Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

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Los ateos y el problema del mal (I)

epicuro frases dios


Los historiadores ni siquiera están seguros de que esta cita sea realmente de Epicuro, solo se le atribuye, pero supongo que la reconocen :-) es una de las favoritas de nuestros ateos. En este post y en el siguiente les ofrecemos un par de réplicas.

Aunque el argumento que compartimos es de Alvin Plantinga, el modo magistral de exponerlo se lo debemos, una vez más, a Manuel Alfonseca. Supongo que se me nota lo mucho que le envidio, entre otras cosas, esa habilidad suya para la concisión, algo de lo que una servidora carece por completo :-) Nuestros sufridos lectores ya se habrán dado cuenta.

Les dejamos con el profesor:
 

"En el mundo existen males aborrecibles, reconocidos por todos. Pensemos en la solución final para el exterminio del pueblo judío y los experimentos de los médicos nazis con seres humanos. Estos males aborrecibles no lo son como consecuencia de opiniones personales, sino porque el hecho en sí es horrible. Pero, en un universo materialista, un mal aborrecible no podría existir: la hostilidad, el odio, incluso hacia las personas más allegadas, debe entenderse como el esfuerzo de los genes para asegurar su supervivencia (Dawkins dixit). No puede haber nada perverso ni antinatural en ello. Luego el materialismo lleva a la conclusión de que el mal no existe (el deber del hombre no está escrito en ninguna parte, ¿recuerdan?). En tal caso, no se puede utilizar el problema del mal para demostrar que Dios no existe. En cambio, si partimos de que Dios sí existe, esos hechos son horrorosos, profundamente perversos, porque son un desafío contra Dios (mismo), la fuente de todo lo bueno... Luego la existencia del mal se convierte en un indicio de la existencia de Dios".



  Pueden leer el artículo completo aquí. Si yo fuera usted, no me lo perdería.


***


"En el momento que dices que un conjunto de ideas morales puede ser mejor que otro, estás, de hecho, midiendo ambas por un estándar –diciendo que hay un conjunto que se acerca más a ese estándar que el otro-. Pero el estándar que se utiliza para medir dos cosas tiene que ser algo diferente a las cosas que mide. Se están comparando ambas, sin duda alguna, con una Moralidad Real, admitiendo que hay tal cosa como un ‘Correcto’ Real, independientemente de lo que la gente piense, y que algunas ideas se acerca a ese Real más que otras".
 
Medievalista, escritor, crítico literario, académico, apologista, ensayista británico
Profesor de Inglés en la Universidad de Oxford

(Aunque muchos le conocen solo por ser el autor de "Las Crónicas de Narnia" :-))


 ***


 "Pero entonces, ¿quién define el crimen? ¿Quién el bien y el mal? Todos los sistemas tradicionales colocaban la ética y los valores fuera del alcance del Hombre. Los valores no le pertenecían: se imponían y era él quién les pertenecía. Ahora sabe que son sólo cosa suya, y al ser por fin su dueño le parece que se disuelven en el vacío indiferente del universo. Entonces es cuando el hombre moderno se vuelve hacia -o mejor contra- la ciencia calibrando su terrible poder de destrucción, no sólo de los cuerpos, sino de la misma alma".  

Jacques Monod 
Bioquímico francés
Premio Nobel de Medicina en 1965
Autor de "El azar y la necesidad"
 

*** 


Repetimos nuestra advertencia habitual:

Tanto Plantinga como Alfonseca se definen como autores cristianos, aunque pertenecen a distintas denominaciones. El hecho de que citemos algunos párrafos firmados por un experto en particular NO significa que estemos de acuerdo con todo su ideario, ya sea filosófico, religioso o político. Estamos, únicamente, mostrando conformidad con lo dicho expresamente en esos párrafos que transcribimos.

 Aclarado lo cual, si el lector agnóstico o ateo decide no tomar en consideración este argumento esgrimiendo como única excusa que lo firma alguien que profesa alguna religión, estará incurriendo en una burda falacia ad hominem


***


Resumamos: si usted es ateo y consecuente con sus creencias, el concepto del "mal" para usted debería ser una invención subjetiva. El mal no existe. Si reconoce la existencia del mal objetivo (y, por tanto, de su opuesto, el bien), es que está reconociendo también la existencia de una Moral Ideal, superior, ajena al curso de la evolución de las especies y, por ello, externa al Hombre mismo. Un código ético tomado como referencia universal, establecido... ¿Por quién? Al aceptar la existencia del mal, usted está aceptando indirectamente la existencia de Dios. O reconoce que Dios existe, o reconoce que el concepto "mal" no es más que una simple quimera y, por tanto, irrelevante y de nula validez argumental en el debate que nos ocupa. No puede creer a la vez en la existencia del mal y la inexistencia de Dios. Llegamos así a la conclusión de que el conocido argumento ateo "si Dios existiera, no habría mal" es falaz.






Más citas con foto, aquí.

Bibliografía del sitio.


La maravillosa atracción del ateísmo. C. S. Lewis

la atraccion del ateismo

"Mi argumento contra Dios era que el universo me parecía muy cruel e injusto. Pero, ¿de dónde sacaba yo la idea de lo que es justo e injusto? ¿Con qué estoy comparando al universo para afirmar que no es justo? Un hombre no llama a una línea torcida a menos que sepa lo que es una línea recta. (Recordemos de nuevo a Jacques Monod y su "el bien y el mal no están escritos en ninguna parte" :-))

Imagínenme estando solo en Magdalen (Magdalen College, en la Universidad de Oxford donde impartía clases de lengua y literatura inglesa), noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Aquel a quien yo honestamente había tratado de no conocer. Aquel a quien yo había temido finalmente me alcanzó. En 1929 admití que Dios era Dios... Aquella noche, yo era el converso más desanimado e indispuesto de toda Inglaterra... Entré en el cristianismo gritando y pataleando.

Nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer.  (De ahí viene) la maravillosa atracción del ateísmo: satisfacía mi deseo de que me dejaran en paz".  


 Clive Staples Lewis (C. S. Lewis)
Medievalista, académico, escritor, ensayista y crítico literario inglés
Profesor de la Universidad de Oxford
Amigo personal de Tolkien, fue autor de populares novelas de ficción como "Las crónicas de Narnia"

 (Incisos en gris añadidos)
 

Ateo desde los quince años, C. S. Lewis comenzó a aceptar de nuevo la existencia de Dios a los treinta y uno, tras una larga y encarnizada lucha interior. No deseaba creer. Le atormentaba la idea de que Dios existiera.

Años después, sin embargo, en 1955, su fe redescubierta y ya madura le llevó a declararse pública y jubilosamente "cautivado por la alegría"

Poco importan bagajes, "precalentamientos" ni antecedentes ideológicos o culturales... Al parecer, nadie está a salvo del peligro de ser víctima de una emboscada "divina" ;-)


*** 


"Los ateos no lo son porque la ciencia les haya hecho negar la religión, son ateos por otras razones" 

Francisco J. Ayala
(Citando al paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould)
Ayala es un biólogo español, uno de los más ilustres representantes actuales del neodarwinismo.
Miembro, entre otras, de la Academia Nacional de las Ciencias de EEUU y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias.





Ver también:

Epicuro y el ateísmo como consuelo  
Cinismo y ateísmo. La rigurosa impostura (I)
Cinismo y ateísmo. La rigurosa impostura (II)
Los medios ofrecen una imagen distorsionada del debate ciencia-fe
El ateísmo es el verdadero engaño. John Lennox
El ateísmo al servicio del Capital
André Frossard, otro ateo asaltado por Dios


También citamos a C. S. Lewis aquí y aquí.

Más información en nuestra bibliografía.



Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido.
Leer más: http://protestantedigital.com/blogs/38554/la_cuestion_de_dios_freud_vs_c_s_lewis?utm_content=buffer22031&utm_medium=social&utm_source=plus.google.com&utm_campaign=buffer
Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
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Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
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Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
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Jacques Monod y la mitología materialista de la ciencia

planeta pluton

"(Existe un curioso fenómeno) que se repite con regularidad en las formulaciones de la mitología materialista de la ciencia (entendiendo aquí "mitología" como la interpretación subjetiva realizada desde una filosofía previa -atea, en este caso- sobre unos hechos objetivos, véase explicación más abajo), al menos desde el siglo XIX: la atribución sistemática al teísmo de una ligadura con las posiciones que las teorías científicas exitosas en cada momento consideren descartadas. De manera que las últimas teorías científicas siempre estarían reforzando al materialismo ateo. Lo curioso de esto es que, en función de cómo evolucionen las ciencias, el teísmo vendrá a ser rechazado por una razón o justo por la contraria


Así, por ejemplo, Monod se esfuerza por presentar el indeterminismo en la ciencia actual como soporte del ateísmo. Pero, en el siglo XIX, los sucesores de Laplace vieron en la mecánica clásica determinista una teoría perfectamente explicativa, que convertía a Dios en una hipótesis innecesaria.

En la argumentación materialista se pueden señalar bastantes paradojas de este tipo".

Francisco J. Soler Gil
Filósofo de la Física
Doctor en Filosofía por la Universidad de Bremen 
Miembro del grupo de investigación de filosofía de la física en dicha universidad
Autor de "Mitología materialista de la Ciencia", Ediciones Encuentro, 2013




Muy revelador, ¿no les parece?
Con determinismo o sin él, con azar o sin él, la banca siempre gana.
:-)


Se podría argumentar que el teísmo liberal ha hecho exactamente lo mismo, es decir, vislumbrar en cada descubrimiento científico un enlace que llevaría en última instancia a reconocer a Dios en Su obra, el universo. Pero es que el teísmo, como filosofía, parte justamente de esa base: la que sostiene que la Ciencia es un instrumento del Creador, la herramienta (una de ellas) que Él mismo dispuso para que el hombre Le buscara y desenmascarara :-) Así que, todos los dictámenes de la Ciencia (incluidos sus errores), siempre serán bienvenidos e interpretados por el teísta como parte inevitable de esa apasionante aventura que es descubrir el mapa del Arquitecto.

El ateísmo, en cambio, que no parte de esta base, no tiene razón alguna para sostener que tanto una teoría científica como su contraria "demuestran" que Dios no existe, sin caer en una absurda contradicción.


***


Para explicar qué es eso que Soler Gil denomina "mitología materialista", citaremos también a Jacques Monod. Cuando este ilustre biólogo y Premio Nobel escribió su "El azar y la necesidad" (una de las muchas biblias de los ateos :-)), incluyó en su prefacio una esclarecedora advertencia que hoy suele pasar convenientemente desapercibida. Antes de desarrollar su ensayo, en cuyo prólogo, Monod exaltaba el socialismo y se alineaba con el existencialismo de los cincuenta y sesenta al afirmar que "el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del Universo en donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte", el autor también nos advierte:


"Desde luego hay que evitar toda confusión entre las ideas sugeridas por la ciencia y la ciencia misma (...) Indudablemente, soy responsable de las generalizaciones ideológicas que he creído poder deducir de ellas."


O sea, que la Ciencia es una cosa y las ideas que uno desarrolle por su cuenta y riesgo a partir de la Ciencia es otra. Muy distinta.


El afamado biólogo nos está confesando honestamente que las ideas filosóficas que nos ofrece en su ensayo son, ni más ni menos, que... una opinión personal, que ha "deducido generalizaciones ideológicas" a partir de los hechos científicos disponibles en su tiempo. Esas generalizaciones ideológicas lo siguen siendo hoy, siguen siendo filosofía, no Ciencia. Para millones de ateos, sin embargo, son dogmas de fe.

Y así ocurrirá, me temo, por mucho tiempo, entre otras razones porque ni el hombre de a pie ni, en muchas ocasiones, los mismos científicos son conscientes de esta confusión, de esta amalgama de términos y conceptos, y, si lo son, no se atreverán a reconocerlo en público. Soler Gil lo expresa así:


"¿Acaso resulta respetuoso hablar de 'mito' o 'mitología', en relación con la lectura materialista de la ciencia? ¿No es esta elección terminológica una forma de desacreditar el materialismo asociándolo con un término tan cercano al engaño y la mentira? Si consultamos el significado de la palabra 'mito' en el diccionario (...) encontramos tres acepciones del término. Una de ellas considera el mito como 'representación deformada o idealizada de alguien o algo que se forma en la conciencia colectiva'... La otra nos advierte que el mito es 'cosa inventada por alguien, que intenta hacerla pasar por verdad, o cosa que no existe más que en la fantasía de alguien' (...)

Aunque la opción materialista sea un planteamiento que merece una discusión seria, la lectura materialista de la ciencia posee en nuestro tiempo los rasgos del mito en estas dos acepciones. Se trata, desde luego de una interpretación deformada de la ciencia, en la que se trata hacer pasar por resultados científicos lo que no son más que interpretaciones particulares de los mismos. Y estas interpretaciones, convertidas en 'resultados de la ciencia', ocupan un lugar preeminente en la conciencia colectiva de nuestras sociedades occidentales".

De hecho:


"¿Cuántas veces no nos habrán salido ya al paso frases como estas? 'A más Ciencia, menos religión'. 'Desde Darwin, no se sostiene que un ser superior haya creado el mundo'. 'La ciencia moderna no deja lugar a la existencia de un Dios creador'.

Si tales expresiones aún no le resultan familiares, no pasará mucho tiempo hasta que lo sean. De hecho, puedo anticiparle que estos enunciados, u otros por el estilo, le acompañarán toda su vida.

El conflicto -la disyuntiva- entre Dios y la Ciencia forma parte del Zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo. Es 'lo que se piensa', sobre este asunto hoy en día. Y como los hombres somos por naturaleza sociales, la opinión colectiva queda revestida con ropajes de verosimilitud hasta tal punto que los que se abandonan a ella consideran extravagante, completamente errónea, la puesta en cuestión de uno de esos consensos: ¿cómo podría pensarse en serio otra cosa? ¿No está más que establecido que...?

Ahora bien, lo cierto es que yo, en conciencia, no puedo avalar en este punto la opinión de nuestro tiempo. Lo cierto es que después de más de veinticinco años dedicados al estudio de la frontera entre ciencia y filosofía, no sólo no creo que exista ninguna incompatibilidad entre la ciencia y la fe en Dios, sino que considero que los datos acerca de la realidad natural que nos aportan las ciencias actuales encajan de un modo muy notable con las viejas doctrinas teológicas sobre el mundo y sobre el hombre".


En resumidas cuentas:

"Hemos de optar entre una interpretación del mundo que parte de la materia como realidad primera (materialismo), y la interpretación alternativa, que juzga más verosímil que sea una mente la que desempeña ese papel (teísmo)".



Y los descubrimientos de la Ciencia -sin quitarle ni añadirle una coma*- pueden confirmar, en principio, ambas interpretaciones. Todo es cuestión de perspectiva, simplemente, hay que elegir una de ellas... y respetar la otra. Compruébenlo por ustedes mismos, les invito a leer el excelente libro del que hoy hemos extraído estos párrafos y entenderán de qué les hablo.  

Si nuestros amigos ateos, en lugar de aventurarse en su lectura, responden a mi sugerencia argumentando, como me dijo cierto escéptico hace poco, que no necesitan conocer la versión teísta del debate "porque ya han leído la Biblia" :-) no harán más que confirmar y conceder credibilidad a la valiente tesis que el doctor Soler expone en su ensayo.

(*Aunque no sea necesario, aclaramos que Soler Gil no comparte los postulados de los creacionistas ni de los defensores del llamado "movimiento de la Tierra joven" o el Diseño Inteligente).


***


Y, ya para acabar, una última reflexión; Jacques Monod, como buen existencialista, creía que el deber moral de los hombres, "no está escrito en ninguna parte". La ética, cualquier tipo de ética, en este caso, no es más que una vana ilusión... Cabe, entonces, preguntarse por qué arriesgó su vida siguiendo esa ilusión cuando se unió a la Resistencia Francesa contra los nazis. Esto ocurrió años antes de escribir su "El azar y la necesidad", es cierto, pero nunca declaró que se arrepintiera de haber actuado como lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué Monod luchó contra el Tercer Reich?

¿Acaso el código ético de Hitler no era tan válido 
-por ser igualmente ilusorio- como el suyo? De hecho, el código ético de Hitler, al identificarse tan descaradamente con la selección natural, ¿no era más apropiado para una sociedad ya evidentemente cientifista?



"Tras los quarks y el Big Bang, vislumbramos un ámbito sutil e inexplicable. Para algunos está vacío, según otros, Dios está allí. Pero esto último tiene siempre consecuencias éticas. Sentirnos parte de un todo con los demás seres humanos y referirnos a algo exterior a nosotros aminora el egoísmo. Las religiones son maneras de ligarse desde lo cotidiano a ese ámbito sutil e inexplicable".

Antonio Fernández-Rañada
Físico español
Doctor en Ciencias por las Universidades de París y Complutense
Catedrático de la Facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid
Autor de "Los científicos y Dios", Editorial Trotta, 2008




Leer también:
(La imagen que hemos elegido en esta ocasión no está muy relacionada con el artículo de hoy, pero no hemos podido resistirnos a compartir con nuestros lectores, nosotros también, esta bellísima fotografía de Plutón, captada por la sonda New Horizons y publicada hace pocos días por la NASA.

A pesar de todos los pesares, vivimos tiempos afortunados.

"Sálvate, mundo mío, 
desatando infinitos"
:-))


"Dios no puede existir" (Leído al pasar III)



"¿Y es que hay acaso alguna teoría física que recuerde más a la intervención divina que una expansión salvaje iniciada (no se sabe por qué) y alimentada por no se sabe qué proceso y que vence abrumadoramente la atracción gravitatoria de toda la materia (visible y oscura) en el universo, y que en un momento dado (sin que haya tampoco explicación) deje de actuar? Aceptémoslo, el Universo no puede tener un principio salvo, que admitamos la existencia de Dios (y yo no estoy por la labor)".



Este comentario tan esclarecedor fue dejado por un usuario de la red bajo un artículo sobre la inflación cosmológica, en una página que, cabe mencionarlo, versa exclusivamente sobre Ciencia. Quiero dejar claro este punto, pues no se trataba de un foro de debate ciencia-fe. Era una charla amigable entre científicos colegas y aficionados a la cosmología.

Quienes llevamos años indagando, documentándonos y recopilando información sobre la relación entre la Ciencia y la Fe, ya conocíamos esta comezón que invade a los físicos cuando se enfrentan al enigma del principio, y no nos sorprende. Lo que sí es curioso, a mi parecer, es pillar in fraganti a un ateo cientifista, charlando con sus compañeros de gremio en su zona de confort, (confiado en que ningún creyente le está observando :-)), y verle mostrar una honestidad tan diáfana en su valoración de ese "gran" escollo al que se enfrentan los cosmólogos en la actualidad. Una valoración que jamás emitiría en presencia de un cristiano o un musulmán, por ejemplo. Al enemigo ni agua, son las reglas del juego.

En otras palabras, el problema vendría a ser éste: "Señores, Dios NO puede existir. De ningún modo. Así que todos los modelos cosmológicos, formulados o por formular, para ser validados a la luz de la Ciencia y la Razón, deben apuntar a la confirmación de esta hipótesis de partida: la inexistencia de un Ente Creador. Si algún modelo cosmológico apuntara a la existencia de Dios, (como podría ser la teoría del Big Bang y derivados) debe ser descartado por la comunidad científica y buscar otras respuestas que sí encajen con la hipótesis previa de que todo lo existente surgió de la nada".

¿Por qué postulamos esa hipótesis previa sobre la inexistencia de Dios si realmente no sabemos si Dios existe o no? Pues, como ya hemos explicado en otras entradas, porque en siglos pretéritos los artífices de la Ilustración se afanaron en formular una alternativa, en principio "neutral", a la concepción religiosa del mundo. No ponemos en duda que esta alternativa fuera entonces, y sea ahora, necesaria. Lo es. Lo que nos desconcierta, contempladas en perspectiva, es la arbitrariedad de las claves iniciales sobre las que fue cimentado ese novedoso y, en su momento, revolucionario corpus doctrinal. De nuevo, podríamos esquematizar su enunciado del modo siguiente: "La Iglesia asegura que Dios existe y es el Creador de todo, así que nosotros, al elaborar una 'alternativa' válida, debemos postular lo contrario: Dios no existe, no existe nada intangible o inalcanzable por el método científico, sólo existe la materia y energía observables y todo lo que descubramos a partir de ahora debe corroborar esta hipótesis previa (si descubrimos algo que no corrobora esta hipótesis, -es decir, lo que se denomina una "anomalía"- procuraremos que no se difunda ;-)). Por pura lógica, si Dios no existe, si no hay ninguna Inteligencia ordenadora tras el universo, no queda más alternativa que adjudicarlo todo al azar".

Razón por la cual el azar -ese inteligentísimo, habilidoso, asombroso azar de los ateos- es protagonista indiscutible de los acalorados debates entre cientifistas y teístas.

Pero simplemente se trataba de eso: si los curas dicen "x", nosotros debemos decir "y".  La inercia hizo todo lo demás.

A la vista de estos precedentes, es comprensible que nuestro comentarista arriba citado se sacara de la manga su propia hipótesis cuyo esbozo dejó en otro comentario de la misma página, para reformular por su cuenta y riesgo el comienzo del universo. Una tesis algo estrafalaria, como casi todas las referidas a este ámbito, pero que, estamos seguros, ejerce un beneficioso efecto sedante sobre su torturado ánimo. Seguro que duerme mucho mejor desde que decidió creerse a sí mismo :-). Nuestro ateo, como yo o usted, amable lector, no tiene la menor idea sobre si ocurrió o no tal como él imagina y desea, pero su fe en que tuvo que ser así, es más que suficiente para calmarle los nervios. Si alguien le obliga a aceptar otra versión no fisicalista, "no está por la labor". Él prefiere dormir bien. 

 

(Hablando de los caprichos de Morfeo, navegando por la red, me encuentro con una agnóstica encantadora -dicho sea sin ironía, me agrada su prosa sugerente, su capacidad de análisis y su postura moderada- que dedica una de las entradas de su blog a reseñar el libro "Temerosa simetría. La búsqueda de la belleza en la física moderna", un tratado bastante denso sobre matemáticas, fractales y otros laberintos, obra del conocido físico y divulgador Anthony Zee. Pues bien, en el párrafo final, nuestra amiga agnóstica nos hace una sorprendente -o no- confesión:


"Pues eso. Ánimo con el tocho… Entremos en el apasionante mundo del diseño asistido por las mates. Y... ¿qué pinta Dios en todo esto?… Quizás más de lo que parece. Para tranquilizarme a mí misma y poder irme a dormir a pierna suelta, pensaré una vez más en Monod, en su azar y su necesidad, en la bioquímica… y en la ausencia de este Dios escurridizo y complicado".



 Leído al pasar IV ;-)

Otros, después de un "susto" como el que se ha llevado esta chica al leer a Zee, se meten en la cama con Nietzsche. No es muy sexy, pero es un excelente ansiolítico cuando el temor a que Dios exista no te deja dormir. En otra entrada contaremos por qué Monod, en el fondo, no es tan efectivo como muchos piensan para aliviar estos casos de "descoloque" filosófico. Aquí tienen un avance).




Pero sigamos con el tema de este post.


En esta entrada les explicábamos por qué a los adalides del materialismo cientifista les incordia tanto que el universo tuviera un principio. En ese mismo post se evidencia también por qué, si al final resulta que no existió ese comienzo, a los teístas nos traerá al fresco :-). Muchos creyentes hinduistas llevan siglos "sabiendo" que el universo es eterno, sin principio ni fin, y esto no les impide atribuirlo a Dios. Ya lo aceptaban así mucho tiempo antes de que esta cualidad del universo fuera útil a los físicos para descartar la molesta hipótesis del Creador.

Al final triunfará la presión del fisicalismo, pues todo apunta a ese desenlace, y "decidirán" que el universo no tuvo un principio ¿...Y?  A mí, personalmente, no me supondrá ningún gran desbarajuste en mis esquemas, entre otras razones, porque son las "escalofriantes contorsiones" que los ateos adjudican a su inverosímil dios-azar, lo que a mí y a la mayoría de los creyentes nos pone en guardia frente a todo su manido discurso. Cuando alguien me demuestre que el azar puede usar escuadra, compás y cartabón, empezaré a replantearme en serio mis creencias. Mientras tanto, permítanme abrazarme a mis dudas, mis viejas compañeras de viaje.


Ocurra lo que ocurra al final, ha sido divertido pillar a un ateo nadando en su elemento, con las vergüenzas y los miedos al aire :-)


 ***


Erraticario nos ilustró en este excelente artículo, con la lucidez que le caracteriza, sobre los problemas que conlleva la tesis de la inflación. Extraemos un párrafo para que abran boca, referente al "multiverso burbuja", un modelo que lentamente se va imponiendo, a falta de otro mejor que diluya el problema del "ajuste fino" en un espumoso océano de ecuaciones, que es de lo que se trata.



"La burbuja fue el símbolo de la vanitas entre los artistas del siglo XVII, del memento mori con que se complementaba la rosa marchita y la hueca calavera. Es seguro que las ecuaciones dicen mucho del universo que habitamos, pero más seguro es que sus traducciones al lenguaje de los vulgares sólo explican los miedos existenciales que ocurren en el interior de los seres humanos".



Ese miedo existencial que, dicen los ateos, los creyentes tenemos a la Nada... y que ellos tienen a Dios :-)


***



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