Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

Este blog no se adhiere a ningún credo.

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Los ateos y el problema del mal (I)

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Los historiadores ni siquiera están seguros de que esta cita sea realmente de Epicuro, solo se le atribuye, pero supongo que la reconocen :-) es una de las favoritas de nuestros ateos. En este post y en el siguiente les ofrecemos un par de réplicas.

Aunque el argumento que compartimos es de Alvin Plantinga, el modo magistral de exponerlo se lo debemos, una vez más, a Manuel Alfonseca. Supongo que se me nota lo mucho que le envidio, entre otras cosas, esa habilidad suya para la concisión, algo de lo que una servidora carece por completo :-) Nuestros sufridos lectores ya se habrán dado cuenta.

Les dejamos con el profesor:
 

"En el mundo existen males aborrecibles, reconocidos por todos. Pensemos en la solución final para el exterminio del pueblo judío y los experimentos de los médicos nazis con seres humanos. Estos males aborrecibles no lo son como consecuencia de opiniones personales, sino porque el hecho en sí es horrible. Pero, en un universo materialista, un mal aborrecible no podría existir: la hostilidad, el odio, incluso hacia las personas más allegadas, debe entenderse como el esfuerzo de los genes para asegurar su supervivencia (Dawkins dixit). No puede haber nada perverso ni antinatural en ello. Luego el materialismo lleva a la conclusión de que el mal no existe (el deber del hombre no está escrito en ninguna parte, ¿recuerdan?). En tal caso, no se puede utilizar el problema del mal para demostrar que Dios no existe. En cambio, si partimos de que Dios sí existe, esos hechos son horrorosos, profundamente perversos, porque son un desafío contra Dios (mismo), la fuente de todo lo bueno... Luego la existencia del mal se convierte en un indicio de la existencia de Dios".



  Pueden leer el artículo completo aquí. Si yo fuera usted, no me lo perdería.


***


"En el momento que dices que un conjunto de ideas morales puede ser mejor que otro, estás, de hecho, midiendo ambas por un estándar –diciendo que hay un conjunto que se acerca más a ese estándar que el otro-. Pero el estándar que se utiliza para medir dos cosas tiene que ser algo diferente a las cosas que mide. Se están comparando ambas, sin duda alguna, con una Moralidad Real, admitiendo que hay tal cosa como un ‘Correcto’ Real, independientemente de lo que la gente piense, y que algunas ideas se acerca a ese Real más que otras".
 
Medievalista, escritor, crítico literario, académico, apologista, ensayista británico
Profesor de Inglés en la Universidad de Oxford

(Aunque muchos le conocen solo por ser el autor de "Las Crónicas de Narnia" :-))


 ***


 "Pero entonces, ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocaban la ética y los valores fuera del alcance del Hombre. Los valores no le pertenecían: se imponían y era él quién les pertenecía. Ahora sabe que son sólo cosa suya, y al ser por fin su dueño le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo. Entonces es cuando el hombre moderno se vuelve hacia -o mejor contra- la ciencia calibrando su terrible poder de destrucción, no sólo de los cuerpos, sino de la misma alma".  

Jacques Monod 
Bioquímico francés
Premio Nobel de Medicina en 1965
Autor de "El azar y la necesidad"
 

*** 


Repetimos nuestra advertencia habitual:

Tanto Plantinga como Alfonseca se definen como autores cristianos, aunque pertenecen a distintas denominaciones. El hecho de que citemos algunos párrafos firmados por un experto en particular NO significa que estemos de acuerdo con todo su ideario, ya sea filosófico, religioso o político. Estamos, únicamente, mostrando conformidad con lo dicho expresamente en esos párrafos que transcribimos.

 Aclarado lo cual, si el lector agnóstico o ateo decide no tomar en consideración este argumento esgrimiendo como única excusa que lo firma alguien que profesa alguna religión, estará incurriendo en una burda falacia ad hominem


***


Resumamos: si usted es ateo y consecuente con sus creencias, el concepto del "mal" para usted debería ser una invención subjetiva. El mal no existe. Si reconoce la existencia del mal objetivo (y, por tanto, de su opuesto, el bien), es que está reconociendo también la existencia de una Moral Ideal, superior, ajena al curso de la evolución de las especies y, por ello, externa al Hombre mismo. Un código ético tomado como referencia universal, establecido... ¿Por quién? Al aceptar la existencia del mal, usted está aceptando indirectamente la existencia de Dios. O reconoce que Dios existe, o reconoce que el concepto "mal" no es más que una simple quimera y, por tanto, irrelevante y de nula validez argumental en el debate que nos ocupa. No puede creer a la vez en la existencia del mal y la inexistencia de Dios. Llegamos así a la conclusión de que el conocido argumento ateo "si Dios existiera, no habría mal" es falaz.






Más citas con foto, aquí.

Bibliografía del sitio.


El miedo de los ateos o el fantasma de Epicuro (Leído al pasar VII)

frases ciencia y dios unamuno


"La verdad pura y dura es algo demasiado doloroso y demasiado duro de aceptar para la mayoría de los humanos. Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas. Por ello mismo, porque sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia, me parece que no debemos combatir las religiones, aunque sólo sea por razones humanitarias. Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían y no merece la pena discutir con ellas de religión; mejor dejarlas que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño. No obstante, el mundo intelectual no debe quedarse en una cuestión de sentimentalismos, debe elevar al hombre por encima del hombre, y para ello necesita un alma de guerrero capaz de sobrevivir en el desierto árido de la verdad sin disfraces. En tal arena luchan los más bravos con la pasión derivada de la fuerza del pensamiento, y en tal arena sufren y se sienten odiados los que quieren ver oasis por todos lados... No son ganas de fastidiar ni odio a los sedientos de animismos; sencillamente, que no hay agua donde aquellos dicen y pienso que la caravana del pensamiento no se debe distraer por rutas equivocadas..."

Martín López Corredoira
Doctor en Ciencias Físicas 
Universidad Complutense de Madrid
Extracto del libro "¿Dios o la materia?" del que es coautor junto al filósofo de la Ciencia Francisco J. Soler Gil.
(Pág. 283) 


 ***


¿"Héroes"? ¿"Guerreros"? ¿"La lucha de los más bravos"? "El desierto árido de la... ¿verdad disfrazada?"... Sin ánimo de ofender a nadie, y mucho menos a nuestros lectores católicos, les diré que la primera vez que leí este pasaje de Corredoira me asaltó cierto tufo rancio a homilía de postguerra. Me recordó, sin poder evitarlo, a aquellas exaltadas arengas de los obispos que instaban a los "cruzados" a luchar contra "las hordas del maligno". En este párrafo, Corredoria no está haciendo divulgación, está predicando, llamando a la guerra santa y arrogándose el papel de "héroe" como los oscuros predicadores de otros tiempos. No deja de tener su gracia :-) Como siempre decimos aquí, los extremos, no solo se tocan, a veces hasta se marcan un chotis. 
Pero entremos en materia:


***


He incluido este post en la sección "Leído al pasar" porque, cuando releía este excelente libro, "¿Dios o la materia?" (que ya ocupa un lugar preferente en mi biblioteca y cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos nuestros lectores), buscaba un pasaje para ilustrar otro asunto diferente que compartiremos pronto en una nueva entrada. Pero, en estas estaba, cuando me topé de nuevo con este párrafo, que ya la primera vez me dejó a cuadros escoceses. Y no porque esa afectada actitud de "misericordiosa comprensión" hacia los creyentes me resultara de algún modo insólita. No, una servidora está más que habituada a esa "gouldiana" condescendencia del ateo cuando pretende calzarse el adjetivo "tolerante" que tan grande le queda a veces. Condescendencia que no es más que petulancia mal barnizada, dicho sea de paso. Mi sorpresa venía porque el doctor Corredoira, que, en estas últimas páginas del libro asegura sentir esa cordial empatía hacia el teísta, se había pasado tres partes del mismo libro llamando a su antagonista en el debate, el doctor Soler Gil, "chamán", "brujo", "cobarde", "débil", "mentiroso", "mercenario" y otras lindezas, claramente exasperado por no encontrar mejores "argumentos" con los que contraatacar sus propuestas filosóficas. Lo explicábamos con más detalle en este post. Como les decía allí, no tienen por qué creerme sin más, por favor, lean el libro y comprueben lo que les digo. Y ahora, cuando Soler, más paciente de lo que a mí me gustaría, le reprochaba, en justicia, que sus réplicas "rezuman odio" (pág. 240, segundo párrafo), nuestro doctor Corredoira pretende hacernos creer que nos "comprende", respeta y tolera, y que, según asegura en la página 278: "... he dicho lo que pensaba sobre el asunto, pero ello no implica que dispare sin ton ni son, con un afán de destruir por destruir, ni que sea animado por odios". Pues menos mal, porque si llega a estar "animado por odios", igual le sacude con el teclado.

Es siempre la misma historia, cuando reprochas a un nuevo ateo su evidente agresividad verbal, te sale con el consabido: "no estoy insultándote, es comprensible que sientas como una afrenta las 'verdades' que contradicen tu edulcorada forma de ver el mundo"

Sí, claro, ahora va a resultar que un higo chumbo es un transbordador espacial. Vamos a ver: a una servidora, un cariñoso ateo la llamó "¡perra!" (así, entre signos de exclamación), cuando le hice ver con toda la cortesía de la que fui capaz que el cientifismo es un colador con coladeros, si me permiten el juego de palabras. Otro caballeroso ateo me llamó "zorra ignorante" por indicarle que Richard Dawkins maquilla los datos científicos que salpican sus panfletos, y que sabe tanto de teología como yo de pesca ballenera, a pesar de que, como es lógico, cuando uno decide denunciar algo en serio, como pretende hacer Dawkins con la teología, debería, al menos, recabar toda la información posible sobre lo que está denunciando. Pero Dawkins es un analfabeto en cuestiones teológicas y hay mil pruebas de ello (Terry Eagleton). Hace muy poco, otro jovencito autoproclamado "escéptico" (lo que Michael Brooks llama un "converso", es decir, un "escéptico" que está dispuesto a creer que la luna está hecha de ensaladilla rusa si tal aserto viene firmado por su líder espiritual ateo favorito) este joven, digo, me tildó de "animal" por demostrarle con datos comprobables que Lawrence M. Krauss confesó a la revista "The Atlantic" y otros prestigiosos medios que había hecho trampa al igualar "nada" y "vacío cuántico" en su libro "Un universo de la nada", y que lo había hecho, dijo Krauss, con la honesta intención de acaparar la atención de los lectores y para que "se interesen por la divulgación científica" (por puro márketing, vaya; tienen la entrevista a "The Atlantic" aquí. Prometemos dedicarle un post a Krauss muy pronto).

"Perra", "zorra", "animal"... Llámenme susceptible, pero a mí todo esto, viniendo de desconocidos que me acabo de cruzar en la red y a quienes, como tales, me he dirigido previamente con el debido respeto, me parecen insultos. Y estos son solo algunos de los muchos que he recibido y la razón por la que "Dios y la Ciencia" no tiene los comentarios abiertos. Los insultos no son la excepción, sino la norma. No puedo hablar por otros creyentes, pero, personalmente, no me indigna tanto que me crean idiota por ser teísta (al fin y al cabo, ya conocen el dicho: todo el mundo tiene su opinión y piensa que la de los demás apesta), como que me crean idiota por no saber diferenciar una bofetada de un apretón de manos. ¿Qué clase de bobo es incapaz de diferenciar dos gestos tan contrarios? 

Pues, por lo visto, un bobo ateo.


***


Sigamos ahora con el doctor Corredoira:


"Sólo unos pocos héroes tienen la dureza necesaria para sentirse fuertes en el pensamiento fuerte, aquel que no coquetea con mentiras piadosas..."

"Sé que hay muchas personas en este mundo que se sienten mejor con la compañía en sus conciencias de una religión que alivie el dolor de su existencia..."

"Hay personas que sin su buen Dios se derrumbarían..."


Hemos inaugurado una nueva sección a la que hemos titulado "Programas TV", aprovechando que en la anterior entrada de nuestro blog hablábamos de "House" y que en esta vamos a tratar sobre otro popular programa. Sospechamos que el filón no se va a agotar aquí.

Hoy vamos a hablar de "Cuarto Milenio"... Sí, vale, acepto risas, seguramente me las merezco :-). Sobre Íker Jiménez no tengo mucho que decir, aparte de que no me cae mal (cada cual se gana las habichuelas como sabe y puede), y que me parece muy meritoria esa habilidad suya para extraer zumo de limón de una piedra pómez, dicho sea con respeto hacia él y a los seguidores de su invento. En fin, que no suelo ver este tipo de espacios de contenido "esotérico", a no ser que alguien me informe de que van a tocar un tema de mi interés como es, en este caso, el debate ciencia-fe. En esta ocasión, el tema del debate era el origen de la vida.

Bien, pues, como supongo (igual es mucho suponer) que el lector tampoco es muy habitual de estos espacios, le ayudo a ponerse en situación: imagínese la mesa de debate en medio de un escenario decorado como la salita del té del castillo de Nosferatu. ¿Extravagante? Pues sí, pero el destino a veces es caprichoso y elige el escenario más peregrino para montar su escena más lograda. Sigan leyendo y entenderán.

En el centro de la mesa, nuestro inefable Íker, haciendo de moderador (inoportuno como él solo, pues tiene la pérfida costumbre de interrumpir a los debatientes en lo mejor, para añadir algo que ha repetido mil veces). A su diestra, los representantes de la, llamémosle, cosmogonía platónica :-), los comprometidos con la idea de que la realidad que percibimos no es más que una fachada que esconde otra realidad más amplia y que consideran un ejercicio de suprema arrogancia suponer que el mundo acaba donde acaba nuestra percepción. Este grupo está liderado por un venerable anciano llamado Enrique de Vicente, que parece haber llevado su fe en esa realidad más amplia a unos extremos harto exóticos que no compartimos, pero respetamos. A la siniestra del moderador, la cosmogonía aristotélica, que, como saben, tampoco compartimos: materialistas furibundos que solo creen lo que ven, lo que huelen y lo que tocan, como Dios manda, y que piensan que los que no son creyentes a su uso, son perfectos idiotas. El líder de este grupo parece ser el insigne (sin ironía) periodista científico del diario ABC, José Manuel Nieves. En él vamos a fijar nuestra atención.

El debate discurre por los cauces habituales, los asistentes se lanzan pequeñas, pero cordiales puyas, en un fuego cruzado bastante light, dado lo que cabría esperar de un enfrentamiento de este calibre (suponemos que los directivos del programa establecen sus normas y hay que cumplirlas sí o sí). En un momento dado, Íker, por una vez oportuno, lanza una pregunta incómoda a J. M. Nieves: "¿La Ciencia está segura de que todo surgió por azar?". No está mal, un dardo directo al estómago, sin fintas ni arabescos, tanto que parece pillar al otro con la guardia en las rodillas: "Hombre... No, segura, segura, no está".

(¡Ah, cáspita! 😏)

Íker contraataca: "Y, si no está segura, ¿por qué la gente piensa que sí lo está y que todo es azar?"
J. M. Nieves: "Hombre, porque vivimos en una época materialista..."


Supongo que no tengo que hacerles ver dónde está la complicación de esta irreflexiva salida por la tangente... Y el alto precio que nuestro escéptico debe pagar por ella. El bucle traicionero en cuya red ha caído inadvertidamente vendría a quedar así:


"La gente piensa que todo es azar porque vivimos en un mundo materialista... Pero es que el mundo es materialista porque gran parte de la Ciencia y su caricatura, el cientifismo, promulga que el materialismo es el único modo de entender el mundo".


¿Por qué está lloviendo?
Porque está cayendo agua del cielo.
¿Y por qué está cayendo agua del cielo?
Porque está lloviendo. 


Vale, una mala tarde la tiene cualquiera. Pero sigamos adelante con el debate; en un momento dado, el venerable anciano de los platónicos pregunta al ateo J. M. Nieves: "Si no sabemos si venimos o no del azar, ¿por qué tú prefieres venir del azar en lugar de hacerlo de una Inteligencia?

Y, justo ahora, cuando ya el espectador comenzaba a bostezar de puro aburrimiento, cuando los que conocemos bien el percal esperábamos, bostezando también, una larga, trillada y pomposa disertación reduccionista sabida de memoria, justo entonces, va nuestro ateo y nos sorprende del modo más insospechado; proclamando la que es, en mi humilde opinión, la declaración de principios más concisa, audaz y honesta lanzada por un cientifista en una tribuna pública:


"¡Anda! Porque, si venimos de una Inteligencia, ¿quién nos dice que en cualquier momento no puede arramplar con todo?"


 Señoría, no hay más preguntas.


Reconozco que, al oír esto, la modorra desapareció de golpe ("¡¿En serio?! ¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?"). Se me quedó la misma cara que al teniente Kaffe (Tom Cruise) cuando consiguió, por fin, que el coronel Nathan Jessep (Jack Nicholson) confesara haber ordenado el Código Rojo en "Algunos hombres buenos"... 😄  Es una lástima que este espacio no sea más popular entre los teístas porque se perdieron un momento irrepetible. Literalmente irrepetible, porque los ateos no reconocen jamás su miedo. Más que en las rodillas, el señor Nieves tenía la guardia en los talones, pero agradecemos su sinceridad aunque no fuera intencionada. 

Ahí lo tienen, amigos, toda esa exhortación de Corredoria a los "valientes", a los "guerreros más bravos que luchan en las arenas del escepticismo y que sufren y se sienten odiados por los que ven espejismos..." 😄, toda esa retahíla admonitoria contra los "sedientos animistas", toda esa sarta de grotescas metáforas bélicas, no esconden otra cosa que la más humana y la más animal de las pasiones: EL MIEDO.

Que el ateísmo no es un derivado natural de la Ciencia, como pretenden sus seguidores, lo demuestra que es más antiguo que la Ciencia misma. El padre no puede proceder del hijo. Fue el sector materialista de la ciencia -todavía muy numeroso- el que se subió al carro del ateísmo, que pasaba por su lado y venía de muy lejos, y no al revés. El temor a que exista un Ente, indescriptible e inalcanzable por nuestros propios medios; un Ser que, en principio, es imprevisible, que puede observarnos en todo momento, que -según algunas tradiciones- podría juzgarnos, del que no podemos escondernos y que podría, si quisiera, "arramplar con todo" (¡qué catastrofista, señor Nieves! :-)) es un desasosiego tan viejo, tan íntimo y tan nuestro como el terror a la muerte y a lo desconocido. De ahí ese interés del materialista por agazaparse a toda costa en los últimos reductos del determinismo: que las leyes de la física sean "fijas" y causen fenómenos a su vez fijos y predecibles, produce un sentimiento de plácida seguridad con la que tratan de lacrar la antigua sensación de desamparo que nació con el género homo. De hecho, el temor del ateo es solo una versión sofisticada del miedo a lo desconocido, una sensación igualmente molesta y hasta incapacitante, si no se le pone remedio. Por fortuna, el ateo sabe bien cómo remediarlo. Que lo hagan, si así se sienten mejor, pero que no sigan tratando de convencernos de que sucumbir al miedo al Dios desconocido, al fantasma de Epicuro, es una opción más "valiente" que la del teísta.


  ***



Para terminar y aludiendo a esta frase del "heroico" doctor Corredoira :-):

"... Mejor dejarles que vivan engañadas con la poca felicidad que da tal engaño".

(Qué amable ;-)) 
 

 
Pues no, mire usted, según los últimos estudios de la neurociencia, la felicidad que produce la fe no es "poca", los expertos la equiparan a la satisfacción que produce el sexo, la buena comida al sibarita y las drogas a quienes gustan de ellas... Eso sí, con la considerable ventaja de que, en este caso, el "chute" sale gratis, es fácilmente accesible para todo el mundo sin distinción de clases, y no entorpece las funciones del hígado. Y que sea un engaño, está todavía por ver. 

Bueno, bonito, barato.
Un chollo. Viva Pascal.
:-)



Disculpen las mayúsculas. En esta ocasión evitaremos alargar más el post añadiendo una lista de enlaces a otras entradas relacionadas. Perdón por la extensión y gracias por estar ahí.


Enlace externo:

Is Lawrence Krauss a Physicist or just a bad Philosopher? (¿Es Lawrence Krauss un físico o solo un mal filósofo?)

Más citas con foto, aquí.

Bibliografía.

Epicuro y el ateísmo como consuelo

ciencia y religion alambrada


"Podemos perdonar fácilmente que un niño tenga miedo a la oscuridad. La verdadera tragedia de la vida es que un adulto tenga miedo a la luz"

Platón
Filósofo griego
Siglos V-IV a. C.


***


"Algunos ven en las religiones un autoengaño, gracias al que el mundo parece tener sentido al poder vencer a la muerte y sin el cual la angustia producida por el dolor y la injusticia en que vivimos resultaría insoportable. Bertrand Russell* hacía uso de este argumento hasta el punto de considerar la fe religiosa como una forma de cobardía intelectual, propia de quienes no se atreven a ver el mundo tal como es. Se oye a menudo este reproche, basado en considerar la religión nada más que una falacia piadosa que calma nuestra ansiedad. Sin duda, los creyentes sienten que su fe les ofrece un consuelo ante la dureza del mundo, pero reaccionan enfadados ante quienes no ven en ella otra cosa, a quienes acusan, a su vez, de falacia, la que consiste en creer que porque una cosa es algo se sigue que es sólo ese algo.

La crítica de Russell es injusta y parcial, porque podría usarse también en el otro sentido. Pues dos grandes grupos humanos se oponen respecto a la religión y a los dos se les puede colgar motivos psicológicos. Algunas personas se sienten más seguras formando parte de una iglesia y creyendo en un Dios; a otras les ocurre lo contrario, están más a gusto fuera de toda religión y sin tener que preocuparse por la posible existencia de Dios. Quizás el primero en manifestarse como miembro de este segundo grupo haya sido el filósofo griego Epicuro (342-270 a.C.) Aunque Epicuro admitía la existencia de dioses, afirmaba que el temor a sus decisiones arbitrarias inquieta y desasosiega a los hombres y les impide alcanzar la paz. Por eso recomendaba emanciparse completamente de la creencia en su intervención y providencia, como el mejor sistema para llegar a la felicidad. La importancia que daba Epicuro a que el hombre se librase de los dioses fue quizás lo que le decidió aceptar una explicación estrictamente mecanicista del cosmos.

Esta necesidad psicológica de evitar la tensión que puede producir un Dios imaginado como prepotente y arbitrario aparece de modo recurrente en la historia occidental, en parte debido a la pervivencia en el cristianismo del Dios del Antiguo Testamento, ante el que todos tiemblan porque castiga. La tradición cristiana llega a considerar como un don deseable el temor de Dios, lo que da de él una imagen amenazadora, especialmente por el uso político que se ha hecho de su figura".



Antonio Fernández-Rañada
Físico español
Catedrático de la facultad de Física en la Universidad Complutense de Madrid,
donde ha ocupado sucesivamente las cátedras de Mecánica Teórica, Física Teórica y Electromagnetismo


Extractos de "Los científicos y Dios", 2008, págs. 36 y 37.



*Bertrand Russell: Escritor, matemático y filósofo británico. Premio Nobel de literatura en 1950. AQUÍ pueden consultar un interesante artículo que expone las razones que, según su hija Kate Russell, le llevaron a su férreo ateísmo.

Para consultar un post donde aludimos a su célebre analogía de la tetera, clic AQUÍ.


.... 


Sería injusto, por supuesto, medir a todos los ateos con el mismo baremo. Cada ser humano es un mundo y no debemos juzgar a unos por el comportamiento de otros. Si es eso lo que exigimos los creyentes (que no se nos juzgue a todos por los errores -y horrores- cometidos por los integristas), es una cuestión de simple coherencia ofrecerles la misma indulgencia a ellos. Una servidora se ha encontrado con ateos apacibles, respetuosos con el pensamiento ajeno e intelectualmente honestos consigo mismos y con los demás. Creen sinceramente que Dios no existe y no se sienten agraviados porque otros sí lo crean. Simplemente, viven y dejan vivir. Este grupo de ateos caballerosos -entre quienes tengo el honor de contar algunos amigos- son fáciles de detectar porque si estornudan y, educadamente, les dices "Jesús", no aprovechan la ocasión para dejarte clara su postura escéptica y soltarte un discurso florido, combativo y beligerante sobre todas las "pruebas" que la ciencia nos ofrece hoy día "contra" la existencia de Dios (??) :-)

Es de éstos últimos, precisamente, de los que estamos tratando aquí. Me he encontrado con algunos en los últimos años y siempre me han causado cierta sensación de pasmo. A primera vista, el adjetivo que parece más exacto para describirlos es, justamente, "desasosegados". Están intranquilos, parecen anormalmente inquietos, como si les corroyera cierta comezón interna ante el simple hecho de saber que hay personas que creen en Dios. Les molesta, y, a algunos, incluso, les ofende en lo más profundo, como si el que haya creyentes compartiendo con ellos el castigado suelo de este planeta, fuera un obstáculo que desestabiliza su equilibrio interior. En cierto modo, como vemos, así es... 

Cuando conversas con ellos y les ves tan enfadados, no puedes evitar pensar: "Pero, ¿por qué diablos le incomoda tanto a este señor lo que yo crea o deje de creer?". Después de reflexionar sobre ello durante algún tiempo y documentarme hasta donde he podido, creo haber encontrado la solución al enigma, que no es otra que la que Fernández-Rañada nos expone con tanto acierto en los párrafos que ofrecemos al comienzo de esta entrada. 

Es fácil entenderlo si enfrentamos el conflicto desde el punto de vista de nuestros enojados ateos: los grupos religiosos más integristas les aseguran que si no pertenecen a su nominación, sea ésta cual sea, serán "condenados" a una tortura eterna... No les dejan alternativa, un resquicio de luz por donde escapar: "o con nosotros o al infierno". Obviamente, ellos no quieren pertenecer a esos grupos, no quieren ese tipo de vida, no apetecen una existencia de restricciones impuestas por unas leyes supuestamente divinas. Quieren ser libres para actuar del modo que crean más conveniente, y, por supuesto, esta aspiración de vivir sin ataduras es perfectamente lícita. Pero, en vez de tirar por la calle de en medio, ancha y luminosa :-) y acatar la opción de que Dios podría no ser el Ente vengativo y castigador que nos pintan los integristas, optan por la solución más drástica, eliminándolo del mapa, pues esto es mucho más tranquilizador, un auténtico ansiolítico intelectual. Por si acaso...

Pero es aquí donde aparece la respuesta que buscamos, así como el reproche, también lícito, de los creyentes: a un ateo, llamémosle "sosegado" -por seguir usando el mismo término que usan Fernández-Rañada y Epicuro-, la existencia de estos grupos religiosos les molestará sólo en función de la presión que ejerzan sobre su privacidad, en este punto debemos ser honestos y reconocer que hay determinados grupos de creyentes obcecadamente molestos e "insistentes". Pero, si esta presión no tiene lugar, o lo hace de modo que sólo roce la vida del ateo tangencialmente, las creencias de su prójimo no le afectará en absoluto, no mucho más de lo que a mí me afecta que mi vecino crea en los ovnis o la astrología.

Pero están los otros... Los "alterados",  los que sí se sienten provocados ante un gesto inocente y culturalmente aceptado, como que alguien diga "Jesús" cuando estornudan :-), los que sí aprovechan la más mínima excusa para arremeter contra los que no piensan como ellos, los que nos meten en el mismo cajón a los teístas librepensadores y a los terroristas islámicos para poder abarcarnos a todos con un puntapié y no tener que pararse a analizar la enmarañada complejidad real del fenómeno religioso. Aquellos que no soportan el mero hecho de nuestra disidencia. 

Y esto sólo cabe interpretarse, a pocos conocimientos de la psique humana que ostentemos, como una defensa, en forma de ataque, ante lo que sienten como una amenaza. Los ateos "desasosegados" son víctimas, en la mayoría de los casos sin que ellos mismos lo perciban, de un insidioso resto de sospecha. Muy en el fondo, "temen" que los creyentes tengan "un poco" de razón. "¿Y si...?" es la molesta pregunta que les atosiga. Por eso hay que erradicar a los creyentes de la faz de la Tierra, porque su existencia es un constante recordatorio de que ellos podrían estar, al menos en parte, equivocados. De ahí su inquietud, de ahí su actitud brutalmente defensiva, venga o no a cuento, de ahí su continua búsqueda de información o desinformación que confirme y ratifique sus ideas preconcebidas, su acuciante necesidad psicológica de que Dios no exista. "Yo no quiero que Dios exista", dice honestamente el célebre filósofo ateo Thomas Nagel, "y me siento muy incómodo ante el hecho de que algunas de las personas más inteligentes y bien informadas que conozco sean creyentes". Ahí tienen la respuesta, es el "efecto Epicuro" :-)

Y esto está bien, repetimos, todo el mundo tiene el derecho legítimo a enfrentar sus demonios del modo que consideren más oportuno. Lo que no está bien es que, una vez más, -otra-, acusen a los teístas de actitudes que ellos mismos ostentan, en este caso, acudir al ateísmo como un bálsamo consolador para aliviar sus conflictos emocionales no resueltos. Exactamente la misma "debilidad" de la que nos acusan ellos a nosotros, con Russell y Dawkins a la cabeza.

Todo esto viene a confirmar la tesis de inicio de este blog: recurrir a la Ciencia como valedora del materialismo ateo es un axioma erróneo. Compruébenlo por ustedes mismos, es una experiencia interesante :-) Cuando un ateo les confiese que lo es porque, según ellos, la Ciencia "ha demostrado que Dios no existe", no se alteren, vayan despacio y sigan ahondando... Sigan preguntándole amablemente, sigan sonsacando, indagando en su personal y misteriosa historia, buceando en las agitadas aguas de su interior... 

Al final descubrirán las verdaderas razones por las que ese buen hombre no cree en Dios y, les aseguro -a mi propia experiencia apelo- que en el 90 % de los casos, su escepticismo no tendrá nada que ver con la Ciencia.
 



"Los ateos no lo son porque la ciencia les haya hecho negar la religión, son ateos por otras razones" 

Francisco J. Ayala
(Citando al paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould)
Ayala es un biólogo español, uno de los más ilustres representantes actuales del neodarwinismo
Miembro, entre otras, de la Academia Nacional de las Ciencias de EEUU y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias
Es doctor Honoris Causa por viente universidades
Autor de múltiples obras de divulgación, entre ellas "Contemporary Debates in Philosophy of Biology" (2010)
Se considera teísta 


***


"La intolerancia de los ateos fanáticos es análoga a la de los fanáticos religiosos y tiene el mismo origen"

Albert Einstein


(Ver esta misma cita con foto aquí).

 




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