Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros o revistas de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Al final del blog encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, donde se incluyen también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

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Si todo tiene una causa, ¿quién creó a Dios? (La falacia de Dawkins)



"Como animal racional, el hombre tiene, además de instintos, facultades superiores que lo distinguen de los animales irracionales: inteligencia, voluntad y libertad, facultades que ha recibido, pues no han sido creadas por él mismo, y que le llevan a preguntarse por el mundo que le rodea. En su búsqueda, el hombre es capaz de distinguir numerosos seres que son contingentes, no necesarios. Eso le lleva, en pura lógica, a preguntarse si es posible que todos los seres que existen sean contingentes.

Si el hombre llega a hacerse esta pregunta, se está planteando una cuestión metafísica, así llamada porque va más allá de la física, que agrupa todo lo que se puede percibir por los sentidos o mediante herramientas que extienden nuestra capacidad receptora. Una vez planteada la pregunta, la respuesta racional, más o menos ineludible, es que la existencia de seres contingentes implica la existencia de un ser necesario.

La existencia de un universo contingente, acaso finito y no eterno, como el que parece proponernos la ciencia contemporánea, requiere la existencia de un ser necesario, no contingente, causa del universo.

Los ateos del siglo XIX respondieron a este dilema negando la existencia del universo. 'El universo -aducían- no es un objeto físico, es una mera construcción mental. La totalidad de la materia y la energía es un concepto artificial, no corresponde a nada concreto. Por tanto, al no ser un objeto físico, el universo no necesita una causa' (una refinada e incoherente solución de compromiso, pues esta concepción del universo chocaba frontalmente con la filosofía materialista que esos mismos ateos del XIX, como los de hoy, enarbolaban: si, según el materialismo, sólo existe lo físico, pero el universo no es físico, ¿qué existe, entonces?).

Pero a partir de 1916, cuando Einstein formuló su ecuación cosmológica, las circunstancias cambiaron. Si hay una ecuación que se aplica al universo, este tiene que ser un objeto físico, porque sólo los objetos físicos pueden describirse mediante ecuaciones matemáticas. En consecuencia, la argumentación atea anterior cae por su base. Si el universo es un objeto físico, necesita una causa, como ocurre con cualquier objeto físico.

'Muy bien -sostienen los ateos-, supongamos que el universo tiene una causa y que a esa causa la llamamos Dios. En tal caso, ¿cuál sería la causa de Dios? El problema no se ha resuelto, simplemente se ha trasladado. Es mejor suponer que Dios no existe y que el universo se ha creado a sí mismo, que es autosuficiente'.

El biólogo Richard Dawkins se ha convertido en el adalid de este tipo de argumentaciones. En uno de sus últimos libros de divulgación ('El espejismo de Dios', 2006) aduce a lo que él llama 'el argumento 747 definitivo', que puede resumirse así:


-Si nos encontramos con un Boeing 747, tenemos que suponer que en su fabricación hubo diseño.

-Siempre que alguien diseña algo, el diseñador (el hombre, en el caso del 747) es más complejo que lo que ha diseñado, y su existencia también necesita explicación. En el caso del hombre, la explicación es la evolución biológica a través de la selección natural.

-Nuestro universo es mucho más complejo que un 747, y por tanto es mucho menos probable. Si fue diseñado, su diseñador (Dios) tendría que ser aún más complejo que el universo, y por tanto menos probable.

(Aquí podríamos alegar que es precisamente esa "improbabilidad", que él mismo reconoce, de que exista un universo como el nuestro, lo que exige un agente externo a él que lo cause, por no hablar ya de que, siguiendo su razonamiento, si el universo es tan improbable y, sin embargo, existe, ¿por qué no habría de existir Dios, sólo porque es improbable que exista? :-))

-Luego no es probable que Dios exista. Y en caso de que existiese, ¿quién habría creado a Dios? Entraríamos en una regresión infinita.



¿Por qué no funciona este razonamiento? Porque tiene una premisa oculta: supone que el diseñador del universo (Dios) es un objeto físico y está sujeto a las mismas restricciones que cualquier otro objeto físico: que es material, contingente y tiene principio y causa. Por eso habla de que Dios es complejo (lo que implica que es material), que su existencia es muy poco probable (lo que significa que es contingente), y dice que Dios también tendría que tener causa (¿quién habría creado a Dios?)

El truco de Dawkins consiste en partir de una definición tácita de dios, que él ha inventado y que no coincide con el Dios de ninguna religión, luego razonar que ese dios es muy poco probable, y, por último, sacar la consecuencia de que cualquier idea de Dios es igualmente improbable.

Es un caso claro de lo que los filósofos llaman la falacia del hombre de paja. Su argumento del 747 dista mucho de ser definitivo, pero como Dawkins parece ignorar los principios elementales de la lógica y la filosofía (por no hablar ya de la teología, un tema del que habla mucho y del que no sabe nada), no creo que se dé cuenta de la debilidad de su razonamiento.

Un Dios necesario, inmaterial y sin principio ni causa no es menos probable que el universo. De hecho, si postulamos que ese Dios existe y creó el universo, el propio universo se vuelve automáticamente mucho más probable, porque un Dios creador habría diseñado precisamente un universo como el nuestro, que haga posible la vida inteligente, en lugar de uno carente de interés, sin vida o que recaiga rápidamente en la inexistencia.

Utilizando el mismo argumento que utilizaban los ateos en el siglo XIX, podemos aducir que Dios no es un objeto físico, cosa evidente para cualquier creyente. Dios no necesita una causa, luego es un ser necesario.

Por supuesto, la capacidad intelectual del hombre -aunque en sí resulta asombrosa-, es finita, y sólo de forma análoga e incompleta podrá aproximarse a conocer la esencia del Creador".


Julio A. Gonzalo
Catedrático de Física de Materiales en la Universidad Autónoma de Madrid
Doctor en Ciencias Físicas por la misma universidad

y

Catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos
Profesor honorario en la Universidad Autónoma de Madrid

Extractos de "60 preguntas sobre Ciencia y Fe respondidas por 26 profesores de universidad". Stella Maris, 2014. ISBN: 978-84-16128-16-7.


Todos los incisos en caracteres grises son nuestros.



Nuestro profesor Dawkins hace uso de un buen número de estas falacias, es decir, estrategias lógicas consideradas deshonestas en un debate serio. Pero el hombre de paja es la estrella de su discurso.

Los doctores Gonzalo y Alfonseca lo han dejado meridianamente claro, pero no me resisto a añadir un ejemplo de mi cosecha, me siento juguetona :-). Jueguen ustedes conmigo, imagínense que les propongo el siguiente despropósito:


"Un etólogo (Richard Dawkins, por ejemplo) es un sujeto que, simplemente, se dedica a observar detenidamente el comportamiento de los animales y a hablar después sobre ello... Mi sobrino de siete años hace lo mismo cuando va al zoo: observa detenidamente el comportamiento de los animales y, cuando llega a casa, nos habla de ello. Una labor que puede realizar un niño de siete años no puede ser -por pura lógica- ni difícil, ni útil, ni seria".


¿Por qué, a pesar del descabellado paralelismo, a primera vista "parece" que el argumento funciona? Pues porque la conclusión es válida, aunque la premisa no lo sea, y este, señores, es el "truco" de Dawkins. Lo desglosamos a continuación en cuatro cómodos pasos :-), a saber:


Paso 1: Yo me saco de la manga una definición palmariamente incompleta, injusta y arbitraria de lo que significa ser etólogo (que, por supuesto, es mucho más que un tipo que observa a los animales, pero esto, por lo visto, importa un rábano).

Paso 2: Reduzco la etología a su mínima expresión sugiriendo (o afirmando rotundamente) que ser etólogo es "sólo" eso que yo digo que es y nada más.

Paso 3: Ataco con saña esa definición errónea de la etología que yo misma he creado, asegurando que una actividad tan simple la puede realizar un niño de siete años.

Y paso 4: Por tanto (y esta es la conclusión que parece cierta sin serlo), la etología no es un área de estudio ni difícil, ni útil, ni seria. 


¿El resultado? Una falacia de primer orden.


Los "hombres de paja" de Dawkins suelen estar más elaborados, claro, nadie niega su evidente talento para la retórica, pero, si prestan atención, el mecanismo interno de su "lógica" funciona siempre del mismo modo: 

Paso 1: Dios, de existir, sólo puede ser "algo parecido a un hombre". (¿Por qué sólo puede ser algo parecido a un hombre? Pues, básicamente, porque él lo dice :-)).

Paso 2: Si Dios es "algo parecido a un hombre", entonces cabe entenderlo como otra criatura más surgida de la evolución que, como todas las criaturas surgidas de la evolución, debió tener una causa precedente. 

Paso 3: Si este 'dios-parecido-a-un-hombre' tuvo una causa precedente, ésta a su vez tuvo otra causa precedente y así ad infinitum. Esto, nos dice el profe, es absurdo. Por si fuera poco, este dios-parecido-a-un-hombre-con-infinitas-causas-precedentes está fuera del universo y es creador del mismo. Esto, nos dice el profe, roza ya el ridículo.

Y paso 4: Y, como además de absurdo y ridículo, todo esto es altamente improbable (mucho más que un burro volador), entonces, la única conclusión posible es que Dios no existe.


Et voilà! 

¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes un argumento tan tumbativo en toda la historia de la Filosofía? 
Cuánta tinta, papel y jaquecas nos habríamos ahorrado...


***


Por supuesto que ese "dios" utilitario que Dawkins se saca de la chistera, como un conejito asustado en un mal espectáculo de magia, no existe. Pero esto ya lo sabíamos todos, no hacía falta tanta oratoria para "demostrarlo". Incluso el mismo Dawkins sospecha que el diocesillo-conejo-con-infinitas-causas-precedentes de su tesis no tiene nada que ver con el Dios real.

Aun así, con la modestia y sencillez que le caracterizan, el profesor Dawkins ha calificado este argumento suyo como definitivo. A nosotros también nos lo parece: definitivamente falaz :-), nos cuesta creer que haya tenido tanto éxito, pues sus seguidores lo repiten por doquier como un mantra ayurveda, sin pasarlo antes por el filtro de la sana crítica, esa cuya excelencia pregonan también por doquier.

La razón no puede estar más clara: 
hay una falacia más, el argumento ad nauseam, que casi siempre juega a su favor.

Un tipo con suerte.


***



Sobre la imagen que muchos científicos tienen de Dios, aquí.
Ya hablamos del tema de este post aquí.
Todas las entradas que aluden a Richard Dawkins incluida ésta, aquí.


Ver a Dios en las matemáticas. Enrico Bombieri

las matematicas y dios

"Para mí la matemática es un modelo de la verdad, - si bien es un modelo bastante restringido por normas claras de consistencia -, que nos dice que una Verdad absoluta (con V mayúscula) debe existir aunque no podamos comprenderla. 

  La matemática, que es la ciencia de la verdad lógica, ciertamente nos ayuda a entender las cosas y es por lo tanto natural para un matemático que cree en Dios, cualquiera que sea su denominación, reconciliar el concepto de la existencia de Dios con la verdad que proviene de la matemática, aunque sea limitada.

Para mí es suficiente lo que dice Metastasio (escritor y poeta italiano y uno de los más importantes libretistas de ópera del siglo XVIII): ‘Para donde gire la mirada, allí, inmenso Dios, te veo’. Ver el universo, en nuestra pequeñez, en lo grande al límite de lo incomprensible, y también en lo abstracto de la matemática, me basta para justificar a Dios. 

El Big Bang de la astrofísica moderna no sólo nos hace pensar en la creación bíblica, sino que nos dice también que el tiempo ha sido creado junto al universo, un concepto que se remonta a la metafísica de San Agustín. La matemática es esencial para dar consistencia a todo esto, pero por sí sola no es suficiente para decir que esta visión del origen del universo estrellado de Kant sea exacta al cien por cien".

Matemático italiano
Actualmente desempeña su labor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton
Recibió la Medalla Fields (equivalente al Nobel en el ámbito de las Matemáticas) en 1974




La proporción áurea en la naturaleza.
Las matemáticas de las estrellas.
Las abejas matemáticas :-)
Los límites de las matemáticas.
Galileo y las matemáticas.
Las matemáticas y el pensamiento creador de Dios.


No se considera científico negar la realidad histórica de Jesús

la historicidad de jesus

Ya desde el primer momento intenté dejar clara mi posición respecto a la religión organizada; como recordarán, fue en la sección "declaración de principios" (y de intenciones) de este blog, donde informé someramente a los lectores acerca de mis creencias y mis "increencias" particulares. A quien pueda interesar, reitero que hace más de una década que no milito en las filas de confesión alguna, ni de las más conocidas y mayoritarias ni en ninguna de las de nuevo cuño, o cuño antiguo con lustre nuevo. Aun así, sería desleal conmigo misma si negara que Jesús y Lao-Tsé son dos de mis maestros de la Antigüedad favoritos, aunque atesoro valiosas enseñanzas de casi todos.

Quizás por esta razón no puedo evitar que me invada un sentimiento más cercano al cansancio que a la indignación, cuando en muchos foros de debate aparece el ilustrado de turno que, refiriéndose al cristianismo, le suelta a la concurrencia aquello de: "Tanto alboroto por un personaje que nunca existió"... Siembra, que algo queda. Cuando esto ocurre, suelo pasar de largo con una sonrisa de resignación "cristiana" :-) por no enzarzarme en un estéril debate con alguien que, en la mayoría de las ocasiones, no desea saber más de lo que ya sabe. A veces, los adalides de la razón y el conocimiento, paradójicamente, no apetecen que nadie añada un dato más a su particular bagaje cultural, sobre todo si ese dato extra va a caer en el montón que ya creen "completo".

Pero hasta la resignación cristiana tiene sus límites :-)

Es un hecho, muchos escépticos sostienen todavía que Jesús de Nazaret es un personaje ficticio, fruto de la siempre fértil y delirante imaginación humana; una entelequia prefabricada situada exactamente al mismo nivel que Zeus, Ra, Don Quijote, Sherlock Holmes y el Pato Donald, sólo que, según ellos, más "dañina" que los citados. No estamos hablando aquí de milagros u otros hechos excepcionales que, según los evangelios, se le atribuyen, todos más o menos aceptados por las distintas nominaciones cristianas y los historiadores no aconfesionales. No, y entendemos que este no es el lugar más indicado para debatir ese asunto. Aquí estamos hablando una vez más de Ciencia, y de lo que ésta ha dictaminado sobre la realidad o no de la existencia histórica de Jesús, de su ubicación material como individuo concreto dentro de unas coordenadas reales de tiempo y espacio. Muchos ateos niegan, no sólo ya los milagros del Galileo (algo que, por otra parte, podemos entender), sino también su historicidad, un tema este sobre el que ya no queda ningún debate abierto, por muchos arietes retóricos que nuestros intrépidos ateos embistan para reabrirlo.

Como supondrán, he tenido que elegir una entre muchas fuentes para documentar esta entrada. Al final me he decidido por la última que he encontrado, la más reciente de las que dispongo, para evitar ser acusada de "no estar al día de los últimos descubrimientos". Esto también me lo conozco.

Los párrafos que siguen han sido extraídos del artículo "Jesús visto con los ojos de hoy", aparecido en el número 162 de la revista "Clío Historia", una publicación a la que se puede acusar de lo que ustedes quieran, menos de ser afín a la religión organizada :-). Está firmado por Antonio Piñero, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo, un área de estudio a la que ha dedicado las últimas décadas. Piñero se define a sí mismo en estos términos: "historiador independiente, escéptico, racionalista, agnóstico y respetuoso con las creencias de los demás, aunque como ideas que son deben discutirse educadamente. No soy militante".  Precisamente por no ser un agnóstico militante o proselitista de la línea dura, es invitado en ocasiones a aportar su autorizada opinión sobre la sociedad de la época de Jesús tanto en publicaciones católicas no fundamentalistas como en espacios de contenido escéptico. Pero subrayamos que el doctor Piñero NO es creyente, y esto es una excelente baza a favor del fin que nos proponemos en este post, pues de este modo la objetividad del documento queda garantizada, hasta donde esto es posible. Vayamos, pues, sin más dilación, al meollo del asunto. Como siempre, los incisos en caracteres grises son míos:


"La pregunta básica y fundamental, si existió Jesús realmente, no se discute hoy. Aunque sí continúa estudiándose el valor historiográfico de los evangelios, sobre todo el de los tres primeros, Mateo, Marcos y Lucas. Igualmente, ¿cómo deben interpretarse los testimonios externos de autores no cristianos, como Talo (fragmentos recogidos por Jorge Sincelo, historiador bizantino de finales del siglo VIII y principios del IX), Plinio el Joven, Suetonio, Tácito, Flavio Josefo, Mara bar Serapión o Luciano de Samosata?

El último libro importante y serio que cuestionaba la existencia histórica del nazareno es la obra de Hermann Raschke, "La negación de la historicidad de Jesús en el pasado y el presente", publicado por Bremen en 1926. A partir de ese año, sin embargo, la postura general de la crítica cambió radicalmente. Desde entonces no se considera científico negar la realidad histórica de Jesús, sino que su existencia se acepta como un hecho más del pasado, una existencia sin perfiles definidos, como la de tantos otros personajes de la historia antigua de los que sabemos poco. Negar la historicidad de Jesús supone muchísimos más problemas que afirmar su existencia. En realidad, la mera afirmación de su existencia histórica es poco problemática. Lo importante es, como ocurre siempre, la interpretación posterior de su figura.

La investigación está de acuerdo en que la personalidad de Jesús es compleja, como la de todo gran personaje, y difícil de condensar en una sola perspectiva: su teología y su modo de argumentar es afín a la de los fariseos; su Dios y su religión es una profundización de lo que él considera la esencia de las Escrituras judías; y hay un cierto acuerdo -discutido solo por los más fundamentalistas- en que Jesús no propugnó la fundación de ninguna religión nueva, sino una cierta reforma para abrir más el corazón hacia Dios, el prójimo y lo esencial de la ley con vistas a entrar en el Reino.

Se está de acuerdo en que Jesús asumió distintos papeles: profeta y proclamador del Reino futuro, rabino, visionario apocalíptico, exorcista y sanador...

Los evangelios canónicos, aceptados por las iglesias, están escritos desde la fe y para suscitar la fe, son propagandísticos... La historia estricta parece no interesarles. Hoy día es casi un axioma el aserto siguiente: no conservamos ni un solo texto evangélico que nos comunique un dato histórico sobre Jesús por sí mismo, es decir, por el gusto de hacer historia, sin a la vez transmitir la fe de la comunidad primitiva sobre ese posible dato, lo cual lleva a pensar irremediablemente que tal texto pueda no ser objetivo.  Pero, a la vez, no es general, ni mucho menos, una postura escéptica radical sobre el valor testimonial de los tres primeros evangelios, sino que se admite que una sana crítica histórica, literaria y de fuentes puede obtener datos suficientes de ellos para formarse una imagen general de Jesús (...)

Se está de acuerdo también en que a través de las fuentes que poseemos no podemos saber nada o casi nada del 'Jesús real o de hecho'. Esta expresión se refiere a la serie de detalles de su vida que nos podrían interesar: fecha exacta de su nacimiento y muerte, aspectos más precisos sobre su familia y parientes, cómo se llevaba con ellos antes de su vida pública y cómo creció, cómo y dónde ejerció su oficio, qué aspecto físico tenía, cuáles eran sus preferencias respecto a la comida y la bebida, si se ponía o no enfermo de vez en cuando, qué carácter y humor tenía, y si los habitantes de Nazaret lo consideraban su amigo o hasta qué punto lo apreciaban antes de su vida pública, etc. De eso nada dicen los evangelios ni otras fuentes por lo que en círculos científicos se opina que toda reconstrucción de tales o análogos datos es absolutamente aventurada, y en la casi totalidad de los casos fantasiosas y sin ningún valor.


(A título personal, yo aplicaría también esta conclusión de los estudiosos a esta célebre reconstrucción del rostro de Jesús. No dejen de leer el artículo de la revista Quo que les enlazamos. Por lo que he podido entender, si dentro de dos mil años, un arqueólogo encontrara un cráneo en un yacimiento ubicado en lo que hoy es el madrileño barrio de Lavapiés, a partir de él podrán reconstruir el rostro del actual alcalde de Valdepeñas... Y no se me sulfuren los lectores ateos, esta "reconstrucción" me parecería igualmente arbitraria, aunque la imagen resultante hubiera sido un primitivo clon de Brad Pitt, en lugar del aspirante a Cromañón que nos proponen estos expertos :-).  Es el procedimiento científico seguido lo que me suscita dudas y sospechas de sesgo, no el resultado). 


Sí se está de acuerdo en que podemos llegar a saber las líneas generales de la vida, hechos y palabras de ese Jesús como maestro galileo de la Ley carismático, del que hemos afirmado que existió históricamente.

Sobre el estado civil de Jesús hay un cierto consenso entre los estudiosos en proclamar nuestra ignorancia al respecto. Al comienzo de su vida pública, en torno a los treinta años de edad, Jesús pudo haber sido soltero, viudo o casado que había dejado temporalmente a su familia por amor a la propagación del Reino de los cielos inminente. Todas estas posibilidades estaban abiertas en el Israel del siglo I... Todas las especulaciones en torno a María Magdalena son consideradas, por lo general, fantasías, generadas sobre todo a partir de finales el siglo XIX e inicios del XX.

Sobre el motivo de su muerte empieza a haber un cierto acuerdo, incluso entre los católicos no fundamentalistas. La inmensa mayoría de los estudiosos se inclinan a considerar que Jesús fue condenado a la cruz, como mors agravata, por los romanos por considerarlo un pretendiente mesiánico, un sedicioso para el Imperio, como individuo políticamente peligroso en cuanto que -al proclamarse mesías- podría provocar de inmediato un motín contra las fuerzas de ocupación del Imperio (...)

Jesús como fundador del cristianismo no suscita tampoco consenso y se discute, además, cómo puede entenderse el término 'fundador'. Hay una cierta tendencia a pensar que Jesús es más su causa explicativa, su impulsor y su fundamento, pero no estrictamente su fundador, ya que el cristianismo es la expresión de la cristología y teología neotestamentaria, y ésta solo se forma después de la muerte de Jesús como relectura y reinterpretación de su vida y obra.

El tema 'Jesús de Nazaret' no es del todo abarcable y continúa siendo enigmático por falta de fuentes. Los ojos de hoy han proporcionado novedosas perspectivas sobre el Jesús del pasado a base de estudios serios y de comparaciones con textos del pensamiento antiguo, social, histórico, filosófico y religioso, a las que hasta el momento se había prestado poca atención.

Además, Jesús no es solo una realidad histórica, sino también un símbolo. Como tal tiene significados e irisaciones múltiples para quienes creen en él. Y como tal es solo apropiable personalmente, de modo que cada uno puede asimilarlo de un modo distinto. Pienso que este proceso es utilitariamente legítimo".



Si, como hemos visto, los historiadores más serios han dictaminado que Jesús fue un personaje real, ¿por qué tantos ateos mantienen todavía que nunca existió? Nos cuesta creer que se trate sólo de ignorancia o de la comprensible necesidad de que la realidad se ajuste a sus deseos :-), aunque también haya algo de esto último. Esta actitud resulta especialmente insólita cuando nos referimos a ateos cientifistas quienes, como tantas veces hemos advertido aquí, asumen los dictados de la Ciencia ortodoxa sin "digerir", yo diría que casi sin masticar, y sin el menor asomo de duda o crítica. Cuando lo que está en juego es la existencia o no de Jesús, sin embargo, muchos no están tan dispuestos a acatar el lema tácito del movimiento "Extra scientiam nulla salus" :-) Estamos habituados a las  incoherencias y otros desatinos de algunos nuevos ateos, pero esta contradicción nos resulta singularmente llamativa.

Tirando del hilo, hemos encontrado una de las razones que explicaría en parte esta conducta. Pueden consultar un excelente compendio de las claves que dieron origen a esta corriente negativista en esta entrada de Wikipedia.  Por favor, léanla completa, o podrían sufrir el mismo traspiés que el ateo que citábamos en este otro post :-) Y este consejo es aplicable a cualquier lectura de fondo teísta o ateo: lean lo que lean, háganlo hasta el final.


***


Ya para acabar, les cuento una anécdota que bien podríamos enmarcar en nuestra exitosa sección "Leído al pasar" :-). He rastreado las obras de Antonio Piñero para estar segura del rigor y objetividad de su trabajo, antes de publicarlo en nuestro sitio. Pues bien, debajo de uno de los artículos que el doctor Piñero dedica a Pablo de Tarso y su relación con las mujeres, encontré este jugoso comentario, donde un anónimo escéptico impone, más que propone, al experto su personal revisión de la vida privada del Apóstol de los Gentiles:



"De acuerdo con la información de que yo dispongo (información cuyas fuentes no facilita, se limita a decir que dispone de ella), Paulo (¿Paulo?) de Tarso tenía dos hijas y un hijo. Una vez que abandonó su familia para dedicarse a la predicación fue cuando sintió las presiones del 'vientre y del bajo vientre' que decía Eusebio de Cesarea (obispo del s. III-IV que no cita nunca a esos "hijos" de Pablo o Saulo, y que cuando alude a las "presiones del bajo vientre" se refiere al deseo sexual en general y no al de Pablo en particular, que no dudamos que lo tuviera, como todo hijo de vecino. Pero nuestro escéptico cita a Eusebio como apoyo a su tesis, queda muy erudito, y, oye, a lo mejor cuela).

2 Pedro (suponemos que se refiere a 2 Pedro 3: 16) concluye que no hay quien entienda las epístolas paulinas (todo parece indicar que Pablo experimentó algún tipo de fenómeno místico -dedicaremos una próxima entrada a este polémico tema-, y todos los que han pasado por esta experiencia coinciden en que es inefable, es decir, imposible de describir; a esto se refería Pedro), que es un modo de decir que practicaba el onanismo intelectual".

 

 Recordamos una vez más la fábula de la zorra y las uvas, 'como mi capacidad cognitiva no me alcanza para entender un concepto, ese concepto es irrelevante o absurdo, y el autor un "onanista"'.

Además, lo dijo Eusebio de Cesarea.
:-)

Lo dicho, "siembra duda, que algo queda".




"Básicamente somos Biología" (Leído al pasar IV)

god and science biology


Este comentario que transcribimos a continuación fue escrito por un usuario de la red del que omitimos el nombre para evitar darle más publicidad de la que ya goza: posee una cuenta en Facebook con miles de seguidores... Han leído bien: miles.

Lo transcribo palabra por palabra porque es un síntoma evidente de lo que está ocurriendo y de lo que venimos denunciando en este blog desde hace ya más de dos años. 

Por favor, léanlo con atención:



"Sólo quien de verdad ama a la humanidad, desea que esta prevalezca a través de los mejores seres humanos. 

(Hasta aquí creo que estamos todos de acuerdo. Lo curioso viene cuando el sujeto nos describe qué entiende él por "los mejores seres humanos").

Yo no quiero que el mundo sea ni de los últimos, ni de los débiles, ni de los pobres, ni los enfermos, ni de los defectuosos
porque ese mundo sería el infierno.  

Yo quiero un mundo que sea poblado por seres humanos sanos, fuertes, felices, dignos, inteligentes, valientes, hermosos y libres. Eso es lo bueno, no lo otro. Y aunque se quiera negar a regañadientes, gran parte de ello lo da la genética y está frente a nuestros ojos. Porque eso es básicamente lo que somos: Biología.

Lo demás son cuentos. Viejos, manipuladores y lacrimógenos cuentos".


Aunque está de más explicarlo, esos "viejos, manipuladores y lacrimógenos cuentos" a los que alude nuestro ateo, no es otra cosa que la moral judeocristiana y, muy particularmente, la descabellada idea de Cristo de proclamar y restituir la dignidad a aquellos que la sociedad consideraba tradicionalmente "inferiores": los pobres, los enfermos, los débiles, los marginados, etc. Una idea ésta brutalmente transgresora y revolucionaria en la época de Jesús.

Y, por lo que se ve, muy pronto también lo será en la nuestra.


***


Cuando mis amigos me preguntan si no me estoy tomando demasiado a la tremenda el avance inexorable del cientifismo en la sociedad actual, y su efecto destructivo, sobre todo, entre los jóvenes, más susceptibles de manipulación y cuya natural rebeldía les lleva a asumir conductas extremas; suelo remitirles a comentarios como el anterior que, lo crean o no, es sólo un botón de muestra. Con pequeñas variantes, estas proclamas se van extendiendo por la Red como una lúgubre mancha de velada, y a veces no tan velada, intransigencia. Un ideario que rejuvenece viejas ideologías totalitarias (quien pretenda que estas ideas son "nuevas" es que hace mucho que no se asoma a un buen libro de Historia), revestidas con la pátina de una engañosa "libertad", inspirada siempre en una interpretación sesgada de los descubrimientos de la Ciencia.

El auténtico problema aquí -nunca nos cansaremos de repetirlo-, es que, si aceptamos el cientifismo como una doctrina filosófica "legítima" y saludable, como ya está ocurriendo; si se llegara a un hipotético consenso general en este sentido, este sujeto del que hablamos y tantos otros que comparten su postura TENDRÍAN RAZÓN. Es decir, si admitimos sin más matices la premisa de que la Ciencia es la única valedera legítima del saber humano, que no hay ningún enunciado autorizado fuera de ella y que cualquier otra idea o disciplina debe ser pasada por su filtro para que la sociedad la considere útil, segura, válida o real; si se admitieran todos estos supuestos, nos llevarían irremediablemente a la conclusión de que el ser humano es SÓLO un amasijo de órganos casualmente bien colocados; sus sentimientos, actos, sueños y esperanzas el producto arbitrario de la enrevesada actividad química de su cerebro; y su tasación individual se mediría exclusivamente en función de lo que ese individuo pueda aportar al buen funcionamiento de la maquinaria social. Porque ésto es justo lo que nos dicta la Ciencia, una disciplina -fascinante, atractiva, imprescindible, nadie lo niega- que estudia LA MATERIA, pero que, precisamente por quedar ceñida a ese campo natural, no puede decirnos nada acerca de los valores, el sentido de la vida o de la moral, cuestiones todas que quedan o deberían quedar dentro del área de competencia de otras ramas del saber concebidas en exclusiva para estos fines.

Para el cientifismo más integrista, lo hemos denunciado aquí mil veces, el hombre no es más que una construcción azarosa, íntegramente material, fabricada con los diminutos "ladrillos" de los átomos, como diría con su fina ironía nuestro físico favorito, Pseudópodo :-) Algo así como un magnífico ordenador, complejo e ingenioso, sí, pero sin el software que le otorga finalidad y sentido. Un software que, deslumbrados por el ordenador y enfocados sólo en la actividad física del mismo, los cientifistas niegan porque no es visible al microscopio :-).

¿Y la ética? Preguntamos de nuevo. Si damos todo lo anterior por bueno, ¿qué sería entonces la ética? Pues no más que ese conjunto de normas establecidas como "inapelables" (?) siempre según el criterio de unos cuantos de estos "amasijos de órganos casualmente bien colocados" (a su vez elegidos por otros "amasijos" iguales a ellos), con la sana intención de que esas normas ayuden a la Humanidad en su avance (aquí cabría preguntarse también para qué rábanos queremos que la Humanidad avance, si es, por su naturaleza física, algo tan insignificante como se empeñan en afirmar los ateos). En efecto, la ética vendría a ser un concepto tan arbitrario, utilitario, vacuo y permutable como el ser humano mismo. El código moral, cualquier código moral, estaría al mismo nivel que el de Groucho: "Si no le gustan mis principios, no importa, tengo otros" :-) ¿Quién decide cuáles son los adecuados?

Si la Biología lo es todo (lo dejamos en mayúsculas como lo escribió nuestro ateo para subrayar la reverencia que parece sentir hacia esta disciplina, cuyos dictámenes coloca por encima de cualquier otra consideración), si la materia lo es todo, si todo lo existente surgió por puro azar, si el ser humano no es más que el producto del caprichoso afán egoísta de sus genes; si todas estas premisas son lógicamente válidas, sus terribles conclusiones lo serán también. En este caso, repetimos una vez más y lo seguiremos haciendo mientras podamos ¿por qué no exterminar a los que "estorban", a los que no aportan nada en un sentido práctico al entramado del tejido social, pero nos están costando millones de euros mantener vivos? ¿Por qué no eliminar a los enfermos, los discapacitados, las razas consideradas por algunos "inferiores", a los pobres, los ancianos, en fin, a todos aquellos que suponen un lastre que obstaculiza el glorioso desarrollo imparable de la Evolución? ¿Por qué no ofrecer de este modo una ayuda extra a la selección natural para que el resultado de su labor sea "mejorado" por nuestro sabio consejo y manipulación? ¿Por qué? ¿Qué o quién lo impide?...

Si muchos ateos se escandalizan al leer el párrafo anterior (y confío de corazón que así sea) es porque, en el fondo, inspirados por su conciencia a la que los teístas interpretamos como vox Dei interiorizada, no se toman en realidad en serio nada de lo que aseguran creer y en su vida personal y cotidiana siguen viviendo como si el ser humano fuera una criatura excepcional, creada para llevar a cabo una misión sublime en la Tierra. Es decir, viven socorriendo a los necesitados, amando y sacrificándose por sus hijos mucho después de que éstos ya pueden valerse por sí mismos, -algo que no ocurre en el mundo animal-, y ayudando, en definitiva, a cualquiera que lo merezca, sea o no un "obstáculo" para la Evolución. En definitiva, el ateo vive como si Dios existiera. Como si él y sus congéneres fueran "seres espirituales viviendo temporalmente una experiencia humana" (T. de Chardin) y no un "amasijo de órganos azarosamente bien dispuestos" sin ningún tipo de sentido o finalidad, en una lucha feroz por sobrevivir a costa de destruir a los menos "aptos" que él.

Porque los nuevos ateos, son ateos "light". La moral judeocristiana, siempre tan vilipendiada, mantiene, a pesar de todo, su vigencia en los sustratos más profundos de nuestra sociedad laica, y también en el corazón y la conducta personal de estos ateos que pretenden, como leí a algún compañero de debate hace poco, quitar la piedra clave y que el arco continúe en pie. Hay que eliminar las religiones, dicen, sí, pero conservando todo el corpus moral referente a la actitud correcta hacia el prójimo que esas mismas religiones dieron a conocer al mundo, a pesar de que muchos de sus representantes no fueran dignos de serlo, algo que, por otra parte, nadie niega. Pero, la incompetencia de sus ejecutores, no excluye que las ideas fueran útiles y grandiosas.

Los nuevos ateos, en fin, tratan de ser a la vez cientifistas y humanistas, dos conceptos que, por definición, se excluyen recíprocamente, porque el humanismo es una filosofía que engrandece al hombre, pero, desde el punto de vista de la Ciencia, el ser humano es insignificante y cualquier cualidad que le añadamos para "engrandecerlo" sería sólo un postizo artificial, una convención social más tan intercambiable con cualquier otra como todas. Ateos humanistas, la cuadratura del círculo. 

El ateo genuino, el ateo consecuente con sus creencias, sólo puede ser un individuo como el que dejó este comentario que ha inspirado nuestra entrada de hoy. Un tipo despreciable, pero decididamente honesto con los demás y consigo mismo, al prescindir públicamente y por completo de todo lo que la fe significa, incluido el elevado código deontológico de actuación en sociedad que, a pesar de sus conocidos errores históricos, las grandes religiones trajeron con ellas.


***


Normalmente no suelo entrar al trapo a este tipo de gente, pero esta vez no pude evitar tomármelo como un insulto personal. Yo soy también un "ser humano defectuoso", según los preceptos descritos por este señor. Yo soy parapléjica. Resulta que el código genético, que es tan fascinante, también es ineficaz a la hora de anticipar accidentes y negligencias médicas :-), así que los genes no son del todo infalibles para predecir, sólo a partir de su análisis previo, qué anomalías físicas futuras padecerá su poseedor. Fallo. Un "pero" en el que nuestro ateo evidentemente no pensó. ¿Recuerdan la película "Gattaca"?

Esta fue mi respuesta para él:


"'Yo no quiero que el mundo sea ni de los últimos, ni de los débiles, ni de los pobres, ni los enfermos, ni de los defectuosos porque ese mundo sería el infierno... Yo quiero un mundo que sea poblado por seres humanos sanos, fuertes, felices, dignos, inteligentes, valientes, hermosos y libres'.... Heil, Hitler. Tenemos un neonazi entre nosotros y, aparte de algún otro comentarista, a los demás parece haber pasado desapercibido (la razón de que nadie le contestara es obvia: estaba apoyando su ideario en la genética y la biología; la sola mención de la Ciencia intimida y otorga un falso aura de respetabilidad a cualquier declaración, por execrable que sea). Vamos a ver, señor mío, si algún alto comité de ética hubiera implantado en el mundo desde sus inicios su 'honorable' hipótesis de que éste sería mejor sin los 'enfermos, los pobres, los defectuosos', y se hubiera exterminado a todo aquel que no cumpliera sus rígidos requisitos, la humanidad se habría empobrecido notablemente, viéndose desposeída de personalidades como Goya (pintó sus mejores obras cuando ya estaba completamente sordo); Beethoven (sus últimas sinfonías, incluido el sublime 'Himno a la Alegría' fueron compuestas cuando el músico estaba sordo y enfermo); Vincent Van Gogh (epiléptico y esquizofrénico, pintó sus más extraordinarios trabajos durante sus crisis); Stephen Hawking (enfermo de esclerosis múltiple desde su juventud, la mayor parte de sus aportes a la física los hizo desde su silla de ruedas); Isaac Newton padecía manía bipolar; Kurt Gödel, uno de los matemáticos más brillantes del mundo, padre del Teorema de la Incompletitud sufría un grave trastorno psíquico que le llevó a morir voluntariamente de inanición; el escritor J. Luis Borges, era ciego, también lo eran Ray Charles, Joaquín Rodrigo, Kent Cullers y Homero; el premio Nobel de Literatura de 1956, Juan Ramón Jiménez, sufría fuertes depresiones por las que fue hospitalizado en varias ocasiones; John Forbes Nash, ilustre matemático, Premio Nobel de Economía en 1994, era esquizofrénico; Toulouse-Lautrec, pintor francés, considerado el mejor cartelista de todos los tiempos, un referente para muchas generaciones de artistas, sufría una grave minusvalía que impidió que los huesos de sus piernas crecieran con normalidad; también era minusválida Frida Kalho; Auguste Renoir pintó sus lienzos más afamados con los pinceles atados a sus manos, porque no podía cogerlos debido a la artritis reumatoide... Y así podría alargar la lista durante horas si tuviera ganas y tiempo y si supiera que mi esfuerzo va a servir para algo. Pero sospecho que a la gente tan obcecada como usted, nada de lo que yo pueda decir conseguirá que cambie de opinión. 

Pero no le dejaré marchar sin indicarle que, incluso sus admirados Darwin y Nietzsche (porque todas esas 'hermosas' ideas, que usted está exponiendo como propias, nuevas y transgresoras, son tan viejas como Darwin y Nietzsche, y todavía más), también estaban enfermos: Darwin sufría de fuertes problemas psicológicos como ansiedad, alucinaciones y agorafobia; y Nietzsche padeció innumerables dolencias desde niño, pues tenía una salud quebradiza. Menuda ironía, ¿verdad? Si hubiéramos aplicado al filósofo alemán su personal interpretación de la 'supervivencia del más fuerte' y la 'teoría del superhombre', no habría sobrevivido para servirle a usted como puntal a su delirante ideología.


Y todo esto sin atender a esa supina estulticia de que el ser humano debe ser 'hermoso', como usted sugiere, porque entonces la lista de 'excluidos' ya se extendería hasta el infinito... Hermoso, por cierto, ¿según los cánones de quién? Porque el modo de entender la belleza física es distinto para un Masái, un ciudadano de la India, un aborigen australiano o un occidental. Eso para empezar. Y, para seguir, dígame: ¿Einstein era hermoso? ¿Charles Chaplin? ¿Lennon? ¿Allan Poe? ¿Cervantes? ¿Shakespeare?... ¿Woody Allen es hermoso? ¿Lo era Hitchcock? ¿Lo eran Diego Rivera, Max Planck, Gandhi? ¿Hitler era hermoso, con su pobre escroto mutilado? ¿Y usted, es hermoso? Si la foto de su perfil reproduce su rostro, permítame que le diga que también queda excluido del grupo de los bienaventurados, al menos según mi canon, que es tan bueno como el de cualquiera, incluido el suyo. Aunque sospecho que usted se verá mejor aspecto del que realmente tiene :-). Si el asunto fuera como usted pretende, si eliminamos a toda la gente "defectuosa" y "fea", los que he nombrado y los millones que me he dejado en el tintero, la humanidad se limitaría a contener gente como... ¿quiénes? ¿Cristiano Ronaldo? ¿Paris Hilton? ¿Isabel Preysler? Todos bellos y... ¿Sanos?... ¿Qué le hace suponer que un mundo habitado sólo por este tipo de personas no sería 'un infierno' aún peor que el que ya habitamos? Como dicen los cientifistas: ¿Tiene alguna prueba que respalde su hipótesis de que un mundo así sería mejor? Si no la tiene, es otra simple cuestión de fe. 

Mucha, pero que mucha fe. 


Así que, si al final se trata sólo de elegir entre su fe y la mía, me quedo con la mía.
Gracias".



***


Si, a estas alturas, al amable y paciente lector aún le queda alguna duda del peligro que supone permitir que el cientifismo dictamine cuál es el valor real y cuantificable de un ser humano, le dejo algunas frases de científicos actuales más o menos conocidos. Los incisos en gris son míos:



"Un bebé humano es para tirarlo a la basura. Es una mierda... Un aborto de mono, cabezón e inútil. El amor es una puta trampa de la naturaleza para que los padres se junten y críen entre los dos a sus bebés inútiles. Lo siento, pero la Ciencia desilusiona"

Biólogo y divulgador
Universidad de Barcelona


***


"Ese es el tiempo que quiero vivir: 75 años. Vivir demasiado tiempo es una pérdida; hace que muchos de nosotros, si no desarrollamos una discapacidad (si tienes una discapacidad ya apaga y vámonos, mejor que te arrojes de cabeza al cráter de un volcán en erupción :-)), nos sintamos vacilantes y en declive, un estado que, quizás, no siendo peor que la muerte, significará privación. Se nos priva de nuestra creatividad y de la capacidad de contribuir al trabajo, a la sociedad, al mundo... Ya no seremos recordados como personas vibrantes y comprometidas, sino débiles, ineficaces e incluso patéticos..."

(En dos palabras: "defectuosos" e "inútiles")

Médico
Dirige el Departamento de Ética Médica y Políticas de Salud de la Universidad de Pennsylvania
 

"Departamento de Ética Médica", sí, lo han leído bien. El doctor Emanuel asegura que, para dar ejemplo, cuando llegue a los 75 dejará de cuidarse con la intención de morir cuanto antes. Ahora tiene 58 años. Me gustaría vivir para ver cómo se va retractando a medida que se acerca a la fecha clave :-). Es fácil emitir juicios y tomar decisiones drásticas sobre la vida y la vejez cuando todavía se es joven.

Hay chavales que padecen una severa discapacidad debido, por ejemplo, a una parálisis cerebral provocada por un déficit de oxígeno en el momento del parto (trastorno, por cierto, tampoco predecible a través del estudio de los genes... ¡caray, ya nos está fallando mucho la genética!). En múltiples casos, esa discapacidad es tan grave que les "priva de su creatividad y de la capacidad de contribuir al trabajo, a la sociedad, al mundo..."  por lo que nunca han podido ser "personas vibrantes y comprometidas"... ¿Por qué esperar a que cumplan 75 años si desde el mismo instante en que nacieron reúnen todos los requisitos que "aconsejan" que se les deje morir? 

Podemos proponérselo a sus padres, a ver qué opinan.



Y aquí tienen otras dos "perlas" cientifistas, esta vez de nuestro ateo de cabecera:


"El otorgamiento de derechos especiales a la especie Homo Sapiens, es difícil de conciliar con el hecho de la evolución"

"Es inmoral no abortar a un bebé con Síndrome de Down"

 Richard Dawkins 
Zoólogo británico, autor de "El espejismo de Dios"



Dawkins tiene 74 años. ¿Seguirá los consejos de su colega y empezará a "dejarse morir" el próximo año para ayudar a la Evolución en su tarea de eliminar a los "defectuosos"? :-) Nosotros esperamos sinceramente que no lleve su compromiso con el darwinismo a esos extremos y que siga vivo y trabajando.


Sin sus airadas encíclicas el debate Ciencia-Fe perdería bastante interés.




 ***


Disculpen las mayúsculas y la extensión.
  
Hablamos también sobre el tema de este post aquí.
Todas las entradas sobre el cientifismo incluida ésta, aquí.
Todos los posts que aluden a Richard Dawkins, incluido éste, aquí.
Acerca del darwinismo social, aquí.




"Tras los quarks y el Big Bang, vislumbramos un ámbito sutil e inexplicable. Para algunos está vacío, según otros, Dios está allí. Pero esto último tiene siempre consecuencias éticas. Sentirnos parte de un todo con los demás seres humanos y referirnos a algo exterior a nosotros aminora el egoísmo. Las religiones son maneras de ligarse desde lo cotidiano a ese ámbito sutil e inexplicable".

Antonio Fernández-Rañada
Físico español
Doctor en Ciencias por las Universidades de París y Complutense
Catedrático de la Facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid
Autor de "Los científicos y Dios", Editorial Trotta, 2008





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