Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

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Los límites del conocimiento

ojo azul

"No es necesario que todo enunciado sea un enunciado científico; ni tampoco por ello los enunciados que simplemente no son científicos pasan a ser afirmaciones inútiles o irracionales. La ciencia no es la única manera útil de ver la vida".

William Daniel Phillips
Físico estadounidense 
Premio Nobel de Física en 1997 




En su excelente artículo "Los límites del conocimiento", nuestro anarca favorito :-), Erraticario, analiza las circunstancias históricas (que no científicas) que nos han llevado al actual paradigma materialista, fuera del cual -nos dicen los centinelas de la ortodoxia- no hay "salvación" ni esperanza ni conocimiento real alguno... Una amenaza de desamparo ésta ya con solera y, por lo visto, de uso múltiple :-).

En efecto, en apenas tres siglos, Occidente pasó de aceptar de los padres del progreso industrial declaraciones tácitas como que "las circunstancias actuales nos obligan a concentrarnos en la materia" (s. XVIII) a aceptar que "la materia es lo único que importa" (s. XIX), mientras nos chupábamos complacientemente el dedo y sin apenas darnos cuenta del cataclismo que este, en apariencia, insignificante cambio de matiz, suponía a todos los efectos, no sólo los puramente ontológicos o filosóficos.

De "la materia es lo único que importa" a "la materia es lo único que existe" sólo había un breve paso, que fue dado, cómo no, en el convulso s. XX. Un saltito, éste sí, ínfimo, dado más por comodidad que por convicción.

La inercia de la Historia y su complejo sistema humano de miserias, afanes e intereses bastó para dar un empujón al paradigma inicial del siglo XVIII que rodó "cuesta abajo", sin excesivos obstáculos, hasta cristalizar en las conclusiones insoslayables derivadas de semejante aserción de origen que, repetimos, no surgió en el seno de la Ciencia, pues ésta se limitó a hacerse eco del "espíritu de la época". Lo que implica -concluye Erraticario- que si ese espíritu hubiera acogido otro tipo de afirmaciones generales radicalmente opuestas en su sentido, la Ciencia las habría asumido igual. Y ahora sería, por ejemplo, animista, en lugar de materialista, quién sabe...

Sin embargo, esas conclusiones materialistas, tan inconsistentes y arbitrarias, derivadas de aquel coyuntural "las circunstancias actuales nos obligan a concentrarnos en la materia" que animaban el progreso industrial del siglo XVIII, en el siglo XXI componen el credo y columna vertebral de ese atronador evangelio de nuevo cuño denominado "cientifismo". Y lo gracioso es que se creen "modernos", en el sentido más insulso de la palabra.


  Sin aquello, no habríamos llegado a esto, de aquellos polvos estos lodos... 
Y todo comenzó con un hacha :-)



 Les recomiendo vivamente la lectura del artículo de Erraticario, no les dejará indiferentes. Aquí les facilito un par de párrafos para que vayan abriendo boca:


"El pensamiento pretendidamente racional que se subordina a una filosofía materialista desde la cual interpreta la realidad no parece ser el resultado de una evolución de la mente humana hacia cotas más altas de inteligencia, en el sentido de una escalada hacia la verdad. Más bien, como todo proceso histórico, es el mero resultado de confluencias azarosas que determinan el curso de los acontecimientos en que transcurre la existencia de los seres humanos. Si esto es así, estamos ante una alternativa epistémica más de tantas otras que podrían haber sido igualmente. Más allá de las comodidades materiales derivadas, la manera en que hoy se ve el mundo no supondría ningún éxito cognitivo del ser humano en relación a otras épocas.

La técnica es una realidad intrínsecamente histórica, y de ella deriva la ciencia moderna que deviene la tecnociencia contemporánea, también una realidad histórica. Esto significa, no que haya que regresar a un idealizado “paraíso perdido” de la mano de la superstición y la “anticiencia”, sino que es necesario explorar los límites y las falacias de una racionalidad reducida a función algorítmica, y reconsiderar la autoridad extrema que se le atribuye a un pensamiento que se antoja cercenado y que reclama dirigir el destino de la humanidad erigiéndose, desde las mismas posturas dogmáticas que condena en su definición pura e idealizada, en custodio único del saber humano".



  En nuestro blog también tratamos ampliamente este tema aquí y aquí.

 
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