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El "robot" de Daniel Dennett. El problema de la consciencia (II)

el robot de Daniel Dennett

Les invitamos a leer unos interesantes párrafos extraídos del ensayo "Mitología materialista de la Ciencia", del profesor Francisco J. Soler Gil. 
Como siempre, los apuntes en gris son añadidos nuestros.


"La tesis de que los procesos cerebrales se identifican con los mentales no es un resultado científico, sino una posición filosófica apoyada de un modo más o menos laxo en datos de las neurociencias. Y lo mismo cabe decir de la tesis de que la mente es producida o segregada por ciertos procesos cerebrales de modo tal que el poder causal se encuentra siempre en las interacciones físico-químicas de las neuronas. Por encima de sus diferencias, ambas tesis coinciden en expresar la fe materialista en que todo lo que es mente podrá ser explicado, detallando procesos materiales descritos por la física, la química y la biología. Esta fe materialista, por supuesto, era previa al desarrollo de las neurociencias, y simplemente ha impulsado una lectura particular de las mismas.

¿Se trata, al menos, de una lectura robusta, sin fisuras? No... El problema consiste en que la insistencia materialista en mantener el marco físico-químico como el único plano básico de la realidad, sobre el que emerge -y al que se reducen en última instancia- todo lo demás, nos lleva a contemplar la mente como algo completamente innecesario, sin función propia en el orden natural, y cuyos contenidos no son dignos de crédito alguno. Pero si esto es así, entonces tampoco el materialismo, ni la ciencia, ni ningún otro producto del espíritu humano serán dignos de crédito. Por eso, para evitar el colapso de su posición en un mero escepticismo universal, el materialista tendrá que intentar dotar a la mente de un cierto peso ontológico, llegando finalmente incluso a concederle poder causal. No obstante, si se decide a dar ese paso, entonces su posición será ya prácticamente indistinguible de las lecturas teístas...

En definitiva: el problema de la concepción materialista de la mente es que, sometida a escrutinio, resulta ser un planteamiento inestable, que tiende a derivar o bien hacia una posición escéptica (escéptica en un sentido 'total', es decir, si la mente fuera un residuo sin mayor importancia de la actividad cerebral, todo lo que brote de ella será superfluo e inestable y, sobre todo, poco fiable... en este caso, la ciencia, el pensamiento, el arte, la propia filosofía fisicalista serían también 'poco fiables' y esto, claro, tampoco les conviene a nuestros materialistas :-)) o bien hacia planteamientos similares a los del enfoque teísta.


La mente virtual de Daniel Dennett

El filósofo Daniel Dennett es uno de los representantes actuales más destacados del enfoque materialista en filosofía de la mente. Su gran empeño consiste en mostrar cómo surge por evolución la mente consciente, sus contenidos y sus atributos en un mundo que, en el fondo, no consiste en otra cosa que partículas y ondas regidas por las leyes de la física. Entre esos atributos está la 'libertad'. No entendida, claro está, como posibilidad real de la mente de influir en el curso de los acontecimientos, sino como un concepto que ayuda a describir la acción de ciertos agentes naturales de un modo conciso a un nivel en el que no tenemos en cuenta la determinación de todo lo existente en el plano fundamental. Y para que no nos quede duda de su opinión con respecto a las características de ese plano fundamental de la realidad, avisamos que lo asocia con el determinismo, que define citando a Van Inwagen:



'El determinismo consiste en la tesis de que en cada movimiento dado hay exactamente un único futuro físicamente posible...'



(Hace décadas que los físicos declararon que el universo -y el cerebro forma parte del universo- es indeterminista, pero Dennett no permitirá que esta minucia le estropee los planes :-) Veamos cómo se las arregla nuestro filósofo para sortear -o intentarlo- tan formidable escollo).



 Ahora bien, ¿cómo vamos a abrir un resquicio en el mundo para una mente libre, si resulta que en cada instante sólo hay un futuro físicamente posible? ¿Acaso no requiere la libertad el que haya, en el momento de ejercerla, opciones reales entre las que podamos elegir? ¿Y no se requiere también la capacidad de evitar acciones que no consideramos adecuadas? Dennett está de acuerdo con estos requisitos de la libertad. Pero afirma que son perfectamente compatibles con el determinismo: El determinismo no implica inevitabilidad, ni elimina la posibilidad de que contemos con verdaderas opciones a la hora de decidir. ¿Cómo es esto posible? Pues es posible porque  -afirma Dennett-  conceptos como el de 'evitabilidad', 'opción', 'prevención', 'orientación', etc. no se refieren a la realidad considerada en su nivel físico fundamental, sino que se aplican a la realidad vista desde lo que él denomina la 'perspectiva del diseño'.

Para explicar la diferencia entre estos dos enfoques de la realidad, dedica un extenso apartado del segundo capítulo de 'La evolución de la libertad' a presentarnos el modelo de mundo determinista desarrollado por John Horton Conway y conocido como 'Juego de la Vida':  El mundo de Conway consiste en un plano cuadriculado, en el que cada una de las cuadrículas puede estar encendida o apagada. Sobre este escenario, se impone una 'física' muy sencilla: En cada instante se cuenta el número de cuadrículas encendidas y apagadas que hay en el entorno inmediato de cada una de ellas. Si el número de cuadrículas encendidas en el entorno de una dada es dos, la cuadrícula central se queda como está en el siguiente instante de tiempo. Si el número es tres, la cuadrícula se enciende, o se queda encendida. Y en los demás casos la cuadrícula se apaga, o se queda apagada. Esta es la física del mundo 'Vida' y es, como puede verse, determinista... Sobre esta base, podemos diseñar configuraciones que posean propiedades interesantes: que se desplacen en el plano, que puedan reconstruirse después de ciertas interacciones con otras configuraciones, que puedan 'evitar' ciertos peligros, 'anticipándose' a ellos, 'recogiendo' información del entorno, etc. Por tanto, si nos situamos en el plano del diseño de configuraciones (en el mundo 'Vida' o en el nuestro), vemos surgir los conceptos de 'evitabilidad' y 'opción', a pesar del determinismo físico: Un peligro es evitable cuando hay un diseño que puede impedir los daños que se derivan de tal peligro. Y una configuración tiene 'opciones' reales, si ante un determinado tipo de situación, su diseño le permite adoptar una u otra estrategia para afrontar los peligros...

Evidentemente, el uso que se está dando aquí a términos como 'evitar', 'anticiparse', etc. es metafórico. Se trata de una evitación virtual -es decir, un 'como si' evitara- y de opciones 'como si'.  A nivel físico, cada configuración es lo que es, y le pasa lo que le tiene que pasar. Pero al adoptar la perspectiva del diseño somos capaces de abstraer muchos casos particulares con ayuda de conceptos generales que nos permiten enfocar las regularidades que se dan en el nivel de las configuraciones. 

Una abstracción aún mayor se da cuando atribuimos intencionalidad a las configuraciones del mundo 'Vida': Podemos considerar dichas configuraciones 'como si supieran' o 'creyeran' algo, o como si 'quisieran' alcanzar tales o cuales fines. Se trata, por supuesto, de un saber, un creer y un querer virtual: un 'como si' supiera, 'como si' creyera, 'como si' quisiera, etc. Pero esto no dice nada contra el uso de tales términos. Pues su empleo presenta la ventaja -siempre según Dennett- de facilitar el lenguaje sobre las propiedades de las distintas configuraciones.

En definitiva, la perspectiva del diseño, y más aún, la perspectiva intencional nos permite subsumir los casos particulares (sometidos al determinismo físico) en clases de situaciones, clases de configuraciones, etc. Esta perspectiva nos abre la posibilidad del empleo de términos relacionados con las acciones de los agentes conscientes, ya que al tener que enfrentarnos con una situación de un tipo determinado, la información disponible a cualquier agente finito es, en el mejor de los casos, que tales situaciones suelen tener tales consecuencias, o pueden ser afrontadas de tal o cual modo, etc. Y éste es el escenario apropiado para hablar de oportunidades, consecuencias evitables e inevitables, opciones, etc. Por tanto, concluirá Dennett, podemos afirmar la existencia de formas de libertad compatibles con el determinismo, si las referimos a agentes y situaciones al nivel del diseño. Y éste es el nivel en el que entramos nosotros en el juego.


(Si lo hemos entendido bien, esto vendría a significar que, si la 'máquina' -o sea, nuestro cerebro- está 'programado' para actuar de tal o cual modo ante determinadas circunstancias, siempre actuará de ese modo ante esas determinadas circunstancias. Por supuesto, aquí el 'programador' no sería otro que la evolución... Esas órdenes que el cerebro recibe y lleva a cabo serían como los algoritmos que los informáticos incluyen en los programas para que un ordenador, simplemente, se limite a obedecerlos).


Una vez planteado el tema de la libertad y los otros conceptos asociados con la actividad de la mente de este modo, lo que le resta a Dennett es mostrar cómo la evolución ha podido (a partir de un juego de ensayo y error de miles de millones de años) dar lugar a un diseño tan complejo como el del cerebro humano, que nos permite aprender, prevenir, hacer predicciones, tomar decisiones, cooperar, seguir normas morales, etc. en numerosas situaciones diferentes. Y a esta tarea dedica la mayor parte de su obra 'La evolución de la libertad'.

Según Dennett, es legítimo aplicar la perspectiva del diseño, e incluso la perspectiva intencional, desde el momento en que nos referimos a las primeras configuraciones en la historia de la evolución. Con sus propias palabras:



'Las lentísimas pautas que resultan predictivas al nivel de los genes recuerdan notablemente a las pautas que se revelarán predictivas en los niveles psicológico y social, y, en realidad, son anticipos de ellas: las oportunidades, la ignorancia, el discernimiento, la búsqueda de las mejores maniobras frente a la competencia, la evitación, la represalia, la elección y el riesgo (...) Son lo que llamo razones virtuales y precedieron en miles de millones de años a nuestras razones articuladas y ponderadas'. (Dennett, 'La evolución de la libertad', pág. 179).



(Dicho de otro modo, Dennett asegura que, si nuestros genes egoístas pudieron hacer todo esto cuando prácticamente éramos sólo células, tanto más podrá lograrlo nuestro enorme y complejísimo cerebro de homo sapiens sapiens :-))


Ahora bien, a lo largo de todo el relato evolutivo que nos propone Dennett, no encontraremos ningún punto en el que podamos establecer un corte del tipo: Hasta aquí las razones virtuales, desde aquí las razones genuinas. En lugar de eso, encontramos máquinas cada vez más complejas, salidas de la fábrica de la evolución, dotadas de una racionalidad virtual cada vez mayor. Máquinas que actúan como si  planearan, predijeran, sacaran conclusiones de la información que ofrece su entorno, etc.

Al final del proceso hemos llegado pues, a una máquina que funciona igual que un hombre. Y la pregunta es, ¿hemos explicado así realmente la consciencia humana, y la capacidad humana de actuar libremente, y siguiendo principios morales? Más bien parece que lo que Dennett nos ofrece es un robot, o un zombi, (de hecho, esta dificultad que exponemos suele discutirse entre los filósofos y neurocientíficos con el nombre de 'problema de los zombis' :-)), capaz de comportarse como una persona, pero no una persona de verdad. En palabras de (Juan) Arana:



'Las teorías darwinistas y neodarwinistas explican que todo ocurre como si los seres vivos actuaran intencionadamente, aunque, de hecho, no sea así, de manera que los razonamientos intencionales no pasan de ser una ficción útil para el biólogo. Cuando Dennett aplica el mismo esquema a la explicación de la consciencia y la libertad, es de esperar que obtenga un resultado parejo: será como si los hombres fueran conscientes y libres, sin serlo de verdad'. (J. Arana, 'Los filósofos y la libertad', pág. 233).


¿Qué es lo que le falta al robot de Dennet? Evidentemente, la perspectiva interna. Pues un hombre no sólo percibe, delibera, predice, actúa, etc. en el sentido que estos términos pueden tener desde la perspectiva del observador (la perspectiva de la tercera persona, o sea, de quien le mira desde 'fuera'), sino que es consciente de que percibe, de que está deliberando o actuando. Y a esa consciencia aparecen ligados también los denominados 'qualia', las cualidades subjetivas: el cómo es (para el yo) percibir tal o cual cosa. ¿Explica Dennett en qué consiste la perspectiva interna, la perspectiva de la consciencia humana? No. Lo único que hace es proponer una versión funcional de la consciencia, que no es sino un mecanismo más dentro de la compleja maquinaria del cerebro humano, pero que, como el resto de los mecanismos, funcionaría igual de bien sin la dimensión interior (es decir, sin la perspectiva de la primera persona). De ahí que lo que Dennett denomina consciencia, no parezca ser otra cosa que una consciencia virtual.

Hay un pasaje clave en 'La evolución de la libertad', en el que esta limitación del planteamiento de Dennett se manifiesta con especial claridad. Se trata de un diálogo inventado entre el autor y su crítico imaginario. Y dice así:


"Conrad: Supongamos que todos estos extraños procesos competitivos tienen lugar efectivamente en mi cerebro, y supongamos que los procesos conscientes son simplemente los que ganan las competiciones. ¿Cómo hace eso que sean conscientes? ¿Qué ocurre con ellos para que yo sepa de su existencia? Después de todo, lo que debemos explicar es mi consciencia, lo que yo sé desde el punto de vista de la primera persona.

Dennett: Esta pregunta revela una profunda confusión, ya que supone que usted es alguna otra cosa, alguna res cogitans cartesiana (para Descartes, 'cosa o sustancia pensante', en oposición a 'res extensa', que sería la 'sustancia material o cuerpo') sobreañadida a todas las actividades del cuerpo y el cerebro. Usted, Conrad, no es otra cosa que esta organización de la actividad competitiva del cerebro entre una multitud de competencias que su cuerpo ha desarrollado".


En mi opinión, la respuesta que da Dennett en este pasaje es tan inadecuada, que apenas si necesita comentario. Pues resulta bastante evidente que los procesos cerebrales que Dennett identifica con la consciencia, podrían funcionar igual de bien identificados con una consciencia virtual, que carece de dimensión interior. En realidad, Dennett conoce esta crítica. Pero la rechaza porque para él explicar la consciencia equivale a explicar cómo funciona la consciencia. Y por ello, no duda en afirmar que su interlocutor no es más que la organización de la actividad competitiva de su cerebro. Consecuentemente, cualquier aspecto o dimensión no funcional del hombre tendrá que ser negada por Dennett. Y de ahí la radical limitación de este enfoque para entender la perspectiva interna (privada y, por serlo, en gran medida no funcional) del ser humano. 

Ahora bien, ¿puede resultar adecuado un análisis de la mente humana y de la acción libre del hombre que reduce todo a la acción de un mecanismo dotado de una especie de consciencia virtual? En realidad, el problema que estamos ilustrando con el análisis del planteamiento de Daniel Dennett no es una dificultad de su filosofía particular. Se trata de una deficiencia característica de las propuestas explicativas de la consciencia desde el enfoque materialista. La dificultad consiste en que, más que explicar el fenómeno de la consciencia, lo que hacen estas propuestas es convertirlo en algo completamente superfluo. Una especie de capricho innecesario de la naturaleza.

Por ejemplo: Se suele decir que la utilidad de la acción consciente es que coordina la información sobre el entorno que va llegando al cerebro por diversos canales, y la información almacenada en él a raíz de experiencias pasadas, y genera modelos que permiten que el sujeto responda a nuevas situaciones complejas con las que tiene que enfrentarse. No obstante, si el ser consciente de algo se reduce, pongamos por caso, a que se dé una determinada sincronización en las descargas de un cierto número de neuronas, y si estos procesos se reducen a su descripción físico-química, entonces ¿por qué no quedarnos simplemente con las neuronas y sus descargas sincronizadas en un mundo sin consciencia? ¿Acaso no es similar la descripción de la sincronización neuronal a la descripción de tantos otros procesos físico-químicos en los que no suponemos ninguna dimensión interior (ningún estar dándose cuenta de nada)?

El lector perspicaz habrá entrevisto en lo que acabo de decir el viejo 'argumento del molino' de Leibniz (expusimos este argumento aquí)... Si la consciencia se reduce a cierta actividad de un conjunto de piezas mecánicas engranadas ingeniosamente, ¿por qué no habríamos de vivir en un mundo de piezas mecánicas sin consciencia que formarían complejísimos engranajes capaces de reproducir -sin consciencia, insisto- todas las actividades del hombre y su cerebro?"


Francisco J. Soler Gil
 Filósofo de la Ciencia
 Doctor en Filosofía por la Universidad de Bremen
 Miembro del grupo de investigación de filosofía de la física en dicha universidad

Autor de "Mitología materialista de la Ciencia", Ediciones Encuentro, 2013
  ISBN 9788499201870





Por poner un ejemplo que todos entendamos, los sofisticados robots utilizados por la industria automovilística en la fabricación de los coches no saben que están fabricando coches (decimos, por tanto, que carecen de la perspectiva de la primera persona). Para los filósofos materialistas como Dennett, nosotros somos exactamente igual que esos robots, es decir, "máquinas" formadas por "piezas" perfectamente encajadas y diseñadas por la evolución para realizar una función o muchas funciones determinadas... Pero, al contrario que el robot, el hombre sabe que sabe... Y, si fuéramos lo que Dennett asegura que somos, NO deberíamos saber. El hombre se da cuenta de que se da cuenta. Es autoconsciente y puede reflexionar sobre esa extraña cualidad... El hombre tiene un "yo", el robot no. Problema habemus, míster Dennett :-). El filósofo norteamericano se niega a considerar esta evidencia como un grave problema para el materialismo, algo que, sin embargo, ya van aceptando cada vez más filósofos de la ciencia, rendidos ante la tozudez de los hechos.

Compartimos, por ejemplo, dos reflexiones de David Chalmers y John Searle respectivamente:




"La consciencia es un rasgo no físico del mundo. Yo me resistí a esta afirmación durante mucho tiempo, hasta que concluí que viene forzada por un argumento sólido. El argumento es complejo, pero la idea básica es simple: la estructura física del mundo -la distribución exacta de partículas, campos y fuerzas en el espaciotiempo- es lógicamente consistente con la ausencia de consciencia, de manera que la presencia de consciencia es un hecho adicional de nuestro mundo".

Filósofo australiano
Especializado en filosofía de la mente y del lenguaje
Se considera ateo


***


"La consciencia es explicativamente irrelevante para todo lo físico que sucede en el mundo... Los eventos físicos sólo pueden tener explicaciones físicas, por lo que la consciencia no desempeña papel explicativo alguno en su comportamiento o el de cualquier otra persona... (Pero) si sabemos algo acerca de cómo funciona la psicología humana, sabemos que los deseos conscientes, inclinaciones, preferencias, etc., afectan al comportamiento humano. Yo con frecuencia bebo, por ejemplo, porque tengo sed. Si uno llega a un resultado filosófico incompatible con este hecho, entonces es mejor volver atrás y examinar sus premisas. Por supuesto, es concebible que la ciencia pueda demostrar que estamos equivocados al respecto, pero para ello sería necesaria una revolución científica de primer orden".

John Searle
Filósofo americano
Especializado en filosofía de la mente, el lenguaje y la consciencia
Miembro de la Academia Europea de Artes y Ciencias
Célebre por proponer el experimento mental de la Habitación china, ideado para refutar la validez del llamado test de Turing



¿Qué es, pues, esa misteriosa "cualidad"? ¿Qué es la consciencia? ¿De dónde viene? ¿Por qué existe si, como afirman los científicos y filósofos, desde el punto de vista físico, no es necesaria?

¿No lo es...?




“Creo que la consciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la consciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la consciencia".

Max Planck
Físico alemán
Fundador de la Teoría Cuántica
Premio Nobel de Física, 1918







Ver también la primera parte de esta entrada: 
Verghese y Falkenburg versus Daniel Dennett. El problema de la consciencia (I)


Adjuntamos enlaces a la excelente serie que nuestro físico favorito, Pseudópodo :-), dedicó en su momento al tema que tratamos:

Neurociencia 0: Últimos descubrimientos.
Neurociencia I: El desasosiego.
Neurociencia II: El cerebro de incógnito.
Neurociencia III: El libre albedrío.
Libre albedrío: apostillas a un debate.

El chupete de Guille y el espejismo materialista.



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