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La cosmología actual encaja mejor en un marco teísta que materialista. Francisco J. Soler Gil. ¿Dios o la materia? (I)

ciencia y dios frases richard lewontin


Debido a su extensión, dividiremos este post en dos partes que publicaremos consecutivamente. Como siempre, los paréntesis en caracteres grises son aportaciones de nuestra cosecha.



"Los datos cosmológicos sobre los que quiero llamar la atención son los siguientes:

1. Que el universo existe.
2. Que es racional.
3. Y que está ajustado finamente de un modo que favorece la aparición de la vida.

Estos tres datos resultan muy molestos para el materialismo, que no sabe realmente qué hacer con ellos.

De ahí que los autores de tendencia materialista oscilen entre tratar de negarlos (sí..., incluso niegan la existencia del universo, como vamos a ver seguidamente), o bien dejarlos como datos sueltos, como aspectos de la realidad que no tienen explicación (y asunto zanjado; me pregunto si nuestros materialistas reaccionarían igual ante el robo de su coche, por ejemplo: "las cosas son así, los robos ocurren, qué se le va a hacer..." o, en cambio, buscarían al "agente" que causó el robo :-)). En cambio, en el marco teísta, la existencia del universo, su racionalidad y su carácter productor de vida son tres aspectos esencialmente relacionados entre sí, y que se explican de modo natural por la acción de un Dios racional.



¿Por qué existe el universo? 


El dato más básico de la experiencia lo constituye nuestra percepción de nosotros mismos y de las cosas que nos rodean. Llamamos universo al conjunto de estas cosas materiales. Estamos inmersos en el universo, percibimos sus componentes, y por ello su existencia nos parece innegable. Pero, ¿por qué existe?

Hay dos respuestas materialistas a esta pregunta: La primera es que, en realidad, el universo no existe, y la segunda es que existe sin ningún por qué, sin causa (pero los que nos conformamos con 'respuestas facilonas' somos solo los creyentes, no lo olviden :-)). Estas dos respuestas aparentan ser muy diferentes, pero en el fondo están íntimamente relacionadas. Veamos cómo.

Para algunos autores, la idea de universo es una extrapolación inaceptable a partir de los objetos de nuestra experiencia: como estamos rodeados de cosas, extrapolamos este hecho y suponemos que todas las cosas forman parte de una Gran Cosa llamada universo... Pero, ¿qué nos garantiza que exista una cosa así? ¿Por qué no podría ocurrir, más bien, que no haya ninguna totalidad de las cosas materiales? En ese caso, la palabra universo estaría vacía de contenido, o bien designaría una realidad material que no se deja pensar como una 'cosa' (ni, tal vez, de ninguna otra manera). Y si no hay una cosa llamada universo, ¿qué sentido tiene preguntarnos por su causa? Sabemos que las cosas, los objetos de la experiencia, poseen una causa. Pero, ¿qué sentido puede tener extrapolar la idea de causa más allá de los objetos de la experiencia?

Pues bien, esta última observación acerca de la causalidad pone de manifiesto la relación esencial de la primera con la segunda respuesta materialista a la pregunta de por qué existe el universo, la respuesta de que el universo no tiene por qué tener causa:

Ciertamente, en nuestra experiencia ordinaria se cumple el principio de que las cosas materiales existen por algo. Y también es cierto que a esta exigencia de que no se dé un objeto sin una razón, no se le puede oponer tampoco ningún contraejemplo derivado de la física, ni de ninguna otra ciencia. Antes bien, tal exigencia constituye un motor interno de la investigación científica en general: la presencia de un objeto material debe poder justificarse de algún modo. Pero, por otra parte, la física nos ha enseñado que, a diferencia de lo que ocurre al tratar de la categoría de los objetos materiales, no todo suceso, o cambio, o estado de movimiento, ha de tener forzosamente una causa. Según la mecánica de Newton, un cuerpo puede mantenerse en un estado de movimiento rectilíneo y uniforme sin que precise de causa para seguir moviéndose, no hay ninguna causa física determinante de que una partícula posea por ejemplo cierto impulso en una medida concreta, si antes de la medida se hallaba en una posición determinada. ¿No podría entonces ser el universo una de esas entidades que no requieren causa? En tal caso el universo existiría sin más. (Esta sería la postura de, entre otros, Stephen Hawking, ver aquí).

Este segundo planteamiento materialista termina, en consecuencia, siendo muy similar a la de la negación de la existencia de una cosa llamada 'universo': Lo importante en ambos casos es negar que el universo sea un 'objeto' similar a los objetos materiales ordinarios, de los que sabemos por experiencia que no existen sin más. En definitiva, lo que los materialistas subrayan aquí es que la categoría de causa se haya ligada a la de objeto, y que por ello no cabe esperar una causa donde no tenemos un objeto, sea lo que sea aquello que tengamos en su lugar.

Desde luego que esta observación sobre los límites del razonamiento causal es seria y, en mi opinión, resulta enteramente válida. Ahora bien, precisamente por estar la causalidad tan estrechamente ligada con la categoría de objeto, los argumentos materialistas que acabamos de considerar han recibido un duro golpe por parte de la cosmología física actual. Y la razón de ello es que, en tanto que se acepte cualquiera de los modelos que se barajan en la cosmología actual (Big bang, variantes inflacionarias, variantes de la cosmología cuántica, incluso alternativas al Big bang, etc.), se puede mostrar que el universo es un objeto ordinario... Puesto que la cosmología describe el universo por medio de modelos enteramente similiares a los que emplean para caracterizar a los demás objetos físicos, lo razonable es condiserar al universo como un objeto, en tanto que el éxito empírico de alguna de las propuestas cosmológicas nos incline a tomarla en serio.

En definitiva, si aceptamos alguno de los modelos de la cosmología física, estamos asumiendo que el universo es un objeto físico como cualquier otro. Y si el universo es un objeto físico, lo razonable es suponer que existe por algo. De modo que, ¿por qué existe el universo?

En este punto, al materialista sólo le quedan dos opciones: o encogerse de hombros, o postular una cadena de universos, tratando de desplazar infinitamente la pregunta por la causa, al precio de admitir un número incontable de entidades fantasmales, de las que ni tuvo ni tendrá nunca indicio experimental alguno... y que tal cadena, como totalidad, es también un objeto físico (por muy infinita que sea) y (por tanto) debería tener también una causa... (Y estamos como al principio :-))

Bien, estos son los problemas del materialismo con relación a la existencia del universo. ¿Y la respuesta teísta? Tal respuesta consiste en admitir que Dios es la causa de la existencia del universo. A primera vista, da la impresión de que no hemos avanzado mucho, ya que ahora tenemos que hacernos la pregunta por la causa de Dios. Sin embargo, no es lo mismo preguntar por la causa del universo que preguntar por la causa de Dios: el universo parece ser un objeto físico de lo más común, a juzgar por los modelos de la cosmología. Y por eso tiene pleno sentido preguntar por su causa puesto que todo objeto físico tiene su causa. Pero, ¿quién nos garantiza que al traspasar la frontera del universo estaremos tratando todavía con objetos ordinarios, a los que podemos seguir aplicando nuestras categorías, y sobre los que podremos seguir planteando las preguntas que hacemos acerca de los objetos físicos (y entre ellas la pregunta por la causa)?

O sea, que nos preguntamos por la causa del universo porque la cosmología nos asegura que es un "objeto" y la experiencia cotidiana nos asegura que los objetos tienen causa. Pero, traspasado ese límite del universo que experimentamos (o sea, yendo más allá de la frontera, donde ya no podemos experimentar) ¿cómo sabemos que la causa de este objeto es también un objeto y que, por tanto, está sometida a todas las leyes físicas a las que están sometidos los objetos ordinarios y responde a todas las características habituales de los mismos, entre ellas la de tener causa? Y si la cosmología,  para salir del escollo, volviera sorprendentemente a postular que el universo no es un objeto... Entonces, ¿qué es? ¿Un Gran Pensamiento, como sugirió James Jeans?... Y si es un pensamiento ¿Quién lo está pensando? ¿O es un pensamiento 'huérfano', que flota en medio de la nada, sin una Mente que lo origine? ¿No va también esta idea contra los más elementales dictados de la Razón? :-) Pero sigamos, así lo resume Soler Gil:

En resumidas cuentas, que resulta razonable tomarnos en serio la necesidad del corte de la pregunta por la causa, habitualmente defendido por los autores materialistas... sólo que el punto más natural donde aplicar este corte se encuentra un paso más atrás de lo que afirman los materialistas: el universo que describe la cosmología es un objeto demasiado familiar como para renunciar a preguntar por su causa. La cuestión que verdaderamente está de más es preguntar por la causa de Dios: como no tenemos razón alguna para suponer que nuestras categorías (entre ellas las de tener causa) hayan de aplicarse más allá del ámbito de los objetos de nuestra experiencia, y como el límite natural de ese ámbito parece ser el universo como un todo, la pregunta de por qué hay Dios muy posiblemente carezca de sentido: la última entidad que requiere una causa es el universo, y su causa es Dios.


Los físicos materialistas suelen afirmar que la "solución Dios" en realidad no soluciona nada y lo complica todo. Visto desde el prisma que nos propone el teísmo, es justo al revés: una causa no material, por lo que no estaría sujeta a las leyes de la física (y por tanto, posiblemente incausada), necesaria, no contingente, acabaría con el problema de la regresión ad infinitum y con la necesidad de postular varios tipos diferentes de multiversos fantasma que, además, dependiendo de si se usan para explicar el colapso de la función de onda o para explicar el ajuste fino o cualquier otro fenómeno por el momento irresoluble, tienen características que se excluyen entre sí (el multiverso que explicaría, por ejemplo, el ajuste fino, debe estar formado por millones de universos "vacíos", muy diferentes al nuestro, para poder justificar así el universo ordenado que habitamos que lo sería por alguna especie de "selección natural cósmica". En cambio, el multiverso que explicara el colapaso de la función de onda debería estar formado por infinitos universos muy parecidos al nuestro, y esta es una sola de las muchas trabas que esta macroteoría arrastra). ¿Que la solución "Dios" es atajar por lo fácil? Personalmente, creo que la solución fácil es la que adopta el materialismo actual: encogerse de hombros y decir "qué suerte hemos tenido" :-)



 ¿Por qué es racional el universo?


Que el universo es racional se muestra por el éxito de la física en describirlo. ¿Por qué es el universo tan comprensible? Si el hombre no es más que un producto marginal de la materia inerte, ¿por qué la racionalidad matemática -algo tan humano- resulta así de efectiva para describir las operaciones de la materia? ¿No dejará traslucir esta efectividad la presencia de una mente ordenadora del cosmos? De ser cierto, la observación de Pascal acerca de la nobleza del hombre (debida a su racionalidad) estaría plenamente justificada. Este planteamiento sugiere, sin duda, la interpretación teísta del hombre como Imago Dei. De ahí que hayan sido numerosos los materialistas que han tratado de mostrar que la racionalidad del universo no constituye otra cosa que algún tipo de espejismo. Dos son las propuestas más destacadas en este sentido. Veámoslas:

Según ciertos autores, la racionalidad no es más que la expresión de nuestra adaptación al medio ambiente: un producto de la lucha por la supervivencia. El pensamiento matemático resulta ser, para estos autores, una mera codificación de cualesquiera estrategias exitosas en nuestro entorno natural. De modo que no debería sorprendernos su éxito. Pero este éxito no implica que la naturaleza sea racional. Nosotros proyectamos racionalidad en nuestro entorno y esa proyección nos ayuda a sobrevivir. ¿Por qué? No podemos saberlo realmente. Para saberlo tendríamos que analizar nuestra racionalidad 'desde fuera', saliendo de ella para contemplar 'directamente' la naturaleza, y ver la razón de nuestro éxito evolutivo. Pero no podemos hacer tal cosa.

¿Qué se puede decir de este planteamiento? Claro está que los diversos aspectos de la inteligencia humana (inclusive su aptitud para las matemáticas) pueden haber ido desarrollándose al hilo de la lucha de nuestra especie (y las que le precedieron) por la vida. Pero, de ahí se intenta pasar a negar la racionalidad real de la naturaleza, entonces la efectividad de las matemáticas para tratar de ámbitos muy alejados de nuestro entorno natural se vuelve incomprensible. ¿Cómo explicar que una inteligencia surgida en la lucha por la supervivencia de una especie de homínidos en la sabana africana logre producir modelos exitosos de la dinámica de la materia a altas energías, o de los primeros estadios de la evolución del universo, si no es asumiendo que esa inteligencia tiene un cierto acceso a la inteligibilidad real del mundo? Cuanto mayores resultan los éxitos de la física a escalas muy pequeñas y muy grandes, tanto menos plausible parece el recurso al origen evolutivo de nuestra inteligencia de cara a eliminar la racionalidad real del universo.

Así podemos decir que el ateo materialista no puede sostener triunfalmente que Dios no existe "porque el hombre -esa criatura contrahecha que surgió de la ciega evolución- está desvelando los últimos secretos del universo", sin caer en una curiosa contradicción :-)

Ahora bien, tenemos que considerar aún una segunda propuesta: la de los que tratan de reducir las leyes de la naturaleza al resultado de un juego de azar (nuestro habilidoso azar de los huecos :-)). Según estos autores, ciertamente que hay leyes que rigen el movimiento de los cuerpos, y que constituyen la base real que justifica el éxito de la física, pero tales leyes no son otra cosa que promedios estadísticos que resultan de un juego de azar que, o bien tiene lugar a cada momento, o bien tuvo lugar al comienzo del universo. De modo que la racionalidad de la naturaleza no sería un aspecto fundamental de la misma, sino un derivado del caos. Y, en consecuencia, tampoco nuestra racionalidad nos emparentaría con el fondo de la realidad, puesto que éste lo constituiría el caos irracional e inerte, del que toda racionalidad surgiría ciegamente. En qué consista el juego de azar que se da en la naturaleza a nivel fundamental, es algo que varía de unos autores a otros (de hecho, hay casi tantas teorías como autores). Según algunos, las simetrías e invariancias que percibimos en la naturaleza a bajas energías surgirían espontáneamente a partir de procesos no invariantes y no simétricos en el plano fundamental. Según otros, las condiciones iniciales del universo podían ser arbitrarias, pero, debido a ciertos procesos de mezcla, el universo terminaría siendo independiente de dichas condiciones iniciales, etc.

Ahora bien, ¿podemos eliminar de este modo la racionalidad de entre los rasgos esenciales del universo? Ciertamente no, pues todos estos planteamientos dan por hecho la validez del cálculo de probabilidades en la naturaleza (sin el que no tendría sentido hablar, por ejemplo, de promedios y compensaciones estadísticas), y el cálculo de probabilidades es una teoría matemática tan racional como cualquier otra. 


(Seguimos, por tanto, dentro del ámbito de las matemáticas... Imaginen una molécula de agua tratando de descifrar el mar desde fuera del mar; ahora imaginen a nuestros materialistas tratando de liberarse de la racionalidad y las matemáticas desde dentro de la racionalidad y las matemáticas :-))

El caos del que hablan los físicos no es nunca el caos filosófico de la ausencia absoluta de racionalidad, sino que resulta constituido por un conjunto de estados bien regulados por leyes de distribución que mantienen su estabilidad a lo largo de todo el juego. De este modo, cualquier intento de explicar el surgimiento de las leyes conocidas de la física a partir de una situación así, lo que hace es reproducir la cuestión de la racionalidad matemática del universo a otro nivel.

En definitiva, la racionalidad del universo es un hecho que el materialista no puede sino reconocer, y considerar como un 'hecho bruto', un dato primario sin explicación (otro más :-)). En cambio, desde el teísmo, la racionalidad del universo no resulta sorprendente, ya que se trata de la obra de un Creador inteligente. Antes bien, esta racionalidad es lo que cabría esperar de la creación. De ahí que los fundadores de la física moderna no dudaran en comparar la naturaleza con un libro escrito en lenguaje matemático por el Autor del mundo. Los enormes progresos que la física ha realizado a través de su historia en la comprensión del libro de la naturaleza concuerdan, de modo creciente, con esta visión de sus fundadores: todo lo real es racional, porque Dios, que es la fuente de la realidad, es racional.


Francisco J. Soler Gil
Filósofo de la Ciencia
Doctor en filosofía por la Universidad de Bremen

(Extractos de su libro "¿Dios o la materia?" del que es coautor junto al físico teórico Martín López Corredoira. Ediciones Áltera, 2008. Págs. 19-27)



Pueden leer la segunda parte de esta entrada aquí.





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Pueden ver todos los títulos consultados en la elaboración de este blog en nuestra Bibliografía.


Álvarez-Gaumé y la teoría del multiverso

universo


"Hay gente que se pregunta qué pasó antes del principio. Una teoría postula que el cosmos es eterno y se van produciendo burbujas en diferentes sitios. Algunas de ellas producen mundos grandes, otras derivan en cosmos pequeños y otras colapsan de inmediato. Dentro de cada una las leyes cambian. Nosotros estaríamos en la sección donde permiten que haya bacterias.

Este tipo de pensamientos me deja bastante frío. Es posible que estas preguntas no se puedan responder hoy, pero eso no significa que sí se despejen en el futuro. Para los alquimistas del siglo XV, las diferencias entre los átomos se explicaban como si fuera magia: nadie lo podía explicar. En aquella época ya se observaban los planetas y la expansión de los gases, pero nos llevó cuatrocientos años entender la estructura de los metales y los átomos de los alquimistas, gracias a los hallazgos de la mecánica cuántica y el electromagnetismo. Si entonces hubiéramos exigido una explicación inmediata, se habrían inventado conceptos como los multiversos para explicar por qué los elementos tenían propiedades tan distintas.

Tampoco hay que negarse a la posibilidad de que sepamos menos de lo que pensamos".


Luis Álvarez-Gaumé
Físico español
Director del grupo de Física Teórica del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear)

Extracto de una entrevista concedida a Luis Miguel Ariza para la revista de divulgación "Muy Interesante"



Más entradas sobre la teoría de los múltiples universos aquí

Dios y la cosmología moderna

dios y la cosmologia

"La acción creadora de Dios no puede concebirse como la de una causa física, sino que pertenece al nivel ontológico del existir. Éste es un punto importante, ya que es frecuente poner la acción creadora de Dios al mismo nivel de las causas físicas, como una primera causa en el tiempo, para luego negar la necesidad de esa primera causa. Desde este punto de vista ontológico, la fe en la creación no depende del modelo cosmológico que se utilice para describir la naturaleza del mundo. Sin embargo, a lo largo de la historia, la creación se ha ido expresando en términos de los modelos cosmológicos de cada época. Tenemos que recordar que el conocimiento científico no constituye el único acceso a la realidad, sino que hay otros tipos de conocimiento de la realidad, como el filosófico, el estético o el religioso, que nos descubren aspectos de la misma no incluidos en el conocimiento científico. De esta forma, la fe en Dios creador no se basa en ninguna laguna o hueco de la ciencia, ni es una hipótesis cosmológica, sino la respuesta a la pregunta por la existencia misma del universo y su sentido.

     Un aspecto importante que no cae dentro del ámbito de la ciencia es la consideración del sentido. La pregunta que podemos hacernos es: ¿qué sentido tiene la realidad que nos rodea y qué sentido tiene nuestra propia existencia? En el fondo, se trata de la pregunta última de ¿por qué existe algo en lugar de no existir nada, (la famosa pregunta de Leibniz y Heidegger, clic aquí para una ampliación de este tema) y qué sentido tiene que exista algo? Las ciencias presuponen la existencia del mundo que nos rodea y tratan de dar una respuesta a la pregunta acerca de cómo está constituido, qué leyes lo rigen e incluso cuál ha sido su origen físico; pero no entran en la cuestión del sentido ni de la razón de su existir. Para Thierry Magnin*, este problema es el que siempre se le escapa a la ciencia y sobre el cual tenemos todo el derecho a hacernos preguntas.

     Durante mucho tiempo, la pregunta sobre el origen del universo no era considerada como una pregunta propia de la ciencia. Hoy el modelo del Big Bang nos presenta un comienzo del universo que es a la vez comienzo de nuestro espacio-tiempo. La intuición de San Agustín, en el siglo V, de que el tiempo había sido creado junto con el mundo, y que no había tiempo anterior a la creación, se acerca a la idea de la cosmología moderna. Aunque no faltan elucubraciones sobre estadios y tiempos anteriores al momento del Big Bang, éstos no tienen ninguna base experimental. No podemos hacer afirmaciones científicas con base empírica sobre las condiciones anteriores al Big Bang. Algunos autores proponen que algunas características de nuestro universo son heredadas de un universo anterior, a partir del cual el nuestro se ha originado; pero ello no deja de ser una pura elucubración.

     La gran dificultad con que nos encontramos a la hora de considerar la creación es el concepto mismo de la nada. La nada no es un concepto físico; la física habla de vacío, pero no es lo mismo. El vacío físico está lleno de potencialidades y realidades, como son los campos de fuerzas. Cuando los cosmólogos hablan de que el Big Bang fue originado por una fluctuación del vacío cuántico, están implicando ya una realidad en este vacío, lleno de potencialidades y virtualidades. La nada es realmente un concepto filosófico que se refiere a la negación de toda realidad. Este concepto es difícil de comprender, y el paso de la nada absoluta al ser tardó en plantearse. Esta dificultad de explicar el paso de la nada al ser llevó a Epicuro* a afirmar que de la nada no puede originarse nada y que, por lo tanto, los átomos debían ser eternos. Aristóteles*, sin embargo, que aceptaba la idea de un Dios fuente de todo movimiento, afirmaba que el mundo también era eterno. La disyuntiva sigue estando presente: si no se acepta la idea de un Dios creador que es eterno, el mundo mismo tiene que serlo. La única alternativa a la creación es la eternidad misma del universo. Ante esta disyuntiva, Harrison* concluye que Dios y el Universo (ambos con mayúsculas) se identifican entre sí como lo que es "todo e inconcebible", y dios y el universo (con minúsculas) son nuestras imágenes y máscaras concebibles de lo que en sí mismo es inconcebible. No podemos menos de encontrar aquí, de alguna manera, un reflejo de las tradiciones religiosas orientales en las que el mundo y la divinidad se identifican en una concepción monista de la realidad cuyo último fundamento es incognoscible (esta es la postura, por ejemplo, del astrofísico Bernard Haisch expuesta en su libro "La teoría de Dios").

     Como ya se ha dicho, Dios no se puede concebir como una causa física al mismo nivel de otras causas físicas. Por eso tiene poco sentido que Hawking* diga que, si al principio no hubo ninguna singularidad, si el universo es realmente autocontenido, no tendría ni principio ni final: simplemente, sería, y entonces, ¿qué lugar queda para un creador? Precisamente porque el universo es, necesita un creador. La confusión de poner la creación al nivel de las causas físicas puede llevar a su rechazo y proponer al universo mismo como último principio físico de sí mismo. Ponerse a buscar a un Dios creador como una hipótesis física para explicar el universo, es entrar en un camino sin solución. Otro problema que suele plantearse es el de la relación entre el acto de la creación y el tiempo. Debemos recordar que Dios está fuera (cursivas mías) del tiempo (si Dios creó el espacio y el tiempo, como siempre nos han dicho tantas tradiciones filosóficas y religiosas ancestrales, es obvio que, por muy extraño que nos resulte, el tiempo es un "objeto creado" y, por tanto, es algo distinto y aparte del creador, es una "cosa" creada y está fuera de él, como la vasija está "fuera" y es distinta del alfarero), el acto creador está fuera del tiempo, y es, por tanto, atemporal. De esta forma se puede concebir como coincidiendo con cada uno de los instantes del tiempo del universo, incluyendo, por consiguiente, toda su evolución. Esta manera de concebir la creación se donimina, a veces, "creación continua". Continua, vista desde nuestra dimensión temporal, pero no desde la atemporalidad de Dios. Tenemos que rechazar la idea, común en el pensamiento deísta, de que Dios creó sólo en el primer instante, y luego el mundo ha evolucionado por sí mismo de acuerdo con las leyes que Dios le ha impuesto. A nosotros, que vivimos vinculados al tiempo, nos es difícil concebir lo que significa estar fuera del tiempo, pero no podemos concebir la acción de Dios con categorías temporales.

      (En efecto, algunos autores proponen que, al estar fuera del tiempo y vivir en un eterno presente, Dios está creándolo todo en este mismo instante. De este modo, aunque a nosotros nos resulte imposible concebir estos conceptos, el Big Bang, la formación de la Tierra, la aparición de la primera célula, todo lo que, desde nuestra particular percepción del tiempo necesitó millones de años en su evolución, para alguien que no está sometido a ese fluir espacio-tiempo, todos esos sucesos tuvieron/tienen lugar simultáneamente en un eterno y perfecto "ahora").

     Se puede preguntar si el momento del Big Bang corresponde al momento de la creación. Cuando la ciencia habla del origen del universo, lo está haciendo dentro del contexto científico de una teoría concreta. La ciencia trata de responder a la pregunta de cómo fue el origen del universo en el sentido físico. La fe en la creación del universo se refiere al sentido ontológico y responde a la pregunta de por qué existe el universo, que pasó de no ser, es decir, de la nada, a ser. La ciencia trabaja siempre en el campo de lo físico y natural y no puede, por sí sola, llegar a una causa sobrenatural. El hecho de que la ciencia haya llegado al conocimiento de que el universo ha tenido un origen puede estar señalando al creyente que ese origen se corresponde con el momento de la creación. Debemos tener cuidado, de todas formas, de no mezclar los dos niveles de conocimiento. La ciencia sólo llega a un primer momento, que además le queda oculto por la barrera del tiempo y el tamaño de Planck, por debajo de la cual no son válidas las leyes que conocemos de la física. Hay propuestas, dentro de la ciencia, acerca de lo que ocurrió en ese primer momento, tales como que todo surgió de una fluctuación del vacío cuántico. Pero el vacío cuántico no es la nada, (clic aquí para consultar una reflexión del físico Fernández-Rañada sobre este tema) y la pregunta por la existencia de ese vacío cuántico (cómo pudo surgir de la nada) sigue en pie. También podemos preguntarnos por qué ese vacío cuántico dio origen a este universo con las características físicas concretas que tiene.

     Las características tan especiales que se requieren para que en un universo se desarrolle vida inteligente han dado origen al llamado "principio antrópico". Una interpretación fuerte de este principio, que implica la existencia de una finalidad o diseño desde el comienzo, escapa al campo científico y pertenece a la reflexión filosófica o teológica. Desde el nivel mismo de la ciencia no es válido hacerse preguntas que implican finalidad, como las incluidas en la idea de diseño. Éstas son preguntas que pertenecen al pensamiento filosófico o teológico. Negar la posibilidad de hacerse este tipo de preguntas, para las que la ciencia no tiene respuesta, tampoco está justificado. Sin embargo, está muchas veces implícitamente presupuesto que todo conocimiento ha de conformarse con el científico, por lo que se niega toda validez a una reflexión ulterior filosófica o teológica que trate de la finalidad o diseño del universo. Pretender que los mecanismos del azar y la adaptación excluyen este tipo de explicación significa quedarse en el nivel fisicalista de la ciencia, excluyendo otros planteamientos que pregunten por la existencia y sentido del proceso mismo de la evolución del universo. Pero las preguntas de la ciencia no son las únicas que el hombre puede hacerse.

     A veces se presenta la hipótesis de la existencia de muchos universos como una alternativa a la creación y una última explicación de la peculiaridad de nuestro universo. Esta propuesta crea dificultades dentro mismo del campo de la ciencia, al no ser verificable ni falsable por ningún tipo de observación. Sin embargo, esta hipótesis sigue planteándose dentro del campo de la ciencia, y es ahí donde debe discutirse su validez. No supone, sin embargo, ninguna dificultad en el nivel de la existencia ontológica en que se plantea el problema de la creación. En el siglo XVI, Giordano Bruno, acusado de defender la existencia de muchos mundos, lo cual se consideraba una opinión herética, se defendía diciendo que Dios podía haber creado más de un universo, y que esto era más congruente con su omnipotencia que el haber creado uno solo. Pero, aún en la Edad Media, algunos autores, al discutir la potencia absoluta de Dios, planteaban la cuestión de si Dios podía haber creado más de un universo. (En este post, el filósofo Antony Flew responde de un modo jocoso a los que argumentan que la existencia de muchos universos sería la "prueba definitiva" de que este universo que vemos no tuvo un creador).

     Curiosamente, la respuesta que se daba era que podría haberlo hecho, pero que lo cierto era que había creado uno solo. La validez de la propuesta de la existencia de muchos universos, y aun de un número infinito de ellos, puede discutirse a nivel científico, pero no puede considerarse en sí como una alternativa (o un contraargumento) a la creación. La fe en la creación se plantea en el nivel ontológico del ser e implica la aceptación de la existencia de Dios, de quien depende la existencia de todo lo creado, sea uno o sean muchos los universos realmente existentes".

Los añadidos en gris son míos.

Agustín Udías
Físico y teólogo
Catedrático emérito de Geofísica de la Universidad Complutense de Madrid
Autor, entre otros, de "Historia de la Física. De Arquímedes a Einstein", 2004 

Extraemos estos párrafos de su libro "Ciencia y religión, dos visiones del mundo", 2009. ISBN: 978-84-293-1847-0



*Thierry Magnin: Doctor en Física y Teología, es profesor de física en l'École nationale supérieure des mines de Saint-Étienne.
*Epicuro: Filósofo griego (342-270 a.C.), fundador de la escuela que lleva su nombre.
*Aristóteles: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia, (384 a. C. – 322 a. C.) Su pensamiento ha ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente.
*Edward Harrison: (1919-2007). Fue profesor emérito de física y astronomía en la Universidad de Boston.
*Stephen Hawking: Célebre físico teórico, cosmólogo y divulgador británico, autor de "Breve historia del Tiempo".
    

"Tomemos afirmaciones tales como 'no debemos pedir una explicación de por qué existe el mundo; está aquí y eso es todo' o 'como no podemos aceptar una fuente trascendente de la vida, escogemos creer lo imposible: que la vida surgió espontáneamente, por azar de la materia', o 'las leyes físicas son leyes alegales, que surgen del vacío (sin legislador): ¡fin de la discusión!'. Parecen a primera vista argumentos racionales que tienen una autoridad especial porque irradian cierto tono solemne. Pero, por supuesto, esto no es ninguna prueba de que sean racionales, y ni siquiera de que sean argumentos.

En esto, a mi modo de ver, reside el peculiar peligro, el mal endémico, del ateísmo dogmático"

Antony Flew
Filósofo y escritor inglés
Profesor en Oxford y otras muchas universidades
Perteneció a la escuela del pensamiento evidencialista
Extracto de "Dios existe", pág. 86 


Clic aquí para consultar todos los posts sobre el pensamiento de Antony Flew en este blog. 
El físico Paul Davies y el matemático Alfred Hoyle exponen aquí un planteamiento similar, y aquí lo hace Bernard Haisch.


Resumiendo: la ciencia no puede contestar a la pregunta sobre el sentido de la vida y del Universo porque es una cuestión que queda fuera de su radio de acción como queda fuera del alcance del impresor -por usar un símil ya conocido- entender las razones privadas que movieron al autor del libro que está imprimiendo a escribir ese texto precisamente y no otro. Pero a los cientifistas -que no a los científicos- no les agrada que algo quede fuera de la disciplina de la ciencia y, por tanto, en vez de contestar con un honesto "no sé" o un evasivo pero legítimo "no me interesa", prefieren argumentar que la pregunta formulada es absurda, que aquellos que la formulan son unos pobres ilusos y que si la ciencia no ha hallado ese "sentido", es porque éste no existe o es insignificante.


¿Recuerdan la fábula de la zorra y las uvas?
:-) 

Las supercuerdas, el multiverso y lo sobrenatural

dios y la ciencia el multiverso

"Hoy resulta aceptable, hasta está de moda, publicar artículos científicos en los que se proponen teorías de universos invisibles que pueden ser adyacentes a los nuestros en otras dimensiones. Algunos han llegado a postular universos que están encima del nuestro, interpretando el espacio que habitamos. Estas teorías, llamadas teorías de las supercuerdas y de las M-branas, se cuentan entre las fronteras más interesantes y prestigiosas de la física moderna. Sobre ellas se han levantado las reputaciones y las carreras de muchos científicos destacados. Yo mismo he tenido a mis órdenes a posdoctorados especializados en esos terrenos.

Pero si una persona habla de realidades espirituales trascendentes, se ríen de ella. Por lo que sea, los mundos de cuerdas de once o de veintiséis dimensiones de las teorías científicas son aceptables, pero los planos espirituales del misticismo se consideran meras supersticiones. Los custodios reduccionistas del mundo científico han tenido bastante éxito en su labor de desacreditar la palabra 'sobrenatural'. Por algún motivo, la ciencia acepta los multiversos y las hiperdimensiones hipotéticas de la física moderna, que no dejan de ser meramente teóricos, mientras que los relatos de las experiencias de las realidades trascendentes de los místicos a lo largo de los siglos se rechazan o se pasan por alto. Como astrofísico, soy partidario de las observaciones: no puedo pasar por alto esas experiencias. De hecho, me parece que existen más pruebas empíricas de la existencia de Dios que de las dimensiones múltiples de la teoría de cuerdas.

Cuando un reduccionista oye la palabra 'místico', se excita como un toro al ver agitarse un capote. Resulta paradójico, por tanto, que uno de mis místicos favoritos sea el mismísimo sir Arthur Eddington, al que casi todos consideran el astrofísico más destacado de la primera mitad del siglo XX. Eddington realizó, en 1929, observaciones del Sol que demostraron la teoría general de la relatividad de Einstein, con lo que éste saltó a la fama de la noche a la mañana. El New York Times publicó una lista de los doce únicos hombres del mundo que entendían la nueva teoría de Einstein, y Eddington figuraba en segundo lugar, después del propio Einstein. Entre sus grandes tratados científicos figuran 'La teoría matemática de la relatividad ', en la que se explica la relatividad a los genios menores de la época (y todavía sirvió, medio siglo más tarde, para que la entendieran otros estudiantes posgraduados que no tenían nada de genios, como yo), y 'La constitución interna de las estrellas'.

Pero, a pesar de su historial científico impecable, Eddington publicó también 'La ciencia y el mundo invisible', libro en el que debatía sus ideas espirituales y su creencia en la existencia de planos más allá de lo físico.

El cientifismo fundamentalista, que ha reprimido una buena parte de la imaginación científica, tiene muchas consecuencias de largo alcance. La afiliación a este credo fomenta la convicción de que la única realidad posible es la que explora o evoca la física, que se limita a la materia y a la energía. Inculca la creencia (presentada como hecho probado) de que la ciencia ha demostrado que Dios y las inteligencias inmateriales no son más que mito antiguos, restos del pasado. Fomenta la opinión de que la consciencia no es más que un poco de química cerebral, un mero epifenómeno, a pesar de ser un epifenómeno que, curiosamente, se ha desarrollado más allá de las exigencias de la mera evolución. Y todo ello, a pesar de que nuestra propia consciencia percibe directamente que en realidad está pasando algo más profundo, algo que conocen por experiencia propia hasta los escépticos más vociferantes.



"No pretendo venderme a mí mismo como un 'gran científico', pero sí que conozco el proceso y la filosofía de la ciencia, la naturaleza de las pruebas científicas, el papel de la teoría... Me he dedicado a la investigación científica durante casi tres décadas, he publicado docenas de trabajos científicos, muchos de ellos en publicaciones de alto nivel como 'Science' y 'Nature', he sido árbitro e investigador principal en muchos proyectos de  la NASA; he presidido conferencias patrocinadas por la Unión Astronómica Mundial... He ejercido durante diez años como director científico de la revista 'Astrophysical Journal' y en ese periodo fui responsable de aceptar o de rechazar cerca de mil artículos... En definitiva, he aprendido bastante acerca de la estructura y de la evolución del universo, del Big Bang y de las ideas fundamentales que se integran en las teorías de la relatividad y cuántica... Y tengo bastante certeza de que en el conjunto de nuestros conocimientos científicos no hay NADA que contradiga la teoría de Dios" 

Bernard Haisch

Astrofísico, colaborador de la NASA  
Doctor por la Universidad de Wisconsin
Extractos de "La teoría de Dios"

***

'No soy positivista*. El positivismo afirma que lo que no puede ser observado no existe. Esta concepción es científicamente indefendible, ya que es imposible hacer afirmaciones válidas sobre lo que la gente 'puede' o 'no puede' observar. Equivale a decir que 'sólo existe lo que observamos', lo cual, evidentemente, es falso'

Albert Einstein
Físico alemán
Formuló la teoría de la Relatividad 


 
*Positivismo: corriente filosófica derivada de la epistemología y surgida en Francia a comienzos del S. XIX, que afirma que el único modo de llegar al conocimiento real es a través del método científico. Aunque actualmente parece haber un resurgimiento de esta doctrina, relacionado principalmente con las formas más extremas del ateísmo militante, en su momento fue poco a poco abandonada por los mismos pensadores que en un principio la promulgaron.

Una exposición muy inteligente sobre el tema de este post AQUÍ 

Mi postura personal AQUÍ 

Todo lo referente al cientifismo en este blog AQUÍ


Para consultar una explicación "sencilla" (hasta donde esto es posible) de la Teoría de Cuerdas, he encontrado ESTE interesante artículo. Que lo disfruten :-)



Dawkins el predicador o la Razón irrazonable

dios y la ciencia


"Resulta irónico que, al leer a Dawkins, a uno le venga a la cabeza el discurso agrio que a menudo se escucha de los predicadores fundamentalistas, que gustan de verter desprecio sobre sus contrarios al tiempo que los queman en la hoguera de su elocuencia para el regocijo de la audiencia. El predicador se asemeja así a un verdadero profeta, que hace caer fuego del cielo para consumir a los descreídos en una santa fogata. Dawkins predica a su audiencia de un modo muy parecido. Lleno de desprecio hacia sus contrarios, parece incapaz de comprender que alguien pueda llevarle la contraria de un modo racional.

Por tanto, ya que sus contrincantes son poco razonables, pueden ser objeto de un achicharramiento retórico que los reduzca a pavesas. Pero, sobre todo, al igual que el predicador fundamentalista, Dawkins recurre continuamente a advertencias medio apocalípticas sobre los desastres que sin duda sobrevendrán si el 'virus mental' de la religión no es curado pronto por el ateísmo; tarea tan urgente que requiere la actuación inmediata de algún poder oficial para que el adoctrinamiento religioso de los niños (que para Dawkins es una forma de malos tratos) cese antes de que la humanidad caiga en el desastre. 

Sin darse cuenta, cae constantemente en la parodia de sí mismo".



Scott Hahn y  Benjamin Wiker*
Catedrático de Teología y Profesor de Ética, respectivamente.
Autores de "Dawkins en observación. Una crítica al nuevo ateísmo", 2008


Cuando oigo y leo cómo los nuevos ateos toman la Razón y la colocan sobre un trono procesional para pasearla entre vítores a través de las "hordas" de los infieles a su causa, o hacen de ella una especie de Excálibur afilada y llameante, la herramienta ideal para degollar a los que ellos consideran crédulos, no puedo menos que sonreír... Por cada misterio que la física cuántica desvela, surgen, como por encanto, mil "misterios" más, a primera vista tan irresolubles como fascinantes. Y es que esta rama de la Física está colocando nuestra bienamada habilidad cognitiva (la de todos nosotros, creyentes o no) contra las cuerdas. Pero, sobre todo, la física cuántica está diluyendo la, cada vez más, tenue línea que separa lo lógico de lo descabellado, de un modo que hace sólo cincuenta años no habríamos podido concebir ni en nuestras más irrazonables fantasías :-)

Soy una lega en la materia, como ustedes saben, y mi información es muy limitada, pero, hasta donde he podido entender, hace unos años los físicos de partículas creían que la realidad está formada por ¡25 dimensiones!  (por supuesto, nadie puede ver ni medir esas otras dimensiones, pero las necesitan, al parecer, para hacer encajar ciertas fórmulas, disculpen que no me extienda más por un terreno que no domino). Ahora la cosa está más "tranquila" :-) pues parece que esas dimensiones han sido reducidas a "sólo" once... Pero, según las últimas investigaciones, aunque aún no se ha logrado un consenso general al respecto, cabe la posibilidad de que exista un número infinito de universos "hermanos" del nuestro, habitados por, a su vez, infinitas réplicas de todo lo que existe en este universo visible, incluidos nosotros mismos... Querido lector, si en los próximos años esta hipótesis alcanza la honorable categoría de paradigma, usted tendrá que aceptar que en esos otros universos hay una réplica exacta suya, pero jugando un rol distinto al que juega en éste que habitamos. Es decir, en esos mundos, usted puede ser un santo, un violador, un pederasta, un misionero, un altruista, un genocida... Y así hasta agotar, si en este contexto fuera viable, un espectro infinito de posibilidades. Y este paradigma será "palabra de Dios", puesto que lo afirmará la Ciencia y, lo entendamos o no, nos guste o no, tendremos que acatarlo, como acatamos la teoría de la Evolución. Una servidora, al menos, aceptará lo que la hermana Ciencia dicte.

En otras palabras, y como ya hemos apuntado en otros artículos del blog: la Ciencia está descubriendo poco a poco que prácticamente TODO es posible.

Si me lo permiten y aunque suene poco elegante, les diré que, comparado con esta idea de los universos "réplica", el  hecho de que una mujer quede encinta sin intervención de un varón pierde bastantes puntos en la siempre variable calificación de lo "irrazonable" :-) Si aquéllo es posible, ¿por qué no lo es ésto que parece menos complicado?

Si TODO es posible, ¿por qué es imposible que Dios exista?

Señores, a la luz de los nuevos descubrimientos ¿qué se atiene a la Razón y qué no? ¿Qué hecho, por rocambolesco o lógico que sea, podemos englobar dentro de sus límites, si acabamos descubriendo que la Razón misma es irrazonable, que se vuelve nebulosa y carece de fronteras? Parece que el ídolo de los ateos se tambalea en su trono procesional, la hoja de la Excálibur se vuelve mellada e inservible, pues algo que no puede ser definido, en principio, no puede ser usado como argumento.

Vivimos tiempos apasionantes. 

*** 
Piénsenlo: la Ciencia está estudiando la posibilidad de que exista, entre otros muchos universos, uno donde Richard Dawkins es un predicador evangélico furibundo que increpa a las masas para que se conviertan bajo pena de tortura eterna y les insta a la lucha feroz y la intolerancia más férrea contra todos aquellos que no piensan como él...

Bien mirado, a muchos nos costaría encontrar la diferencia con el Dawkins que conocemos.
:-)


La opinión de Einstein sobre la extendida tendencia a "entronizar" la Razón, aquí 

Más sobre la Razón (con mayúsculas, of course :-))




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*Scott Hahn y Benjamin Wiker son expertos en temas de Ciencia, pero no son científicos... A este típico argumento ad hominem, esgrimido tan a menudo por tantos ateos, -que se niegan simplemente a considerar muchos postulados sólo porque no vienen de trabajadores de la Ciencia-, el teísta debe contestar que Dawkins tampoco es filósofo ni teólogo (ni sabe apenas nada de estos temas porque no se ha tomado la molestia de estudiarlos a fondo) y se lanza a filosofar y hablar de teología sin el menor complejo, algo que no es obstáculo para que sus seguidores crean sus afirmaciones como si se tratara del Oráculo de Delfos. Si los nuevos ateos aceptan sin más las disquisiciones filosóficas de Dawkins, que no es filósofo ni sabe nada de filosofía, deberían, -si son tan justos e imparciales como pretenden-, aceptar también las premisas de Hahn y Wiker sobre Ciencia.

 
O eso, o no son tan imparciales y justos como pretenden :-)
 
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