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Cinismo y ateísmo. La rigurosa impostura (I) Sergio Jiménez

cinismo antistenes ateismo

Este artículo habla del cinismo como problema de conducta social, incluso ética, en relación al debate teísmo-ateísmo. Y digo problema porque el cinismo goza de cierto reconocimiento social, cuando ciertamente es un enemigo de proporciones desconocidas. En concreto trataré de dibujar la falacia que se esconde detrás del ateo sostenido por el cinismo. La intención última será justificar que el cinismo es una actitud superficial e inoculada culturalmente en el individuo para hacerle creer lo elevado de su ideología. No pretendo, por tanto, poner de relieve ninguna opción, sino más bien mostrar que, en última instancia, las dos, teísmo y ateísmo, deberían ser fruto de una elección personal, pues ambas son dos creencias que proceden de la misma naturaleza: la del conocimiento.

El cinismo sirve de falsa plataforma para justificar muchísimas actitudes prepotentes y a la vez superficiales, sobre todo en el debate ciencia-fe. Actitudes que conllevan una profunda ignorancia de los últimos laberintos que suponen el conocimiento de la realidad. Este uso globalizado del cinismo, no obedece más que a una máxima reduccionista de la sociedad occidental. Sociedad que en su propio autoengaño se considera al cabo de todo conocimiento, siendo muy al contrario, un problema de profundidad epistemológica. En definitiva, descubrir el gran engaño de una actitud, la cínica, que lejos de reportar una imagen de individuo inteligente y libre a quien la profesa, lo lastra en su más profunda condición.

"El cinismo es una traición intelectual"

Norman Cousins
Político, escritor, periodista y activista americano 


Esta cita dirá muy poco o nada a la mayoría de la gente en una primera lectura. Sucede que en su esencia, describe con detalle la pandemia que asola el mundo actual. Es probable que suene apocalíptico, pero hay que pararse y rumiarla.  Bastaría con hacerse algunas preguntas: ¿cuántas cosas he dejado de hacer o experimentar por tener una actitud prejuiciosa y cínica? ¿Por qué tengo unas creencias y no otras? ¿Soy capaz de entender que mis creencias no son las únicas y definitivas? Muchas personas responderán también de una manera cínica a estas cuestiones, muy seguras de su postura. Y es que no es difícil entender que en toda época, la gran masa ha vivido con la certeza de tener el conocimiento último de la realidad. Esta época que vivimos, por materialista, no es menos, y aunque a muchos les soliviante, tampoco parece que hayamos avanzado tanto:



Leonard Susskind
Profesor en Física teórica en la Universidad Stanford
Su campo de investigación incluye la teoría de cuerdas, teoría cuántica de campos, la mecánica cuántica y la cosmología cuántica


Esta cita de un físico, no precisamente religioso, deja bastante claro lo complejo de nuestra existencia. Sí, parece que aquello del Zeitgeist no es solo un concepto ajeno a nuestro tiempo, por el contrario nos afecta de pleno. Es cierto, seguimos viviendo como si la tierra fuera plana, y esta seguridad aparente de hechos empíricos, deja el terreno abonado para que actitudes como el cinismo proliferen. Pero, como he apuntado, el problema es de profundidad; y es que detrás de esa realidad perceptible, existe una mucho más difícil de digerir: ajuste fino, mecánica cuántica, biología, etcétera.

El verdadero problema, pues, es de nivel epistemológico. Es decir, y resumiendo mucho, en un primer nivel de consciencia, si no sé nada de mi universo, podría pensar que Dios lo creó. En un segundo nivel, si observo, deduzco leyes y obtengo explicaciones, puedo inferir que “no es necesario un creador”. Y en un tercer nivel, donde se sitúa la filosofía, la física más avanzada, la neurociencia, la complejidad biológica, etcétera, pues todo es muy confuso, y la existencia o no de Dios, acaba pasando a ser una cuestión de elección personal. Cabría un cuarto y un quinto nivel, así hasta el enésimo, en el que siempre quedaría una última pregunta.



Werner Heisenberg
Físico alemán


La cuestión es que el cínico medio no sabe de estos “niveles” y por pura ignorancia cree estar en el más alto; es más, si tratas de llevarlo a asuntos más profundos, su respuesta será la descalificación o la negación. Esto es, las mismas maneras de las que reniega en el ejercicio de la más alta libertad ilustrada. En cualquier caso, este asunto de la “profundidad” lo explicaba muy bien Oscar Wilde cuando afirmó que "un cínico es alguien que sabe el precio de todo y el valor de nada".

A estas alturas nos vendrá bien hacer un breve repaso de los primeros cínicos que se tiene conocimiento.

Como parece que los antiguos griegos gozan de tan buena reputación en esto de la búsqueda del conocimiento, diré que los máximos exponentes en esto del cinismo fueron Diógenes y Antístenes. Sus propuestas tenían que ver con mantener una actitud diferente frente a la existencia: diferente a la de la mayoría. El comportamiento crítico con lo establecido y el cuestionamiento de los poderes eran sus grandes axiomas. Consideraban que la mayor parte de la sociedad vivía una existencia adormecida que impedía acceder al auténtico ser que subyace en todo hombre. Proponían la liberación de ataduras morales, económicas y sociales. En una suerte de anarquismo, su visión era de una naturaleza materialista y rechazaban las deidades para explicar la realidad. Es esta una visión que a muchos les parece radical, pero, más allá de las subjetividades, no se puede negar la profundidad de una perspectiva fundamentada en la reflexión y la crítica del modelo de vida de la época. Profundidad a la que el cinismo de hoy ni si quiera se asoma, y es que éste es de otra naturaleza mucho más prosaica y hedonista. Hoy en día no existe conexión alguna entre aquellos cínicos y estos, sobre todo porque los de hoy apenas son dueños de sus opiniones, y desconocen con rigor de dónde proceden sus “creencias” y quién se las ha puesto en el discurso.


El devenir de la historia quiso que las religiones y el uso que el hombre hizo de ellas, sumergieran a la humanidad en una época de oscurantismo y sometimiento. A aquella Edad Media le siguió el Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Industrial, hasta llegar al día de hoy. Todo ello en un claro proceso utilitarista de la existencia que ha acabado por implantar un sistema capitalista al que el carácter individualista y reduccionista del cínico le viene como anillo al dedo. La guinda que coronó toda esta evolución la vino a colocar el darwinismo y sus teorías que ilustraban la vida como un accidente sórdido y cruel, en el que solo el más fuerte sobrevivía. Un discurso que a la dirigente clase industrial y de consumo de la época, le sonaba a canto celestial. 

Con todo este devenir social, no es difícil inferir cómo se ha ido descendiendo a un dios celestial de su altar, para sustituirlo por otro más ramplón y terrenal: el culto al hedonismo consumista Axiomas como “aprovecha que son dos días”, “eso es lo que te vas a llevar”, por más vulgares que suenen, no dejan de revestirse de cierta pátina de arrojo y verdad. Lo que nadie se para a pensar es el coste que este tipo de eslóganes conlleva. Ese coste es nada más y nada menos que la espiritualidad del individuo.


"Los presocráticos y los atomistas se movían en el plano filosófico, Homero en el poético; sus intuiciones son luces bellas como las de los artificios pirotécnicos, pero, como ellas, inconsistentes por falta del respaldo y rigor científico. En cambio Bunge apela a la ciencia y en ella se apoya. Y lo hace con un alcance extrapolado al identificar sin más lo científico como lo real. Por ello sólo la ontología materialista estaría en armonía con la ciencia contemporánea. Cae así en un reduccionismo epistemológico. La exclusión apriorística de cualquier método distinto del científicotécnico para alcanzar realidades situadas más allá de la materia y la consecuente negación de los «espiritual» son una frustración y degradación del hombre. El científico, habituado a la inmediatez de lo sensible y experimentable, corre el riesgo de verse aquejado de miopía metafísica o de incapacitación adquirida para captar lo espiritual. Este riesgo aumenta en épocas de embriaguez científica y sensorial como la helenística (tiempo del atomismo democríteo y epicúreo) y la nuestra". 

Manuel Guerra Gómez
Sacerdote y doctor en filosofía clásica y teología
Extracto de "Dios y el hombre, antropología y teología"



Hablando de costes, Kingsley también lo explica muy bien en estos párrafos:
 
"No se nos ha dicho que, en las mismas raíces de la civilización occidental, reside una tradición espiritual. Hay que pagar un precio para entrar en contacto con esta tradición. Siempre hay que pagar un precio, y, precisamente porque nadie ha querido pagarlo, las cosas están como están. El precio no ha cambiado: somos nosotros mismos, nuestra voluntad de ser transformados. Solo sirve eso, no puede ser menos. No podemos apartarnos y mirar. No podemos distanciarnos porque precisamente nosotros somos el ingrediente que falta. Sin nosotros, las palabras solo son palabras. Y esta tradición no existió para edificar o entretener, ni siquiera para inspirar; existió para devolver al hombre a sus raíces.

 […] A muchos nos preocupa la extinción de todas las especies que el mundo occidental está exterminando. Pero casi nadie se da cuenta de lo más extraordinario de todo: de la extinción de nuestro conocimiento de lo que somos".

   
Peter Kingsley
Filósofo británico



He aquí la verdadera amenaza del cinismo. Normalmente el cínico de hoy no tiene apenas conocimiento de las limitaciones que su conducta le infiere, está ocupado en guardar un papel de tipo sobrado, sutil y valiente. Pero todo es una máscara de la que él mismo no es consciente. Es decir, el cínico ha optado por una forma de ser que le reporta cierto reconocimiento social dentro de la mediocridad imperante de la sociedad, pero, que el tuerto sea el rey en el reino de los ciegos no significa que sea el rey de todos los reinos. 

Sergio Jiménez Barrera
Arquitecto Técnico
Universidad de Sevilla 


***



"Hoy en día no existe conexión alguna entre aquellos cínicos y estos, sobre todo porque los de hoy apenas son dueños de sus opiniones, y desconocen con rigor de dónde proceden sus “creencias” y quién se las ha puesto en el discurso".


Leyendo este párrafo del artículo recordé algo que me ocurrió hace unos meses, cuando participaba en uno de esos desaforados debates en la red :-). Después de exponer mis opiniones lo mejor que pude, las respaldé transcribiendo algunas citas de los autores que aparecen a menudo en nuestro blog y que todos nuestros lectores conocen bien. Estos expertos que solemos citar no son precisamente legos en la materia, son reconocidos físicos, biólogos, filósofos de la Ciencia, sociólogos, etc. Pues bien, un furioso ateo, cínico donde los haya :-), no teniendo otra cosa mejor que objetarme, me acusó de usar la falacia de autoridad que, como todos ustedes saben, consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia (Wikipedia). Lo divertido es que todo el discurso de mi contrincante estaba cimentado básicamente en tres premisas, a saber: que "está demostrado" (sic) que el universo no tuvo un Creador, que el universo es autocontenido y que el universo surgió de una fluctuación cuántica... Por lo tanto, concluía triunfal mi cándido ateo, seguir creyendo en Dios hoy día es tan absurdo "como creer en unicornios"... 

Como ven, era un ateo cándido, pero, sobre todo,... original :-)

Supongo que no tengo que aclarar al amable lector por qué esa argumentación, y la consiguiente acusación de falacidad, me pareció tan divertida e ingenua: la única diferencia que existía entre mis "falacias de autoridad" y las de mi oponente es que yo conozco los nombres de los expertos que cito para respaldar mis opiniones y él no tenía la más remota idea acerca de quiénes eran los autores que pusieron en circulación los serios postulados y las trilladas analogías que iba repitiendo por los foros como un lorito bien educado...

Supongo que nuestro buen ateo pensaba que sus opiniones eran la "única verdad objetiva" porque, al contrario que las mías que venían apoyadas por expertos (de ahí que fueran falaces :-)), las suyas habían brotado, como los higos, de una higuera... O que habían bajado directamente del Olimpo de los dioses, esos mismos dioses en los que decía no creer, quién sabe...

Sea como fuere, la "ignorante", una vez más, era yo.
 ;-)


***



Publicaremos la segunda parte de este artículo en una próxima entrada. Agradecemos a nuestro seguidor Sergio que nos hiciera llegar su excelente ensayo y aprovechamos para invitar a todos nuestros lectores a que nos sigan enviando sus artículos, sugerencias y opiniones como han hecho hasta ahora. 
El blog avanza con vuestro apoyo y se nutre de vuestras ideas.
Gracias a todos.




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Todos los posts relativos al cientifismo incluido éste, aquí.


Imagen: Antístenes de Atenas

La realidad será eternamente inasible. Andrés Moya

hombre universo

"Toda la tecnociencia del momento, o muy buena parte de ella, está montada sobre teorías científicas que se nos presentan como más o menos acabadas, lo que no deja de ser una burda apreciación de lo que acontece en realidad. La ciencia del momento ha descubierto que el mundo está transido de fenómenos de complejidad emergentes, algo que no se circunscribe al dominio de lo vivo y lo mental. Toda la física moderna nos muestra, también, la presencia de complejidad emergente.

Por definición no se puede fabricar una teoría acabada del todo, una teoría científica, porque no podemos ser tan pretenciosos como para pensar que podamos llegar a la realidad de una teoría final, por más plausible que nos lo presenten algunos físicos teóricos.

Sería temerario, a día de hoy, sostener que estamos en condiciones de proceder con intervenciones de amplio calado sobre nuestro genoma o sobre nuestro cerebro, porque disponemos de un conocimiento de la naturaleza suficiente.

Puesta en toda su dimensión explicativa, la ciencia es una forma limitada, aunque sin límite reconocible, de conocimiento de la realidad. Por lo tanto, su método no puede brindar respuestas definitivas.

La realidad será eternamente inasible".


Andrés Moya
Doctor en Biología y en Filosofía
 Catedrático de Genética en la Universitat de València
Director de la Cátedra FISABIO para el fomento de la Investigación Biomédica
Autor de "Biología y espíritu", 2014
Se considera agnóstico



La pregunta de Leibniz y los múltiples mapas de la realidad.


Imagen

Jacques Monod y la mitología materialista de la ciencia

planeta pluton

"(Existe un curioso fenómeno) que se repite con regularidad en las formulaciones de la mitología materialista de la ciencia (entendiendo aquí "mitología" como la interpretación subjetiva realizada desde una filosofía previa -atea, en este caso- sobre unos hechos objetivos, véase explicación más abajo), al menos desde el siglo XIX: la atribución sistemática al teísmo de una ligadura con las posiciones que las teorías científicas existosas en cada momento consideren descartadas. De manera que las últimas teorías científicas siempre estarían reforzando al materialismo ateo. Lo curioso de esto es que, en función de cómo evolucionen las ciencias, el teísmo vendrá a ser rechazado por una razón o justo por la contraria


Así, por ejemplo, Monod se esfuerza por presentar el indeterminismo en la ciencia actual como soporte del ateísmo. Pero, en el siglo XIX, los sucesores de Laplace vieron en la mecánica clásica determinista una teoría perfectamente explicativa, que convertía a Dios en una hipótesis innecesaria.

En la argumentación materialista se pueden señalar bastantes paradojas de este tipo".

Francisco J. Soler Gil
Filósofo de la Física
Doctor en Filosofía por la Universidad de Bremen 
Miembro del grupo de investigación de filosofía de la física en dicha universidad
Autor de "Mitología materialista de la Ciencia", Ediciones Encuentro, 2013




Muy revelador, ¿no les parece?
Con determinismo o sin él, con azar o sin él, la banca siempre gana.
:-)


Se podría argumentar que el teísmo liberal ha hecho exactamente lo mismo, es decir, vislumbrar en cada descubrimiento científico un enlace que llevaría en última instancia a reconocer a Dios en Su obra, el universo. Pero es que el teísmo, como filosofía, parte justamente de esa base: la que sostiene que la Ciencia es un instrumento del Creador, la herramienta (una de ellas) que Él mismo dispuso para que el hombre Le buscara y desenmascarara :-) Así que, todos los dictámenes de la Ciencia (incluidos sus errores), siempre serán bienvenidos e interpretados por el teísta como parte inevitable de esa apasionante aventura que es descubrir el mapa del Ingeniero.

El ateísmo, en cambio, que no parte de esta base, no tiene razón alguna para sostener que tanto una teoría científica como su contraria "demuestran" que Dios no existe, sin caer en una absurda contradicción.


***


Para explicar qué es eso que Soler Gil denomina "mitología materialista", citaremos también a Jacques Monod. Cuando este ilustre biólogo y Premio Nobel escribió su "El azar y la necesidad" (una de las muchas biblias de los ateos :-)), incluyó en su prefacio una esclarecedora advertencia que hoy suele pasar convenientemente desapercibida. Antes de desarrollar su ensayo, en el que Monod se alineaba con el existencialismo más desalentador de los cincuenta y sesenta al afirmar que "el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del Universo en donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte", el autor nos advierte:


"Desde luego hay que evitar toda confusión entre las ideas sugeridas por la ciencia y la ciencia misma (...) Indudablemente, soy responsable de las generalizaciones ideológicas que he creído poder deducir de ellas."


O sea, que la Ciencia es una cosa y las ideas que uno desarrolle por su cuenta y riesgo a partir de la Ciencia es otra. Muy distinta.


El afamado biólogo nos está confesando amablemente que las ideas filosóficas que nos ofrece en su ensayo son, ni más ni menos, que... una opinión personal, que ha "deducido generalizaciones ideológicas" a partir de los hechos científicos disponibles en su tiempo. Esas generalizaciones ideológicas lo siguen siendo hoy, siguen siendo filosofía, no Ciencia. Para millones de ateos, sin embargo, son dogmas de fe.

Y así ocurrirá, me temo, por mucho tiempo, entre otras razones porque ni el hombre de a pie ni, en muchas ocasiones, los mismos científicos son conscientes de esta confusión, de esta amalgama de términos y conceptos, y, si lo son, no se atreverán a reconocerlo en público. Soler Gil lo expresa así:


"¿Acaso resulta respetuoso hablar de 'mito' o 'mitología', en relación con la lectura materialista de la ciencia? ¿No es esta elección terminológica una forma de desacreditar el materialismo asociándolo con un término tan cercano al engaño y la mentira? Si consultamos el significado de la palabra 'mito' en el diccionario (...) encontramos tres acepciones del término. Una de ellas considera el mito como 'representación deformada o idealizada de alguien o algo que se forma en la conciencia colectiva'... La otra nos advierte que el mito es 'cosa inventada por alguien, que intenta hacerla pasar por verdad, o cosa que no existe más que en la fantasía de alguien' (...)

Aunque la opción materialista sea un planteamiento que merece una discusión seria, la lectura materialista de la ciencia posee en nuestro tiempo los rasgos del mito en estas dos acepciones. Se trata, desde luego de una interpretación deformada de la ciencia, en la que se trata hacer pasar por resultados científicos lo que no son más que interpretaciones particulares de los mismos. Y estas interpretaciones, convertidas en 'resultados de la ciencia', ocupan un lugar preeminente en la conciencia colectiva de nuestras sociedades occidentales".

De hecho:


"¿Cuántas veces no nos habrán salido ya al paso frases como estas? 'A más Ciencia, menos religión'. 'Desde Darwin, no se sostiene que un ser superior haya creado el mundo'. 'La ciencia moderna no deja lugar a la existencia de un Dios creador'.

Si tales expresiones aún no le resultan familiares, no pasará mucho tiempo hasta que lo sean. De hecho, puedo anticiparle que estos enunciados, u otros por el estilo, le acompañarán toda su vida.

El conflicto -la disyuntiva- entre Dios y la Ciencia forma parte del Zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo. Es 'lo que se piensa', sobre este asunto hoy en día. Y como los hombres somos por naturaleza sociales, la opinión colectiva queda revestida con ropajes de verosimilitud hasta tal punto que los que se abandonan a ella consideran extravagante, completamente errónea, la puesta en cuestión de uno de esos consensos: ¿cómo podría pensarse en serio otra cosa? ¿No está más que establecido que...?

Ahora bien, lo cierto es que yo, en conciencia, no puedo avalar en este punto la opinión de nuestro tiempo. Lo cierto es que después de más de veinticinco años dedicados al estudio de la frontera entre ciencia y filosofía, no sólo no creo que exista ninguna incompatibilidad entre la ciencia y la fe en Dios, sino que considero que los datos acerca de la realidad natural que nos aportan las ciencias actuales encajan de un modo muy notable con las viejas doctrinas teológicas sobre el mundo y sobre el hombre".


En resumidas cuentas:

"Hemos de optar entre una interpretación del mundo que parte de la materia como realidad primera (materialismo), y la interpretación alternativa, que juzga más verosímil que sea una mente la que desempeña ese papel (teísmo)".



Y los descubrimientos de la Ciencia -sin quitarle ni añadirle una coma*- pueden confirmar, en principio, ambas interpretaciones. Todo es cuestión de perspectiva, simplemente, hay que elegir una de ellas... y respetar la otra. Compruébenlo por ustedes mismos, les invito a leer el excelente libro del que hoy hemos extraído estos párrafos y entenderán de qué les hablo.  

Si nuestros amigos ateos, en lugar de aventurarse en su lectura, responden a mi sugerencia argumentando, como me dijo cierto escéptico hace poco, que no necesitan conocer la versión teísta del debate "porque ya han leído la Biblia" :-) no harán más que confirmar y conceder credibilidad a la valiente tesis que el doctor Soler expone en su ensayo.

(*Aunque no sea necesario, aclaramos que Soler Gil no comparte los postulados de los creacionistas ni de los defensores del llamado "movimiento de la Tierra joven" o el Diseño Inteligente).


***


Y, ya para acabar, una última reflexión; Jacques Monod, como buen nihilista, creía que el deber moral de los hombres, "no está escrito en ninguna parte". La ética, cualquier tipo de ética, en este caso, no es más que una vana ilusión... Cabe, entonces, preguntarse por qué arriesgó su vida siguiendo esa ilusión cuando se unió a la Resistencia Francesa contra los nazis. Esto ocurrió años antes de escribir su "El azar y la necesidad", es cierto, pero nunca declaró que se arrepintiera de haber actuado como lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué Monod luchó contra el Tercer Reich?

¿Acaso el código ético de Hitler no era tan válido 
-por ser igualmente ilusorio- como el suyo?



"Tras los quarks y el Big Bang, vislumbramos un ámbito sutil e inexplicable. Para algunos está vacío, según otros, Dios está allí. Pero esto último tiene siempre consecuencias éticas. Sentirnos parte de un todo con los demás seres humanos y referirnos a algo exterior a nosotros aminora el egoísmo. Las religiones son maneras de ligarse desde lo cotidiano a ese ámbito sutil e inexplicable".

Antonio Fernández-Rañada
Físico español
Doctor en Ciencias por las Universidades de París y Complutense
Catedrático de la Facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid
Autor de "Los científicos y Dios", Editorial Trotta, 2008




Leer también:


(La imagen que hemos elegido en esta ocasión no está muy relacionada con el artículo de hoy, pero no hemos podido resistirnos a compartir con nuestros lectores, nosotros también, esta bellísima fotografía de Plutón, captada por la sonda New Horizons y publicada hace pocos días por la NASA.

A pesar de todos los pesares, vivimos tiempos afortunados.

"Sálvate, mundo mío, 
desatando infinitos"
:-))


Los guardianes de la ortodoxia o cómo convertir un paradigma en una "camisa de fuerza"

gente discutiendo

"La mayor parte de la Ciencia se hace dentro de un rígido conjunto de normas, según las cuales uno sabe exactamente quiénes son sus iguales, y las cosas son evaluadas según un conjunto muy estricto de criterios... Esto funciona cuando uno no intenta cambiar la estructura, cuando uno intenta cambiar la estructura, este sistema no funciona muy bien".

William Daniel Hillis 
Matemático, inventor, ingeniero y escritor estadounidense
Instituto Tecnológico de Massachusetts

(De hecho, cuando se trata de cambiar la estructura,
no funciona en absoluto...)


***

 
"En octubre de 2010, un estudio realizado por investigadores holandeses reveló que los escolares que son tímidos e introvertidos tienen más probabilidades de dedicarse a la ciencia... como las ovejas de ir al matadero, podría decirse.

No es extraño que el progreso científico sea lento: la mayoría de los científicos han pasado su carrera convencidos de que no debían hacer nada peligroso o demasiado distinto de lo que fuera que se hacía en el laboratorio de al lado. También saben muy bien que no conseguirán financiación ni aprobación ética si se atrevieran a liberarse de la camisa de fuerza".

En todos los campos de la ciencia existen 'notables' que determinan la discusión y modelan el resultado del proceso de revisión por pares.

Cuanto mayor sea tu reputación científica, más probable es que tus artículos reciban un reconocimiento rápido (o sea, que la ciencia no sólo se basa en 'pruebas', señores escépticos, sino en el prestigio personal de quien aporta esas pruebas..., si obvian este hecho, es porque no son tan escépticos como creen :-)). Una vez se ha alcanzado la cumbre de la ciencia, es muy difícil caer, aunque estés atareado pisoteando los dedos de los que intentan asaltar tu encumbrada torre.

Los buenos científicos han de esforzarse para derribar, socavar y destruir la reputación de sus colegas. Todo queda perfectamente resumido en una cita que se atribuye al dramaturgo americano Gore Vidal. 'No es suficiente tener éxito', dijo. 'Otros han de fracasar'.

Michael Brooks
Físico, escritor y periodista inglés
Doctor en física cuántica y asesor de la revista New Scientist


*** 

Por supuesto, nuestros ateos no creerán a Brooks sin pruebas...
:-)

"Después de la primera comunicación que hice en un simposio internacional, uno de los notables del campo en el que yo trabajaba se puso de pie en el silencioso auditorio y proclamó, con  una mofa mordaz, que mi teoría estaba totalmente descaminada. Yo era entonces demasiado inocente para darme cuenta de que la principal objeción del hombre provenía de la amenaza que mis hallazgos (que finalmente se demostraron ciertos) representaban para su propio trabajo".

Jennifer Rohn
Bióloga celular y escritora angloamericana
Doctora en Filosofía
University College London
Extracto de una entrevista para "The Guardian", septiembre, 2010


*** 


"En cada encrucijada del camino que conduce al futuro, la tradición ha dispuesto contra nosotros diez mil hombres que guardan el pasado".

Stanley Prusiner
Profesor de Neurología y Bioquímica de la Universidad de California, San Francisco


(Prusiner hace referencia aquí al rechazo y las burlas que sufrió durante años por parte de la clase científica al postular que el prión podría ser un agente infeccioso proteináceo. El dogma decía que sólo los virus y las bacterias pueden causar infecciones, así que afirmar que las proteínas podrían actuar también de este modo era una "herejía-huracán" de grado 5. Finalmente, su esfuerzo se vio recompensado en 1997 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Se me ocurren un par de nombres de prestigiosos y respetabilísimos "notables" actuales, cuya palabra en física y biología es la Ley. El Papa no tiene para los católicos, ni de lejos, el aura de infalibilidad que estos dos expertos tienen para buena parte de la Ciencia, pero, sobre todo, para los grupos ateos que la rondan. Ustedes saben bien de qué egregios expertos les hablo. No hay valiente que les tosa sin arriesgarse a un juicio sumarísimo y su consiguiente campaña de descrédito. 

Esa, claro, es la razón principal por la que casi nadie les tose... 
Al menos en público).



***


"La Ciencia está impregnada de opiniones que pasan por inducciones científicas válidas y de contradicciones que no se tienen en cuenta porque es demasiado doloroso enfrentarse a la perspectiva de las revisiones que serían necesarias para reconciliar las observaciones contradictorias con la teoría dominante...

Nos gusta pensar que la ciencia está separada de las personalidades porque buscamos la guía de un principio y no la de una persona. Así, el científico individual experimenta una sensación de libertad porque tiene la impresión de que vive en una comunidad en la que el árbitro último es la ley y no el hombre. Esta práctica realmente democrática ha llevado a la práctica falazmente democrática de determinar la validez de un punto de vista científico determinando cuántos otros científicos están de acuerdo con él

Votar en este contexto está tan influido por el aprendizaje y el adoctrinamiento del pasado que tiende a rechazar lo nuevo y a reafirmar lo viejo."

Carl C. Lindegren
Genetista americano
Fue profesor de Genética en la Washington University, en San Luis, Misuri
y de Microbiología en la Illinois Southern University
Autor de "Cold War in Biology", de donde fueron extraído estos párrafos.



(¿Quién puede, pues, garantizarnos que los expertos elegidos para realizar una "revisión por pares" no están sometidos a este adoctrinamiento, o que no actúan condicionados, si no presionados, de algún modo por el Zeitgeist?)


"Los árbitros tienden a ser especialmente críticos con las conclusiones cuando éstas contradicen sus propios puntos de vista, y más condescendientes con las que están en correspondencia con sus propias ideas".


Michael Brooks tiene algo más que decirnos sobre esto:


"La revisión por pares no funciona demasiado bien, precisamente porque los científicos son demasiado humanos.

Imagine el lector que envía un artículo científico a una revista para su publicación. Será revisado por expertos en el campo del lector: sus competidores. No lo rechazarán sólo porque su resultado no es el mismo que el resultado que están consiguiendo ellos; esto sería demasiado evidente. Pero la tentación está ahí. Si el lector ha terminado un trabajo que los árbitros tienen sólo a medio hacer, estarán tentados de demorar su aceptación... Si el trabajo del lector hace que el suyo (el de los árbitros) sea redundante, será para ellos difícil admitir la derrota. Si no les gusta la interpretación que hace el lector, se sentirán tentados de buscar lagunas en ésta... o a crear algunas. He oído a investigadores lamentarse de un revisor que no pudo encontrar fallos en su trabajo pero que le dijo al editor de la revista que éste podría publicarse sólo si se acompañaba de esta advertencia: 'La explicación más probable de estos resultados es que, de algún modo, están equivocados'".

(No comment).


***


"(Respecto al progreso de la Ciencia)... unas pocas personalidades virtuosas se yerguen en medio de un turbulento mar de celos, ambición, calumnias, supresión del disenso y presunciones absurdas. En algunos campos este comportamiento es casi la norma".

Carl Sagan
Popular astrónomo, astrofísico, cosmólogo
y divulgador estadounidense
 Autor de la serie "Cosmos"


(Supongo que todos sabemos lo que se esconde realmente tras el elegante eufemismo "supresión del disenso", ¿verdad?... Sí, exactamente eso: "prohibido discrepar").



***

"Cuando un verdadero genio aparece en este mundo, lo conoceréis por esta señal: que todos los zopencos se encuentran confederados contra él".

:-)

Jonathan Swift
Escritor inglés
Autor de "Los viajes de Gulliver"



Los citados Jennifer Rohn, Stanley Prusiner y Carl Lindegren se mantuvieron firmes y continuaron con sus investigaciones a pesar de tenerlo todo en contra, incluidas las zancadillas, las malas artes y la crítica mordaz de sus ilustres colegas. Su heroica perseverancia dio fruto y al final consiguieron el reconocimiento que merecían y la humanidad dio un paso adelante en la senda del conocimiento... 

Muchos otros no aguantaron la presión y desistieron, volviendo dócilmente, como buenos chicos, al santo redil de la ortodoxia.

La pregunta inevitable es: ¿qué sorpresas nos estamos perdiendo o qué descubrimientos están siendo postergados porque nuestros investigadores más intrépidos no se atreven a romper la camisa de fuerza que les imponen los "notables" guardianes del pasado?

 Hagan sus apuestas.





Paréntesis en gris nuestros. 
Entradas relacionadas:

"No podemos dejar que Dios cruce la puerta"
"Dios no puede existir"
El nuevo oscurantismo
El mantra de la Ciencia
La ciencia frena a la Ciencia

También citamos a Carl Sagan aquí.


Dios y los unicornios (una vez más)

dios y la ciencia unicornio

"Ya eres mayorcito para creer en cuentos de hadas. Crece". "Yo prefiero creer en Papá Noel que tampoco existe, pero nos trae regalos". "Creer en Dios es como creer en unicornios"... 

¿Les suena?
 :-)


Esta es la tercera entrada que dedicamos a este tema y, como ya cansa, me temo que será también la última. Intentaremos que sea breve, con la esperanza de que en esta ocasión la concisión ayude algo a la comprensión. Vamos allá... otra vez:


¿Por qué es absurdo equiparar a Dios, como Causa Primordial del universo, 
con los unicornios? 


El ser humano, como ser pensante e inteligente, tiene un derecho que podemos considerar legítimo a hacerse preguntas de carácter filosófico y nadie posee, o nadie debería poseer, la potestad de imponer restricciones a esta inclinación natural del hombre. El ser humano también es observador e inquisitivo, otras dos características inherentes a su naturaleza que le llevan a observar que el mundo está repleto de seres contingentes (es decir, no necesarios) y, en consecuencia, a hacer uso de su derecho legítimo a preguntarse si existe un ser "necesario" que dio lugar a los demás seres que no lo son.

Tradicionalmente, la filosofía y, dentro de ella, la ontología, la metafísica, la teología y otras ramas del saber, han otorgado precisamente estas dos características al Creador. Si Dios existe (y recordamos que, a día de hoy, el consenso en contra de Su existencia sí que es inexistente), si Dios existe, decíamos, sólo puede ser un ente "necesario", no contingente, porque sólo de este modo puede dar lugar a los demás seres que no reúnen estas dos cualidades. Dios sólo puede ser causa-incausada... 


La conclusión es obvia: ni los unicornios ni Papá Noel ni las hadas ni el ratoncito Pérez gozan de estas dos cualidades de "necesariedad" y "no contingencia", así que, a priori, la célebre analogía de los nuevos ateos, puesta en circulación por escépticos mediáticos como Richard Dawkins, que establece un forzado paralelismo entre Dios y el unicornio (o Papá Noel, las hadas, el ratoncito Pérez, etc.) es falaz porque ninguno de estos encantadores personajes son, ni han sido nunca, "necesarios", "no-contingentes" ni "causa incausada" de NADA. Mucho menos del universo.

A pesar de todo lo dicho, alguien todavía podría aducir que el unicornio es "igual" a Dios porque ambos comparten la particularidad de no haber sido vistos nunca por ojo humano. Las dos principales razones por las que la Ciencia no puede alcanzar a Dios, sólo intuirlo, han sido descritas hasta la saciedad (Davies, Dürr, Flew, Polkinghorne, Kauffman, Peacocke, etc). Con esas razones en la mano, nosotros también podemos aducir que una peonza es "igual" a una galaxia porque ambas comparten la particularidad de girar sobre sí mismas... O, parafraseando a Dawkins, que Hitler y Stalin eran "iguales" porque los dos tenían bigote :-) Total, puestos a decir bobadas, ¿quién establece el límite?

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Está todo claro, ¿verdad? :-) 
Pues ya verán como hay quien, aún después de habernos leído, sigue sin entenderlo, repitiendo el símil del unicornio por esos foros de Dios como un periquito bien amaestrado y llamándonos "ignorantes" a quienes, al contrario que ellos, no ignorábamos que esa torpe analogía hace mucho que está muerta y enterrada.

Poco importa. Como dijo alguien:

"Sólo soy responsable de lo que yo digo, no de lo que tú (no) entiendas".

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Disculpen las mayúsculas.
Aquí tienen las otras dos entradas que dedicamos a los bellos unicornios :-):

¿Por qué no es igual creer en Dios que creer en Papá Noel?
Richard Dawkins y la tetera de Russell

Otra entrada relacionada:

Muchos científicos tienen una imagen infantil de Dios


Hay muchos ensayos que profundizan en este tema, en nuestra bibliografía encontrarán un buen número de títulos muy interesantes en este sentido. Les recomendamos, por ejemplo, "Mitología materialista de la Ciencia", escrito por el filósofo de la física F. J. Soler Gil y "60 preguntas sobre Ciencia y Fe", escrito por 26 autores, y coordinado asimismo por Soler Gil junto a Manuel Alfonseca.


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