Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.


Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que es posible se indicarán los títulos de los libros de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Al final del blog encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, donde se incluyen también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)


El espejismo de Dawkins. Javier Montserrat

planetas

"El biólogo Richard Dawkins, en su obra El espejismo de Dios, funda su crítica de lo religioso en la consideración de que el dawnismo elimina toda racionalidad de la creencia en Dios. Otro gran biólogo contemporáneo, Michael Ruse*, considera que darwinismo y cristianismo son compatibles.

En su libro “¿Puede un darwinista ser cristiano?” (donde responde afirmativamente) Ruse nos ofrece la siguiente caracterización del radicalismo de Dawkins (del que disiente por completo):

“Es un hombre que se toma en serio su ateísmo, tanto que, en contraste, el gran filósofo escocés del siglo XVIII, David Hume (que fuera descrito memorablemente como 'el mayor regalo de Dios a los infieles'), parece moderado”.

Richard Dawkins es titular de la Cátedra Charles Simonyi para el “Conocimiento Público de la Ciencia”, en la universidad de Oxford. Estudia zoología en el mismo Oxford y, tras acceder a la vida académica, comienza pronto a destacar en el marco de la biología evolutiva.

Su aportación fundamental ha consistido en contribuir a interpretar teóricamente el papel de los genes en la selección evolutiva, procediendo a una lectura, digamos, “genética” del darwinismo tradicional. Estas ideas pueden seguirse a través de dos libros de referencia: The Selfish Gene ("El gen egoísta") (1976) y The Extended Phenotype (1982).

Para Dawkins, el mecanismo genético-evolutivo es interactivo con el medio, ya que el mismo medio son “genes”. Entre otras cosas introdujo por primera vez el concepto de “meme” y, por tanto, lo que hoy se entiende por 'memética'. 

Aparte de sus contribuciones a la biología teórica, Dawkins ha alcanzado sobre todo notoriedad por su trabajo como divulgador científico del darwinismo y, todavía más, como crítico de la religión.

Aunque su crítica a lo religioso está omnipresente, podemos destacar obras divulgativas como 'El relojero ciego', 'Escalando el monte improbable', 'Destejiendo el arco iris' y 'El capellán del Diablo'. Aquí no pretendemos analizar y valorar su obra científica. Sólo nos referimos a su crítica de la religión, y limitándonos además a 'The God Delusión' (por otra parte la última obra y la más complexiva).

Además, vamos a centrarnos principalmente en los argumentos científicos, aunque sin ignorar otro tipo de valoraciones de carácter humanístico, sociológico o existencial. Dawkins pretende hacer “ciencia”, pero sólo hace en realidad “filosofía” mezclada con todo un muestrario de valoraciones sociales subjetivas y un anecdotario pintoresco. 



¿Desde dónde valorar a Dawkins?

Pensamos que estas observaciones son importantes:

1) El cristianismo tiene una larga historia. La forma, pues, de argumentar la racionalidad (sentido o significación) del comportamiento religioso ha variado también en la historia. Por ejemplo: en el tomismo (las célebres “cinco vías”). Además, han aparecido diferentes formas de pensar: así, no es lo mismo el mundo católico que la teología evangélica (que llevaría a la versión moderna de Karl Barth*, por ejemplo). Podemos hablar, por tanto, de un “cristianismo antiguo” cuyos razonamientos, es verdad, mantienen todavía hoy grupos conservadores.

Pero, junto a éste, hay hoy un “cristianismo crítico” que está formado por pensadores católicos, evangélicos, anglicanos, etc., que tratan de replantearse con seriedad el sentido de las creencias religiosas desde la imagen del universo, de la vida y del hombre en la ciencia. Pues bien, Dawkins sólo se refiere a ese “cristianismo antiguo”, e incluso presenta una caricatura de sus enfoques.

En otras palabras, ignora completamente (no expone, no pondera, no discute) los argumentos de ese “cristianismo crítico” al que debería referirse si realmente intenta discutir la religiosidad desde la actualidad. Aunque cita algunos autores de ese “cristianismo crítico”, de forma más bien “retórica” (quizá para que no se diga que no se citan), la impresión que produce es que ignora casi enteramente su mundo de argumentos y reflexiones. (Ya denunciamos esto mismo aquí).


Pongamos un ejemplo. Si nos planteamos hoy la pregunta ¿es la filosofía marxista defendible ante los resultados de la ciencia en la actualidad?, no es lo apropiado ir a los argumentos construidos en tiempos de Marx –Engels (mitad del XIX) y confrontarlos con la ciencia actual. Lo correcto es ir a los autores marxistas actuales que han reformulado el marxismo a la luz de la ciencia moderna y discutir esa interpretación. Valorar la racionalidad de la religión hoy exige discutir con los autores “en punta” de la actualidad; no basta discutir con una caricatura simplificada del pasado que nosotros mismos (aquí Dawkins) creamos.

2) Para los autores de ese cristianismo crítico es hoy común admitir que el universo es, en último término, un enigma que no ha sido descifrado todavía de forma final y segura. No se niega que una respuesta pueda ser el ateísmo. Se respetan sus argumentos, su honestidad personal y, obviamente, su derecho a exponer sus opiniones e intentar convencer a otros en el marco del diálogo abierto en una sociedad libre. El ateísmo es una opción libre racionalmente posible; esto no se discute.

Pero el cristianismo crítico piensa que ese universo enigmático podría también entenderse por referencia a la hipótesis de una Divinidad, fundamento del ser y creadora. Y para ello presenta sus argumentos, consciente de que son “filosofía” y de que deben ser entendidos en el marco de restricciones de la epitsemología moderna, popperiana y postpopperiana. Lo que el cristianismo crítico pide al ateísmo es tan simple como esto: que el ateísmo respete la valoración racional libre del teísmo (ante un universo enigmático) de la misma manera que el teísmo respeta racional y moralmente al ateísmo (y por ende al agnosticismo). 



Cristianismo crítico, evolución, darwinismo

3) El cristianismo crítico admite hoy, sin ninguna reserva, que la evolución del universo, de la vida y del hombre, es resultado de un proceso unitario en el que unos estados surgen de los anteriores. La explicación de este “proceso unitario y continuo” es diversa, pero confluyente: la ontología inicial de la materia (cabe observar que Dawkins ignora completamente las discusiones actuales en torno a las causas físicas de la sensibilidad-conciencia, así como propuestas como la hipótesis Hameroff-Penrose, autores que no son ni siquiera mencionados), el darwinismo (clásico, bioquímico moderno o genético: o sea, en cualquiera de sus versiones, siempre que éstas sean conceptualmente conciliables entre sí), los principios de autoorganización de la materia y de los organismos en la línea de Stuart Kauffman (al que, por cierto, Dawkins tampoco menciona), etc.

Por tanto: las ideas de autores como Demski o Behe que han contribuido a promocionar la defensa de un “intelligent design” -Diseño Inteligente- (con especial eco en el fundamentalismo y creacionismo americano) no tienen nada que ver con el cristianismo crítico. Este ha evitado todo lo que pueda ser referencia a un “Dios-tapa-agujeros” (que tiene que intervenir en el proceso evolutivo para conseguir, por ejemplo, que el sistema inmunológico o el ojo humano lleguen a funcionar).

4) Esto quiere decir que para el cristianismo crítico se tiene una idea muy clara de la autonomía del proceso cósmico: o sea, que éste se explica por sí mismo. Esto no quiere decir que el teísmo no argumente que puede descubrirse una racionalidad cósmica, un diseño cósmico global que conduce al hombre. Es la racionalidad del diseño de un cosmos autónomo en que el proceso conduce a la libertad humana. La idea del principio antrópico cristiano de Ellis (anticipada por otros autores) es la lectura e interpretación teísta de cómo un cosmos autónomo se relaciona con un Dios oculto y la libertad humana.

En esta misma línea, otro autor, Philip Hefner, ha conciliado la autonomía del cosmos con el diseño creador de Dios hablando del hombre como “co-creador creado”. En este sentido el cosmos sería también “co-creador de sí mismo” (autónomo). Estos autores son ignorados por Dawkins y sus ideas desconocidas. Sus enfoques, sin embargo, a nuestro entender, deberían haber sido discutidos (no sólo las ideas medievales de Dios), si se hubiera abordado una discusión seria de la religión desde la racionalidad moderna. 



Los argumentos de Dawkins: el darwinismo

El capítulo tercero de The God Delusion trata de exponer los argumentos a favor de la existencia de Dios. En primer lugar se refiere a las pruebas de Santo Tomás (las cinco vías), después al argumento de San Anselmo, al argumento de la belleza, de la experiencia de Dios (a lo que se refiere Dawkins es a quienes pretenden haber tenido “visiones” o “apariciones” de Dios), al argumento de las escrituras (Dios existe porque se puede deducir de las Escrituras, sic), y a algunas otras cuestiones.

Todo es una síntesis simple y caricaturesca del “cristianismo antiguo”, sin ninguna referencia seria a lo que antes hemos llamado “cristianismo crítico”. La verdad es que sería una pérdida de tiempo, a nuestro entender, presentar y discutir esta caricatura de Dawkins. Es mejor que veamos directamente sus argumentos positivos sobre la no existencia de Dios.

El capítulo cuarto se titula: “Por qué es casi seguro que no hay Dios”. El primer argumento parte de la biología (especialidad de Dawkins). Es claro que el supuesto de Dawkins es éste: los teístas consideran que su “gran argumento” a favor de Dios es la complejidad del mundo biológico. Esta complejidad no se puede explicar sin un diseñador creador. El símil que usa es el Boeing 747: su enorme complejidad hace imposible explicarlo al azar y de ahí que el teísta postule un diseñador constructor.

Frente a esto, Dawkins expone cómo el darwinismo ha propuesto una teoría que explica perfectamente cómo ha podido surgir la complejidad: un gran número de eventos, pequeños cambios, o mutaciones genéticas, avance y nuevos pequeños pasos. El monte de la complejidad se sube poco a poco, de una forma progresiva y plausible. Por tanto, si la complejidad se explica por el darwinismo, entonces no es necesario recurrir a Dios. Dios no existe, es una hipótesis explicativa innecesaria. El mundo biológico está ahí y se explica por sí mismo.

Este argumento se lee con perplejidad por el teísmo crítico moderno, ya que éste asume enteramente el darwinismo y la autonomía funcional del proceso evolutivo (recordemos el mencionado libro de Michael Ruse). Dawkins, en cambio, ignorándolo, sólo parece pensar en lo que le interesa: crear un enemigo ficticio (el “Dios-tapa-agujeros”, el cristianismo antiguo, el creacionismo fundamentalista, quizá Behe y Demski) y dedicarse a combatirlo. La perplejidad surge de la seguridad, aplomo y triunfalismo con que Dawkins es capaz de exponer esta argumentación tan ignorante del cristianismo crítico actual.



Darwinismo cosmológico

Dawkins advierte, evidentemente, que para “demostrar” que no hay Dios no basta con la biología (Dawkins conoce los argumentos de los defensores del “principio antrópico”). Hay que fundar la biología en el universo, cuya evolución y propiedades deben explicarse también de forma natural sin Dios. Para ello, amplía su pensamiento hacia un, digamos, darwinismo cosmológico.

De la misma manera que hay multitud de eventos biológicos, también hay multitud de planetas e infinitos universos: por azar estamos dentro del planeta y del universo que nos ha hecho posibles. Así, Dawkins se refiere a billones de planetas dentro de nuestro universo y a “infinitos” multiuniversos, apoyándose en las ideas de Martin Rees y el modelo darwiniano de multiuniversos de Lee Smolin. No menciona, sin embargo, en todo el libro, la teoría de cuerdas que le podría haber ayudado en su intento de hacer verosímiles los multiuniversos.

La consecuencia es evidente para Dawkins: también el darwinismo cosmológico hace innecesaria la hipótesis de Dios, por tanto no hay Dios. Sin embargo, Dawkins pasa por alto el hecho decisivo de que la teoría de multiuniversos, y la misma teoría de cuerdas, son una pura especulación teórica, sin ninguna evidencia empírica o experimental a su favor. (Todas las entradas en este blog sobre la teoría del multiverso, aquí).


La idea del universo fundada en los hechos empíricos es lo que se conoce hoy como “modelo cosmológico estándar” (MCE) que describe un universo nacido en un big bang singular que probablemente acabará muriendo térmicamente en un lejano futuro de expansión indefinida (el MCE es admitido por la casi totalidad de los científicos, pero es discutido por minorías que siguen el universo estacionario de Hoyle, los quasars de Arp, o el universo de plasma).

Además, autores relevantes del teísmo crítico cristiano, como George Ellis y William Stoeger, defienden la teoría de los multiuniversos (lo mismo que otros muchos defienden la teoría de cuerdas). Para ellos, que Dios hubiera querido crear a través de los multiuniversos formaría parte del diseño creador de un cosmos “co-creador” de sí mismo, de un proceso autónomo orientado al ocultamiento de Dios y a la libertad. Todo esto también lo ignora Richard Dawkins. 



Ateísmo y teísmo

Insistimos en que el teísmo crítico considera que el ateísmo no sólo es viable, sino también honesto. Aún a pesar del desequilibrio del MCE, podría pensarse que los multiuniversos y la teoría de cuerdas abren horizontes teóricos para hipotetizar un universo eterno y autosuficiente que ha producido la vida por mecanismos internos (darwinismo). Este ateísmo es hipotético, filosófico, e incluso metafísico. Pero es legítimo y honesto, como vemos en la sociedad.

Lo que pasa es que el mismo universo es muy complicado y otros pueden construir una hipótesis alternativa: la hipótesis teísta, cuya viabilidad está también socialmente fuera de dudas. Para éstos, el universo del MCE es a todas luces de difícil autosuficiencia para una consideración filosófica o metafísica. Por otra parte, el proceso evolutivo autónomo del universo (que podría incluir los multiuniversos) presenta todo él en su conjunto una razón de diseño (no nos referimos al “Dios-tapa-agujeros” de Dawkins) que haría verosímil la hipótesis de que todo se explicara desde el fundamento de un ser divino creador y diseñador de la libertad humana.

En un universo enigmático metafísicamente (recordemos los principios críticos, no dogmáticos e hipotéticos, de la moderna epistemología de la ciencia) son viables ambas hipótesis, ateísmo y teísmo, como la sociología muestra. Situarse en una u otro es resultado de la capacidad de valoración racional, libre y honesta, de cada ser humano.



Probabilidades y tribunal de apelación

Richard Dawkins se esfuerza también en analizar la probabilidad de ambas hipótesis, la ateísta y la teísta. Argumenta que la probabilidad del ateísmo es casi absoluta. Por eso titula el capítulo cuarto, como decíamos, “Por qué es casi seguro que no hay Dios”. Intenta mostrar que su interpretación teísta es la más probable si nos atenemos a la objetividad y evidencia científica, casi con una probabilidad absoluta. El teísmo, en cambio, apenas tiene probabilidad de ser cierto.

Intenta, pues, mostrar que la “objetividad científica”, la “ciencia”, siempre están de parte del ateísmo. Pero, en realidad, ateísmo y teísmo no son ciencia, sino filosofía (aunque, por descontado, fundada en reflexiones basadas en la ciencia). Sin embargo, Dawkins no se da cuenta de que las valoraciones de “objetividad” y “probabilidad” son “suyas” (o de los ateos en general). Es lógico que el ateo piense que es mucho más probable el ateísmo y lo vea “clarísimo”; por eso es ateo. Sin embargo, el teísta hace una valoración personal, honesta y libre, distinta, pensando que es más verosímil el teísmo y por esto se inclina hacia él. Y, por su parte, también lo ve “clarísimo”.

¿Existe algo así como un “tribunal de apelación” que sentenciara quién es más objetivo y probable? Pues la verdad es que no lo conocemos. La ingenuidad de Dawkins es considerable al fundarse en sus propios análisis para convertirse en tribunal de apelación y sentenciar dogmáticamente a favor del ateísmo. Parece proceder al margen de las reflexiones más elementales de la moderna epistemología de la ciencia. 



Sociología de ateísmo y teísmo

Dawkins se hace eco del argumento teísta de que grandes científicos han sido creyentes. Obviamente trata de argumentar lo contrario. Sin matices, por ejemplo, argumenta que Einstein era ateo, en contra de la matizada ponderación de su religiosidad, tal como hacen normalmente los grandes estudiosos del tema. Se refiere a la encuesta entre científicos de la Academia Nacional de Ciencias en la que sólo el 7% se declaran creyentes.

Los más inteligentes son, pues, ateos. A otra encuesta más amplia entre científicos, también de Nature, en la que el 40% eran creyentes, el 40% no creyentes y el resto abstención, se refiere con desprecio porque, claro está, se trata ya de científicos más tontos.  :-D


Encabeza su análisis con una cita de Bertrand Russell: “La inmensa mayoría de los hombres eminentes intelelectualmente no creen en la religión cristiana, pero ocultan este hecho en público, quizá porque temen perder sus ingresos” (sic). (En este blog citamos a Russell aquí y aquí). En este marco programático se refiere ya en concreto a su amigo Martin Reed para contar conversaciones “privadas” (suponemos que con su autorización) en que éste le decía que iba a los servicios religiosos sólo por ser algo tradicional. De Freeman Dyson nos dice también que en el fondo es ateo, pero que para recibir el dinero del premio Templeton ha representado un papel acomodaticio (o sea, que se ha dejado comprar indignamente, sic).

A la misma Templeton Foundation (que tiene todo el derecho a dedicar su capital a los fines que libremente considere) la acusa repetidamente de comprar voluntades deshonestamente, construyendo así un montaje que constituye un verdadero fraude social. (En este post hablamos sobre las acusaciones de Dawkins hacia Paul Davies). No digamos ya del resto del género humano no científico: humanistas, historiadores, economistas, políticos, todo tipo de profesionales, muchos de gran prestigio, y al resto de la humanidad, en su inmensa mayoría religiosa. Todos son, individuos e instituciones, indignos hasta dejarse comprar, infantiles intelectualmente, ignorantes, dominados por comportamientos meméticos y dignos de desprecio. Pero, en el fondo, les concede algo “positivo”: que todos están deseando ser “ateos” y demostrarlo socialmente.



La religión suma de todos los males, sin mezcla de bien alguno

La crítica clásica de la religión, después de la crítica científica y filosófica, entraba siempre en explicar por qué los hombres, sin tener razones, se han empeñado en ser religiosos: Son las llamadas “teorías de la alienación”. También Dawkins entra en estas cuestiones humanísticas, éticas, sociales…, a partir del capítulo quinto del libro. La religión es origen de todos los males: guerras, odios, enjuiciamientos, injusticias, abusos de todo tipo, eliminación de la libertad, pederastia, ignorancia, superstición, etc.

Pero él mismo se pone una objeción: ¿y Hitler y Stalin? No eran religiosos y, sin embargo, hicieron mucho mal. ¿Cómo es posible? La solución que Dawkins propone es que el mal no lo hicieron como “ateos”, sino como “hombres”. Y esto hace que nos preguntemos obviamente: en muchos de los problemas producidos por la religión en el pasado y en el presente, ¿no estará también jugando un papel la condición humana, así como el contexto global de los individuos, de las culturas y de la historia? (En este post reflexionamos sobre este asunto).


Es verdaderamente muy difícil afrontar una valoración del pensamiento de Richard Dawkins sin entrar lamentablemente en la polémica. Pero es el mismo Dawkins el que ofrece a la consideración pública unas ideas que son polémicas por sí mismas, tanto por su contenido como por su forma.

Son polémicas por su radicalismo (llevadas al extremo, sin matices), por ser indiscriminadas (no distingue formas, sobre todo modernas, de religiosidad, sino que para él lo religioso es siempre un mismo comportamiento unívoco, arcaico, caricaturesco y peyorativo, sin matices), por su carácter ofensivo (a personas e instituciones muy concretas), por su desprecio generalizado de los seres humanos (que son en su mayor parte religiosos), por su dogmatismo (ignorando los principios críticos de la epistemología moderna), por su imprecisión argumentativa (donde se mezcla lo científico con lo filosófico, no se conocen los datos del problema y se procede sin matices valorativos y epistemológicos), por su intolerancia (ya que sus actitudes llevan a un tipo de sociedad no tolerante donde unos a otros no se respetan, sino que se desprecian).

¿No nos hemos pasado un poco? La verdad es que el análisis objetivo del contenido y forma de los desarrollos de Dawkins nos lleva a considerar que, sorprendente y lamentablemente, es así. Se trata (no podría ser de otra forma) de nuestra valoración subjetiva; otros harán quizá otra valoración que respetamos. Sumariamente hemos expuesto aquí los argumentos que nos apoyan. 


Demasiado agresivo

El mismo Dawkins parece advertir que quizá es demasiado agresivo y nos cuenta ingenuamente lo que le dicen sus compañeros de Oxford. Es fácil imaginar a sesudos profesores que le dicen: “Pero, Richard, no te ocupes tanto de la religión, déjala en paz…”. Es verdad que la religión ha tratado al ateísmo con radicalismo (y, todavía más, con la “hoguera”). Quizá hoy siga habiendo radicalismo (aunque no en el teísmo crítico que respeta al ateísmo, tal como explicábamos).  

Pero en el caso de Dawkins creo que se ha pasado la frontera de la sensatez y prudencia que cabría esperar de un profesor de Oxford: acusar de fraude o deshonestidad a personas e instituciones es algo grave. Despreciar a millones y millones de creyentes que viven honestamente su religiosidad, muchos de ellos desde un perfecto conocimiento de la ciencia y de la cultura, es una insensatez e indignidad humanística considerable. Podría haber expuesto el ateísmo de una forma más digna y competente, como otros muchos hacen".


Javier Montserrat 
Profesor titular en la Universidad Autónoma de Madrid, en el Departamento de Psicología Básica
Especializado en Percepción y ciencia de la visión




Los americanos suelen decir "two wrongs don't make a right". En efecto, dos errores no hacen un acierto y, mucho menos, un avance; actuar mal porque antes otros actuaron mal con nosotros, no es un "nuevo modo de transgresión revolucionaria" como pretenden los neoateos y mucho menos el germen de ningún tipo de evolución o progreso social. Transgresores eran Mandela y Gandhi, por poner dos ejemplos de lo que es "salirse del guión" de verdad, oponiendo tolerancia a la violencia. Eso sí es novedoso. La actitud de los nuevos ateos no es más que la burda e infantil venganza de toda la vida. Esa torpe actitud revanchista tan típica del ser humano que, precisamente, ha modelado la vertiente más sangrienta de la Historia del hombre hasta ahora y que continúa viviendo en la matriz de todos los enfrentamientos bélicos de la actualidad. Echen un vistazo al periódico de hoy y díganme si me equivoco. Esto nos lleva a concluir con el viejo rey sabio que "nuevo", lo que se dice "nuevo", no hay nada bajo el sol. Por desgracia...

Los malos modos es lo único que diferencia a los "nuevos" ateos de los educados ateos de siempre, pues no tienen ni un sólo argumento reciente, científico o filosófico, que suponga una auténtica novedad y los distancie ideológicamente del ateísmo clásico. En el aspecto científico casi diríamos que, atendiendo a los últimos descubrimientos de la física de partículas, el materialismo está perdiendo puntos por momentos.  

Pero, en este debate, los puntos, como la energía en el universo, nunca desaparecen: si alguien los pierde, es porque otros los ganan ;-)




***


"Imagina alguien que pontifica en Biología pero cuyo único conocimiento de la materia es el 'Libro de los Pájaros Británicos', y tendrás una idea bastante aproximada de lo que se siente al leer a Richard Dawkins cuando habla de teología. Los racionalistas confesos como Dawkins a menudo son los menos capacitados para entender lo que critican, puesto que no creen que haya nada que aprender, o al menos nada que merezca la pena entender. Por esta razón nos presentan, invariablemente, caricaturas de la fe religiosa que avergonzarían a un estudiante de primer curso de Teología. Cuanto más detestan la religión, más disparatadas son sus críticas. Si tuvieran que dar su opinión sobre la fenomenología o la geopolítica del sudeste asiático, estudiarían el tema en profundidad. Pero cuando se trata de Teología, parece que vale con cualquier manida patraña".

*** 

"Quienes critican esta forma de cultura popular (la religión), la más duradera en la historia humana, tienen la obligación moral de afrontar ese argumento en su versión más convincente posible, en lugar de apuntarse una victoria fácil ensañándose con él, reduciéndolo a la categoría de jerigonza estúpida e incomprensible. Puede que la teología cristiana sea falsa, pero quienquiera que la suscriba merece, a mi juicio, todo el respeto. No me merecen lo mismo quienes defienden guerras imperiales o quienes desdeñan la religión desde los clubes privados de los catedráticos universitarios, destacándola como una prueba más de la estupidez de las masas. Ditchkins (abreviatura cómica creada por el autor para nombrar al tándem *Dawkins - Hitchens) considera, por su parte, que ninguna creencia religiosa, de ningún lugar ni época, es digna de respeto alguno. Y esa es la opinión (vale la pena recordarlo) de alguien que declara tener una profunda aversión al dogmatismo"

Terry Eagleton
Escritor y crítico literario inglés de ideología marxista
Catedrático de Teoría Cultural en la Universidad de Manchester 
  Autor de "Razón, fe y revolución", 2012



 Todas las entradas sobre Richard Dawkins, aquí.


¿Es la religión la raíz de todos los males?

la raiz de todos los males

 Las siguientes líneas aparecen en la cabecera de un conocido blog ateo que suelo visitar:
 

"No encuentro ninguna diferencia entre el Islam y el fundamentalismo islámico. Creo que la religión es la raíz, y de la raíz crece el fundamentalismo como un tallo venenoso. Si quitamos el fundamentalismo y dejamos la religión, en un momento u otro el fundamentalismo volverá a crecer".

Taslima Nasrin
Médico, escritora y columnista de origen bengalí



Les invito a realizar conmigo un pequeño experimento semántico :-)



"No encontramos ninguna diferencia entre el sexo y el abuso sexual. Creemos que el sexo es la raíz, y de la raíz crece el abuso sexual como un tallo venenoso. Si quitamos el abuso sexual y dejamos el sexo, en un momento u otro el abuso sexual volverá a crecer"

(Conclusión obvia: hay que eliminar el sexo)


***


La conclusión anterior es "obvia", pero es evidentemente errónea, porque la premisa de partida también lo era. Parece increíble que a estas alturas tengamos que incidir, una vez más, en este aspecto del debate, pero vamos a ello:  


Señores ateos: no todos los creyentes somos extremistas ni, por el hecho de ser teístas, acabaremos indefectiblemente siendo terroristas, del mismo modo que la gente que practica el sexo no acaba indefectiblemente cometiendo abusos sexuales, ni la gente honrada afiliada al partido comunista acaba enterrando minas antipersonas en Camboya. Esto es así aunque los nuevos ateos insistan en crear alarma en la sociedad con esta supuesta posibilidad. El terrorismo islamista es una degeneración de una idea religiosa, una aberración, no la consecuencia natural de esa idea, y el tallo de la aberración, desgraciadamente, puede surgir de la raíz de cualquier grupo social, religioso o no. Creo que todos podemos captar la diferencia entre ambos conceptos.

Entendemos que las vivencias personales de Taslima Nasrin, el modo brutal en que fue perseguida por los fundamentalistas islámicos, la han llevado a esta postura ideológica, posicionada justo en el "extremo" opuesto al punto ideológico en el que se encuentran sus enemigos. Y aquí usamos el término "extremo" intencionadamente. Comprendemos que este tipo de terribles abusos puede nublar la capacidad de razonar con claridad incluso a una persona tan inteligente. Es una derivación lógica de su traumática experiencia privada, casi una previsible estratagema psicológica, si me lo permiten. Pero, aunque la entendamos, aunque compartamos su indignación y nos unamos sin dudarlo a su denuncia contra los integrismos religiosos, también comprendemos que, en el fondo, su postura doctrinal anti-teísta resulta tan obcecada, injustamente generalizadora y extremista como lo es la ideología radical que trata de combatir.

Por cierto, ¿cómo pretende esta señora, y cómo pretenden los nuevos ateos en general, "cortar de raíz" la religión? ¿Qué medios usarán para hacerlo? ¿De qué modo se puede cortar de raíz las creencias de la gente sin violar, uno a uno, casi todos los derechos más elementales de las personas recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Esos mismos derechos, que por cierto, la señora Nasrin asegura defender a capa y espada.


La inmensa mayoría de los creyentes somos ciudadanos pacíficos y luchamos desde nuestra parcela particular por crear un mundo mejor y menos hostil para todos. Hay una minoría que "hace ruído", mucho ruído, y es esa minoría la que aparece en los medios porque la mayoría silenciosa casi nunca es noticia. Pero es en la minoría ruidosa donde los nuevos ateos ponen el punto de mira de su rifle de largo alcance. No consiguen abrir el foco, ampliar miras y observar más allá del estrecho horizonte de los integristas. Sólo esa minoría de exaltados representa para ellos al "demonio del teísmo", esa repulsiva bestia que hay que eliminar del mapa para que el mundo sea por fin el paraíso terrenal que todos deseamos... Como ven, un discurso cuasi "religioso", de cuyo contenido incendiario sólo el factor "Dios" ha sido excluido, pues la amenaza del terrible final que nos espera si no seguimos sus consejos y les apoyamos en su feroz cruzada, es prácticamente un calco de cualquiera de las arengas de esos furibundos predicadores televisivos que llaman a sus seguidores a las trincheras para luchar contra las huestes del Maligno.

Y, sin embargo, no es necesario realizar ninguna enrevesada pirueta mental para entender que esa minoría violenta islamista, por muy numerosa que parezca, por mucho ruido que haga y por mucho espacio que ocupe en las noticias, no es representativa de todos los creyentes, del mismo modo que Pol Pot y sus Jemeres Rojos no son representativos de todos los comunistas, quienes, en su mayoría, son gente de bien y hablo con conocimiento de causa pues tengo buenos amigos entre ellos. Juzgar el todo por la parte nunca ha sido precisamente un ejercicio de honestidad intelectual.



Pregunta:

 Cuando, del modo que sea, los nuevos ateos proselitistas por fin acaben con la religión, que es la "causa de todos los males" (Dawkins dixit), ¿qué harán después para acabar también con todas las demás ideologías no religiosas (políticas, económicas, nacionalistas, patrióticas, territoriales, tribales, etc.) que, estadísticamente hablando, han causado la inmensa mayoría de las muertes violentas a lo largo de la Historia? ¿O estas otras causas, a pesar de ser más numerosas, no les importan tanto? Y, si no les importan, ¿por qué?



Unos datos para la reflexión:

Se estima que las Cruzadas causaron la muerte de 1.000.000 de personas a lo largo de dos siglos. La Inquisición cometió 350.000 asesinatos (me niego a llamarlas "ejecuciones"), durante los siglos XVI al XVIII.

Sólo en el siglo XX, en el curso de unas cuantas décadas, entre Josef Stalin y Mao Tse-Tung acabaron con la vida de 120.000.000 de personas. No cito a estos dirigentes porque fueran ateos, -que lo eran- sino porque, precisamente por serlo, sabemos que NO mataban en el nombre de Dios. Stalin incluso asesinó a algunos de sus familiares simplemente por mostrar su disidencia. Este hecho histórico comprobable confirma nuestra tesis de que no es necesario creer en ningún dios para que alguien se convierta en un tirano genocida. Basta una idea, la que sea.


Por tanto, si resulta que la religión no es "la única causa de todos los males", que cualquier idea (cualquier raíz),por inocua, inocente o luminosa que pueda parecer en principio, llevada a su extremo por dirigentes corruptos puede acabar en democidio, ¿cuál sería la solución? 

Proponemos:

No tenga usted ideas religiosas, podría acabar matando.
No tenga usted ideas políticas, podría acabar matando.
No tenga usted ideas ecológicas, científicas, patrióticas, podría acabar matando.
No siga usted con entusiasmo ningún tipo de corriente filosófica, doctrinal, escuela de pensamiento o cualquier otro movimiento social o cultural, podría acabar matando.  
No tenga usted ideas, en general, podría acabar matando.
No tenga usted sexo, podría acabar matando.


Conclusión final:

Sea usted ateo, esa es la solución a "todos los males".

Aunque suene a guasa, no lo decimos en broma: la mayoría de los nuevos ateos, y he leído a muchos, están seguros de que cuando todos pensemos como ellos, cuando nadie crea en Dios, amanecerá una nueva era de paz, amor y concordia sin precedentes en la Historia del hombre. Compruébenlo por ustedes mismos, mediten estas frases de un modesto y autocrítico ;-) ateo que participaba en un foro de debate. Los caracteres en gris son añadidos míos:


"Pedir (a los creyentes) que dejen de creer es imposible, necesitamos una generación como yo, :-D  criado en la ciencia crítica, basada en el materialismo dialéctico, carente de metafísica existencial, sí hay un mundo sin bien ni mal, solo que ustedes (los creyentes) jamás lo entenderán"


(Sí, de vez en cuando a los creyentes se nos olvida que somos todos idiotas e ignorantes, es bueno que ateos ilustrados como éste nos lo recuerden... :.-))



  ***


Y, ya para terminar, ¿en qué evidencia se basan los adalides del empirismo y del método científico para respaldar una afirmación tan categórica como esa de que un mundo ateo sería mejor que el actual? ¿En la "evidencia" histórica?

Pero, si la "evidencia histórica", como queda dicho, no la respalda, ¿qué extraño impulso subjetivo alimenta, entonces, su pasmosa seguridad de que el futuro mundo ateo será un glorioso escenario de paz?

 ¿La fe, quizás?
:-)




"La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso"

Jean Paul Sartre
Filósofo, escritor y activista político francés
Fue uno de los máximos exponentes del marxismo humanista



Aprendamos más sobre el bosón de Higgs... con el padre Javier Igea :-)

la particula de dios

"El hombre siempre ha buscado saber de qué está hecho el cosmos. Nos va la vida en ello, y además tiene implicaciones para la vida moral de las personas y de la sociedad. Es en esta búsqueda donde debemos enmarcar este descubrimiento. En el mundo antiguo había una respuesta que no agotaba la realidad, sino que estimulaba una búsqueda mayor: el mundo estaría formado por los cuatro elementos de Empédocles*: tierra, fuego, agua y aire, y sus combinaciones lo explicarían todo. Mendeleyev*, en el siglo XIX dio otra respuesta al formular el sistema periódico de los elementos. En la segunda mitad del siglo pasado, se descubrieron en los aceleradores de partículas una maraña de partículas subatómicas que necesitaba una clasificación y un modelo matemático que explicase sus propiedades. Surgió así el modelo estándar (algo así como el primer sistema periódico) y la teoría cuántica de campos como explicación matemática de las partículas subatómicas descubiertas en los aceleradores.

      El descubrimiento del bosón de Higgs es muy importante porque confirma predicciones del modelo estándar de las partículas elementales y permitirá, cuando los datos estén analizados, decidir sobre algunas implementaciones de este modelo. Simplificando, podemos decir que el modelo estándar explica, entre otras cosas, que tanto los protones como los neutrones, que son los constitutivos del núcleo de los átomos, tienen una estructura interna y están a su vez formados por el confinamiento de otras partículas elementales que son los quarks. Esto es, es una explicación de la realidad material como una combinación de determinadas piezas con determinadas propiedades, algunas de ellas, por cierto, un poco exóticas.

      Estas piezas –las partículas elementales– serían los constitutivos de la materia, algo así como los ladrillos que conforman todo lo material. Este modelo clasifica las partículas elementales en quarks (existen seis tipos), leptones (seis tipos, entre ellos los electrones y los neutrinos) y las partículas mediadoras de fuerza (entre ellas el fotón y el gluón, encargado de mantener a los quarks juntos, y por ende, responsable de la estabilidad del núcleo atómico). Otro mérito del modelo estándar es explicar las relaciones que hay entre tres de las cuatro fuerzas que existen en la naturaleza: la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Estas serían como tres manifestaciones distintas de un mismo fenómeno.

      Para entender qué es el bosón de Higgs hay que considerar que las partículas elementales se clasifican en bosones y fermiones, de acuerdo a una propiedad intrínseca que es el espín. Entender esta propiedad no es fácil, pues no tiene contrapartida en nuestro mundo macroscópico. El espín es el impulso angular intrínseco que tienen las partículas elementales. A nivel macroscópico, el impulso angular es como una medida de la inercia que tiene una masa que rota. A nivel cuántico las partículas elementales tienen una propiedad llamada espín, que es un impulso angular, y que está cuantizado. Puede tener valores enteros (0, ±1, ...) o fraccionarios (±½, ±3/2, ....) y de acuerdo a esto, las partículas se clasifican como bosones o fermiones respectivamente. Los segundos obedecen el principio de exclusión, mientras que los primeros, no. El mundo sería radicalmente distinto sin la existencia de esta propiedad de la materia. Así, el modelo estándar predice la existencia de una partícula, llamada el bosón de Higgs, que tendría una propiedad muy interesante, que es que la masa de las demás partículas elementales depende de él. Se postuló la existencia de esta partícula para explicar una anomalía en la masa (medida) del bosón W del modelo estándar. Para intentar entender el mecanismo, hemos de considerar que las partículas tienen campos cuánticos asociados, y el campo de Higgs sería el responsable de la masa del bosónW. La interacción de este bosón con el campo de Higgs daría origen a la masa de este bosón. Podemos explicarlo con una analogía: la masa es como la resistencia que experimenta una canica al moverse en una superficie untada de miel.

      De este modo el modelo estándar puede explicar la masa de las partículas elementales. Pero quedan sin explicar los campos cuánticos, todo un problema ontológico. El experimento permite un mayor conocimiento del universo material por tener una mejor comprensión de la física en los momentos inmediatamente posteriores al big bang. El universo, al expandirse tras el big bang experimentó un enfriamiento, al disminuir la energía cinética de las partículas que lo componen. Esta disminución de la violencia de los choques de las partículas elementales hizo que el universo pasase por diversas fases en su expansión hasta llegar a su estado actual.

      Podemos pensar para entenderlo mejor en lo que pasaría si calentásemos cada vez una roca cualquiera de nuestra tierra. Se derretiría, sus moléculas se evaporarían, después el gas se disociaría en átomos, los átomos se ionizarían y tendríamos plasma opaco (el interior de las estrellas) y, si seguimos calentando, los núcleos empezarían a partirse (condiciones del núcleo del sol), y si siguiéramos calentando llegaríamos a lo que ocurrió en los momentos inmediatamente posteriores al big bang. Esto es lo que ha hecho el experimento del CERN. Por esto, el bosón de Higgs permite conocer mejor por qué el universo es como es. De no haber existido, quizá no hubiera habido masa, y el universo no sería como lo conocemos; claro, que tampoco estaríamos aquí para contarlo.

       Las implicaciones religiosas de este descubrimiento no son tales. Reina una cierta confusión porque el bosón de Higgs ha sido llamado la partícula de Dios. Ésta es una mala traducción del título inglés de la obra de divulgación sobre el bosón de Higgs 'The God Particle' escrita por el premio Nobel Leon Lederman*. Es imposible expresar en español el sentido que en inglés tiene el título del libro sin hacer una paráfrasis. Una traducción más exacta es: la partícula dios. Sin duda se trata de una metáfora. Este nombre, dado a una partícula subatómica por el editor de un libro, no gusta a la comunidad científica y debe ser evitado, tanto por motivos científicos, como por motivos religiosos. La ciencia no trata directamente de Dios, pues éste no pertenece al mundo sensible, experimentable, aun cuando los creyentes pensamos que su acción en la historia puede ser detectada. Además, identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo.

      Ahora bien, la trascendencia mediática y científica que ha tenido este descubrimiento sirve para plantear una vez más las preguntas fundamentales que el hombre se hace sobre sí mismo y sobre lo que le rodea. Detrás de cada científico hay un hombre que busca saber, y en las preguntas que hace a la naturaleza hay una pregunta implícita sobre sí mismo y sobre Dios. La negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo. Pero, después de Gödel*, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma".



Javier Igea
Astrofísico y sacerdote
Doctor en Astrofísica por la Universidad de Nueva York

Fuente diario El Mundo



*Empédocles (490-430 a.C): Filósofo y político griego.
*Dimitri Mendeleyev (1834-1907): Químico ruso, célebre por descubrir el patrón subyacente en la, ahora llamada, tabla periódica de los elementos.
*Kurt Gödel (1906-1978): Lógico, matemático y filósofo austriaco-estadounidense. Célebre por formular los teoremas de la incompletitud. Le citamos también aquí, aquí y aquí.
*Leon Lederman (1922- ): Físico y profesor universitario estadounidense, Premio Nobel de Física en 1988 por sus trabajos sobre los neutrinos.


Cuando, en julio de 2012, el CERN anunció que había sido descubierta una partícula subatómica cuyas características parecían coincidir con las inicialmente atribuibles al bosón de Higgs, muchos ateos militantes (y poco informados, por lo visto) descorcharon botellas dentro y fuera de la red, no para celebrar el descubrimiento en sí, como hicimos los demás :-), sino porque creyeron hallar una "prueba irrefutable de la inexistencia de Dios" (¿?). Cabe suponer, aparte de otras consideraciones, que si esto hubiera sido así, si el descubrimiento del bosón hubiera borrado al Creador definitivamente del mapa cósmico y del debate filosófico, habría tenido lugar una deserción en masa por parte de todos los científicos religiosos que viven su vida profesional a caballo entre la fe y la Ciencia. ¿Para qué seguir siendo sacerdotes, pastores, imanes, etc. si resulta que Dios no está realmente ahí? ¿Por qué no dedicar todos sus esfuerzos exclusivamente a su labor científica y dejarse de "fantasías" :-)? Evidentemente, esta deserción no tuvo lugar; los sacerdotes católicos, pastores protestantes, imanes y demás religiosos científicos siguieron en sus puestos, ofreciendo apoyo y consuelo desde sus lugares de culto y, al mismo tiempo, trabajando para la Ciencia, al servicio del conocimiento y el saber, como el resto de sus colegas.

Eso sí, ellos, los científicos religiosos, lo hicieron con una alegría nueva que fortalecía y añadía un valor extra a su fascinante labor de descubridores: la de haber hallado otra razón, una más y muy poderosa, para apreciar la sabiduría del soberano Arquitecto que puso en marcha la asombrosa maquinaria de la creación.


"Soy creyente más gracias a la Ciencia que a pesar de la Ciencia" 

Francis Collins 
Médico y genetista 
Director del National Institutes of Health 
Ex director del Proyecto Genoma Humano


El físico A. Fernández Rañada nos habla sobre la pregunta de Leibniz y el reto que supone para la ciencia los teoremas de Gödel aquí.

La opinión de Peter Higgs (descubridor del célebre bosón) sobre el fundamentalismo ateo, aquí


La depresión, un escollo para el cientifismo

cerebro, depresion y cientifismo

Nos levantamos ayer, 12 de agosto, con la triste noticia de la muerte del actor norteamericano Robin Williams. Reconozco que me ha causado una honda conmoción, por lo inesperado, porque aún me parecía un hombre joven, porque admiraba su trabajo y porque, según ha trascendido, Williams podría haberse suicidado como consecuencia de una grave depresión...  Apenas podía creerlo; el hombre que tantas veces me hizo reír a carcajadas, que ostentaba una filosofía vital tan optimista, el niño grande de los ojos oceánicos y risueños, era profundamente desgraciado...  La pregunta es casi inevitable: Robin Williams ya era bastante rico cuando nació (su padre era un importante empresario de la industria del automóvil), más tarde, su buen hacer en el cine aumentó de forma desorbitada su ya considerable fortuna. Es de suponer, por tanto, que contaba con recursos más que suficientes para costearse el mejor tratamiento disponible actualmente en el campo de los psicofármacos... ¿Por qué, entonces, este trágico final?

Hace algunas semanas, leí una interesante reflexión del bioquímico español Javier Peteiro sobre las posibles respuestas a esta pregunta. No publiqué el texto en su momento porque me pareció que tocaba muy de lejos el tema principal de este blog, pero hoy, aturdida aún por el inesperado fallecimiento de uno de mis actores de culto, creo que podemos abrir un paréntesis para adentrarnos en los oscuros pasadizos de la mente humana y tratar de hallar, junto al doctor Peteiro, alguna respuesta a este enigma y, ya de paso, tal vez alguna esperanza.



"El simplismo cientificista basado en la reducción de lo que no es reducible, tiene dos serias consecuencias en Psicología. Por una parte, un enfoque puramente conductista del comportamiento humano. Por otra, reducir todas las emociones del sujeto a cambios de concentración en determinados neurotransmisores.

     En un enfoque conductista ingenuo triunfa una corriente iniciada por Martin Seligman, que preside el Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pensilvania, dedicado al estudio científico de las fuerzas y virtudes que capacitan a los individuos y comunidades a prosperar. Indica que la Psicología Positiva se funda en que la gente quiere llevar vidas satisfactorias y con significado, cultivar lo mejor de sí mismos y fomentar sus experiencias de amor, trabajo y juego. En la página del propio Seligman se tiene acceso a la realización de sus tests de felicidad y al remedio para puntuaciones bajas, ofrecido a través de la lectura de sus edificantes libros (sorpresa, sorpresa :-)). El caso es que la concepción 'positiva' ha calado en el lenguaje diario: no sólo hay que favorecer las energías positivas (como si las hubiera), sino que hay que 'pensar en positivo', se dice. Uno ya no es culpable de caer en tentaciones felicitarias, sino, por el contrario, de no ser feliz y autoestimado. Prestigiosos psicólogos y psiquiatras de nuestro país han contribuido a difundir en libros de autoayuda métodos de pensamiento positivo, con los que podemos alcanzar la necesaria felicidad. Estos psicólogos y psiquiatras 'positivos' asumen que en buena medida su especialidad ya ha cubierto bastante bien la enfermedad, lo negativo, y es hora de mejorar la condición de los sanos para hacerlos felices.  Pero tan falaz es pensar en esa felicidad ingenua como asumir que lo más contrario a ella, la depresión, es un problema resuelto.

     En el caso de la depresión el cientificismo imperante asume dos postulados: uno es que se conoce la fisiopatología de la depresión y otro es que se sabe cómo tratarla. Pero no hay base científica suficiente para ninguno de los dos.

     Se asume generalmente que la depresión obedece a un déficit de neurotransmisores (monoaminas) en las hendiduras sinápticas (lugares de comunicación interneuronal) de determinadas regiones cerebrales. Pero esa es una conclusión cuya base esencial reside en el efecto conocido de los antidepresivos mayoritarios. No hay mucho más. Sólo algunos experimentos en modelo experimental (ratones nadando), mediciones de metabolitos en cadáveres y algunas observaciones de neuroimagen. Pero de todo lo observado y experimentado hasta ahora, la hipótesis de la depresión causada por un déficit de monoaminas sigue siendo eso: una hipótesis. Tampoco otras, como la basada en una hiperactivación del eje hipotalámico-hipofisario en respuesta al stress (casos de maltrato infantil, por ejemplo) o la implicación de otros mediadores tienen de momento suficiente fuerza. Incluso se ha pensado en la posibilidad de una etiología vírica. Sólo desde hace pocos años se está profundizando en el conocimiento de la posible importancia de mecanismos básicos 'río abajo': transducción de señal, factores de crecimiento (BDNF), etc. El caso es que, a día de hoy, no se conoce ningún mecanismo bioquímico que explique adecuadamente por qué una persona se hunde sin causa aparente en un cuadro de depresión mayor. 

     Los antidepresivos se desarrollaron a partir de observaciones iniciales que indicaban su efecto beneficioso en pacientes deprimidos. Se llevan manejando mucho tiempo y se aceptan dos inconvenientes asociados a su uso, como un tiempo de latencia importante para que empiece a reconocerse su efecto beneficioso y los efectos secundarios que comportan, a veces graves. Por esta última razón, la síntesis de nuevos antidepresivos, basados en inhibir selectivamente la recaptación de serotonina, como el popular Prozac, fue muy apreciada, ya que estos productos parecían tener la misma eficacia de los antidepresivos clásicos y muchos menos efectos secundarios. Nuevos antidepresivos, como los 'duales' o el bupropion, que actúa sobre la dopamina, completaban un aparente gran arsenal terapéutico contra la depresión en sus diferentes formas y grados. 

    Pero las cosas no parecen ir tan bien. Un meta-análisis reciente mostró que la diferencia, estadísticamente significativa, entre un placebo y los antidepresivos más 'populares', fue clínicamente despreciable y sólo reconocible en casos de depresión severa, y no tanto por una mayor eficacia del antidepresivo cuanto por un menor efecto del placebo. Quizá la crítica más seria hecha a esta publicación resida en que los autores han hecho su estudio durante un tiempo inferior a seis semanas, ya que se aduce que el tiempo de latencia de los antidepresivos podría suponer diferencias clínicas con placebo más manifiestas a largo plazo, pero aun así, sería muy discutible la eficacia de un fármaco que tarda más de mes y medio en mostrar su efecto. El problema no se ciñe sólo a los antidepresivos más novedosos, sino que también se ha dado con los tricíclicos clásicos, como la imipramina.

     En ausencia de explicación bioquímica necesaria y suficiente y con tan pobre arsenal terapéutico, persistir en no ver en la depresión más allá de un trastorno neuroquímico, a corregir haciendo que aumente la serotonina o cualquier otro neurotransmisor, equivale a interepretar uno de los más angustiosos dramas humanos, letal en una fracción importante de casos, de una forma ingenua y a la vez dañina. 

     Quizá sea la depresión en donde el frío enfoque cientificista revele mejor su visión anticientífica del ser humano, de su sufrimiento y del absurdo existencial en el que la persona se puede llegar a instalar".

Paréntesis en gris añadido

Javier Peteiro 
Bioquímico y doctor en Medicina 
Jefe de la sección de bioquímica del complejo hospitalario universitario de A Coruña
Extractos de "El autoritarismo científico", 2010 
 

(Clic sobre el enlace si desean adquirir el libro desde una librería on line)

Otro post sobre la complejidad de la mente, aquí. 


***



Robin Williams era creyente y, como este blog va de citas y de Dios, les dejo, ya para acabar, una de sus frases geniales. En una ocasión alguien le preguntó qué le gustaría que el Creador le dijera cuando llegara al Cielo. Robin contestó:

“Tienes un asiento en primera fila... en un concierto a dúo de Mozart y Elvis"  
:-)


Descansa en paz, querido Capitán.




The reductionism delusion :-)

las matematicas y dios

"El excelente principio de la mecánica cuántica con el átomo de hidrógeno se agota lentamente en las arenas de las aproximaciones cuando avanzamos hacia situaciones más complejas... Esta decadencia en la eficacia de los algoritmos matemáticos se acelera cuando nos situamos en la química. Las interacciones entre dos moléculas de cualquier grado de complejidad escapan a una descripción matemática precisa... En biología, si tomamos como excepciones la teoría de la población y la genética formal, el uso de las matemáticas queda relegado al modelado de unas pocas situaciones locales (transmisión de impulsos nerviosos, flujo sanguíneo en las arterias, etc.) de leve interés teórico y limitado valor práctico... La degeneración relativamente rápida de los usos posibles de las matemáticas cuando pasamos de la física a la biología es, ciertamente, algo conocido entre los especialistas, pero hay reticencia a explicarla al gran público... La sensación de seguridad aportada por el planteamiento reduccionista es, de hecho, ilusoria".

René Thom
Matemático francés
Fue el fundador de la Teoría de las Catástrofes


***


"Al principio y al final nos encontramos siempre con el misterio. Podríamos decir que nos encontramos con el designio de Dios. A este misterio se acerca la matemática, pero sin penetrarlo"


Ennio De Giorgi
Matemático italiano, uno de los más influyentes del s. XX
Universidad de Pisa
Célebre por sus trabajos en el estudio de superficies mínimas y la regularidad de las soluciones elípticas de ecuaciones diferenciales parciales


 ***


La matemática es el instrumento que nos permite estudiar cómo se desarrollan ciertos fenómenos, pero nunca podrá explicarnos por qué. ¿Por qué existen las leyes físicas? ¿Por qué es posible organizar partes de nuestra consciencia en fórmulas lógicas sin las cuales los objetos mismos no son concebibles? Son preguntas filosóficas que no admiten respuestas científicas, no en el sentido riguroso de la Ciencia, y mucho menos en el plano lógico"
 
Antonio Marino
Profesor de Matemáticas en la Universidad de Pisa 


***


'La espléndida certeza que siempre había esperado encontrar en las matemáticas se perdió en un laberinto desconcertante'.

Bertrand Russell 
Filósofo, matemático, lógico y escritor inglés
Premio Nobel de Literatura en 1950


(Russell pronunció esta sentencia en 1959,  58 años después de haber afirmado con contundencia que la única verdad posible está en las matemáticas. La juventud es vehemente :-))


Sobre la famosa "tetera de Russell",  aquí.



Estamos inmersos en una realidad que por principio ya no permite reduccionismo alguno.

Hans-Peter Dürr
Físico alemán
Doctor en Física, Filosofía y Ciencias Humanas
Profesor de la Universidad de Múnich 
Fue alumno y colaborador de Werner Heisenberg y director del Instituto de Física Max Planck de Múnich



*Reduccionismo: actitud filosófica, muy extendida en el mundo de la ciencia y, sobre todo, del cientifismo ateo, según la cual la reducción es suficiente para resolver diversos problemas de conocimiento, por considerar que la totalidad de un objeto sólo es la suma de sus partes. Bastaría, por tanto, diseccionar el "objeto" hasta reducirlo a su mínima expresión para deducir de este modo su realidad completa.


Más reflexiones sobre el fin del reduccionismo, aquí, aquí y aquí.

 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
ir arriba