Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

Este blog no se adhiere a ningún credo.

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El contenido de este sitio puede ocasionarle conflictos irremediables con sus dogmas... cientifistas ;-)

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Los ateos y el problema del mal (I)

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Los historiadores ni siquiera están seguros de que esta cita sea realmente de Epicuro, solo se le atribuye, pero supongo que la reconocen :-) es una de las favoritas de nuestros ateos. En este post y en el siguiente les ofrecemos un par de réplicas.

Aunque el argumento que compartimos es de Alvin Plantinga, el modo magistral de exponerlo se lo debemos, una vez más, a Manuel Alfonseca. Supongo que se me nota lo mucho que le envidio, entre otras cosas, esa habilidad suya para la concisión, algo de lo que una servidora carece por completo :-) Nuestros sufridos lectores ya se habrán dado cuenta.

Les dejamos con el profesor:
 

"En el mundo existen males aborrecibles, reconocidos por todos. Pensemos en la solución final para el exterminio del pueblo judío y los experimentos de los médicos nazis con seres humanos. Estos males aborrecibles no lo son como consecuencia de opiniones personales, sino porque el hecho en sí es horrible. Pero, en un universo materialista, un mal aborrecible no podría existir: la hostilidad, el odio, incluso hacia las personas más allegadas, debe entenderse como el esfuerzo de los genes para asegurar su supervivencia (Dawkins dixit). No puede haber nada perverso ni antinatural en ello. Luego el materialismo lleva a la conclusión de que el mal no existe (el deber del hombre no está escrito en ninguna parte, ¿recuerdan?). En tal caso, no se puede utilizar el problema del mal para demostrar que Dios no existe. En cambio, si partimos de que Dios sí existe, esos hechos son horrorosos, profundamente perversos, porque son un desafío contra Dios (mismo), la fuente de todo lo bueno... Luego la existencia del mal se convierte en un indicio de la existencia de Dios".



  Pueden leer el artículo completo aquí. Si yo fuera usted, no me lo perdería.


***


"En el momento que dices que un conjunto de ideas morales puede ser mejor que otro, estás, de hecho, midiendo ambas por un estándar –diciendo que hay un conjunto que se acerca más a ese estándar que el otro-. Pero el estándar que se utiliza para medir dos cosas tiene que ser algo diferente a las cosas que mide. Se están comparando ambas, sin duda alguna, con una Moralidad Real, admitiendo que hay tal cosa como un ‘Correcto’ Real, independientemente de lo que la gente piense, y que algunas ideas se acerca a ese Real más que otras".
 
Medievalista, escritor, crítico literario, académico, apologista, ensayista británico
Profesor de Inglés en la Universidad de Oxford

(Aunque muchos le conocen solo por ser el autor de "Las Crónicas de Narnia" :-))


 ***


 "Pero entonces, ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocaban la ética y los valores fuera del alcance del Hombre. Los valores no le pertenecían: se imponían y era él quién les pertenecía. Ahora sabe que son sólo cosa suya, y al ser por fin su dueño le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo. Entonces es cuando el hombre moderno se vuelve hacia -o mejor contra- la ciencia calibrando su terrible poder de destrucción, no sólo de los cuerpos, sino de la misma alma".  

Jacques Monod 
Bioquímico francés
Premio Nobel de Medicina en 1965
Autor de "El azar y la necesidad"
 

*** 


Repetimos nuestra advertencia habitual:

Tanto Plantinga como Alfonseca se definen como autores cristianos, aunque pertenecen a distintas nominaciones. El hecho de que citemos algunos párrafos firmados por un experto en particular NO significa que estemos de acuerdo con todo su ideario, ya sea filosófico, religioso o político. Estamos, únicamente, mostrando conformidad con lo dicho expresamente en esos párrafos que transcribimos.

 Aclarado lo cual, si el lector agnóstico o ateo decide no tomar en consideración este argumento esgrimiendo como única excusa que lo firma alguien que profesa alguna religión, estará incurriendo en una burda falacia ad hominem


***


Resumamos: si usted es ateo y consecuente con sus creencias, el concepto del "mal" para usted debería ser una invención subjetiva. El mal no existe. Si reconoce la existencia del mal objetivo (y, por tanto, de su opuesto, el bien), es que está reconociendo también la existencia de una Moral Ideal, superior, ajena al curso de la evolución de las especies y, por ello, externa al Hombre mismo. Un código ético tomado como referencia universal, establecido... ¿Por quién? Al aceptar la existencia del mal, usted está aceptando indirectamente la existencia de Dios. O reconoce que Dios existe, o reconoce que el concepto "mal" no es más que una simple quimera y, por tanto, irrelevante y de nula validez argumental en el debate que nos ocupa. No puede creer a la vez en la existencia del mal y la inexistencia de Dios. Llegamos así a la conclusión de que el conocido argumento ateo "si Dios existiera, no habría mal" es falaz.






Más citas con foto, aquí.

Bibliografía del sitio.


El miedo de los ateos o el fantasma de Epicuro (Leído al pasar VII)

frases ciencia y dios unamuno


"La verdad pura y dura es algo demasiado doloroso y demasiado duro de aceptar para la mayoría de los humanos. Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas. Por ello mismo, porque sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia, me parece que no debemos combatir las religiones, aunque sólo sea por razones humanitarias. Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían y no merece la pena discutir con ellas de religión; mejor dejarlas que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño. No obstante, el mundo intelectual no debe quedarse en una cuestión de sentimentalismos, debe elevar al hombre por encima del hombre, y para ello necesita un alma de guerrero capaz de sobrevivir en el desierto árido de la verdad sin disfraces. En tal arena luchan los más bravos con la pasión derivada de la fuerza del pensamiento, y en tal arena sufren y se sienten odiados los que quieren ver oasis por todos lados... No son ganas de fastidiar ni odio a los sedientos de animismos; sencillamente, que no hay agua donde aquellos dicen y pienso que la caravana del pensamiento no se debe distraer por rutas equivocadas..."

Martín López Corredoira
Doctor en Ciencias Físicas 
Universidad Complutense de Madrid
Extracto del libro "¿Dios o la materia?" del que es coautor junto al filósofo de la Ciencia Francisco J. Soler Gil.
(Pág. 283) 


 ***


¿"Héroes"? ¿"Guerreros"? ¿"La lucha de los más bravos"? "El desierto árido de la... ¿verdad disfrazada?"... Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos a nuestros lectores católicos, les diré que la primera vez que leí este pasaje de Corredoira me asaltó cierto tufo rancio a homilía de postguerra. Me recordó, sin poder evitarlo, a aquellas exaltadas arengas de los obispos que instaban a los "cruzados" a luchar contra "las hordas del maligno". En este párrafo, Corredoria no está haciendo divulgación, está predicando, llamando a la guerra santa y arrogándose el papel de "héroe" como los oscuros predicadores de otros tiempos. No deja de tener su gracia :-) Como siempre decimos aquí, los extremos, no solo se tocan, a veces hasta se marcan un chotis. 
Pero entremos en materia:


***


He incluido este post en la sección "Leído al pasar" porque, cuando releía este excelente libro, "¿Dios o la materia?" (que ya ocupa un lugar preferente en mi biblioteca y cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos nuestros lectores), buscaba un pasaje para ilustrar otro asunto diferente que compartiremos pronto en una nueva entrada. Pero, en estas estaba, cuando me topé de nuevo con este párrafo, que ya la primera vez me dejó a cuadros escoceses. Y no porque esa afectada actitud de "misericordiosa comprensión" hacia los creyentes me resultara de algún modo insólita. No, una servidora está más que habituada a esa "gouldiana" condescendencia del ateo cuando pretende calzarse el adjetivo "tolerante" que tan grande le queda a veces. Condescendencia que no es más que petulancia mal barnizada, dicho sea de paso. Mi sorpresa venía porque el doctor Corredoira, que, en estas últimas páginas del libro asegura sentir esa cordial empatía hacia el teísta, se había pasado tres partes del mismo libro llamando a su antagonista en el debate, el doctor Soler Gil, "chamán", "brujo", "cobarde", "débil", "mentiroso", "mercenario" y otras lindezas, claramente exasperado por no encontrar mejores "argumentos" con los que contraatacar sus propuestas filosóficas. Lo explicábamos con más detalle en este post. Como les decía allí, no tienen por qué creerme sin más, por favor, lean el libro y comprueben lo que les digo. Y ahora, cuando Soler, más paciente de lo que a mí me gustaría, le reprochaba, en justicia, que sus réplicas "rezuman odio" (pág. 240, segundo párrafo), nuestro doctor Corredoira pretende hacernos creer que nos "comprende", respeta y tolera, y que, según asegura en la página 278: "... he dicho lo que pensaba sobre el asunto, pero ello no implica que dispare sin ton ni son, con un afán de destruir por destruir, ni que sea animado por odios". Pues menos mal, porque si llega a estar "animado por odios", igual le sacude con el teclado.

Es siempre la misma historia, cuando reprochas a un nuevo ateo su evidente agresividad verbal, te sale con el consabido: "no estoy insultándote, es comprensible que sientas como una afrenta las 'verdades' que contradicen tu edulcorada forma de ver el mundo"

Sí, claro, ahora va a resultar que un higo chumbo es un transbordador espacial. Vamos a ver: a una servidora, un cariñoso ateo la llamó "¡perra!" (así, entre signos de exclamación), cuando le hice ver con toda la cortesía de la que fui capaz que el cientifismo es un colador con coladeros, si me permiten el juego de palabras. Otro caballeroso ateo me llamó "zorra ignorante" por indicarle que Richard Dawkins maquilla los datos científicos que salpican sus panfletos, y que sabe tanto de teología como yo de pesca ballenera, a pesar de que, como es lógico, cuando uno decide denunciar algo en serio, como pretende hacer Dawkins con la teología, debería, al menos, recabar toda la información posible sobre lo que está denunciando. Pero Dawkins es un analfabeto en cuestiones teológicas y hay mil pruebas de ello (Terry Eagleton). Hace muy poco, otro jovencito autoproclamado "escéptico" (lo que Michael Brooks llama un "converso", es decir, un "escéptico" que está dispuesto a creer que la luna está hecha de ensaladilla rusa si tal aserto viene firmado por su líder espiritual ateo favorito) este joven, digo, me tildó de "animal" por demostrarle con datos comprobables que Lawrence M. Krauss confesó a la revista "The Atlantic" y otros prestigiosos medios que había hecho trampa al igualar "nada" y "vacío cuántico" en su libro "Un universo de la nada", y que lo había hecho, dijo Krauss, con la honesta intención de acaparar la atención de los lectores y para que "se interesen por la divulgación científica" (por puro márketing, vaya; tienen la entrevista a "The Atlantic" aquí. Prometemos dedicarle un post a Krauss muy pronto).

"Perra", "zorra", "animal"... Llámenme susceptible, pero a mí todo esto, viniendo de desconocidos que me acabo de cruzar en la red y a quienes, como tales, me he dirigido previamente con el debido respeto, me parecen insultos. Y estos son solo algunos de los muchos que he recibido y la razón por la que "Dios y la Ciencia" no tiene los comentarios abiertos. Los insultos no son la excepción, sino la norma. No puedo hablar por otros creyentes, pero, personalmente, no me indigna tanto que me crean idiota por ser teísta (al fin y al cabo, ya conocen el dicho: todo el mundo tiene su opinión y piensa que la de los demás apesta), como que me crean idiota por no saber diferenciar una bofetada de un apretón de manos. ¿Qué clase de bobo es incapaz de diferenciar dos gestos tan contrarios? 

Pues, por lo visto, un bobo ateo.


***


Sigamos ahora con el doctor Corredoira:


"Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas..."

"Sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia..."

"Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían..."


Hemos inaugurado una nueva sección a la que hemos titulado "Programas TV", aprovechando que en la anterior entrada de nuestro blog hablábamos de "House" y que en esta vamos a tratar sobre otro popular programa. Sospechamos que el filón no se va a agotar aquí :-)

Hoy vamos a hablar de "Cuarto Milenio"... Sí, vale, acepto risas, seguramente me las merezco :-). Sobre Íker Jiménez no tengo mucho que decir, aparte de que no me cae mal (cada cual se gana las habichuelas como sabe y puede), y que me parece muy meritoria esa habilidad suya para extraer zumo de limón de una piedra pómez, dicho sea con respeto hacia él y a los seguidores de su invento. En fin, que no suelo ver este tipo de espacios de contenido "esotérico", a no ser que alguien me informe de que van a tocar un tema de mi interés como es, en este caso, el debate ciencia-fe. En esta ocasión, el tema del debate era el origen de la vida.

Bien, pues, como supongo (igual es mucho suponer) que el lector tampoco es muy habitual de estos espacios, le ayudo a ponerse en situación: imagínese la mesa de debate en medio de un escenario decorado como la salita del té del castillo de Nosferatu. ¿Extravagante? Pues sí, pero el destino a veces es caprichoso y elige el escenario más peregrino para montar su escena más lograda. Sigan leyendo y entenderán.

En el centro de la mesa, nuestro inefable Íker, haciendo de moderador (inoportuno como él solo, pues tiene la pérfida costumbre de interrumpir a los debatientes en lo mejor, para añadir algo que ha repetido mil veces). A su diestra, los representantes de la, llamémosle, cosmogonía platónica :-), los comprometidos con la idea de que la realidad que percibimos no es más que una fachada que esconde otra realidad más amplia y que consideran un ejercicio de suprema arrogancia suponer que el mundo acaba donde acaba nuestra percepción. Este grupo está liderado por un venerable anciano llamado Enrique de Vicente, que parece haber llevado su fe en esa realidad más amplia a unos extremos harto exóticos :-) que no compartimos, pero respetamos. A la siniestra del moderador, la cosmogonía aristotélica, que, como saben, tampoco compartimos: materialistas furibundos que solo creen lo que ven, lo que huelen y lo que tocan, como Dios manda, y que piensan que los que no son creyentes a su uso, son perfectos idiotas. El líder de este grupo parece ser el insigne (sin ironía) periodista científico del diario ABC, José Manuel Nieves. En él vamos a fijar nuestra atención.

El debate discurre por los cauces habituales, los asistentes se lanzan pequeñas, pero cordiales puyas, en un fuego cruzado bastante light, dado lo que cabría esperar de un enfrentamiento de este calibre (suponemos que los directivos del programa establecen sus normas y hay que cumplirlas sí o sí). En un momento dado, Íker, por una vez oportuno, lanza una pregunta incómoda a J. M. Nieves: "¿La Ciencia está segura de que todo surgió por azar?". No está mal, un dardo directo al estómago, sin fintas ni arabescos, tanto que parece pillar al otro con la guardia en las rodillas: "Hombre... No, segura, segura, no está".

(¡Ah, cáspita! 😏)

Íker contraataca: "Y, si no está segura, ¿por qué la gente piensa que sí lo está y que todo es azar?"
J. M. Nieves: "Hombre, porque vivimos en una época materialista..."


Supongo que no tengo que hacerles ver dónde está la complicación de esta irreflexiva salida por la tangente... Y el alto precio que nuestro escéptico debe pagar por ella. El bucle traicionero en cuya red ha caído inadvertidamente vendría a quedar así:


"La gente piensa que todo es azar porque vivimos en un mundo materialista... Pero es que el mundo es materialista porque gran parte de la Ciencia y su caricatura, el cientifismo, promulga que el materialismo es el único modo de entender el mundo".


¿Por qué está lloviendo?
Porque está cayendo agua del cielo.
¿Y por qué está cayendo agua del cielo?
Porque está lloviendo. 


Vale, pobre hombre, una mala tarde la tiene cualquiera. Pero sigamos adelante con el debate; en un momento dado, el venerable anciano de los platónicos pregunta al ateo J. M. Nieves: "Si no sabemos si venimos o no del azar, ¿por qué tú prefieres venir del azar en lugar de hacerlo de una Inteligencia?

Y, justo ahora, cuando ya el espectador comenzaba a bostezar de puro aburrimiento, cuando los que conocemos bien el percal esperábamos, bostezando también, una larga, trillada y pomposa disertación reduccionista sabida de memoria, justo entonces, va nuestro ateo y nos sorprende del modo más insospechado; proclamando la que es, en mi humilde opinión, la declaración de principios más concisa, audaz y honesta lanzada por un cientifista en una tribuna pública:


"¡Anda! Porque, si venimos de una Inteligencia, ¿quién nos dice que en cualquier momento no puede arramplar con todo?"


 Señorías, no hay más preguntas.
:-)

Reconozco que, al oír esto, la modorra desapareció de golpe ("¡¿En serio?! ¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?"). Se me quedó la misma cara que al teniente Kaffe (Tom Cruise) cuando consiguió, por fin, que el coronel Nathan Jessep (Jack Nicholson) confesara haber ordenado el Código Rojo en "Algunos hombres buenos"... 😄  Es una lástima que este espacio no sea más popular entre los teístas porque se perdieron un momento irrepetible. Literalmente irrepetible, porque los ateos no reconocen jamás su miedo. Más que en las rodillas, el señor Nieves tenía la guardia en los talones, pero agradecemos su sinceridad aunque no fuera intencionada. 

Ahí lo tienen, amigos, toda esa exhortación de Corredoria a los "valientes", a los "guerreros más bravos que luchan en las arenas del escepticismo y que sufren y se sienten odiados por los que ven espejismos..." 😄, toda esa retahíla admonitoria contra los "sedientos animistas", toda esa sarta de grotescas metáforas bélicas, no esconden otra cosa que la más humana y la más animal de las pasiones: EL MIEDO.

Que el ateísmo no es un derivado natural de la Ciencia, como pretenden sus seguidores, lo demuestra que es más antiguo que la Ciencia misma. El padre no puede proceder del hijo. Fue el sector materialista de la ciencia -todavía muy numeroso- el que se subió al carro del ateísmo, que pasaba por su lado y venía de muy lejos, y no al revés. El temor a que exista un Ente, indescriptible e inalcanzable por nuestros propios medios; un Ser que, en principio, es imprevisible, que puede observarnos en todo momento, que -según algunas tradiciones- podría juzgarnos, del que no podemos escondernos y que podría, si quisiera, "arramplar con todo" (¡qué catastrofista, señor Nieves! :-)) es un desasosiego tan viejo, tan íntimo y tan nuestro como el terror a la muerte y a lo desconocido. De ahí ese interés del materialista por agazaparse a toda costa en los últimos reductos del determinismo: que las leyes de la física sean "fijas" y causen fenómenos a su vez fijos y predecibles, produce un sentimiento de plácida seguridad con la que tratan de lacrar la antigua sensación de desamparo que nació con el género homo. De hecho, el temor del ateo es solo una versión sofisticada del miedo a lo desconocido, una sensación igualmente molesta y hasta incapacitante, si no se le pone remedio. Por fortuna, el ateo sabe bien cómo remediarlo. Que lo hagan, si así se sienten mejor, pero que no sigan tratando de convencernos de que sucumbir al miedo al Dios desconocido, al fantasma de Epicuro, es una opción más "valiente" que la del teísta.


  ***



Para terminar y aludiendo a esta frase del "heroico" doctor Corredoira :-):

"... Mejor dejarles que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño".

(Qué amable ;-)) 
 

 
Pues no, mire usted, según los últimos estudios de la neurociencia, la felicidad que produce la fe no es "poca", los expertos la equiparan a la satisfacción que produce el sexo, la buena comida al sibarita y las drogas a quienes gustan de ellas... Eso sí, con la considerable ventaja de que, en este caso, el "chute" sale gratis, es fácilmente accesible para todo el mundo sin distinción de clases, y no entorpece las funciones del hígado. Y que sea un engaño, está todavía por ver. 

Bueno, bonito, barato.
Un chollo. Viva Pascal.
:-)



Disculpen las mayúsculas. En esta ocasión evitaremos alargar más el post añadiendo una lista de enlaces a otras entradas relacionadas. Perdón por la extensión y gracias por estar ahí.


Enlace externo:

Is Lawrence Krauss a Physicist or just a bad Philosopher? (¿Es Lawrence Krauss un físico o solo un mal filósofo?)

Más citas con foto, aquí.

Bibliografía.

House y la apuesta de Pascal

frases house dios

¡Ops!
😉

¿Qué tal? El pasado fin de semana a los directivos del canal Nova se les ocurrió emitir un maratón de la serie "House". Horas y horas de "humor transgresor", mala leche a granel, buena música, mejores interpretaciones, esquemas repetitivos e inexactitudes científicas por un tubo; pero, al fin y al cabo, algo que cualquiera que esté mínimamente interesado en las derivaciones sociológicas del cientifismo no puede menos que agradecer. Yo aplaudí la decisión de Nova, disfruté como una enana y me cabreé a partes iguales :-) algo que con House es inevitable. Por cierto, el pasaje que nos sirve de cabecera para nuestra entrada de hoy aparece en el último episodio de la serie, titulado "Todo el mundo muere"

House es uno de esos célebres "asperger" televisivos que tan de moda se han puesto en los últimos años (el otro es Sheldon Cooper, el físico chalado y entrañable de "The Big Bang Theory"). Muchos espectadores... es decir, muchos de aquellos que, como una servidora, NO creen que un poco más de descortesía -que no es más que violencia soterrada sin fuerza ni audacia para convertirse en no verbal- NO es precisamente lo que necesita este mundo; se siguen preguntando por qué esta serie "engancha". Porque, seamos sinceros, House engancha más que una zarza. La razón, sin embargo, es obvia: a los amantes del llamado "humor transgresor" no les importa soportar en cada episodio el mismo esquema básico, tan simple y tan repetido, pues suplen el tedio con la excitación que les provoca la siempre inminente nueva bordería del médico, que va a un ritmo de diez por minuto. En cambio, a los que reconocemos en el "humor transgresor" el rostro cadavérico de la maldad monda y lironda de toda la vida (ataviada, eso sí, con un colorido gorro de polichinela para que no suene en los controles de seguridad de los aeropuertos), a nosotros, digo, House nos engancha porque, ingenuamente, siempre esperamos en la siguiente escena algún amago de evolución en el personaje. Una inflexión, algún destello mínimo que nos haga albergar esperanzas de que, detrás de sus fríos ojos minerales, hay algo más que vanidad, amargura y desprecio. Algún síntoma, en fin, de eso que llamamos "humanidad". Esperamos, episodio tras episodio, que algo o alguien obligue a House a dar un paso adelante o, en su defecto, que le rompa los piños.

Pero esto nunca ocurre, y perdón por el spoiler. La estrategia consiste en hacer creer al espectador que está a punto de ocurrir, pero nunca sucede. Supongo que los guionistas y demás responsables del producto, optaron por no matar la gallina de los huevos de oro. Es comprensible; si House se hizo célebre por decir siempre lo que piensa y decirlo lo más groseramente posible, ¿por qué arriesgarse a cambiar la fórmula?

Sé que me estoy extendiendo demasiado, pero no me resisto a dejar el tema sin antes hacer una reflexión sobre el "humor transgresor" y su antítesis y fertilizante: la asfixiante "corrección política". Yo también me encuentro entre aquellos que ya están hasta el moño de que hoy día, prácticamente no se pueda hablar de casi nada sin meter la pata a cada sílaba. De hecho, en España, aparte de House, Peter Griffin y Homer Simpson, que no son españoles, los únicos que aún tienen bula para hacer bromas sobre gais, musulmanes, mujeres y negros son Antonio RecioPaco Ibáñez :-). Privilegiados, en todo caso, porque los demás nos vemos sometidos a una auténtica vigilancia inquisitorial cada vez que nos sentamos al teclado... Da igual el cuidado que pongas, siempre metes la pata. Botón de muestra: hace algún tiempo, leí que era políticamente incorrecto preguntar a una embarazada si espera niño o niña, porque esto, explicaban, no se sabrá "hasta que el niño o la niña tenga edad suficiente para decidir por él/ella mismo/a qué desea ser"... Recuerdo que en ese momento un escalofrío se dio un garbeo por mi espina dorsal. No se me da bien eso de profetizar, pero en ese instante pensé: "el día que aparezca un líder tarumba que se pase por el forro tanta profilaxis lingüística, la gente, cansada de tanta chorrada, le votará en masa". Pocos meses después, Donald Trump anunció su candidatura para la presidencia de los Estados Unidos. Igual monto una consulta de Tarot.

Que la virtud está en el medio es un axioma sencillo que, no obstante, a los seres humanos nos cuesta la misma vida asimilar. O eres gazmoño hasta vomitar almíbar o eres cruel hasta lo gore, no hay grises intermedios. ¿Quizás sea, en parte, porque "humor transgresor" no significa lo mismo para unos que para otros? Evidentemente cada cual tiene sus propias líneas rojas, sobre todo aquellos que presumen de no tenerlas, que son quienes más tienen. Hagan una prueba, si se atreven (y esperemos que no haya heridos :-)). Todos conocemos a uno de estos jovencitos (y no tan jovencitos) con aire "subversivo" que pretenden cambiar la realidad a golpe de consignas, neumáticos en llamas y pulseritas de cuero. Últimamente se multiplican como las setas: antisistemas, anticapitalistas, antiimperialistas, antimilitaristas, antidesodorantes, antipeluqueros (impedir que el pelo crezca dónde y cuánto quiera, por lo visto, es coartar su libertad... la del pelo), anti todo. Y, por supuesto, todos muy, muy fans de House :-) Muchos de ellos militan devotamente en las filas del Nuevo Ateísmo, por ser esta corriente de pensamiento, el ateísmo, una doctrina tradicionalmente relacionada con la rebelión hacia la autoridad. Algo de razón tienen en ello, aunque los ciudadanos de Corea del Norte podrían discrepar, pues allí rebelarse contra la autoridad es, justamente, declararse creyente. Todo es relativo.

Pero volvamos a nuestro experimento: con la mayor indiferencia que sean capaces de reunir, cuenten a uno de estos subversivos de las pulseritas un chiste corto, típico exponente del humor más negro y, por ello, "transgresor". Por ejemplo (y pido perdón de antemano):


"¿Cuál es el campo de fútbol favorito de Irene Villa? El Mestalla"


Estarán conmigo en que, para ser una "gracia", tiene muy poca. Pero observen la reacción del "subversivo" fan de House. Si está lo suficientemente bien adoctrinado (y, por lo general, lo están), él sí que estallará... en carcajadas.

Ahora, siguiendo con nuestro experimento, cuéntenle otro chiste corto a nuestro amigo, un chiste de idéntico mal tono que el primero:


"Aprovechando que las cunetas en España están tan bien abonadas, podríamos plantar cebollas y sacar unas perrillas"


Vuelvan a observar a nuestro subversivo amigo: el segundo chiste es tan cruel, irreverente y maléfico como el primero. Los dos frivolizan a costa de terribles tragedias acaecidas en nuestro pasado reciente. Los dos son insufriblemente injustos. Pero apuesto la placa madre de mi ordenador a que nuestro melenudo "antitodo" solo reaccionará con risas al escuchar el primero. El segundo le ofenderá profundamente y ya puede usted considerarse afortunado si no le sacude un guantazo :-). ¿Qué pasó con la "transgresión", con la subversión y el placer de frivolizar con lo más sagrado? ¿Qué pasó con el despiporre y el desmelene lingüístico? ¿No habíamos quedado en que era divertido hacer bromas con los temas serios? ¿Por qué unas tragedias históricas son intocables y otras no? Si tú crees tener derecho a tocar -y pisotear- la fibra sensible de tu vecino, ¿por qué tu vecino no tiene derecho a hacer lo propio con la tuya, esa que dices que no tienes? De verdad, qué poco sentido del humor se gastan algunos... 

¿A qué conclusión debemos llegar entonces?
¿Será que "todo el mundo miente"? :-) 
Será, y House y sus guionistas, por supuesto, también. No se dejen engañar.


***


Confío en que tanto Google como el paciente lector sepan reconocer la intención, digamos, "pedagógica", de este post y el segundo no se sienta ofendido y el primero no me penalice por pasarme de rosca, les aseguro que no es mi intención herir a nadie. Pido disculpas si ha sido así. Perdón también por las mayúsculas.

Y ahora, Pascal.



***


Para quienes no hayan oído hablar del tema, la apuesta de Pascal, en resumidas cuentas, viene a decir esto:



"Vamos a sopesar la ganancia y la pérdida al elegir la cara o la cruz acerca del hecho de que Dios existe. Tomemos en consideración estos dos casos: si gana, lo gana todo; si pierde, no pierde nada". 


¿Que es facilona? Puede ser, a veces, un planteamiento en apariencia sencillo concentra un gran significado; el cuadro "Naranja, rojo y amarillo" de Mark Rothko es simple como las instrucciones de un sonajero, y está valorado en más de ochenta millones de dólares. Caray con lo facilón... Pero es que, además, si no crees en "castigos postmorten", si eres un teísta librepensador sin adhesión a religión organizada alguna, la apuesta pascalina es aún más simple... y mucho más potente. Quedaría tal que así:

"Sin duda alguna, el universo, nuestro planeta, la existencia toda, poseen una belleza intrínseca, disfrutable sin más añadidos. Pero, si a la belleza observable del universo, la Tierra y la existencia, añades un propósito trascendente, esa belleza se multiplica por un millón. La Piedra Rosetta ya era hermosa cuando fue encontrada, pero descubrir el significado de las inscripciones que la adornan aportó a la pieza un extra inconmensurable que la volvieron mucho más valiosa, más completa... y más hermosa. Por supuesto, uno puede buscarle a su propia vida el 'sentido' personal que desee (trabajo, familia, hijos, viajes, aficiones, salidas nocturnas, sexo, etc.), todo eso también puede hacerlo el teísta no religioso, ¿quién se lo impide? Pero resulta que todo ese "sentido personal" que le des a tu vida, a poco que lo pienses, no dejará de suponer más que una maniobra de distracción, un parche existencial, un postizo colgante para colocar delante de los ojos con la única intención de autohipnotizarnos para que dejemos de pensar en la futilidad y el absurdo de nuestro ser y de la existencia misma. No se trata del miedo a la muerte que, al fin y al cabo, es tan natural como la vida, y no hay por qué temerla. No, se trata de que, el hecho de que el universo tenga una finalidad transcendente, NO resta nada a nada ni a nadie y, en cambio, suma mucho a todo y a todos. Pero el ateo materialista, por una razón casi siempre más histórica y psicológica que científica, prefiere que esa trascendencia no exista. Aunque esta opción le resta más que le gana.


Esta idea de Pascal se comprende en toda su extensión cuando se relaciona, por ejemplo, con la paternidad: 

-Un padre o una madre ateos tienen entre sus manos a un "bebé inútil, un aborto de mono cabezón, para tirarlo a la basura". ¿Brutal? ¡No!, consecuente. Esa es, según el biólogo Ricardo Moure, la definición biológica, pura y dura, de un humano recién nacido: una criatura simiesca, deforme, que, al contrario que otras especies, se ve obligado a nacer antes de ser mínimamente autónomo. Un 'aborto de mono', esta es la definición de un bebé que tiene el cientifismo para nosotros. Adorne usted, señor ateo, esta 'verdad' desnuda con todas las eventuales ternuritas que desee para enmascararla, autoengañarse y que el trago se le haga menos amargo (si hace esto último, por cierto -y yo sé que lo hace-, no entiendo, según su modo de interpretar las razones de mi cosmovisión, en qué se diferencia lo que usted llama mi "autoengaño" del suyo :-)), pero, si es consecuente con su ateísmo, tarde o temprano volverá a ver a su hijo como un aborto azaroso de la nada. Nada en sí mismo. Un simio afrofiado y macrocéfalo. Estiércol en ciernes.

-Un padre o una madre creyentes tiene entre sus manos a "un mensajero de Dios" (R. Tagore), alguien engendrado para la eternidad, que viene a "vivir una experiencia material" (T. de Chardin), que llega con la misteriosa misión de aportar su esfuerzo a un proyecto infinito del que todos formamos parte. Un ser que ha sido dejado a nuestro cuidado por el Creador, mientras le llega el momento de unirse al baile.

Pretender que ambos, ateos y creyentes, experimentan el mismo tipo de gozo ante el nacimiento de un hijo, es pretender que las castañas son crustáceos. Hace algún tiempo leí en un blog de la red escéptica cómo un joven ateo, padre primerizo, confesaba a sus amigos correligionarios (sin saber, claro, que había una silenciosa teísta espiando :-)) que, cuando miraba a su hijo, muchas veces no conseguía evitar preguntarse "¿Para qué?". Esa pregunta jamás se la hará un padre creyente. 


Si hay propósito, el dolor es menos dolor y la más mínima alegría se vuelve apoteósica. El propósito es una pátina radiante que lo revaloriza todo, desde el más humilde grano de polen hasta la galaxia más lejana.

¿Que la opción del "propósito" es demasiado bonita? :-) Pues sí, ¿y? ¿Dónde está escrito que algo no puede ser bello y verdad al mismo tiempo?¿Que es sospechoso que la verdad sea justo eso que deseamos que sea? Para el creyente no hay ningún misterio en esto, pues, como escribieron tantos ilustres, desde Platón y Agustín de Hipona hasta nuestro descreidísimo Nobel, Juan Ramón Jiménez, el mismo Dios imprimió en nuestros corazones el deseo de buscarle ("Dios deseado y deseante..."). El hombre necesita a Dios porque Él le 'programó' para que así fuera. El ateo, simplemente, sofoca esa inclinación natural, o se la han sofocado su educación y la presión del entorno social y familiar.

Llegado el momento de la muerte, pueden pasar dos cosas: que Dios exista y haya algún tipo de supervivencia ultraterrena o que no haya nada. Si Dios no existe y no hay nada, ¿qué pierde el creyente?¿Se va a llevar, acaso, alguna decepción? No¿Cuál es el problema entonces?¿Que habrá vivido engañado? Puede, pero lo peor del engaño, no es el engaño en sí, sino descubrirse engañado; si esto no ocurre, no hay daño alguno. Que le quiten "lo bailao" al creyente después de muerto :-). Vayamos con el ateo: Si Dios SÍ existe, ¿qué pierde el ateo al morir? Pues eso: "lo bailao", y no lo pierde, se lo quita él solito, y no después de muerto, sino mientras vive. Habrá pasado su vida entera fabricando sus propios autogengaños de andar por casa para olvidar que el mundo, su existencia, sus hijos, sus tragedias, sus éxitos, sus fracasos, el universo, todo, es absurdo, vacío, sin sentido ni esperanza, y que 'el mayor bien es pequeño' porque todo acabará, más pronto de lo que imagina, en ceniza, estiércol y nada". ¿Otorgan algún premio al masoquismo?

Se lo resumiré de otra forma, amigo ateo: uno de los dos, usted o yo, está equivocado. Si lo estoy yo, ninguno de los dos lo sabremos jamás (ni usted podrá proclamar triunfalmente su victoria ni yo lamentar mi desengaño), pero yo habré vivido con más esperanza. 

Si el equivocado es usted, algún día lo sabremos los dos. He aquí la apuesta de Pascal.


Y, mientras la apuesta llega a su desenlace, yo seguiré experimentando la existencia como una gloriosa aventura sin final. El universo como un excelso canto a la esperanza, el centro de operaciones del Creador, sea cual sea su Nombre. Y aquí la llamada falacia de argumento especial no tiene cabida alguna, porque la misma neurociencia nos muestra ya que la exultación del teísta (cuando lo es sinceramente, nadie está hablando aquí de los hipócritas) es tan real como ese universo que nos abruma y desafía. Una alegría que es bálsamo inagotable, serena y siempre expectante... Inocua y gratis :-)

No hay dicha más sublime, se lo aseguro.
"Quien lo probó lo sabe".


***

"Podemos perdonar fácilmente que un niño tenga miedo a la oscuridad. La verdadera tragedia de la vida es que un adulto tenga miedo a la luz"

Platón
Filósofo griego
Siglos V-IV a. C.





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