Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

Este blog no se adhiere a ningún credo.

Advertencia:

El contenido de este sitio puede ocasionarle conflictos irremediables con sus dogmas... cientifistas ;-)

Bienvenidos.



Mostrando entradas con la etiqueta Cristianismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristianismo. Mostrar todas las entradas

¿La fe se ha opuesto a la ciencia? Ignacio Sols. (Y en eso llegó Galileo :-)) Parte I

frases galileo


¿Qué tal? Feliz año nuevo :-).  

En nuestra primera entrada del año abordamos un tema recurrente en los debates ciencia-fe: ¿es cierto que la creencia en Dios ha obstaculizado históricamente el avance de la ciencia, hasta el punto de que, como sostienen los ateos, el mundo actual estaría mucho más desarrollado si no hubiera tenido lugar ese supuesto "sabotaje"? Aunque, como ya saben, nuestro blog no se adhiere a ningún credo, en esta ocasión nos centraremos en la "oposición" a las ciencias supuestamente ejercida por la Iglesia Católica, por ser esta la organización religiosa que actualmente recibe más acusaciones en este sentido en nuestro entorno geográfico. Para ello vamos a analizar a fondo un caso paradigmático: ¿qué hay de verdad y qué hay de mito en el llamado "caso Galileo" tan citado por nuestros incombustibles ateos? Como verán a continuación, hay mucho de mito y también hay mucho de verdad :-) Para ayudarnos a separar el uno de la otra, traemos hoy a un experto en el tema, el matemático Ignacio Sols, profesor de la Universidad Complutense de Madrid. 

Como siempre, los incisos en gris son de nuestra autoría.



"Hasta el tiempo de Galileo no se registra ninguna oposición de la Iglesia al sistema astronómico propuesto en su obra de 1543 por Nicolás Copérnico, canónigo de la catedral de Frauenburg, precisamente como respuesta a un encargo de la Iglesia, y animada su publicación por un obispo y cardenal, como se lee en la introducción a esa obra. Desde 1565 y durante casi un siglo se enseña este sistema sin problemas en la escuela de estrelleros de Salamanca. Cuando en 1609 Galileo mejora el recién inventado telescopio y hace sus primeras observaciones astronómicas, publica, en marzo del año siguiente, un verdadero best-seller, el breve y muy ameno Mensajero celeste... Este libro le hace famoso de la noche a la mañana: en su visita a Roma en la primavera de 1611, el Papa Paulo V lo recibe en audiencia y los astrónomos jesuitas del Colegio Romano le dedican un homenaje.

Pero los profesores aristotélicos de la Universidad, humillados por Galileo al perder uno de ellos, Flaminio Papazzoni, en otoño de 1611, un debate público sobre la razón de la flotación del hielo, y encabezados por Ludovico Dellecolombe, urden una liga contra Galileo, la machina dei Colombini, como solía él llamarla. En realidad, su aversión se debía a que al demostrar que la luna no es perfectamente redonda y que había manchas en el sol, Galileo había desprestigiado sus enseñanzas de que los astros son perfectamente redondos e incorruptibles (Aristóteles).

Sin embargo, no atacarán a Galileo por ahí, sino por donde les parece más vulnerable, Galileo había escrito en su famoso opúsculo que el descubrimiento de los satélites de Júpiter echa por tierra un argumento que se solía aducir en contra del copernicanismo: que al desplazarse la Tierra, dejaría atrás a la luna. Júpiter, del que nadie dudaba que se movía, se lleva consigo, no una, sino cuatro lunas. Van a atacar a Galileo por su copernicanismo y el argumento del ataque va a ser de tipo religioso: que la idea de que el sol está inmóvil y la Tierra se mueve se opone a la Sagrada Escritura...

Esos profesores laicos provenientes de universidades de diversas ciudades italianas buscan sacerdotes que prediquen contra el copernicanismo desde el púlpito en base a este argumento, y aunque los primeros a los que tantean se niegan a tratar como religiosa una cuestión natural, consiguen al fin que el dominico Tomasso Caccini predique el 21 de diciembre de 1614 en contra de Galileo y los galileístas.  


Y ya la tenemos liada 🙂, pero traten de recordar los prolegómenos de este célebre duelo, prácticamente desconocidos para el gran público, lo repetimos: lo que ofendía a los enemigos -profesores laicos, recordamos- de Galileo no es que éste hubiera postulado una teoría que contradecía algún versículo de las Escrituras, algo que, en el fondo, seguramente les traía al pairo. Los celos, la competitividad y las rencillas entre colegas son tan antiguos como los mismos gremios; lo que sacaba de quicio a Dellecolombe y Papazzoni, hasta el punto de llevarles a urdir la más cruel e histórica de las venganzas, fue la derrota pública, la humillación que sufrieron por parte del famoso astrónomo cuya obra había sido tan ampliamente aclamada, en detrimento -y esto era lo que de verdad dolía- de sus propios trabajos; Galileo había desvirtuado las enseñanzas de ambos profesores sobre un tema que nada tenía que ver con la Biblia -el hielo, la forma y constitución de los cuerpos celestes, entre otros... -, sin embargo, el texto sagrado sería usado de un modo magistral por Papazzoni y Dellecolombe como el más mortífero de los arietes. No eran estúpidos. ¿Qué mejor forma de destruir a su enemigo que sembrar cizaña contra él ante la más poderosa institución del momento, incluso a sabiendas de que gran parte de esta Institución, la Iglesia, era galileísta... o, precisamente por ello? Tenían mala uva, pero de tontos no tenían un pelo 🙂. Dejemos que el profesor Sols continúe:


Se producen a continuación dos denuncias contra Galileo ante el Santo Oficio por parte de dos dominicos, primero de manera informal, por Nicolò Lorini, y luego formalmente por el mismo Tomasso Caccini, aduciendo como prueba una carta que Galileo había escrito a su discípulo y amigo, el benedictino Benedetto Castelli. En ella, Galileo expresaba una opinión en que se concilia copernicanismo y Sagrada Escritura, de la que había sido informado el cardenal Conti. Se trataba de un antiguo punto de vista exegético, expresado por San Jerónimo y San Agustín en su De Genesi ad literam: que, en las cuestiones naturales, la Biblia habla al modo de entender de los hombres de su época, y, por tanto, debe interpretarse, siempre que el sentido literal contradiga a nuestra comprensión actual de la naturaleza (de hecho, en el siglo V, el mismo San Agustín ya habló en su libro La ciudad de Dios de una protoevolución de las especies, apoyándose en las ideas de Anaximandro, lo que demuestra que antes de la llegada de Galileo, ya hacía mucho que la Iglesia no era literalista). La carta de Galileo a Castelli es examinada, pero no se encuentra en ella ninguna objeción esencial.

Pero en marzo de 1615 se imprime en Nápoles un libro del carmelita Paolo Foscarini en el que, en base a esta misma opinión, defiende el sistema copernicano de los recientes ataques escriturísticos, por lo que el tema pasa a la competencia de la Congregación del Índice, que el cinco de marzo de 1616 prohíbe el libro de Foscarini, así como otro anterior de Diego de Zúñiga con planteamientos análogos, y suspende, hasta ser corregida, la obra de Copérnico. Las diez correcciones que aparecieron en 1620 consisten, esencialmente, en añadir en uno y otro lugar que lo afirmado allí es solo una hipótesis. La razón aducida para la prohibición es que se trata de una opinión absurda (en filosofía) y opuesta a la Escritura (en teología). La comisión del tribunal consultado respondió que la obra era 'formalmente herética', pero esta grave calificación no prosperó  -ni entonces ni más tarde- gracias a una gestión ante el papa Paulo V del cardenal Maffeo Barberini, amigo y admirador de Galileo.

El Papa ordenó que, previamente a esta suspensión y estas dos prohibiciones, el cardenal Roberto Bellarmino advirtiese a Galileo de que no podía seguir manteniendo el copernicanismo como una opinión sobre la naturaleza, aunque ya había quedado claro que no había problema en que se mantuviese como hipótesis matemática, como modelo que predice bien las posiciones de los astros (o sea, que no les pillaba de sorpresa :-)), pero sin pretensión de realidad, igual que las esferas de Eudoxo, que giran llevándose consigo a los astros, eran una hipótesis o modelo matemático sin pretensión de realidad. Con todo, en esa famosa carta se afirma que, si algún día se encuentra una prueba de que la Tierra se mueve, la Iglesia abandonará la interpretación literal de esos pasajes de la Escritura (se refiere, entre otras, al libro de Josué donde se lee: "y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero"). El problema estaba en que Galileo creía que esa prueba existía ya, y que era la que él había aducido: la existencia de mareas, prueba que nunca convenció a nadie, porque es falsa.

Muerto en enero de 1621 el Papa Paulo V, y elegido sucesor Urbano VIII, -precisamente el cardenal Maffeo Barberini que le defendió en 1616-,  Galileo se embarca en una obra, con el beneplácito del nuevo Papa, en la que se contrapondrán los sistemas ptolemaico y copernicano, aportando los argumentos en pro y en contra de uno y otro. Esto era en realidad un movimiento táctico de Galileo, pues contraponía su sistema favorito a otro ya refutado. Los astrónomos jesuitas habían optado por el sistema de Tycho Brahe (una especie de solución intermedia entre el heliocentrismo y el geocentrismo). Galileo despreciaba este sistema porque resultaba difícil de refutar.

(El nuevo libro de Galileo, Diálogo sobre los dos sistemas del mundo) se publicó en 1632, pero al leerlo el Papa y la sociedad culta de Italia se hizo evidente que allí no se trataba del copernicanismo como una hipótesis, sino como una tesis claramente defendida por la prueba de las mareas, frente a la cual solo se aducían en contra, a favor del sistema de Ptolomeo, razones débiles y ridículas. El Papa se sintió engañado en aquel proyecto que él mismo había avalado, y además porque su propia opinión, que Galileo le prometió incluir, había sido puesta en boca de Simplicio, el simplón del diálogo. Se creó un tribunal especial para juzgar el caso de desobediencia, ante el que Galileo declaró que desde 1616 no era copernicano y que en su libro había hablado del copernicanismo tan solo como hipótesis. Como esto no fue creído, en una segunda sesión admitió que el copernicanismo parecía, en efecto, defendido en el libro, pero no porque él lo mantuviese, sino para mostrar su habilidad de polemista. Esta defensa pareció una burla y el Papa pidió al tribunal que exigiese a Galileo que dijera la verdad 'incluida la amenaza de tortura' (en este caso, formal, por razón de su edad)...  Se llega así a la famosa abjuración de Galileo del copernicanismo en Santa María Sopra Minerva, el 21 de junio de 1633 (en la que, por cierto, nunca dijo aquello de 'eppur si muove'... lástima, me encantaba esa frase :-)), y a la imposición de 'cárcel formal' a perpetuidad, conmutada por el confinamiento en su propia villa, cerca de Florencia. Su libro entra en el Índice y solo se permitirá su publicación un siglo después, en 1741, tras haber demostrado (James) Bradley en 1728 que la Tierra se mueve, utilizando el fenómeno de la aberración de la luz.

No defenderemos a la Iglesia por este inadmisible abuso de autoridad ni por los métodos que empleó para imponerla, pero tampoco vamos a admitir que se diga que esto supuso un freno para la astronomía, pues el otro sistema en vigor -el de Tycho Brahe- llevaba a las mismas predicciones astronómicas que el de Copérnico hasta que se descubrió la paralaje, algo que no se consiguió hasta dos siglos más tarde. Además, el sistema de Copérnico se siguió enseñando, con la precaución de decir que se trataba de una hipótesis. Y menos vamos a admitir que la obeciencia a la Iglesia fuera un freno para la ciencia española -siempre con buena tradición copernicana-, pues precisamente en España no se incluyeron estas prohibiciones en el Índice.

Galileo es verdaderamente un gigante y merece el nombre de padre de la ciencia, pero no por sus descubrimientos telescópicos, que tuvieron lugar entre diciembre de 1609 y diciembre de 1610, cuando casi nadie tenía telescopios o no eran suficientemente buenos, y el mérito de Galileo fue el de haber dispuesto de uno bueno a tiempo construido por él. De hecho, en todos sus hallazgos astronómicos hubo siempre alguien que se adelantó o que lo descubrió independientemente, o que lo predijo, lo que demuestra que, tarde o temprano, todo se hubiera descubierto al ir mejorando los telescopios. Por lo que es grande Galileo es por su teoría del movimiento, a cuya formulación correcta llegó en 1608... Sabemos, por dos cartas a Luca Valerio, que en 1609 Galileo estaba pensando en redactar su teoría del movimiento, pero ese proyecto se vio interrumpido por su encuentro con el telescopio, que provocó un cambio de interés y de temática en su actividad científica. Su obra experimental sobre el movimiento se habría perdido, y no hubiera podido inspirar la obra de Newton, si no se hubiera puesto a redactarla entre 1634 y  1637 cuando estaba forzosamente retirado en su villa Bellosguardo en Arcetri y sin poder seguir en su proyecto en defensa del copernicanismo.
 

Curioso, ¿no? :-) Resulta que, al ser obligado (injustamente, en esto estamos todos de acuerdo) a abandonar sus estudios sobre el copernicanismo, Galileo retomó durante su arresto sus antiguas investigaciones y así acabó formulando su magistral teoría del movimiento, que le convirtió en uno de esos gigantes sobre cuyos hombros se subió Newton para llegar tan lejos y haciendo que la Ciencia diera un paso abisal hacia adelante... ¿Casualidad?¿Serendipia?¿Providencia? Dejamos que el lector elija la respuesta que mejor se avenga a sus criterios, pero pareciera que la Historia y sus ironías juegan malas pasadas a nuestros ateos, tan convencidos de que, en lo que a la Ciencia se refiere, la Iglesia no ha hecho nunca más que estorbar 😂

Aprovechamos el inciso para hacer un apunte: Aunque Ignacio Sols no menciona aquí el dato que vamos a exponer, sí lo hacen autores como Francisco S. Gil, entre otros; se trata de una de las razones, además de las ya expuestas por Sols, por las que tanto el Papa Urbano como buena parte de la Iglesia eran reacios a aceptar de pleno y sin cortapisas la teoría heliocéntrica, que sí era admitida, como ya se ha dicho, mucho antes de Galileo, como una hipótesis de trabajo en ámbitos eruditos católicos. El heliocentrismo, como se suele decir, ya "se respiraba en el aire" antes de Galileo, como se respiraba la teoría de la Evolución en las universidades europeas antes de Darwin. Volvemos a recordar que la Iglesia de Roma no era "literalista" y admitía, ya desde San Agustín, que cuando las descripciones del mundo natural de la Biblia se contradijeran con los datos observables, aquellas descripciones bíblicas debían ser "interpretadas". Roma no era muy puntillosa en estos temas, no al menos tanto como lo era en asuntos de índole moral, por ejemplo. ¿Por qué, entonces, esa terca oposición al heliocentrismo? Pues, en contra de lo que muchos piensan, la respuesta no estaba relacionada con el "miedo del hombre a ser destronado de la cúspide de la Creación", como aseguran los ateos (quienes, por cierto, suelen confundir pequeñez con insignificancia). El problema de fondo era que Roma no era literalista, pero Lutero, sí :-). De hecho, una de las acusaciones más graves emitidas por la Reforma contra la Iglesia de Roma era su distanciamiento de la "pureza de las Escrituras" cuyas directrices, pensaban los seguidores de Lutero, debían ser tomadas al pie de la letra en todos los aspectos, no solo el religioso. Prueba de esto es que la mayoría de las actuales iglesias literalistas (pentecostales, baptistas, testigos de Jehová, etc.) proceden del protestantismo.

En resumen, Lutero acusaba a Roma de no ser fiel a las Escrituras y, en plena Guerra de los Treinta Años, la Iglesia Católica no se podía permitir añadir más leña a ese fuego.


Esto, por supuesto, NO justifica la actuación de Urbano VIII y aquella panda de impresentables que condenaron a un hombre inocente a arresto domiciliario de por vida, solo por expresar sus opiniones. Pero, sobre esto, insistimos, hoy día todos estamos de acuerdo, incluida la Iglesia. Dejemos acabar al profesor Sols:


Repito, no seré yo quien defienda la actuación de la Iglesia en el caso Galileo, pero sí diré que fue un caso único. El lector quizás esté pensando en Giordano Bruno y en Miguel Servet, los otros dos casos que suelen citarse (porque no hay otros). Pero Giordano Bruno no fue un científico (hoy se le podría considerar un filósofo o pensador de la Ciencia, pero no un científico, suponemos que a esto se refiere Sols), con todo lo que su caso tiene de cruel y de escándalo para un católico. Y Miguel Servet no fue quemado en la hoguera por la Iglesia Católica sino por Calvino, personalmente allí presente, y no fue por sus ideas científicas, sino por sus ideas sobre la Trinidad (una injusticia de todos modos, otra más en una época feroz, pero aquí estamos hablando de la supuesta 'guerra' entre la fe y la ciencia, no de guerras doctrinales internas, así que Servet no nos sirve como ejemplo de esa oposición).

Para encontrar otro caso hay que retrotraerse nada menos que mil doscientos años, al linchamiento de Hypathia en Alejandría (aconsejamos vivamente leer el debate abierto bajo el artículo que enlazamos) en el año 416. Y tampoco fue un caso de oposición de la Iglesia a la ciencia (de hecho, sabemos que Hypathia tenía alumnos cristianos y paganos y que la relación entre ambos grupos era cordial), pues, ni fue linchada por San Cirilo de Alejandría, como se dice sin base documental, ni por causa de sus conocimientos matemáticos, de los que tenemos noticia principalmente por las consultas matemáticas que aún se conservan, que le hacía Sinesio de Cirene, alumno suyo y obispo de Ptolemaida. Hypathia fue linchada por una horda de fanáticos capitaneada por el lector Pedro, por causa de su influencia pagana sobre Orestes (prefecto de Alejandría). Lo que sucede es que el testimonio de Sócrates Alejandrino en 1640 incluye su lamento de que el oprobio por aquella acción recayera sobre la iglesia de Cirilo.

A esto se reduce, pues, la oposición constante de la Iglesia a la ciencia a lo largo de los siglos, tan solo al caso Galileo, en veinte siglos de existencia".


 Ignacio Sols Lucía
Catedrático emérito de Álgebra
Universidad Complutense de Madrid
Fundador del grupo de investigación GESTA (Geometría
Simpléctica con Técnicas Algebraicas).
Artículo extraído del libro "60 preguntas sobre ciencia y fe",
págs. 103-109.  



Un solo caso... Uno. Pero, como dicen en mi tierra: "una vez maté un gato y, desde entonces, me llaman 'matagatos' :-). 

No se pierdan la segunda parte de este análisis sobre la presunta "oposición" de la Iglesia a la ciencia. Les esperamos.




Ver también:

John N. Gray, otro filósofo ateo contra el Nuevo Ateísmo
"Yo creo en Dios gracias a la Ciencia"
Ciencia y fe, la guerra imaginaria
"La Ciencia y la fe, juntas, hacia Dios"
"Dios no es bueno". Las falacias de Christopher Hitchens
El fundamentalismo, ateo o religioso, es una respuesta ante el miedo
Los medios ofrecen una imagen distorsionada del debate ciencia-fe


Más citas con foto en nuestra Galería.

Bibliografía.

No se considera científico negar la realidad histórica de Jesús

la historicidad de jesus

Ya desde el primer momento intenté dejar clara mi posición respecto a la religión organizada; como recordarán, fue en la sección "declaración de principios" (y de intenciones) de este blog, donde informé someramente a los lectores acerca de mis creencias y mis "increencias" particulares. A quien pueda interesar, reitero que hace más de una década que no milito en las filas de confesión alguna, ni de las más conocidas y mayoritarias ni en ninguna de las de nuevo cuño, o cuño antiguo con lustre nuevo. Aun así, sería desleal conmigo misma si negara que Jesús y Lao-Tsé son dos de mis maestros de la Antigüedad favoritos, aunque atesoro valiosas enseñanzas de casi todos.

Quizás por esta razón no puedo evitar que me invada un sentimiento más cercano al cansancio que a la indignación, cuando en muchos foros de debate aparece el ilustrado de turno que, refiriéndose al cristianismo, le suelta a la concurrencia aquello de: "Tanto alboroto por un personaje que nunca existió"... Siembra, que algo queda. Cuando esto ocurre, suelo pasar de largo con una sonrisa de resignación "cristiana" :-) por no enzarzarme en un estéril debate con alguien que, en la mayoría de las ocasiones, no desea saber más de lo que ya sabe. A veces, los adalides de la razón y el conocimiento, paradójicamente, no apetecen que nadie añada un dato más a su particular bagaje cultural, sobre todo si ese dato extra va a caer en el montón que ya creen "completo".

Pero hasta la resignación cristiana tiene sus límites :-)

Es un hecho, muchos escépticos sostienen todavía que Jesús de Nazaret es un personaje ficticio, fruto de la siempre fértil y delirante imaginación humana; una entelequia prefabricada situada exactamente al mismo nivel que Zeus, Ra, Don Quijote, Sherlock Holmes y el Pato Donald, sólo que, según ellos, más "dañina" que los citados. No estamos hablando aquí de milagros u otros hechos excepcionales que, según los evangelios, se le atribuyen, todos más o menos aceptados por las distintas nominaciones cristianas y los historiadores no aconfesionales. No, y entendemos que este no es el lugar más indicado para debatir ese asunto. Aquí estamos hablando una vez más de Ciencia, y de lo que ésta ha dictaminado sobre la realidad o no de la existencia histórica de Jesús, de su ubicación material como individuo concreto dentro de unas coordenadas reales de tiempo y espacio. Muchos ateos niegan, no sólo ya los milagros del Galileo (algo que, por otra parte, podemos entender), sino también su historicidad, un tema este sobre el que ya no queda ningún debate abierto, por muchos arietes retóricos que nuestros intrépidos ateos embistan para reabrirlo.

Como supondrán, he tenido que elegir una entre muchas fuentes para documentar esta entrada. Al final me he decidido por la última que he encontrado, la más reciente de las que dispongo, para evitar ser acusada de "no estar al día de los últimos descubrimientos". Esto también me lo conozco.

Los párrafos que siguen han sido extraídos del artículo "Jesús visto con los ojos de hoy", aparecido en el número 162 de la revista "Clío Historia", una publicación a la que se puede acusar de lo que ustedes quieran, menos de ser afín a la religión organizada :-). Está firmado por Antonio Piñero, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo, un área de estudio a la que ha dedicado las últimas décadas. Piñero se define a sí mismo en estos términos: "historiador independiente, escéptico, racionalista, agnóstico y respetuoso con las creencias de los demás, aunque como ideas que son deben discutirse educadamente. No soy militante".  Precisamente por no ser un agnóstico militante o proselitista de la línea dura, es invitado en ocasiones a aportar su autorizada opinión sobre la sociedad de la época de Jesús tanto en publicaciones católicas no fundamentalistas como en espacios de contenido escéptico. Pero subrayamos que el doctor Piñero NO es creyente, y esto es una excelente baza a favor del fin que nos proponemos en este post, pues de este modo la objetividad del documento queda garantizada, hasta donde esto es posible. Vayamos, pues, sin más dilación, al meollo del asunto. Como siempre, los incisos en caracteres grises son míos:


"La pregunta básica y fundamental, si existió Jesús realmente, no se discute hoy. Aunque sí continúa estudiándose el valor historiográfico de los evangelios, sobre todo el de los tres primeros, Mateo, Marcos y Lucas. Igualmente, ¿cómo deben interpretarse los testimonios externos de autores no cristianos, como Talo (fragmentos recogidos por Jorge Sincelo, historiador bizantino de finales del siglo VIII y principios del IX), Plinio el Joven, Suetonio, Tácito, Flavio Josefo, Mara bar Serapión o Luciano de Samosata?

El último libro importante y serio que cuestionaba la existencia histórica del nazareno es la obra de Hermann Raschke, "La negación de la historicidad de Jesús en el pasado y el presente", publicado por Bremen en 1926. A partir de ese año, sin embargo, la postura general de la crítica cambió radicalmente. Desde entonces no se considera científico negar la realidad histórica de Jesús, sino que su existencia se acepta como un hecho más del pasado, una existencia sin perfiles definidos, como la de tantos otros personajes de la historia antigua de los que sabemos poco. Negar la historicidad de Jesús supone muchísimos más problemas que afirmar su existencia. En realidad, la mera afirmación de su existencia histórica es poco problemática. Lo importante es, como ocurre siempre, la interpretación posterior de su figura.

La investigación está de acuerdo en que la personalidad de Jesús es compleja, como la de todo gran personaje, y difícil de condensar en una sola perspectiva: su teología y su modo de argumentar es afín a la de los fariseos; su Dios y su religión es una profundización de lo que él considera la esencia de las Escrituras judías; y hay un cierto acuerdo -discutido solo por los más fundamentalistas- en que Jesús no propugnó la fundación de ninguna religión nueva, sino una cierta reforma para abrir más el corazón hacia Dios, el prójimo y lo esencial de la ley con vistas a entrar en el Reino.

Se está de acuerdo en que Jesús asumió distintos papeles: profeta y proclamador del Reino futuro, rabino, visionario apocalíptico, exorcista y sanador...

Los evangelios canónicos, aceptados por las iglesias, están escritos desde la fe y para suscitar la fe, son propagandísticos... La historia estricta parece no interesarles. Hoy día es casi un axioma el aserto siguiente: no conservamos ni un solo texto evangélico que nos comunique un dato histórico sobre Jesús por sí mismo, es decir, por el gusto de hacer historia, sin a la vez transmitir la fe de la comunidad primitiva sobre ese posible dato, lo cual lleva a pensar irremediablemente que tal texto pueda no ser objetivo.  Pero, a la vez, no es general, ni mucho menos, una postura escéptica radical sobre el valor testimonial de los tres primeros evangelios, sino que se admite que una sana crítica histórica, literaria y de fuentes puede obtener datos suficientes de ellos para formarse una imagen general de Jesús (...)

Se está de acuerdo también en que a través de las fuentes que poseemos no podemos saber nada o casi nada del 'Jesús real o de hecho'. Esta expresión se refiere a la serie de detalles de su vida que nos podrían interesar: fecha exacta de su nacimiento y muerte, aspectos más precisos sobre su familia y parientes, cómo se llevaba con ellos antes de su vida pública y cómo creció, cómo y dónde ejerció su oficio, qué aspecto físico tenía, cuáles eran sus preferencias respecto a la comida y la bebida, si se ponía o no enfermo de vez en cuando, qué carácter y humor tenía, y si los habitantes de Nazaret lo consideraban su amigo o hasta qué punto lo apreciaban antes de su vida pública, etc. De eso nada dicen los evangelios ni otras fuentes por lo que en círculos científicos se opina que toda reconstrucción de tales o análogos datos es absolutamente aventurada, y en la casi totalidad de los casos fantasiosas y sin ningún valor.


(A título personal, yo aplicaría también esta conclusión de los estudiosos a esta célebre reconstrucción del rostro de Jesús. No dejen de leer el artículo de la revista Quo que les enlazamos. Por lo que he podido entender, si dentro de dos mil años, un arqueólogo encontrara un cráneo en un yacimiento ubicado en lo que hoy es el madrileño barrio de Lavapiés, a partir de él podrán reconstruir el rostro del actual alcalde de Valdepeñas... Y no se me sulfuren los lectores ateos, esta "reconstrucción" me parecería igualmente arbitraria, aunque la imagen resultante hubiera sido un primitivo clon de Brad Pitt, en lugar del aspirante a Cromañón que nos proponen estos expertos :-).  Es el procedimiento científico seguido lo que me suscita dudas y sospechas de sesgo, no el resultado). 


Sí se está de acuerdo en que podemos llegar a saber las líneas generales de la vida, hechos y palabras de ese Jesús como maestro galileo de la Ley carismático, del que hemos afirmado que existió históricamente.

Sobre el estado civil de Jesús hay un cierto consenso entre los estudiosos en proclamar nuestra ignorancia al respecto. Al comienzo de su vida pública, en torno a los treinta años de edad, Jesús pudo haber sido soltero, viudo o casado que había dejado temporalmente a su familia por amor a la propagación del Reino de los cielos inminente. Todas estas posibilidades estaban abiertas en el Israel del siglo I... Todas las especulaciones en torno a María Magdalena son consideradas, por lo general, fantasías, generadas sobre todo a partir de finales el siglo XIX e inicios del XX.

Sobre el motivo de su muerte empieza a haber un cierto acuerdo, incluso entre los católicos no fundamentalistas. La inmensa mayoría de los estudiosos se inclinan a considerar que Jesús fue condenado a la cruz, como mors agravata, por los romanos por considerarlo un pretendiente mesiánico, un sedicioso para el Imperio, como individuo políticamente peligroso en cuanto que -al proclamarse mesías- podría provocar de inmediato un motín contra las fuerzas de ocupación del Imperio (...)

Jesús como fundador del cristianismo no suscita tampoco consenso y se discute, además, cómo puede entenderse el término 'fundador'. Hay una cierta tendencia a pensar que Jesús es más su causa explicativa, su impulsor y su fundamento, pero no estrictamente su fundador, ya que el cristianismo es la expresión de la cristología y teología neotestamentaria, y ésta solo se forma después de la muerte de Jesús como relectura y reinterpretación de su vida y obra.

El tema 'Jesús de Nazaret' no es del todo abarcable y continúa siendo enigmático por falta de fuentes. Los ojos de hoy han proporcionado novedosas perspectivas sobre el Jesús del pasado a base de estudios serios y de comparaciones con textos del pensamiento antiguo, social, histórico, filosófico y religioso, a las que hasta el momento se había prestado poca atención.

Además, Jesús no es solo una realidad histórica, sino también un símbolo. Como tal tiene significados e irisaciones múltiples para quienes creen en él. Y como tal es solo apropiable personalmente, de modo que cada uno puede asimilarlo de un modo distinto. Pienso que este proceso es utilitariamente legítimo".



Si, como hemos visto, los historiadores más serios han dictaminado que Jesús fue un personaje real, ¿por qué tantos ateos mantienen todavía que nunca existió? Nos cuesta creer que se trate sólo de ignorancia o de la comprensible necesidad de que la realidad se ajuste a sus deseos :-), aunque también haya algo de esto último. Esta actitud resulta especialmente insólita cuando nos referimos a ateos cientifistas quienes, como tantas veces hemos advertido aquí, asumen los dictados de la Ciencia ortodoxa sin "digerir", yo diría que casi sin masticar, y sin el menor asomo de duda o crítica. Cuando lo que está en juego es la existencia o no de Jesús, sin embargo, muchos no están tan dispuestos a acatar el lema tácito del movimiento "Extra scientiam nulla salus" :-) Estamos habituados a las  incoherencias y otros desatinos de algunos nuevos ateos, pero esta contradicción nos resulta singularmente llamativa.

Tirando del hilo, hemos encontrado una de las razones que explicaría en parte esta conducta. Pueden consultar un excelente compendio de las claves que dieron origen a esta corriente negativista en esta entrada de Wikipedia.  Por favor, léanla completa, o podrían sufrir el mismo traspiés que el ateo que citábamos en este otro post :-) Y este consejo es aplicable a cualquier lectura de fondo teísta o ateo: lean lo que lean, háganlo hasta el final.


***


Ya para acabar, les cuento una anécdota que bien podríamos enmarcar en nuestra exitosa sección "Leído al pasar" :-). He rastreado las obras de Antonio Piñero para estar segura del rigor y objetividad de su trabajo, antes de publicarlo en nuestro sitio. Pues bien, debajo de uno de los artículos que el doctor Piñero dedica a Pablo de Tarso y su relación con las mujeres, encontré este jugoso comentario, donde un anónimo escéptico impone, más que propone, al experto su personal revisión de la vida privada del Apóstol de los Gentiles:



"De acuerdo con la información de que yo dispongo (información cuyas fuentes no facilita, se limita a decir que dispone de ella), Paulo (¿Paulo?) de Tarso tenía dos hijas y un hijo. Una vez que abandonó su familia para dedicarse a la predicación fue cuando sintió las presiones del 'vientre y del bajo vientre' que decía Eusebio de Cesarea (obispo del s. III-IV que no cita nunca a esos "hijos" de Pablo o Saulo, y que cuando alude a las "presiones del bajo vientre" se refiere al deseo sexual en general y no al de Pablo en particular, que no dudamos que lo tuviera, como todo hijo de vecino. Pero nuestro escéptico cita a Eusebio como apoyo a su tesis, queda muy erudito, y, oye, a lo mejor cuela).

2 Pedro (suponemos que se refiere a 2 Pedro 3: 16) concluye que no hay quien entienda las epístolas paulinas (todo parece indicar que Pablo experimentó algún tipo de fenómeno místico -dedicaremos alguna entrada a este polémico tema-, y todos los que han pasado por esta experiencia coinciden en que es inefable, es decir, imposible de describir; a esto se refería Pedro), que es un modo de decir que practicaba el onanismo intelectual".

 

 Recordamos una vez más la fábula de la zorra y las uvas, 'como mi capacidad cognitiva no me alcanza para entender un concepto, ese concepto es irrelevante o absurdo, y el autor un "onanista"'.

Además, lo dijo Eusebio de Cesarea.
:-)

Lo dicho, "siembra duda, que algo queda".




UNICEF España




Un hombre iba caminando por un largo sendero. Meditaba sobre la vida, las oportunidades, la sabiduría, los desafíos, la muerte... Dios... Al doblar un recodo, el hombre se encontró con un mendigo, casi desnudo, que pedía limosna sentado a la orilla del sendero.

En ese momento, el hombre, conmovido, inició un diálogo interior con lo Absoluto:

-Señor, ¿por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo por este pobre hombre necesitado?

Y, desde lo más profundo de su ser, lo Absoluto le contestó:

-He hecho algo por él: te he puesto a ti en su camino.


***


"El hombre bueno es aquel que que da el bien -sea cual sea el amor que sienta- al prójimo, a los huérfanos, a los pobres, al viajero, a los mendigos y para la liberación de los esclavos"

El Corán

***

"El hombre que es generoso con el pobre, honra a Dios"

La Biblia

***

"Si todos diéramos, nadie pediría"

Popular


Por favor, compartan el vídeo, gracias :-)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
ir arriba