Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que no debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe que incluye también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio. Sólo los textos escritos en caracteres grises son de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, el lugar del que proceden. Gracias.

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El testimonio humano como prueba

dios y la ciencia el cerebro

"Una objeción para considerar los relatos de experiencias de casi muerte como prueba de la existencia de otra vida es que se trata de casos anecdóticos. El método científico limita mucho el empleo de los testimonios humanos como pruebas. Hay al menos tres buenas razones para ello:


1)    La gente miente en ocasiones.

2)    Muchas veces la gente recuerda o interpreta mal las cosas que le ocurren.

3)    La gente sufre a veces alucinaciones o espejismos, especialmente cuando está sometida a una gran tensión o “stress”.


De hecho, dada la falibilidad general de los testimonios humanos, algunos pueden llegar a afirmar que informes como los recogidos por mí carecen totalmente de valor (como muchos de nuestros lectores sabrán, Raymond Moody fue uno de los pioneros en el estudio de las llamadas Experiencias Próximas a la Muerte).

No obstante, conviene contrarrestar este punto de vista con algunas observaciones. En primer lugar, ha ocurrido de cuando en cuando que la ciencia se ha equivocado por no prestar mayor atención a los testimonios humanos. Por ejemplo, hasta las primeras décadas del siglo XIX la ciencia se negó a creer y refutó la posibilidad de la existencia de meteoritos (piedras o rocas que caen a la Tierra procedentes del espacio exterior). Persistían, sin embargo, las leyendas populares de piedras que caían del cielo, a pesar de la insistencia de los científicos en que era imposible (argumentaban que no podían caer piedras del cielo, pues en el cielo no había piedras.) Finalmente, dos profesores de Princeton contemplaron la caída de un meteorito y recogieron los fragmentos para poder analizarlos en la universidad.

El rechazo de los testimonios humanos como prueba suele constituir un arma de dos filos. Supongamos que, como es cierto que muchas veces la gente miente, se equivoca, etc., podemos evitar el error no aceptando los testimonios humanos. No obstante, y por la misma razón, como es igualmente cierto que en otras ocasiones la gente es sincera, interpreta correctamente lo que les pasa, etc., negándonos a aceptar lo que nos cuentan corremos el riesgo de ignorar una verdad.

Además, en muchos casos lo único con que contamos para avanzar en determinados campos son los testimonios humanos, y la supervivencia después de la muerte física es ciertamente uno de ellos. Evidentemente, los informes de las personas que han estado cerca de la muerte no constituyen una prueba o evidencia al respecto; pero si, como hemos descubierto, sus distintos informes concuerdan a la perfección, tenemos todo el derecho a sentirnos impresionados por esta realidad, aunque no sea prueba de nada.

Finalmente, el que nuestras actuales metodologías científicas y sistemas conceptuales no sirvan para abordar un fenómeno generalizado, no debe llevarnos a rechazarlo. Lo ideal sería que este hecho nos incitase a inventar nuevos conceptos y nuevas técnicas de investigación que no contradigan, sino que se apoyen en aquellas a que estamos ya acostumbrados y las hagan avanzar". 

Raymond Moody
Médico psiquiatra y doctor en Filosofía
Autor de "Vida después de la vida"



Como ya hemos aclarado en otras ocasiones respecto a otros autores controvertidos, el hecho de que traigamos aquí unos párrafos de alguna de las obras de Raymond Moody no significa que apoyemos TODO su ideario al completo. Nos limitamos a transcribir aquellos puntos en los que coincidimos con su postura, en este caso concreto nos unimos a su denuncia del inmovilismo que ostenta un sector muy amplio de la Ciencia actual.

Más sobre este tema:

Los dogmas de la Ciencia I.
Los dogmas de la Ciencia II.
La pregunta número 23.
Sheldrake deja en "evidencia" a Dawkins.
Los múltiples mapas de la realidad.


André Frossard, asaltado por Dios. (Sobre Fe y "adoctrinamiento")

dios y la ciencia andr frossard

"Sé la verdad sobre la más disputada de las cuestiones y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré. Si el azar cupiese en esta especie de aventura, diría que me lo encontré por casualidad, con el asombro del paseante que al doblar una calle de París viese, en lugar de la plaza o del cruce habituales, un mar inesperado batiendo con su oleaje la planta baja de las casas, y extendido hasta el infinito. Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios".


André Frossard
Periodista y escritor francés
Fue miembro de la Academia Francesa


Hijo de padres comunistas (su padre, Louis-Oscar Frossard, fue uno de los fundadores históricos del Partido Comunista Francés), Frossard fue educado en el más férreo ateísmo. Se volvió teísta a la edad de veinte años de una forma completamente inesperada y espontánea a raíz de un instante de inspiración, sin ningún tipo de influencia exterior, una visión que apenas duró unos minutos y que, a pesar de ser un consumado escritor, siempre encontró dificultades para traducir a palabras.

En su libro "Dios existe, yo me lo encontré", publicado en 1969, nos cuenta:


 "No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los caminos intelectuales a los flechazos místicos, y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido brusca transformación, no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me condujo a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada... Este libro no es el relato de una evolución intelectual, es la reseña de un acontecimiento fortuito, algo así como el atestado de un accidente. Si creo necesario hablar de mi infancia es para que quede bien sentado que nada me preparaba para lo que me ha sucedido... Para mí está claro que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión...


(Acerca de su familia):


"Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès.

Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar. Karl Marx escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón. Ese bloque de dialéctica compacta velaba mi sueño de niño. (...)

Éramos ateos perfectos, de esos que ni siquiera se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes (comunistas) anticlericales que todavía predicaban contra la religión en los mítines públicos nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita Roja... No había Dios. El cielo estaba vacío, la Tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en forma caprichosa por el juego de las atracciones y las repulsiones naturales. (A través de la Ciencia) la Tierra pronto nos entregaría sus últimos secretos entre los que no habría ningún Dios... Era escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y la ignorancia humanas-...


(Tras mi conversión) mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

Mi familia se alarmó. El día anterior era un muchacho rebelde y fácilmente insolente, pero, desde el punto de vista de la estadística, normal, gravitando en un círculo de ideas conocidas, teniendo, en materia de educación sentimental, el desorden que se decía propio de su edad, en fin, capaz de todo, pero no de sorprender. Al día siguiente (tras la extraña visión) era un niño dulce, asombrado, lleno de una alegría grave, cuyo sobrante no podía contenerse de derramar sobre unos allegados, desconcertados por la excentricidad de ese cardo que inopinadamente florecía entre rosas. Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo, buen socialista, que tuvo la habilidad de no convocarme a su despacho, donde no habría abierto la boca, sino de venir a casa en visita amistosa y de interrogarme indirectamente, sin insistencia ni curiosidad aparente... Algunas de esas conversaciones sosegadas le pusieron en situación de comunicar a mi padre sus conclusiones: era la "fe", dijo, un efecto de la «fe» y nada más. No había por qué inquietarse.

Hablaba de la fe como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. La naturaleza del mal resistía aún al examen, pero los trabajos avanzaban. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia..."


El pronóstico del buen médico de la familia no se cumplió. Frossard "sufrió" su "enfermedad" y la alegría inefable que la acompañaba, durante el resto de su larga, azarosa y, en ocasiones, trágica vida. Murió a los ochenta años.

Pero vayamos a lo que nos importa en esta entrada: antes de volverse creyente de aquella forma tan imprevista, el insigne académico francés era cualquier cosa, excepto un jovencito "adoctrinado" :-). Al menos no le adoctrinaron en la fe cristiana, aunque sí en otro tipo de "fe"...  Tampoco era "epiléptico" ni tomaba drogas. La visión repentina que le transformó por completo fue espontánea y sin ninguna causa aparente. En su libro, cuyo título citamos más arriba, pueden encontrar una narración detallada del extraño suceso que cambió su vida para siempre.

***


Escuchemos ahora a nuestro ateo favorito:
:-) 



"Si usted se siente atrapado en la religión de su crianza, valdrá la pena que usted se pregunte a sí mismo cómo sucedió eso. La respuesta es usualmente alguna forma de adoctrinamiento infantil"


***

"Los líderes religiosos están bien conscientes de la vulnerabilidad del cerebro infantil; y de la importancia de lograr el adoctrinamiento bien temprano"

***

"Los niños se convierten en los padres de la próxima generación; en una posición para transmitir cualquier adoctrinamiento que pueda haberlos moldeado a ellos"

Richard Dawkins en "The God delusion"



(En sus impecables ecuaciones vuelve a fallar una variable, profesor :-)  ¿Y van...?)


***

"En ocasiones, el psiquismo opera más allá de la ley espacio-temporal de la causalidad, lo cual demuestra que nuestra concepción del espacio, del tiempo y, por consiguiente, de la causalidad, es insuficiente. Cualquier imagen completa del mundo requiere, por lo menos, de una nueva dimensión…”

Carl Jung
Médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo
Fue uno de los padres del psicoanálisis


Carl Jung realizó una extensa investigación sobre las experiencias místicas, nosotros no vamos a entrar ahora en este tema, peliagudo donde los haya, pero les aconsejamos de nuevo consultar "Jung, o la experiencia de lo sagrado", de Jean-Jacques Antier, Kairós, 2010. El gran psiquiatra suizo estaba muy lejos de creer, como afirma Dawkins, que este tipo de experiencias son equiparables a las alucinaciones provocadas por algunos "trastornos psiquiátricos" como la esquizofrenia. Conozco personalmente a dos personas que padecen este terrible trastorno mental y he decir que el pánico, la confusión y la rabia son emociones habituales en ellos. No irradian precisamente esa paz, alegría desbordante y serenidad indescriptible que acompañan, ya para siempre, a quienes han vivido, aunque sólo sea una vez en la vida, una experiencia mística. 

Debemos aceptar que, como mínimo, "algo extraño pasa".

Rupert Shaldrake en su "El espejismo de la Ciencia" y Bernard Haisch en "La teoría de Dios", entre otros muchos (Flew, Huxley, etc.), analizan también el fenómeno del misticismo, muchísimo más complejo, asombroso e inexplicable de lo que tratan de hacernos creer los cientifistas. Hablaremos de ello más extensamente, si Dios quiere :-), en otra entrada. Mientras tanto, no se queden en la superficie, no se contenten dócilmente con las interpretaciones reduccionistas, tan conocidas y trilladas, de los militantes de la Nada. No se contenten con la salida fácil. Atrévanse a discrepar con las teorías oficiales impuestas desde las altas cúpulas de poder, orquestadas por los unos o los otros y entiendan hasta qué punto estas teorías desfasadas son convenientes para mantener en pie el armazón del capitalismo atroz que nos devora.

No se duerman en la superficie. Buceen mar adentro, sigan informándose y saquen sus propias conclusiones.
 

*** 

"Yo no soy aquí más que una sombra, una copia frágil de Dios. 
Él es mi original.

André Frossard



La materia es una hipótesis

materia

"Ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes, que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable".

*** 

"En ocasiones, el psiquismo opera más allá de la ley espacio-temporal de la causalidad, lo cual demuestra que nuestra concepción del espacio, del tiempo y, por consiguiente, de la causalidad, es insuficiente. Cualquier imagen completa del mundo requiere, por lo menos, de una nueva dimensión".

***

"La materia es una hipótesis. Cuando decimos Materia, creamos un símbolo para algo desconocido, como también puede ser el Espíritu o cualquier otra cosa, incluso Dios".

***

"Me han acusado de defensor del Alma. No fui yo, sino Dios mismo, quien la defendió".

***

"Si no fuera un hecho de experiencia que los valores supremos residen en el Alma, la Psicología no me interesaría en lo mas mínimo, ya que el Alma no sería entonces mas que un miserable vapor".

***

"El fanatismo es la sobrecompensación de la duda".

***



Carl Jung
Médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo
Fue uno de los padres del psicoanálisis



Para profundizar en la obra y el pensamiento de Jung, recomendamos la excelente biografía de Jean-Jacques Antier, "Jung, o la experiencia de lo sagrado", 2010.


"Estoy más convencido que nunca de que Jung es el hombre del futuro"
Sigmund Freud


El nuevo oscurantismo

el nuevo oscurantismo

"La ciencia, aliada de las luces, está muy alejada del cientificismo que impregna el discurso social dominante en la actualidad... En la época del empuje a la transparencia, se impone la opacidad derivada del cientificismo.

La ciencia así concebida pasa a ser dogma, sus divulgadores los nuevos sacerdotes, y sus resultados la única esperanza. De este modo, si a algo se le añade el calificativo de científico pasa a ser incuestionable e imponerse sobre cualquier otro criterio de decisión. Se anula así la libertad de elección, incluso en el ámbito político...

Lo que 'está demostrado científicamente' (lo esté realmente o no) pasa a ser incuestionable y adquiere el valor de la verdad revelada. Así la verdad cientificista, conduce a un nuevo oscurantismo y a un modelo de civilización  profundamente inquietante... El cientificismo marca una orientación hacia la anulación del sujeto y la limitación de su libertad. Así, lo científicamente correcto se hará equivalente a lo políticamente correcto, ignorando que si bien la Ciencia puede alcanzar conocimiento, eso no significa que vaya a lograr la sabiduría. De no ser así, los Comités de Ética resultarían superfluos...

El cientificismo es la nueva fe atea que trata de llenar el vacío que han dejado el ocaso de los discursos tradicionales. Así la Ciencia, como significante único, se constituye en un mito. Si la Ciencia se sacraliza, cualquier crítica a los supuestos científicos será juzgada como retrógrada. Esto conduce a un nuevo modelo de civilización...  Los efectos de esta deriva son ya especialmente visibles en el ámbito de las prácticas psi (psiquiatría, psicología, psicoterapia...) con el intento de reducir el ser humano a la suma de variables cuantificables que podrían ser remodeladas por medio de la ingeniería conductual o, más directamente, mediante el recurso a la manipulación cerebral directa. 

Este sujeto transhumano, sería el resultado de una sociedad científica de control. Una sociedad en la que el Panopticum de Bentham se uniría al Gran Hermano de Orwell y al Leviatán de Hobbes, para generar un autoritarismo incorpóreo. Un autoritarismo más difícil de combatir al no estar encarnado en ningún amo. Un autoritarismo de nuevo cuño, resultado de la perversión de la ideología de la prevención, que nos está conduciendo al surgimiento de un nuevo higienismo.

La imposición de este modelo como único favorece la anulación de las diferencias ideológicas. Por eso
el discurso cientificista ha pasado a ser patrimonio de izquierdas y derechas, porque todo aquello que es postulado como verdad científica transciende el debate de las ideas y no admite cuestionamientos ideológicos".

Manuel Fernández Blanco
Psicoanalista y psicólogo clínico de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña

Párrafos extraídos del prólogo al ensayo de Javier Peteiro Cartelle "El autoritarismo científico", 2010.


Para consultar todas las entradas sobre los peligros del cientifismo incluida ésta, clicar aquí
Sobre los dogmas de la ciencia, aquí y aquí.

La ciencia y la fe son compatibles

apretón de manos

"Creo que (la ciencia y la fe) son compatibles. Tan solo hay que dar una lectura a muchos textos sagrados. En las propias escrituras del budismo, por ejemplo, se pueden leer afirmaciones de la física cuántica: "Al verlo con mi consciencia le doto de existencia". No me resultan para nada incompatibles. Más aún, debemos abandonar la ciencia mecanicista propia del siglo XIX y evolucionar hacia nuevas estructuras mentales que nos permitan comprender cuestiones que no se pueden medir con balanzas. No por ello estaremos más atrasados"


José Miguel Gaona
Médico psiquiatra
Especialista en psiquiatría forense
Universidad Complutense de Madrid 


Pueden consultar un interesante artículo sobre los límites del mecanicismo aquí

 


El cientifismo, la nueva religión

cientifismo

"Se da el cientificismo cuando se pretende leer bajo un único paradigma todos los fenómenos. La consecuencia es el advenimiento de una nueva religión (re-ligare -amarrar de nuevo), la única ontología posible: “Extra scientiam nulla salus” (fuera de la ciencia no hay salvación). Los profetas de esta nueva moral, descifrada en las sagradas escrituras del cariotipo genético, son los llamados divulgadores de la ciencia, aquellos que a través de una muy poco científica epistémica  -siempre por el bien común-  proclaman y pontifican asépticamente a favor de dicha verdad irrefutable".


José Ángel Rodríguez Ribas
Médico,  psicoanalista, psicomotricista. DEA en Psiquiatría
Miembro de la ELP de la Asoc. Mundial  del Psicoanálisis (París)
Profesor en la facultad de Ciencias de la Actividad  Física en la Universidad de Málaga 



El diccionario de la RAE define así el cientifismo en tres de sus acepciones:

1. Doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción.
2. Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas.
3. Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.  


Afortunadamente, como venimos comprobando en los últimos años, cada vez más profesionales del ámbito científico admiten, señalan y denuncian públicamente los excesos y falacias del cientifismo, un sistema de creencias éste que, dejado a su arbitrio, bien podría acabar socavando el buen nombre de la Ciencia legítima

Todas las entradas sobre el cientifismo, aquí.


Carl Jung y Dios

playa


 "La existencia de Dios no es para mí el objeto de una creencia. Yo que Dios existe"

Carl Gustav Jung,
Médico psiquiatra suizo
1875-1961

Imagen

Jung y Dios


 "El ser humano es un espejo en el que Dios se contempla, o bien el órgano sensorial mediante el que cual se introduce en su Ser".

Carl G. Jung
Médico psiquiatra suizo
1875-1961


Imagen: 
Nebulosa planetaria Helix, conocida por los astrónomos como "El ojo de Dios". Fotografía de la NASA.
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