"... Mejor dejarles que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño".

(Qué amable ;-)) 
 

 
Pues no, mire usted, según los últimos estudios de la neurociencia, la felicidad que produce la fe no es "poca", los expertos la equiparan a la satisfacción que produce el sexo, la buena comida al sibarita y las drogas a quienes gustan de ellas... Eso sí, con la considerable ventaja de que, en este caso, el "chute" sale gratis, es fácilmente accesible para todo el mundo sin distinción de clases, y no entorpece las funciones del hígado. Y que sea un engaño, está todavía por ver. 

Bueno, bonito, barato.
Un chollo. Viva Pascal.
:-)



Disculpen las mayúsculas. En esta ocasión evitaremos alargar más el post añadiendo una lista de enlaces a otras entradas relacionadas. Perdón por la extensión y gracias por estar ahí.


Enlace externo:

Is Lawrence Krauss a Physicist or just a bad Philosopher? (¿Es Lawrence Krauss un físico o solo un mal filósofo?)

Más citas con foto, aquí.

Bibliografía.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
ir arriba