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Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, que incluye todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)

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"El cerebrocentrismo está en horas bajas". De la neuromanía al neuroescepticismo. Alfredo Marcos

cerebro

"El PGH (Proyecto Genoma Humano) dejó un sabor agridulce. La secuenciación del genoma humano fue un éxito, pero no cubrió ni de lejos las desmedidas expectativas con las que se impulsó el programa, ni en el terreno médico ni en el filosófico. Algunos pensaron que pondría en nuestras manos la panacea médica y el secreto de la naturaleza humana, pero no fue así. Lo que sí nos mostró el PGH —una enseñanza muy valiosa, por cierto— es que no todo está en los genes (si la esencia última del ser humano pudiera describirse sólo a partir de lo que nos dictan nuestros 'genes', el tomate nos llevaría una considerable ventaja :-)). De este toque de humildad resultó una pléyade de ciencias -ómicas y, también, el impulso necesario para estudiar el cerebro humano. Pero no repitamos errores. Por mucho que aprendamos sobre el cerebro, no esperemos que nos brinde la curación inmediata de todos nuestros males médicos y sociales, desde el Alzhéimer hasta la violencia, ni mucho menos las claves últimas de la existencia humana. De hecho, es esta maniobra de apuesta a expectativas infladas lo que constituye un verdadero riesgo de brain bluff (algo así como un 'farol' en argot de casino) para la neurociencia.

... El periodista científico Javier Salas informaba sobre las últimas evaluaciones de expertos acerca del HBP (Human Brain Project, Proyecto Cerebro Humano): «Cuando apenas ha empezado a andar, el Human Brain Project, que prometía simular mediante supercomputación toda la complejidad del cerebro humano, ha recibido un severo baño de realismo. Después de que cientos de neurocientíficos se alzaran en armas contra el diseño del megaproyecto —1000 millones en 10 años—, dos informes han señalado las carencias de una apuesta titánica que entusiasmó más a los políticos que a los científicos. El proyecto debe reformularse de arriba abajo». El artículo citaba la siguiente frase del informe de evaluación: «Los responsables del HBP y la Comisión Europea exageraron los objetivos y los posibles logros».

En fecha reciente... Stefan Thail escribía: «A los dos años de su inicio, este proyecto multimillonario de simulación del cerebro está haciendo agua».

Al parecer, las primeras evaluaciones serias de los grandes proyectos de investigación sobre el cerebro humano ya están arrojando conclusiones desalentadoras para quienes han puesto en ellos excesiva ilusión. La situación es hoy muy inestable y ha cambiado considerablemente entre 2013 y 2015. Tras la neuromanía, parece que ahora empieza a formarse una ola de neuroescepticismo, que quizá también acabe por resultar excesiva. Reconozcamos, pues, el valor limitado pero muy real de los nuevos datos. Al margen de la deslumbrante calidad estética de las neuroimágenes, la información que aportan sobre el funcionamiento del cerebro puede resultar de extraordinario valor, pero siempre que no se sobreinterprete ni se caiga en una suerte de neofrenología.

Los grandes proyectos científicos dependen de manera crítica de factores mediáticos, políticos y financieros. Parece que esto inclina a sus promotores a formular, o al menos a sugerir, promesas y expectativas desmedidas.

También en el otro lado del Atlántico está creciendo el neuroescepticismo. Resulta llamativa la atención que recibió en EE.UU un libro tan claramente neuroescéptico como Brainwashed: The seductive appeal of mindless neuroscience (2013), de la psiquiatra Sally Satel y el psicólogo Scott Lilienfeld. La reseña del New Yorker (19/06/2013), firmada por el investigador Gary Marcus, advertía que las neurociencias son y serán útiles siempre que cooperen con otras ciencias, como la psicología o la psiquiatría, dado que «los elementos básicos de la psicología, como las creencias, deseos, fines y pensamientos, seguirán probablemente para siempre desempeñando un papel clave para entender el comportamiento humano». Por su parte, el analista David Brooks afirmaba en The New York Times (17/06/2013) que la neurociencia no podrá sustituir, como a veces se ha sugerido, a las disciplinas humanísticas. Es más, resultará valiosa en la medida en que quiera colaborar con ellas. Brooks reconocía que las neurociencias conforman un campo «increíblemente importante y apasionante», pero que no podrán aportar la clave única para entender «todo pensamiento y comportamiento».

El intento de reducir todo lo humano al cerebro nos hace olvidar la complejidad del cuerpo en su conjunto, así como sus interacciones con el medio natural, social y cultural. Del mismo modo que para entender el funcionamiento de los genes hemos tenido que ir más allá de estos y llegar a la epigenética, probablemente debamos emprender estudios epicerebrales que, para comprender el funcionamiento del cerebro, acaben incluyendo al organismo y sus entornos. El genocentrismo conoce hoy horas bajas, y algo similar empieza a ocurrir con el cerebrocentrismo. El cerebro no percibe, ni piensa, ni decide, ni recuerda: todo eso lo hacen las personas. Por más que, evidentemente, estas lo logren gracias, entre otras cosas, a su cerebro.

Nuestra intrincada trama de neuronas condiciona nuestro pensamiento y comportamiento, al mismo tiempo que los posibilita, pero no los determina por completo. Ni siquiera la física acepta hoy el determinismo que fue moda en tiempos de Laplace. Así pues, dado que las personas somos mucho más que un cerebro y un conjunto de neuronas, ni nuestro pensamiento ni nuestro comportamiento podrán ser descifrados únicamente a partir de las neurociencias. Pero, dado que nuestra base fisiológica es condición necesaria de ambos, tampoco podremos prescindir de las neurociencias si queremos entenderlos a fondo.

Reducir todo lo humano al cerebro implica olvidar, por lo pronto, el resto del organismo, así como a la persona en su conjunto, entendida como un todo integrado. En consecuencia, parece recomendable una interpretación y un cultivo de las neurociencias en modo co-; es decir, en comunicación y colaboración respetuosa con otras muchas disciplinas, en lugar de una neurociencia en modo su-, cuya aspiración sería la de sustituir y suceder a las disciplinas humanísticas".

Alfredo Marcos
Filósofo y escritor
Catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Valladolid
Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona
Autor de "Filosofía de la Ciencia. Nuevas dimensiones", 20o8.



Resumiendo: que si un ser humano fuera "solo" su cerebro, o sus genes, o el conjunto de sus células; un ejemplar del Quijote también sería "solo" papel cosido y entintado.

Y un tomate sería campeón olímpico 
;-)



Ver también:

El "robot" de Daniel Dennett
Neurociencia, el optimismo del néofito
La depresión, un escollo para el cientifismo
El problema de la consciencia
No somos "solo" física y química
The reductionism delusion


Todas las entradas relacionadas con la neurociencia, incluida está, aquí.

Todas las entradas, incluida ésta, que aluden a los obstáculos a los que debe enfrentarse actualmente el reduccionismo, aquí. 

Más información sobre este y otros muchos temas de interés, en nuestra Bibliografía.


John Gray, otro filósofo ateo contra el Nuevo Ateísmo (una reflexión de bigotes :-))

el gran dictador charlie chaplin

"Estos escritores (Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Daniel Dennett, Martin Amis, Michel Onfray y Philip Pullman) pertenecen a una generación educada para pensar en la religión como un atavismo propio de un estadio anterior del desarrollo humano, algo destinado a desaparecer conforme avance el conocimiento. En el siglo XIX, cuando las revoluciones científica e industrial modificaban la sociedad a paso veloz, este podría haber sido un razonamiento sensato. Dawkins, Hitchens y todos los demás quizá crean aún que, a la larga, el avance de la ciencia arrojará a la religión a los márgenes de la vida humana, pero ahora mismo esto constituye un artículo de fe, antes que una teoría basada en la evidencia.

Gran parte de Europa es sin duda poscristiana. Sin embargo, nada sugiere que el distanciamiento de la religión sea irreversible, o que sea potencialmente universal...  La era secular fue, en todo caso, un tanto ilusoria. Los movimientos políticos de masas del siglo XX constituyeron vehículos para los mitos heredados de la religión, y no es accidental que esta reviva ahora que dichos movimientos se han desmoronado. La actual hostilidad hacia la religión es una respuesta ante este desenlace. La secularización está en retirada, y el resultado es la aparición de un ateísmo de tipo evangélico que no se había visto desde tiempos victorianos.

Como en el pasado, este es un tipo de ateísmo que emula la misma fe que rechaza... El ateísmo fervoroso reaviva algunos de los peores rasgos del cristianismo y del islam. Al igual que estas dos religiones, (el nuevo ateísmo) consiste en un proyecto de conversión universal. Los ateos evangélicos nunca ponen en duda que la vida humana podría transformarse si todos aceptaran su concepción de las cosas, y están seguros de que cierta forma de vida –la suya, adecuadamente embellecida– es la correcta para todos. A decir verdad, el ateísmo no tiene por qué ser un credo misionero de este tipo. Resulta totalmente lógico no tener creencias religiosas y aun así mostrarse afable ante la religión. Es curioso este humanismo que condena un impulso particularmente humano. Y, sin embargo, eso es lo que los ateos evangélicos hacen cuando satanizan la religión.

La idea de que la religión es una versión primitiva de la ciencia se popularizó a finales del siglo XIX con "La rama dorada / Magia y religión", el estudio de J.G. Frazer sobre los mitos de los pueblos primitivos. Para Frazer, la religión y el pensamiento mágico estaban estrechamente vinculados. Enraizados en el miedo y la ignorancia, ambos eran vestigios de la infancia humana que desaparecerían con el avance del conocimiento. El ateísmo de Dennett no es mucho más que una versión modernizada del positivismo de Frazer. Los positivistas creían que, con el desarrollo de los transportes y las comunicaciones, el pensamiento irracional acabaría por fenecer, junto con las religiones del pasado. Dennett cree casi lo mismo, sin que obste la historia del siglo pasado. En una entrevista que aparece en el sitio de internet de la Fundación Edge (edge.org) bajo el título “La evaporación de la poderosa mística de la religión”, Dennett predice que “en unos 25 años casi todas las religiones habrán evolucionado y se habrán convertido en fenómenos muy diferentes, tanto así que en casi todas partes la religión ya no se impondrá como lo hace hoy” (exactamente lo mismo se pensaba a principios del siglo XX, ver al final del post la cita de A. F. Rañada). Dennett confía en que esto acontecerá, según nos dice, básicamente debido a “la diseminación mundial de la tecnología de la información (no sólo internet sino los teléfonos móviles y las televisiones y radios portátiles)”. El filósofo, evidentemente, no ha reflexionado sobre la ubicuidad de los teléfonos móviles entre los talibanes, o sobre el surgimiento de un Al Qaeda virtual en la red. 


 (Y, sin ponerse tan trágicos, también debemos añadir, aunque sea obvio, que estos avances tecnológicos que ayudarán a propagar las ideas ateas son también usados por los teístas para propagar las suyas... "Dios y la Ciencia" y sus, hasta el momento, 240.000 visitantes, es un humilde ejemplo de ello :-)).

Dawkins reconoce que, puesto que los humanos tienen una tendencia universal a la fe religiosa, esta debe haber tenido cierta ventaja evolutiva, pero hoy, dice, esa fe se perpetúa principalmente a través de una educación deficiente. Desde un punto de vista darwiniano, el papel crucial que Dawkins otorga a la educación resulta desconcertante. La biología humana no ha cambiado mucho en el transcurso de la historia conocida y, si la religión es inherente a la especie, resulta difícil imaginar de qué manera podría incidir sobre ello un tipo diferente de educación. Sin embargo, Dawkins parece estar convencido de que si no se inculcara en las escuelas y las familias, la religión moriría. Es esta una opinión que tiene más en común con cierto tipo de teología fundamentalista que con la teoría darwiniana, y no puedo sino recordar a aquel cristiano evangélico que me aseguró que los niños criados en un ambiente casto crecerían sin pulsiones sexuales ilícitas. 

 (Claro, si metes a un crío en una urna opaca y no le permites ver ni catar nunca una de esas chucherías que tanto gustan a los pequeños, seguramente crecerá sin el deseo de comer dulces... Pero es que, como el mismo Dawkins admite a regañadientes, la religión supone una "ventaja evolutiva", es decir, que esta "chuchería" que él no quiere que forme parte de su educación, no está fuera de la urna, sino dentro del niño. Para librarlo de la inclinación religiosa, el pobre chaval, más que una urna, necesitaría una lobotomía. No se lo aconsejo :-)).

Dawkins compara la religión con un virus: las ideas religiosas son “memes” que infectan las mentes vulnerables, especialmente las de los niños. Estas metáforas biológicas podrían tener su utilidad; por ejemplo, las mentes de los ateos evangelistas parecerían particularmente propensas a la infección de los “memes” religiosos. No obstante, las analogías de este tipo rebosan peligro. Dawkins habla mucho sobre la opresión que la religión ha ejercido, algo bastante real. El autor le presta menos atención, empero, al hecho de que algunas de las peores atrocidades de los tiempos modernos fueran cometidas por regímenes que afirmaban contar con la sanción científica para sus crímenes... La ciencia es tan susceptible de ser utilizada para propósitos inhumanos como lo es cualquier otra institución humana. De hecho, dada la enorme autoridad de la que goza la ciencia, el riesgo de que sea utilizada de tal manera es aún mayor.

Los adversarios contemporáneos de la religión muestran una notoria falta de interés por el registro histórico de los regímenes ateos. En 'El fin de la fe. Religión, terror y el futuro de la razón', el escritor estadounidense Sam Harris afirma que la religión ha sido la principal fuente de violencia y opresión a lo largo de la historia. Harris reconoce que los déspotas seculares como Stalin y Mao infligieron terror en gran escala, pero sostiene que la opresión ejercida por ellos no tenía relación alguna con su ideología del “ateísmo científico”; el problema con sus regímenes estribaba en que eran tiranías. Pero ¿acaso no existiría una conexión entre el intento de erradicar la religión y la pérdida de la libertad? Es poco probable que Mao –quien lanzara su ataque contra el pueblo y la cultura del Tíbet bajo el eslogan “la religión es veneno”– hubiera concedido que su visión atea del mundo no tenía relación con sus políticas.


 (Es inútil, si citas este dato a los nuevos ateos jamás reconocerán que Mao mataba a los religiosos porque era comunista y, por tanto, ateo. No, según su particular modo de entender la Historia, los tiranos comunistas solo mataban porque eran "malas personas", no porque fueran ateos, y pueden ustedes darse con un canto en los dientes si, para defender su argumento, nuestros amigos ateos no hacen alusión a los bigotes de Hitler y Stalin:  

«Hitler y Stalin tenían bigote, pero no decimos que fueron sus bigotes los que les hicieron malvados».

 Jueguen conmigo :-), adivinen qué treta retórica usó en esta célebre frase nuestro mago de las falacias, el profesor Richard Dawkins. La solución al final del post ;-)). 


 Es cierto que se le veneraba (a Mao) como una figura casi divina, como a Stalin en la Unión Soviética. Pero al desarrollar estos cultos... estaban demostrando lo que sucede cuando el ateísmo se convierte en un proyecto político. Invariablemente, el resultado es un sustituto de la religión que sólo puede mantenerse por medios tiránicos.

Dawkins desestima cualquier insinuación de que los crímenes de guerra nazis pudieran estar vinculados con el ateísmo. “Lo que importa”, dice en El espejismo de Dios, “no es si Hitler y Stalin eran ateos sino si el ateísmo ejerce una influencia sistemática que conduce a la gente a hacer cosas malignas. No existe la menor evidencia de que sea así”.  Este es un razonamiento cándido. Hitler, que siempre fue un partidario entusiasta de la ciencia, se sintió muy impresionado por el darwinismo vulgarizado... fue la creencia nazi en la raza como una categoría científica lo que abrió paso a un crimen sin parangón en la historia. La visión del mundo de Hitler era la de mucha gente con escasa educación en la Europa de entreguerras: una mezcolanza de ciencia espuria y recelo contra la religión. No cabe duda de que este fue un tipo de ateísmo y que contribuyó a que los crímenes nazis fueran posibles.

... Los críticos contemporáneos de la religión exigen mucho más que la desvinculación del Estado y la Iglesia. Está claro que quieren eliminar toda huella religiosa de las instituciones públicas. Lo que resulta extraño es que muchos de los conceptos que Harris despliega, incluida la idea misma de la religión, han sido moldeados por el monoteísmo. Detrás del fundamentalismo secular yace una concepción de la historia que deriva de la religión.

La creencia en que la historia es un proceso direccional está tan basada en la fe como cualquier otra cosa en el catequismo cristiano. Los pensadores seculares como Grayling rechazan la idea de la providencia, pero siguen pensando que la humanidad avanza hacia un objetivo universal: una civilización fundada en la ciencia que a la larga incluirá a la especie entera. 

El problema con la narrativa secular no radica en el supuesto de que el progreso es inevitable (en muchas versiones, no existe este supuesto). El problema radica en creer que el tipo de avance que se ha logrado en la ciencia puede ser reproducido en la ética y la política. De hecho, aunque el conocimiento científico aumente por acumulación, nada parecido sucede en la sociedad... La gente vive más y se mata entre sí en mayor número. El conocimiento aumenta, pero los seres humanos permanecen iguales.

Los ateos evangélicos se han asumido como defensores de los valores liberales, rara vez investigan de dónde provienen dichos valores y nunca aceptan que la religión pudo haber contribuido a su gestación... En la medida en que busca la conversión universal, el ateísmo evangélico está del lado del cristianismo y del islam.

El islamismo... está muy lejos de representar un peligro de la magnitud de aquellos superados durante el siglo XX. Corea del Norte, que sobrepasa por mucho a cualquier régimen islamista en su historial de represión y que claramente posee algún tipo de capacidad nuclear, representa una amenaza mucho mayor. Los ateos evangélicos rara vez la mencionan. Hitchens constituye una excepción, pero cuando describe su visita al país, sólo es para concluir que el régimen encarna “una forma degradada y, sin embargo, refinada, del confucionismo y el culto a los ancestros”. Como en el caso de Rusia y China, la noble filosofía humanista del marxismoleninismo es inocente de toda responsabilidad.

La religión no se ha ido. Reprimirla es como reprimir el sexo: una empresa fallida... El intento de erradicar la religión sólo conduce a su reaparición en formas grotescas y degradadas. Una creencia ingenua en la revolución mundial, la democracia universal o los poderes ocultos de los teléfonos móviles es más ofensiva para la razón que los misterios de la religión, y tendrá menos probabilidades de sobrevivir en los próximos años. El poeta victoriano Matthew Arnold escribió sobre los creyentes que quedan inermes cuando la marea de la fe se repliega. Hoy la fe secular se está replegando, y son los apóstoles del descreimiento los que han quedado varados en la costa".

(Incisos en gris añadidos)

Filósofo y teórico político inglés



Nos hemos limitado a extraer y comentar unos párrafos, pero no se pierdan el artículo completo, no tiene desperdicio. Pueden leerlo aquí.


***


"La desaparición de la religión se profetizó para principios del siglo XX, pero sigue viva bajo formas variadas, admirables unas, lamentables otras. La religiosidad está renaciendo".

Antonio Fernández-Rañada
Físico español
Catedrático de la Facultad de Física 
de la Universidad Complutense de Madrid 


¿Adivinaron qué falacia usó Richard Dawkins en su paralelismo de los bigotes? :-) Claro que sí: la falsa analogía. La comparación no es válida porque un bigote es una particularidad física, un adorno superfluo, algo que en ningún caso se puede equiparar a una ideología, aunque sea cierto que muchos jóvenes usan ideologías "de moda" para adornar y reafirmar su personalidad, pero esa es otra historia.

Por muy "extremo" que sea el bigote en cuestión :-), es difícil imaginar que su dueño lo use como excusa o motor de arranque para iniciar un genocidio. En cambio, una idea, cualquier idea, política, filosófica o religiosa, llevada a su extremo, puede convertir a un hombre en una bestia inhumana, inmune a la compasión. Y esto no es necesario que lo imaginemos, todos conocemos ejemplos estremecedores, lo estamos viendo todos los días y la Historia está llena de datos escalofriantes al respecto. Por tanto, desde el momento que comprendemos que ambos elementos de la analogía bigote=ateísmo no son equiparables, la podemos considerar nula, así como al argumento completo.

Lo que intentaba Dawkins con esta estrategia tan burda era, ni más ni menos, que desvincular el ateísmo de los asesinatos cometidos por regímenes comunistas en un intento de presentarlo inmaculado, limpio de sangre, por oposición a la religión, que, en cambio, presenta teñida de rojo hasta la copa (de hecho, para él, el fenómeno religioso no supone más que eso: sangre)... Pero me temo que esto es insostenible, a menos que ignores por completo la Historia y la filosofía marxista que dio origen y abono a los movimientos comunistas del siglo XX.  El ateísmo forma parte indisoluble de la doctrina marxista, como el ecologismo forma parte de la doctrina de los animalistas. Es un lote, no es posible separarlos. Un régimen comunista es, por su naturaleza, un régimen ateo.

Se da la curiosa circunstancia de que los mismos que repiten por toda la red, como un mantra instigador, la famosa frase adoptada por Marx, "la religión es el opio del pueblo", esos mismos que enarbolan la sentencia como santo y seña de su revolución social y anticlerical, tratan al mismo tiempo de liberar al ateísmo de la rémora de crímenes que también arrastra, mientras nos intentan hacer creer que el asesinato de millones de creyentes por parte de líderes comunistas ateos fue producto de la mente perturbada de esos líderes, no de sus ideas respecto a la religión.

Por supuesto, no todos los ateos son comunistas (Richard Dawkins tiene demasiados caudales para permitirse excentricidades  :-)), pero la mayoría de los comunistas sí son ateos.

Por cierto, no me resisto a añadir una gansada para acabar: ¿tan pobre concepto tiene mister Dawkins del ferviente ateísmo que profesa, que equipara esta noble ideología con... un mostacho? 

 Con todo lo que el ateísmo ha hecho por él... Qué desagradecido.
;-)

bigote



Ver también:

Los medios ofrecen una imagen distorsionada del debate ciencia-fe
Las falacias de Christopher Hitchens
La fe de los ateos
Dawkins el predicador, o la razón irrazonable
La maravillosa atracción del ateísmo
Cinismo y ateísmo, la rigurosa impostura


Todas las entradas que aluden a Richard Dawkins, incluida esta, aquí.

Todas las entradas que aluden a Daniel Dennett, incluida esta, aquí.

Si te gustan las citas con foto, pásate por aquí.

Más información en nuestra Bibliografía.


Imagen de cabecera: Charlie Chaplin en "El gran dictador" (1940).

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